Igual el tiempo es la justa medida

22 de Enero de 2012

José Ruiz Guirado

POR lo general, los escritores (un servidor no es más que un mero aficionado frente a tantos ilustres creadores de idioma, hacedores de palabras y uso de mejor verbo) dan pocas pistas o ninguna de su vida. Ahí tenemos, valga un botón como muestra, a don Ramón del Valle-Inclán, que usaría este apellido compuesto de su bisabuelo paterno, como rasgo de identidad literaria; le pondría el nombre Rubén Darío, en su balada laudatoria, aunque en realidad se llamaba: Ramón José Simón Valle Peña. Hace ya unos años, me publicó la Caixa de Pontevedra (siempre con el interés del desaparecido director general, Carlos Velasco Garrido), “Intrahistoria de Marín”, que venía a ser la recopilación de unas notas tomadas en el siglo XIX-XX , de un médico de la localidad, Secundino Lorenzo Touza (entre las curiosidades que en él se puede encontrar el lector, sería la aparición del que fuera a la sazón, el periodista Julio Camba, trabajando de mancebo en la Farmacia de Pedro Catalá). Este galeno, que regalaba medicamentos a quien no tenía para comprarlos, decía que la “fama era un deporte que se pagaba muy caro.” (En este momento que se vive, con tal de aparecer en la televisión, da igual que se diga que es cornudo, que se señora esposa se los pone con el vecino del primero –que siempre se cita al del quinto, como si los de los otros pisos no pudieran; salvo que a éste correspondiere-). Como en todo hay quien detecta que no lo dejen en paz. Y, quien cada vez que va a algún lugar, llamo a los de la prensa para que se enteren. Y le saquen en los papeles. A consecuencia de todo esto, aparecen los celos, los cuchillos. No hace mucho tiempo tuve que ir a un acto. Uno de los compañeros, que también se le pidió acudiera, éste vino enfundado en su actitud de escritor de empaque. Hablando con cierta empacho de un premio que se le concedió, pero que no le llegó a ganar por incumplir un punto de las bases. Un servidor se calló, porque en su humildad de escritor de andar por casa, no le iba a restar mérito a tan ilustre vate. Luego nos enteramos que era un premio de medio pelo, entre unos amigos. Cómo iba a decirle que lo mío era de más enjundia. Era mejor callar y dejarle en su creencia. Otro de los convocados lo sacó a relucir. Otro enemigo al coleto. Lo bueno de esto, es que si las personas se miden por la calidad de los enemigos, no vamos muy a la zaga. Hay quien necesita inventarse un personaje, que se gane una simpatía o una animadversión; pero que se hable de ellos, aunque sea mal. Los clichés, los estereotipos no corresponden a la realidad. Conozco a pintores excelentes, que visten de manera clásica. Otros, han de enfundarse en una bohemia que justifique su oficio: la imagen –interesada, falsa, desenfadada- creada. Lo que ya no vende son los orígenes, la procedencia, la manera de ganarse la pitanza. No se olvide las circunstancias que se dieron en épocas pasadas con la limpieza de la sangre, y las recientes con las posiciones de vencedores y perdedores. Reconocer y sentirse orgulloso de haber nacido en al ámbito de una familia humilde no es algo fácil. Ganarse la vida en oficio de pan traer, tampoco lo es. Se envolvería con la aureola truculenta de un pasado escabroso una biografía con cierta vitola de enigmática. Si no debería importar demasiado la posada; sino el camino. Mientras se esté él. ¿Cuál sería la máxima categoría a que podría llegar un hombre?, preguntaría Juan de Mairena a sus discípulos. Y algún muchacho avispado, contestaría: “ a viejo”. A hombre. Y en la nave que les ha de llevar, poco más de un sudario ha de caber. Importa el talento, el ser libre, honesto y creer en lo que uno hace. Luego ya habrá que luchar contra esas circunstancias del destino: la herencia, la casta. Lo otro, ya viene a ser asunto de nuestro negociado. Puede ser uno calavera, un bribón o una persona que vive, pasa y sueña. Y un buen día, descansa bajo la tierra. Que no hay más en este billete que se coge al nacer. La diferencia, es que unos van a pie y otros a caballo. Lo definitivo, eso no hace distingos. Y, como estaba previsto no hemos dicho ni una sola palabra del pretexto de este monólogo. Igual que somos algo de castellanos viejos. Mal asunto quien para saber haya de preguntar, cuando el tiempo la respuesta nos ha de dar.

ALGUNAS NOTAS SOBRE LA CIENCIA,LA ALQUIMIA Y LA MAGIA EN FELIPE II

14 de Enero de 2012

El desaparecido y amigo, Rodrigo Uría, mostraba interés por estos asuntos escurialenses. Qué mejor que este trabajo, que de alguna manera pudiera relacionarse con la obtención de bebidas
en su Asturias natal, para dedicarselo en su recuerdo.

José Ruiz Guirado
La interrupción de la construcción del Palacio del Pardo (1562) por falta de agua, hizo que el Rey buscara un zahorí, que vino a ser un muchacho moro, que veía el agua sin necesidad de varita. Especialmente en tiempos de crisis, intentaba conseguir oro y plata a partir de otros metales. El Rey crearía lo que conocemos como la Torre de la Botica un laboratorio, donde se producía agua de rosas, perfumes, medicinas y algunas drogas para el boticario de la corte. Argüía no mostrar interés alguno por la astrología; sin embargo, se conoce que le hicieron cinco horóscopos y que guardó la predicción, confeccionada para él por el mago alemán Mateo Haco, hasta el día de su muerte. Este interés se vería reflejado en uno de los frescos pintados en la Biblioteca, en el que se refleja la posición de las estrellas el día de su nacimiento. Las piedras fundacionales del Monasterio serían colocadas en momentos favorables de los aspectos planetarios. Su preferencia por vestir color negro obedecería a la asociación con el planeta Saturno. El brillante estudio de René Taylor de considerar al Monasterio como templo mágico, estaría en consonancia con su carácter introspectivo. Vendría a ser el “modus vivendi” de un monarca de la época. El acervo cultural del renacimiento no viene a ser otro asunto que estar imbuido en las creencias mágicas y supersticiosas de la época. Así habría que entender que la relación del Rey Prudente con la Ciencia debería analizarse desde la posición política del gobernante más poderoso imperio del planeta. Desde el plano personal el monarca, como ser humano está en constante lucha para vencer la enfermedad en su persona y en la de su propia familia. Teniendo en cuenta que es un rey formado en la cultura renacentista. Es un rey absolutista con las limitaciones psíquicas y corporales. Estamos hablando de la relación entre el rey y la Ciencia, no deja de ser una forma de gobernar a sus semejantes. Porque el conocimiento de la Ciencia a través de los tiempos ha sabido aplicado su saber al dominio. El control del universo viene a ser el interés del rey por manejar el conocimiento de la realidad geográfica política española y americana. Vengo a establecer estas premisas para intentar un vínculo entre Ciencia y Economía, en lo que sería su relación con la alquimia. Autores como Esteva de Sagrera, “ La Química Sagrada”, “De la Alquimia a la Química en el siglo XVII”; Puerto, F.J. , “La prodigiosa Historia de la Alquimia; Read, J. “Por la Alquimia a la Química”; Serwood Taylor, F. , “Los alquimistas”, vienen a decir que la alquimia viene a tener un fundamento lógico basado en el pensamiento aristotélico. Por lo que en el siglo XVI la posibilidad de la transmutación alquímica no sería una quimera. Que vendría a ser una práctica emparentada con vidrieros, metalúrgicos y herreros –dominadores del fuego- ; cuyo trabajo artesanal se relacionaba con la magia y la mística. Esos laborantes encontrarían protección en algunas cortes renacentistas, como la de Rodolfo II de Habsburgo , sobrino de Felipe II. Las necesidades económicas del rey , auspiciaría los intentos de conseguir oro y plata alquímicos en los Países Bajos. Por lo que en 1567 propiciaría un laboratorio secreto en casa de Pedro del Hoyo, en donde se intentó convertir en oro una mezcla de un metal barato, plomo, plata, cobre y nitro, evidentemente sin resultado positivo. El Rey Prudente se nos presentaría como un monarca conocedor de la Ciencia y la Técnica de la época. A sus rasgos arcaicos de su mentalidad se unirían su predilección por Llull, influido por Herrera. Tendría confianza durante su vida en el uso de reliquias; así como el empleo de zahorís en la búsqueda de agua; lo pondrían inmerso en la corriente del naturalismo mágico. De ahí que su consideración con la Ciencia sería de la un instrumento tecnológico y mágico al servicio de los intereses personales y de Estado.

Rodrigo Uría, in memoriam

12 de Enero de 2012

Don Rodrigo Uría

Acabo de llegar de viaje, son las cuatro y media de la madrugada y me encuentro con la desgracia del fallecimiento de Rodrigo Uría.
Me manda el amigo José Luis Valenciano esta nota para el Blog, que por supuesto no me voy a la cama sin publicarla.

Pepe Guirado

Rodrigo Uría, in memoriam.

Para cuando escribo estas líneas, mi querido Rodrigo, tu cuerpo mortal ya se ha convertido en ceniza, o como decía Quevedo, “en polvo,… mas polvo enamorado”. No pude acompañarte en el tránsito a pesar de que Luis F. Rojo me puso al corriente del doloroso suceso, tanto más brutal cuanto que no sabía que tu salud anduviera mal.
Pido acogimiento para estas torpes palabras en esta página de Pepe R. Guirado, quien tantas veces te ha sacado los palos con los que a diario jugabas al golf en el maravilloso recorrido de La Herrería, lugar en el que te conocí y campo en el que tantas veces jugamos contigo mi hijo José Luis, un chavalín entonces, y yo mismo. Paraje escurialense en el que a lo largo de tantas tardes pude disfrutar de tu hablar pausado, lugar en el que aprendí lo que es la esencia de las gentes de Asturias, tu tierra natal. Casa madre, La Herrería, en la que, junto a Pepe Belda, Antonio F. Galiano, Luis F. Rojo y otros muchos cuyos nombres se han perdido en el pozo seco de mi memoria, nos reuníamos alrededor del Macho Ibérico, genial invento de nuestro añorado Pepe. Lugar serrano, La Herrería, en el que el cura Pepe tantas veces desgranó la bendición irlandesa que se instituyó como oración de hermandad y que hoy conjugo como si, desde tu generosidad y cerca del Creador, derramaras esas bellas palabras sobre nosotros, tus amigos:

“Que los caminos salgan a vuestro encuentro, que el viento sople siempre a vuestra espalda, que el sol brille cálido sobre vuestro rostro, la lluvia caiga mansa sobre vuestros campos y que hasta que volvamos a encontrarnos Dios os tenga en la palma de su mano.”

Tu ya no lo necesitas, nosotros si.

Tu amigo Pepe Valenciano

Isaac Díaz Pardo (el galleguismo humilde)

7 de Enero de 2012

José Ruiz Guirado

LOS Reyes Magos a unos traen y a otros llevan. Hace 76 años lo hicieron con don Ramón del Valla-Inclán, este año ha sido con Isaac Díaz Pardo, que se rendía con sus 91 años en Coruña. Que “hata que morra vou estar no lio” (hasta que muera voy a estar en el lío), solía decir. Y así lo hizo con todos los compromisos que se planteó en su vida: una colección de “fracasos”, como la definió, desde el día que nació en la casa da Tumbona , en Santiago, hasta el día que perdió el control de Sargadelos. Para Isaac Pardo Galicia era lo que era frente a la disputa de términos con “nación” o “nacionalidad”: “los ríos no son nuestros”. Como su posición con la “Lengua”, no apoyando la normalización como se hizo, creyendo que desaparecería el gallego coloquial frente al culto; igual que el latín, para su estudio. “Los jóvenes ya no hacen en al amor en gallego, lo hacen en castellano”. La viuda de Paz Andrade ha dicho de él que tenía la humildad de los sabios, y el Presidente de la Academia Gallega, Méndez Ferrín, que era una persona singular e irrepetible. Un servidor coincidió con Díaz Pardo, en Rianxo, con motivo de las jornadas en La Universidad de Santiago del exilio español; que publicó en la editorial “do Castro”, sus actas. Y en otra ocasión en Pontevedra, donde se le rendía homenaje y antes de bajar a la mesa, hablaba con mi esposa y con Domingo García Sabell, diciéndonos que se daban premios y homenajes a
Cualquiera, siendo él el galardonado. A propuesta del ministro de Cultura, a la sazón recibió la Medalla de Oro al Mérito en Bellas Artes, de manos de Su Majestad el Rey. Y la Medalla de Galicia. Solía decir que eran más méritos de los “armadanzas”, como llamaba a las gentes que habían detrás, que a sus propios méritos. Era persona austera y humilde: “soy un limpiamierdas y un soplagaitas”, se definía a quienes agradecía los homenajes que le hicieron. En uno de ellos, en Orense, se le impidió la entrada al no reconocerle y se marchó sin aclarar que era él el homenajeado. Uno de los organizadores le pudo rescatar antes de marcharse. Hoy se han escrito páginas en todos los periódicos resaltando su vida y milagros. A mí, personalmente, me ha cogido de sorpresa. He sentido su marcha. Me `parecía un hombre astuto, inteligente, listo como una ardilla, que ha tenido que sortear los avatares de la vida desde los primeros años, recordando el fusilamiento de su padre, su enfrentamiento con él y con Castelao; sus vicisitudes en el exilio. Nunca dejó de implicarse en proyectos, en publicaciones en los que su tierra natal era su referente. Fue un intelectual que entendía la realidad política y social con amplitud de miras, sin la chatez de quien no cree en ello. Desde esa humildad del sabio. (Machado, en un acto junto a Ortega pronunció unas palabras y hacía que leía en un papel, pero en realidad no lo hacía, para no menoscabar la autoridad de sus ilustres acompañantes). Fue una persona que sin afiliarse en política empujó con sus ideas por su país. En los últimos días de su vida, como relata Xosé Manuel Pereiro (El País, 6/02/12) : “Pedía a las enfermeras que alejasen las visitas cuando eran muchas “¿Y cómo lo hago?, le preguntó una: “Repártelas”, respondió). El escritor Manuel Rivas le definió como una de las personas más reconocidas y premiadas en los ámbitos sociales, artísticos y empresariales de Galicia. Que es cierto. A uno le parece que querría pasar desapercibido, luchando por recuperar la Cultura y la Identidad de Galicia. Quería a su tierra. Y siendo un hombre comprometido con sus ideas progresistas, no por ello dejara de respetar y dialogar con todos. Estuvo hasta el final al lío: un intelectual de talla que entendió el galleguismo desde la humildad. Que para eso hace falta mucha honestidad, mucho conocimiento y mucha hombría de bien. Descansará junto a otros ilustres gallegos de pro (Fraguas, Valle). Uno confía que su legado no se pierda en disputas de despachos y sirva para quienes vengan empujando atrás, entiendan esta realidad cultural y humana del Finisterre.

Otro año al coleto

30 de Diciembre de 2011

José Ruiz Guirado

ACABA un año en el que hubo de todo y para todos. Nos agarraremos al año 12 de este 2000 por ver en qué queda. Esto es como las fronteras naturales que dividen los países, que viene a ser lo mismo hasta que uno se adentra y oye un verbo diferente y contempla paisajes distintos. Hemos acudido a nuestra cita como hemos podido y nos han dejado. Tareas urgentes e irremplazables nos han tenido ocupados. Pero siempre ha habido un momento en la noche o en el día para decir algo que había que decirse. Con el año se van también amigos y seres queridos, que esto del morir comienza el primer día que se nace. La vida sigue y al día siguiente sale de nuevo el sol para todos. A unos les pilla yendo de camino al tajo, a otros incluso durmiendo. Ahora toca empezar la primera hoja del almanaque, así hasta la última. Nunca se sabe qué nuevas nos traerá cada vez que abramos el envoltorio del bombón que nos toque comer. Sea como fuere habrá que tirar que empujan atrás. La noche está oscura y las estrellas brillan. Mañana seguro que arreará una buena escarcha, de esas que dejan los cuerpos tiritando. Como decía mi maestro, antes de sentarme a esta página en blanco, me repasé el Código Civil para que no se olvide el estilo, para calentar los músculos mentales, como hacen los pianistas antes del concierto y para no olvidar economizar lenguaje, que en esto tiene importancia vital el que se elimine la ganga inútil. Hay en el tintero tinta para cuando se acabe lo que tenemos entre manos, podamos mojar la pluma y hacer camino. Un proyecto es el que se dejó reposando, en el que junto con el encomiable amigo Félix Bernardino, habremos de recorrer los pueblos madrileños, acompañados de don Quijote y su escudero. Hubo de dejarles asciendo el costarrón del Abantos una mañana de estas gélidas a las que antes nos referíamos. Ya veremos si las musas nos quieren favorecer y pasan de nosotros, tocándonos hacer el trabajo duro a nosotros. Todo se andará. A ver si se consigue que el Caballero de la Triste Figura encuentre sosiego y paz en estos lares donde el Guadarrama deja al libre albedrío su fino viento que se cuela por rendijas de pertas y ventanas. Cuando no le deja a uno los riñones de aquella manera. Cuántas noches al calor de la lumbre, en compañía de la gata escribiendo allí, en la pantalla lo que a la mañana siguiente alguien comentaría que para este viaje no hacían falta alforjas. Como fuere, nos enfrentamos a la página en blanco. Tuvimos presente lo cercano lo nuestro, o lo extraño. Pero siempre hubo el aliento amigo que nos animaba a seguir una noche más en nuestra soledad. Incluso un maestro en estas lides, Raúl del Pozo, a través de un buen amigo, PepeValenciano, nos hizo llegar sus parabienes. Que de alguna manera justifica los desvelos. Otros atentos lectores, otros amigos compartieron comentarios, nos apuntaron conocimientos y puntos de vista. Ojalá que de lo que se diga en este año, nos vuelvan a enmendar la plana, si la ocasión lo requiriere. Intentaremos sacar de cada noche punta al lapicero, por si fuéramos capaces de sacarle brillo al verbo. Desde allí arriba, donde la comunidad de Madrid casi toca a este cielo, antaño castellano, pero tan azul. Esperemos que nos lleguen las nieves, que ya serán para febrerillo loco, que este año es bisiesto y toca cumplir años de una tacada a quienes vinieron al mundo un 29 de febrero. Que si no vienen no oiremos en la primavera bajar los arroyos cantarines. Y para San Blas (que cumple años un familiar a quien mucho quiero) ya festejarán en los Valdemorillos con los primeros toros. Y empezarán los días a desperezarse de su letargo invernal, y la rueda de la vida, seguirá dando vueltas para que nada pare. No hemos acabado aún, y ya nos queremos saltar de un golpe sesenta días. Piano, amigo que se llega lontano.

El Matadero Municipal

14 de Noviembre de 2011

José Ruiz Guirado

Estuvo situado en lo que hoy es la parroquia de San Lorenzo del Escorial. En 1912 se construyó (coincidiendo en época y estilo con el Matadero Municipal de Madrid, de 1908) en el lugar que hoy día le sustituye la Escuela Municipal de Música y Danza y en Biblioteca, entre la calle Vista Bella y la travesía del Matadero. Constituyó un volumen de tres cuerpos (naves de matanza, central y oreo) dispuesto en T. Responde al estilo denominado neomudéjar. Durante las distintas etapas de reforma ha perdido su aspecto inicial, que mostraba un interesante edificio único en la arquitectura local. Quien ha elegido esta noche de lluvia este tema lo hace con la nostalgia del tiempo pasado; de quien vivió toda su infancia y juventud en la travesía, que desde las ventanas de su casa podía ver en cualquier momento del día y de la noche el edificio de color ocre. El segundo de los hijos de los guardeses fue uno de mis mejores amigos, coincidimos en edad, en colegio, en amigas y en quintas. Dentro del edificio hemos tenido las mejores correrías infantiles que se pueda uno imaginar en esos años en lo que un ángel de la guarda, vela por cada inocente. La víspera de la matanza venían los camiones con las reses a ejecutar. Durante toda la noche lastimosos mugidos rompían el silencio. Como si barruntasen el destino que les esperaba. A la mañana siguiente, desde los corrales, los matarifes les enlazaban con una soga por los cuernos hasta asirlas del cuello. Tiraban de ella hasta atarla a un poste de granito situado en el centro de la nave. Tras asegurarse que no podría escapar, un certero golpe en el cuello vertía un chorro de sangre humeante. Tras unos espasmódicos movimientos fallecía el animal. Otro matarife la sajaba el vientre, del que se precipitaban sonoras, mojadas y acompañados de un punzante olor, metros de tripas que se escurrían por el suelo mojado. Unos certeros hachazos les cercenaban las patas; los abrían en canal y colgados de uno ganchos que pendían de unos raíles les llevaban hasta la nave donde les esperaban los camiones para transportarlas. Nosotros contemplábamos estas escenas desde el palco del fondo, donde estaba siempre don David, el veterinario fumándose un habano. Si se trataba de terneros, se les remataba con golpes certeros de estacas en la cabeza. Después cuando todo el mundo desaparecía y parecían oírse los mugidos lastimeros de las reses, aparecían las ratas, enormes, que nos dedicábamos a aniquilar con escopetas de aire comprimido. La parte festiva lo constituía los días de toros para las fiestas de San Lorenzo (10 de agosto) corriendo detrás de las mulillas enjaezadas arrastrando a los toros de lidia desde la plaza. En la esquina del Matadero vivía una pareja, que eran hermanos. Allí vivieron hasta que los dos fallecieron. El varón, el señor Astorga, presumía de trabajar en la Casa de Oficio más alta de España, tras subir las infinitas escaleras de la calle de San Pedro. Tras la Guerra Civil, aquel taller pasó a convertirse en las oficinas del Sindicato. Hoy en día hay construidas una serie de viviendas en el solar.

Esto de ser noctámbulo…

1 de Noviembre de 2011

José Ruiz Guirado

ESTO de ser noctambulo, tiene su aquel. A veces pienso que son unas horas en las que se descansa, y quien invoca a las musas, es más probable que acudan, porque anden más sueltas. Lo malo es si andan a descansar y tiene uno que dar el do de pecho. Esto de vivir es algo agridulce. Se abre un día la caja de los bombones y siempre hay una sorpresa. Vivir no es fácil, porque parece que siempre ha de nadar uno a contracorriente. Igual están estas noches para que se pueda pensar en ello. Siempre y cuando no hay que rectificar. Que se conoce que todo tiene un orden, y cuando algo es así, tendrá alguna razón de ser. Puede que también seamos conformistas, producto de una educación o de una sinrazón, por temor a romper las reglas. Algo que hace sonreír no habría que desdeñarse. También hay días que quieren los dioses que todo esté patas arriba. La fecha de Todos los Santos ha supuesto siempre, a lo largo de mi vida, una época de cambios, de rupturas, de comenzar algo nuevo, que a larga ha tenido consecuencias. Cada vez que llega, no sabe de qué sabor será. Igual, ese día andan por ahí las buenas almas y las que no lo son tanto, que han de ver con mi vida, en disputa; y, este día según quien se lleve el gato al agua, escribe de esta guisa o de aquella. Es lo que tiene la noche, que da para mucho. Ese día, me recuerda la de la floristería, que compraba flores para muertos y para vivos. Hasta que un primero de noviembre, sólo compré para los que no están. No es que la destinataria de las otras, desapareciera también, es que nos fuimos cada uno por el camino que las almas habían decidido. Aunque aquí hubo alguien que les echó una mano. Esto del vivir, siempre se piensa que había que empezar la casa por el tejado; primero la experiencia y luego la vida. Así, ya a toro pasado, dónde iba a estar la gracia, el descubrir el mundo. El hacer y deshacer las ilusiones. ¿Dónde estaría, entonces el que uno pueda decidir en su negociado? Sin embargo, es más fácil aferrarse a lo seguro, lo cómodo. Después cuando la perspectiva del tiempo te deja ver los hechos con claridad, descubre uno lo torpe, lo acertado, lo valiente o lo cobarde, incluso lo imbécil o no que se ha sido. Una cosa hay clara, cuando habla el corazón, y algo merece la pena, no habría que reparar. Que las líneas son torcidas, y no hay remedio; al menos se puso todo el empeño. Lo torpe sería no descubrir si el bombón era de nuestro agrado. La noche sigue y nosotros en nuestro soliloquio. ¿Acabaremos descubriendo el mundo? Seguramente sea el mundo quien nos descubra a nosotros aquí sentados viendo como los segundos, que parece que a estas horas son así como más solemnes, al menos más sonoros.

Las noches y los días

26 de Octubre de 2011

José Ruiz Guirado

AHORA sí que perece que se ha decido venir otoño e invierno juntos. Anoche ya hubo que echar leña a la estufa y se agradecía. Había estrellas muy brillantes entre las nubes y una luna con toda su fuerza. Abrí un libro de Castelao, “Os vellos non deben namorarse”, “Los viejos no deben enamorarse”. Una obra de teatro, satírica, en la que tres viejos se enamoran de tres muchachas jóvenes. Luego me quedé un rato meditando sobre el amor: los cambios que se producen a lo largo de la vida. ¿Qué tendrá aquel primer amor que siempre vuelve en momentos inesperados? Luego llegan otros amores, y por fin, aquel con el que se comparte una vida. Puede que incluso, uno se encuentre con aquel primero y reverdezcan todas las ilusiones. Pero ya es tarde, aquel tren ya ha salido y llegado a su destino. No sé por qué, anoche, al calor de la estufa, y tras leer a Castelao vino ese pensamiento. Cuando estos vienen, hay que dejarlos fluir, como a los ríos, que ya encontrarán su sitio para ir al mar. No sé que tienen las noches, que no lo tienen los días. Quizá sea la oscuridad, el silencio, la propia luna. Como si todo se parase a reflexionar, a meditar. El día es algo más dinámico, lleno de claridad. Después se me fue la mano a un libro: “La tía Julia y el escribidor”, de Vargas Llosa. Y no sé por qué, me acorde de las “Palabras para Julia”, de Goytisolo. Parece que estaba escuchando a Paco Ibáñez, con la camisa negra, despeinado y con la guitarra en ristre. “Pero tu siempre, siempre acuérdate…” Se conoce que anoche andaba uno algo romántico´. Serán los años que uno va cumpliendo o las ausencias. El caso, es que me puse a escribir, sin tener idea fija de lo que iba a salir. Después me fui con la imaginación a algunos lugares donde anoche estaba lloviendo. Estuve en Santiago, debajo de un paraguas oyendo cómo la lluvia platinegra y románica, golpeaba cadenciosa sobre la tela del paraguas. Y en Cabo Udra, donde el mar desata toda su furia cuando la tormenta la agita, casi con saña. Y me fui a Cuenca, ya hacía frío, bajo esa luz naranja que ilumina las piedras, los arcos, las fachadas y la envuelve en ese encanto manchego. Y como me caía más cerca, me paseé por la Lonja del Monasterio de San Lorenzo del Escorial, pisando por la continuidad de las losas, como hacen los frailes, hasta llegar hasta la tapia de la Galería de los Convalecientes y volver. Al fondo, arriba, se podía apreciar el Abantos, cuando las nubes se apartaban. Sin salir de casa cuántos kilómetros sin esfuerzo alguno. En todos los lugares eran ya noche y ni un alma por las calles. Sombras y recuerdos, luces y piedras. Ecos y distancia. Soledad y frío. Menos mal que la leña ardía con intensidad y calentaba. Después antes de abandonar la noche, quiso salir de la estantería: “El archipiélago”, de Hölderlen, que quería decirme algo de las islas. Se me vino a la memoria Penélope, siempre esperando. Serrat nos la sentó en un andén, con su bolso de piel marrón y su vestido de domingo, meneando el abanico. Otra vez el tren, éste llega pero no se baja a quien se espera: unos no esperan y otros no llegan. Anoche se diría que tenía uno morriña. Que estaba uno morriñento, que dicen los galaicos. Luego uno ya se va al sueño, hasta que la madrugada lo arrebata a uno de las sábanas calientes. Mi amigo Emilio, que es filósofo, además de un vaquero, siempre recuerda que las mañanitas de abril son muy buenas de dormir, y las de octubre, llegando a noviembre, muy malas de levantase. Otras noches se hablará de otros asuntos de pan traer. Esta noche estaban las musas de vacaciones y nos tocó a nosotros apechugar.

Por el Puente de Aranda…

21 de Octubre de 2011

José Ruiz Guirado

NO solemos en este blog dedicar espacio a los temas políticos, que ya tienen su espacio en los distintos medios escritos y hablados. Hemos visto las fotos del presidente de Libia, a quien recibían hace tres días con honores todos los presidentes democráticos, como un trofeo de caza. Pero lo que nos lleva aquí esta noche es el final de ETA, que no deberíamos darles una sola plataforma de publicidad; pero es que aquí parece que el personal que nos administra la cosa pública está apapostiado, que viene a significar en Galicia, algo parecido a agilipollados. Ahora que están en la recta final de su paranoia, nos vienen a decir que las víctimas (los muertos), los extorsionados, los que han tenido que huir, cuando no abandonar sus trabajos tienen que agradecerles los servicios prestados. Pero, otra cosa es disolverse y realizar la oportuna entrega de armas. Claro que, cuando comprueben que el Estado de derecho se limita al marco constitucional establecido; que no es posible, por tanto, la mesa de partidos, y que no se van a abrir las puertas de las cárceles por arte de birbiloque; les va a pasar como al tío Juanillo, que por el Puente de Aranda, se tiró, se tiro; pero no se mató.

A esas horas inciertas

20 de Octubre de 2011

José Ruiz Guirado

YA llega el frío sin avisar, como de costumbre. Y, en esta ocasión se ha saltado a la lluvia, que no quiso caer. Esta misma mañana hacía frío, estaba el cielo oscuro y las estrellas titilaban a lo lejos. Esas horas tienen algo de magia, de cambio entre la noche que comienza a irse y el día que pretende asomar. ¿Serán momentos solemnes para pedir un deseo, igual que cuando se contempla de improviso una estrella fugaz? Parece como si fuese necesario asirse a cualquier cosa. Y son tiempos de avances en los conocimientos que han revolucionado la sociedad. Sin embargo, uno se asombra ante el vértigo del cosmos, ante la visión de unas piedras milenarias, incluso de un río que no cesa de fluir. Ya ven, que a veces nos paramos a pensar, en voz alta. Y llegamos a decir estas cosas, que no son trascedentes, ni mucho menos, pero que en el peor de los casos, nos sirven para justificar el estar aquí una noche más. Estas últimas y las próximas estamos apurando un trabajo que apremia y por ello no somos tan asiduos. Pero aquí estamos, matando el tiempo, por si algún día damos con nuestro retrato. Y, de paso, comprobamos que apenas nos quedan 60 días para que suceda como lo de esta mañana, se vaya un año y le suceda otro. Y, por lo que se ve, estamos en una época de cambios, de instabilidad, en el sentido que nos seguimos aferrando a lo antiguo, sin querer aceptar que el sistema está obsoleto. Pero es lo que sucede con los cambios, con los principios, que cuesta aceptarlos. Sin embargo, los parches no valen más que para marear la perdiz. Y el curso de la Historia continúa y no se puede poner puertas al campo, no es viable. Nosotros desde este lugar donde el cielo es más próximo, las noches más estrelladas y la vida más entrañable; nos paramos en estas conjeturas. Le damos vueltas al magín por si algo atisbamos. Y llegamos a conclusión, que el tiempo es quien ordena lo que los hombres desordenan. Luego cada uno en el negociado de su vida, propone. Otra cosa, es que pueda disponer, ya es harina de otro costal. Después, cuando a cada individuo le asalta su momento de soledad, de intentar comprender qué hace aquí, para qué, vienen estas cosas, si es que quiere que vengan. Porque, para no complicarse ya existe la televisión, que se enciende y da todo hecho; no hace falta preocuparse por nada, tan solo dejarse llevar. De esa manera no se gasta ni una pizca de energía, de masa gris, de nada. Ya habrá alguien que me espete: oiga, que también hay documentales. Si es verdad, nos muestran de una manera bucólica cómo se mueren de hambre unos, lo hermoso que es el sistema visitado por quien puede y cómo lo estamos esquilmando. Y sin moverse de casa, desde el sillón y con una cerveza en la mano. No deja de ser, al menos cómodo. Cuando el día se abre, se perfilan los pueblos entre la bruma. Y el Monasterio de San Lorenzo aún grisáceo, casi imperceptible, parece que se desperezara soltando al cielo las torres que llevan años y años saludando a cada jornada de pan traer. Aquí también se ha escrito la Historia, aunque se haya realizado en otros lugares. Porque en el fondo no deja de ser lugar de retiro o de última morada. Lo que decíamos: tiempo. Ese constante pasar que va marcando el ritmo para cada criatura, aunque se intentase soslayarle. Vendrán tiempos nuevos y desaparecerán los tiempos viejos. Sin embargo, cada mañana será parecida, con las mismas sombras y las mismas luces. Y cada noche, la propia oscuridad ya sabida. Incluso con la luz del planeta, que le da a esas piedras de las que hablábamos cierto misterio.