De vello, gaiteiro (de viejo, gaitero)

10 de Marzo de 2010

José Ruiz Guirado

QUE viene a ser algo así como: “A la vejez, viruelas”. Resulta que ahora se sorprenden de nuestra filosofía. Ya sabemos que a otras civilizaciones –griega, china, etc.,- les dio por sentarse a meditar –filosofar-, porque andaban ociosos. Pero, es que lo nuestro tiene más mérito. Porque mientras cuidaban de cabras, ovejas, ganados; pastores, cabreros y vaqueros (igual se hacían también una pajilla sentados en una tapia al socaire del cierzo, que una cosa no quita la otra), estaban rumiando –como los animales-, pero ellos con la sesera. Oiga, que el pastor de mi pueblo, que el hombre falleció un mal día de Reyes, se sabía todos los cantares de memoria que uno quiera imaginar. E igual que eso, pues, durante tantas horas a la intemperie; tanto de noche como día. Amaneciendo y anocheciendo. En primavera, verano, otoño e invierno; algo habrán aprendido del cielo, de las nubes, del sol, de la luna, del agua, de los campos, de las montañas, de las bestias y de las personas. Y de esa labor callada -callada no, porque si no, no se hubieran enterado los escribanos que lo recogieron-, calmada, de horas y horas de hacer lo mismo que los griegos y los chinos, pero en peores condiciones – más canalla la cosa-; han aprendido lo que nunca han de saber por mucho satélite que les informe. Y de ahí, ese refranero popular, que no sabe uno el porqué se le quiere colocar en una escala inferior a las grandes corrientes filosóficas. Sin en el fondo todo ha de dar en lo mismo: en el mar, que ya lo advertía Manrique. Al hilo de esto, nos enteramos de las perversiones de los españoles a los que le empiezan a brillas las canas. Y así, tras sesudos y concienzudos estudios nos vienen a decir que: “Contra más viejo, más pellejo.” O sea, que han descubierto la pólvora húmeda. Pero si para ese viaje no hacían falta alforjas. Nada más que se hubieran leído algún clásico. Si me apuran, con haberlo hecho –se me ocurre-, no ya ten lejos; al propio Delibes, “Cartas de amor de un sexagenario voluptuoso”, por poner un ejemplo a bote pronto. Que tampoco hacía falta ello. No se sabía el pastor al que me refería, cantares de estos picarescos, donde el viejo salía de caza sin escopeta alguna, pero con la bolsa repleta. Sin embargo, los del estudio científico se apañan con cincuenta euros. Qué miseria. Cómo puede un galán ganarse los favores de una señora con esa cantidad, que no da más que para dos menús en bar de obreros (los obreros han de hacerlo ahí, claro). Vaya romanticismo, vaya lugar más íntimo y recoleto. Y a más del menú, café y copa, que no da para más. Cuénteme usted cómo la requiebra, con qué la obsequia, si ya no queda ni para una mala película en hora de tarde con ese presupuesto. ¿O es que ahora las señoras, o menos señoras se conforman a los pocos? Al margen de la crisis, qué nos vienen a contar, oiga. Sabe lo que pasa. Sencillo. Se está adocenando al personal con cultura de quiosco y entretenimiento barato y rosa fusia, que ya no llega a papel couché. Así andan de corridos, porque saben, que en cuanto llegue alguien un poco menos hortera, toda esta impostura se va al garate. Mientras dure, todo quisque a sacar tajo, aunque sea firmar sartenes. Que había que llevar la filosofía del refranero nuestro a las escuelas. Le iban a sacar más provecho. Es lo de siempre tenemos en casa a la carta, y vamos fuera a buscar bocadillo. Aquí sí se ha tomado el ejemplo al pie de la letra. Por eso debe ser que con cincuenta euros se apañan para el requiebro.

El verbo honesto de Miguel Hernández

7 de Marzo de 2010

José Ruiz Guirado

HABLAR a estas alturas del poeta de Orihuela, es casi como una provocación. Me explico, si sé o puedo. La condición que le condenó de por vida a Miguel Hernández, fue su manifiesta naturalidad, sinceridad y falta de pose o afectación. Era un hombre sencillo, humilde y agraz (desagradable, molesto para muchos), que se atrevió a utilizar las palabras por su nombre. Quizá su primer conato con la realidad que le rodeaba fue el lugar, la familia donde le tocó nacer. Mejor dicho, la intransigencia de un padre que, producto de una sociedad y un tiempo, no comprendía lo que pretendía hacer su hijo en la vida. Porque no era mal futuro –en su entendimiento de pastor analfabeto- seguir con el oficio del padre, que mantenía cierta posición económica. Debería sentirse humillado un muchacho con miras más amplias, cuando pastoreara cerca del lugar donde estudiaran sus compañeros –un privilegio para la época-. Ya pastoreando, aprovechar los útiles más escasos –papel, lápiz- y los lugares más peregrinos –piedras, lomos de cabras- para escribir –crear-. Esta actitud ante el padre provocó –despotismo paterno, cruel despego-, que no fuera a verle cuando moría tuberculoso en la cárcel. Afirma Eutimio Martín –biógrafo del poeta-, “(…) que se limitó, como oración fúnebre, a un : Él se lo ha buscado”. Decía provocación, porque los paisanos de Miguel Hernández –las fuerzas vivas- no podían digerir que un comunista, un paisano de extracción social humilde pudiera ocupar un puesto de honor en la sociedad de Orihuela; si no fuera por el padrinazgo y la hechura de sus mentores, Ramón Sijé y Almarcha. No sabe uno decir si sonó la flauta o sin la flauta de aquéllos, no podría salir esa música. Aun así, no olvidó la amistad con Sijé ( el acceso a la imprenta de Perito en Lunas, fue con el apoyo del paisano) , pese a lo que después vendría. Era su amigo y una alma noble y sincera como la suya dejó viva su presencia para siempre con la elegía conocida. Un servidor prefiere no darle a Almansa cínico protagonismo en este escrito, en la pasión y muerte del poeta. No sabe uno si podría haberlo evitado, porque Miguel Hernández fue el prototipo perfecto de reo perdedor de la contienda. Pero poder es querer, por muy agazapado que se muestre. Por lo mismo que fue amigo de Sijé - por su nobleza-; así se presentó con el cuaderno de poemas bajo el brazo, su vestimenta rústica y su olor a pueblo a sus amigos intelectuales madrileños. Aquí aparece la otra acepción de agraz, con el que le presentábamos al principio. Resultó molesto para Alberti, para Lorca. Es conocida la anécdota del poeta granadino: “Echarle”, le dijo a Aleixandre por teléfono, sabiendo que el de Orihuela estaba en su casa y él pretendía hacerle una visita. Vicente Aleixandre nunca le echó, sino todo lo contrario. Molesta que un pobretón, un hambreado, sobre todo en su estancia madrileña , (lo expresa con acertado verbo, Antonio Muñoz Molina: “Daba vueltas por la calles con el estómago vacío y una carpeta de versos mecanografiados bajo el brazo”), les venga a dar en las narices con unos poemas claros, honestos, limpios, originales, sin tapujos ni complejos carnales. Se alista en 1936 al Partido Comunista y se le ve codo a codo cavando en las trincheras con los miembros del Quinto Regimiento; pero con los soldados, nunca presente en las reuniones de la Alianza de Intelectuales. Llega el fin de la guerra, con la derrota. Y en este punto vuelve la soledad para el poeta: otra vez solo en Madrid sin saber qué hacer. Ha de volverse a su patria chica. ¿Pensaría, en su inocente nobleza que allí estaría a salvo con los suyos? Lo que pasó después es público y conocido. Hasta el punto, que hoy estamos en el espacio en el tiempo escribiendo estas impresiones. Hace ya un par de décadas tuve una conversación con el escritor y amigo Manuel Andújar, quien estuvo exiliado en México. Salió el tema a colación. Él mismo se lamentaba que nadie de sus amigos literatos no le hubieran echado un cable para poner tierra por medio y salvar la vida. Para unos fue gracias a ellos, paro otros pese a ellos. Pese a todo, ahí está la voz íntima, conmovedora, honesta, sin retórica y emocionada. Eso es lo que tiene lo noble, original, limpio y auténtico, que después de cien años, puede que se lea con otros ojos.

Currículum

5 de Marzo de 2010

José Ruiz Guirado

CUANDO alguien entrega un currículum, ha de prestar mucha atención a lo que allí se dice, o se omite. Hace muy poco alguien quiso sentar plaza del movido oficio de taxista y se le olvidó decir que era experto en armas de fuego. El olvido le restó puntos, porque siempre sería aconsejable que supieran defenderse cuando algún desaprensivo, aprovechándose de la soledad y la nocturnidad, pretendiera atracarle por la fuerza. Y, cuando fuera hacerlo se encontrase con una bomba lapa en el trasero. Al pobre chorizo no le quedaría otra que extender en comisaría la oportuna denuncia. “Señor comisario, que un servidor pretendía forzar la caja del taxista con métodos clásicos y al uso.” “¿Cómo le respondió el atracado?” “Con una bomba lapa”. “No son formas, diga usted que no.” Tampoco es de recibo que, te hayas llevado todas las botes de colonia de una tienda; te hayan pillado y luego pretendas que te den trabajo. Claro que, aquí no estuvo fino el empresario. Debería de haberla contratado. Echar cuentas de lo mangado y, a la hora de darle la nómina, que se la entregase el comisario. Igual hasta computaba lo entregado para rebajar pena. Somos exagerados para todo, hasta para los toros. Un servidor siendo chico iba de vez en cuando a los toros de la mano de su padre, a quien le gustaban y lo vivía. Pasado el tiempo, un servidor no lo hizo con sus hijos. Quizá no le llegué a coger el punto. No dejo de reconocer que aquel espectáculo ofrecía tantos matices. Con el resultado final, que era la muerte del toro por el torero. Se ha abierto la tronera de la controversia, equiparando la muerte del toro con la de aberraciones impuestas por costumbres nada digeribles. A continuación se intenta que una de las dos España te hiele el corazón. Estar a favor de los toros, sinónimo de ser de derechas; estar en contra, de izquierdas. Así de simple y de maniqueo. Uno se pregunta, verbigracia: Al señor Picasso, dónde se le colocaría, conocida su actitud pro taurina, manifestada con su presencia en las plazas, su amistad con toreros, y su aportación artística a la tauromaquia. No sé qué se dirá del señor Ortega Y Gasset. Alguna fotografía se puede ver acompañando a las cuadrillas en la plaza de toros de San Lorenzo de El Escorial. El señor Solana, también supo plasmar en sus cuadros cuadrillas taurinas. He leído un buen trabajo del señor Caro Baroja, nada sospechoso de pertenecer al bando de los pro taurinos, en el que como buen antropólogo pone de relieve la trascendencia del toro y la fiesta en Navarra. ¿Se va a remeter contra los San Fermines? Otra cosa, es que se haya llevado el asunto al terreno político. Que a uno le da en la nariz, que es el problema real. Unos defienden el derecho de morir el animal dignamente y otros defienden el derecho de vivir dignamente de quien vive de ello. Igual lo más sencillo era dejar el ciudadano de a pie que eligiese: quien quiera ir que vaya; quien no, pues que no lo haga. Pero claro, este no es el problema. En seguida alguien pensará que un servidor se ha puesto en el lado de los taurinos, porque no he puesto ejemplo alguno, de los motivos –crueldad con los animales, etc- que esgrimen los antitaurinos. Un pro taurino en seguida pondría el grito en el cielo, preguntándose: “Con todos los pretextos que hay para luchar por la dignidad, por qué se han tenido que fijar en el toro y no, por ejemplo, en las bombas que se escapan en las guerras, como la última, y mueren inocentes.” Y así estaríamos mareando la perdiz. Les voy a decir una cosa: no hay nada peor que vengan arreglar algo quienes estén en contra o a favor. Pasará como lo del cementerio de Combarro, que se han llevado el sistema de riego. Ni para ti ni para mí, que los muertos no necesitan agua. Dice la policía que quien lo hizo lo conocía al dedillo. Unos se evitarían podar las flores de los jardines y otros venderían más flores. Igual no se leyó el currículum y uno de los empleados era antiderrochar agua y el otro, florista. Solución: cada uno con la suya.

Explicaciones, pocas

2 de Marzo de 2010

José Ruiz Guirado

LLEVA razón un amigo cuando dice que en política, quien explica pierde. Y un servidor añadiría, que no solamente en política. Las cosas, si hay que hacerlas, se hacen; si fuera necesario se explica, pero no demasiadas, que siempre habrá alguno que diga, yo la vi primero. Los editoriales y los artículos de opinión de los periódicos tienen esa función y, aun así, no sabe uno a qué atenerse. Porque cada cual lo cuenta como le va en la feria. O sea, que lo iba a ser puesto en claro, se convierte en un alegato, una postura, hasta un compromiso. Usted lee, verbigracia, uno de los que escribe Pérez- Reverte, el propio Ferrín (lástima que su compromiso con la Academia de Galicia nos los haya privado todos los lunes)y, los pone uno, no en frente; sino al lado de otros y la cosa explicada no tiene nada que ver la una con la otra. Entonces, el lector, que no es tonto, espulga y se queda con lo que le interesa. Porque ambas partes le han puesto en la pista. En eso Torrente era muy cuco: un sí es no es. A un servidor cuando le dicen: me ha costado. Nos hacemos cargo, pero tampoco consiste la cosa en que se dé todo hecho. Ahí tienen ustedes a Felipe II (qué coñazo está usted con el siglo XVI), ejemplo de castellano: austero, desconfiado, callado. Luego vendrían los ingleses y nos pondrían en el mundo como charangueros y pandereteros. Cuando no era así la cosa. Es lo que digo: dan unas explicaciones y ponen al español como lo que no es. Lo mismo que cuando escucho algún gallego, denominarse “galleguiño”. Oiga, con eso qué gana. No tiene usted que dar explicación alguna, que luego vienen lo malos entendidos y pasa como con lo de la pandereta; que le toman por lo que no es. Nunca escuché a mis suegros decir nada semejante. “Eu son de Lérez”. “Eu son de Carballo”. Y quien necesite saber, que aprenda. Pues no hay información en el google. Que se tenga dulce el son (el verbo), no quiere decir más que eso. Monforte de Lemos, suena tan recio como Sarriá. Para que vean. A lo que íbamos: vamos a explicarnos. Sucede que en esta época en la que nos toca vivir somos muy blanditos. Lo decíamos ayer (como quieren que nos enfanguemos), a la hora cantar, soltamos por esa boca. Normal, estamos agazapados detrás del Internet. Cuando quemaron a Servet, Calvino, su verdugo, le puso madera mojada. El hombre, en su terrible tormento, pedía que le quemasen de una vez, aunque fuera con cáscaras de huevos como a San Lorenzo (esto segundo lo dice un servidor). Ni en el cadalso hay por qué dar la nota (claro que para eso hay que ser muy hombre). Quien le oyere, enseguida diría: “Ven como es culpable”. Que hay que explicar lo justo. Hay mucho ignorante, mucho espabilado pendiente de lo que se dice, para, si interesa, adoptarlo. Ni hablar. Además, oiga, al enemigo ni agua. Le va uno con el cuento y, el día menos pensado, se la sacan de la manga para arrojártelo a tus narices. Quietito y calladito. Ya vendrá ocasión que sí que haya que explicar lo oportuno. Pero ha de ser en el lugar oportuno. Que no están los tiempos para derrochar, ni explicaciones.

Enfangarse

27 de Febrero de 2010

José Ruiz Guirado

HAY que enfangarse. No sé a qué se refería. Aunque, ya no hubo duda, cuando acabó la frase. Cuantos más estén implicados, menos problemas. También podría tomarse como implicarse. En ese caso hubiera empleado otro término. Pero al poner bien a las claras que su intención o era otra que inducir a meterse en el barro. Lo menos complicado, quizá lo más inteligente, o mejor dicho, lo más seguro sería hacerlo. Es la única forma de mantenerse siempre a flote, pasar desapercibido, no tener contratiempos. Al fin y al cabo, se trata de supervivir. De qué sirve la ética, la dignidad, la moral: absolutamente de nada. Es más, si el grupo se compone de veinte, treinta personas, el que dos o tres se nieguen al juego, no deja de ser un inconveniente; especialmente para quien sabiendo que si todos están en él, evita comparaciones, justificaciones. La cosa puede llegar a complicarse cuando llegado a un punto no se pueda salir del barro. Y lo que llegaría a ser peor: creerse en la legalidad, mejor dicho, aceptar la situación como algo natural, normal. Qué sucede cuando se vive en este punto. Pues que todo cuanto se haga será visto como cualquier acto cotidiano, fisiológico, intrascendente, banal (aunque sea ultrajar, humillar, denigrar, perseguir, despedir, calumniar, incluso eliminar). La respuesta, si es que la hubiera, no dejaría de ser más que el normal acatamiento de un hecho cotidiano. La controversia surgiría cuando alguien no acepte la patología (por no llamarlo canallada). Y, aunque no pueda oponerse porque cuando se está en el fango no se oye; el simple hecho de cuestionarlo, se convierte en un obstáculo. Que suele pasar desapercibido, excepto para quien la normal convivencia, sin estridencias, es el lugar donde campar a sus anchas. Qué consecuencias conlleva el enfangarse. Qué se gana con ello. Qué se saca en limpio. Al llegar a este punto, había creído oportuno dejarlo aquí. Y que cada cual haga sus conjeturas. Pero puede que no se haya aclarado nada de cuanto se dice o se intente decir. No importa. Mejor dicho, importa demasiado. Por ello se ha traído a este lugar con este estilo, si se le puede llamar así, a la forma que tiene uno de explicar o contar lo que acaece. Esto es así. La situación se complica cuando en una quiebra del sistema, alguien, algo lo pone en entredicho, lo cuestiona, lo aclara y lo denuncia. Entonces surgen estos y aquellos casos que conmocionan, alarman, escandalizan. Y surge la pregunta absurda: ¿Cómo es posible? Es una pregunta que no tiene fácil, o ninguna respuesta. Quien esta noche está divagando en el enfangarse se pregunta: ¿Merece la pena? Quizá esta pregunta, como dice un buen amigo, soy muy joven; tendrá respuesta cuanto pasen los años suficientes para que la respuesta se dé por si sola.

Llueve con saña

25 de Febrero de 2010

José Ruiz Guirado

ESTÁ lloviendo como lo hiciera siempre, pero más, mucho más. Creo uno que se está aprovechando cualquier lugar para construir viviendas. Incluso arroyos secos. Y eso, como se ve está trayendo consecuencias. Lo vemos como algo lejano. Pero Jaén, Granada, Cádiz están muy cerca y, aunque esté algo más distante, como Las Azores, las consecuencias han sido terribles. Han visto sus hogares arruinados. Y lo que es más terrible, se han perdido demasiadas vidas y, visto lo visto, podrían haber sido más. Ha sido impresionante, terrorífico el agua acumulada y la fuerza destructiva que llevaba a su paso. Uno se pone en la piel de quien la ha visto tan cerca y, resulta dramático. Un servidor, con apenas cuatro y cinco años vivió una noche en la que el agua de lluvia reventó la pared, tras de la cual dormíamos y, en pocos minutos todo flotaba en la habitación. No sé si lo recuerdo como una anécdota; pero hoy que contemplo la desolación de quien lo ha padecido, me produce escalofríos. Un par de años antes de la muerte de Felipe II, en el verano de 1596, estalló una de esas tormenta que de vez en cunado azota esta sierra. El rey se encontraba comiendo en una casa próxima al Escorial. El agua entró en la vivienda y le llegó hasta la cintura. No puedo ponerse a salvo, porque se estado de salud ya estaba ya tan deteriorado que le fue imposible moverse. Se imagina uno el apuro que tuvo soportar el monarca y el miedo, porque de haber subido más el nivel del agua; hubiera costado la vida. La que está cayendo en nuestra país no es chica. Esta agua cala traspasa. No se entiende. Por qué salen los sindicatos a la calle, verbigracia. Uno cree que están avisando a quienes quieren saltarse cualquier norma democrática, imponer o coaccionar. Que estamos aquí y nos echamos a la calle. Porque el tema de la jubilación es mucho más sencillo. Y quien debería de elegir es el propio trabajador si quiere, o puede seguir. Un servidor, que ha hecho incursión en el siglo XXI, desde el XVI se vuelve otra vez para decir que, a finales del siglo ya se produjo el cambio climático, como el nuestro. Y qué quiero decir con esto. Pues ya llovía antes. Esa ya lo sabíamos. Quien más lo sabía era Cela, que se estuvo en toda su “Mazurca para dos muertos dándole vueltas a la lluvia, que allí le llaman orvallo, porque es así como más dulce, más suave, más continua. La verdad, es que es una cabronada –con perdón- lo que está pasando con tantas familias. Y por encima, nos atrevemos aquí a la frivolidad. Lo siento. Esas cosas puede que le pasara al rey, pero ahora, que nos estamos pegando por llevar al agua aquí , allá acullá, no debería pasar. Me sigo poniendo en su pellejo. En Castilla se miraba al cielo, porque no caía una gota. Por eso decía Delibes que es tan alto el cielo castellano. Y en el sur se mira para él, para que no caiga más, porque ya no hay donde meterla. Es una putada.

El esperpento eurovisivo

23 de Febrero de 2010

José Ruiz Guirado

AL margen de la polémica, los que fueron a la gala, incluido el rapero; lo fueron para aprovechar su minuto de gloria: Urribarri no lo dejó hasta que leyó su lista de agradecimientos, y el resto de los invitados –no sé si estaba incluido en el guión- anunciaron su mercancía. Lo del mal gusto o no –para un servidor lo es-, es una constante en los programas de nuevo cuño. En otra cadena privada fue un señor a presentar un libro, para decir que cuando se aguantas los pedos a la pareja, comienza el amor. Y hubo quien indicó cómo y de qué forma se los tira alguien. Que no deja de ser ilustrativo. También Cela pretendía adiestrarnos con una palangana, en otra práctica. En Oviedo se marcó una peineta un político como respuesta al abucheo proferido contra su persona (en esta mismas páginas se dijo hace unos días, y ya se advirtió de la falta de ayos). En las guerras que nos ofrecen, muestran cómo mueren inocentes por culpa del directo; o sea, de los errores. El programa de la casa de Guadalix, es una cadena de despropósitos, de obscenidades, de violencia, de insultos. Los días que hay debate en el Congreso, la falta de respeto, la desvergüenza campo a sus anchas. Y ahí están millones de personas aceptándolo pasivamente como algo consuetudinario de nuestro tiempo. Como decía, al margen de todo, excepto por un par de concursantes, no se han molestado en absoluto en buscar a cantantes, con todos los que hay en cualquier ciudad: en el Metro, en la calle, actuando en garitos. Claro que, para qué les hace falta, si tienen ahí a los triunfitos, que no descomponen la figura; cantan letras dulces, correctas, aseadas y tiernas, para no desentonar con lo que se vive: todo políticamente correcto. Además, si el festival de Eurovisión está en manos de los países amigos que siempre lo ganan. A nosotros, excepto Grecia, Andorra, Portugal ,y algún que otro despistado no nos vota nadie. Se les coló un atípico ,y, por más empeño que ponía la presentadora, él a lo suyo. Incluso cuando, parecía que había perdido disculpas al jurado, los soltó un exabrupto. Eso pasa por no dejar venir a la del Sunami. Ella no se calla; pero a esto no se hubiera atrevido. En todo caso, al esperpento; pero eso ya lo hizo y fue al festival, el Chikilicuatre.

Bajarse a la arena

21 de Febrero de 2010

José Ruiz Guirado

CUANDO alguien escribe en un medio de comunicación para informar o explicar, debería –ya se da por hecho la profesionalidad, con todo lo que conlleva- atender a un supuesto juramento. Hablamos de transparencia, imparcialidad y veracidad. Llegados a este punto, uno cree que es está pidiendo la Luna. ¿Quién se baja a la arena y suelta por esa boca? Imposible. Además, eso lo saben muy bien los abogados, las variantes sobre un mismo tema pueden ser infinitas. Depende de la información, la preparación, los credos políticos y de quien pague. Aludía a los abogados, porque cualquiera se puede preguntar, cómo es posible que se pueda defender y dar la vuelta a la tortilla en casos tan flagrantes. Pues así es. El criminal más abyecto puede parecer la persona más honorable si la habilidad de quien pueda mostrarlo de esa guisa, lo consigue. Y mientras que no se demuestre lo contrario, está en su justo derecho. Eso se ve muy claro cuando hay un enfrentamiento, incluso visceral, entre distintos contertulios, ante un asunto que introduce el moderador. Cómo es posible. Lleve usted a un bosque a un ingeniero, a un carbonero y a un paleontólogo. Cuando les pregunte qué han visto. Comprobará que han estado en lugares diferentes. Además de estos diferentes puntos de vista, está la verdad, y sobre todo la libertad. ¿Se es libre para decir cuanto se quiera? Esa es la esencia de un sistema de libertades, en el que este poder ejerce su mandato, a diferencia de los sistemas totalitarios, donde la información que se produce es la que se dicta desde el propio sistema. No creer en ello, sería como no aceptar la propia democracia. Y ahí están constantemente denunciando. Es bien sabido lo sucedido con Nixon. Gracias a los medios de comunicación hay más luz en el mundo (para llamarlo de una manera poética), más transparencia. Pero aquí de lo que se intenta hablar, es de la postura tomada ante un mismo asunto. Por qué, por ejemplo, se habla a medias, ocultando algún dato interesado o añadiendo de su cosecha propia. Esto se comprueba, cuando alguien introduce elementos diferentes que desvirtúan o da la vuelta a la situación. ¿Se está aquí diciendo que quien escribe obedece a la voz de su amo, y carga las tintas según convenga? Más claro, que se miente. No, no se está diciendo esto. Vamos a poner un ejemplo práctico, ahora que estoy inmerso en el siglo XVI. La mayoría de los nobles de los Países Bajos (Lamoral, conde Egmont, Guillermo de Orange) estaban indispuestos hacia la política de Felipe II. Se mandó a Egmont a España a negociar con el rey. Éste le hizo creer que sus propuestas habían sido aceptadas, para lo que anunció la concesión de favores personales (el señorío de las ciudades de Bravante, Ninove y Enghien; además de honorarios, de unos 50.000 ducados). Concedidos éstos, se le recomendó mantener el ejercicio de la religión católica. Ya en Bruselas –sin llevar ninguna decisión por escrito- dio parte al Consejo de Estado, para que bajo su supremacía se relajase las leyes para con los herejes. Esta orden fue desacreditada inmediatamente por carta, por el rey español, con el consiguiente descalabro y desprestigio para el conde. A pesar de esta tomadura de pelo en toda regla, el rey español se mostraría inflexible en cambiar las leyes contra le herejía. Quién iba a salir a la palestra a manifestar ,con pelos y señales, la jugarreta española. ¿Se miente, cuando alguien saca sus dardos? Se hace política. Se gana tiempo, como la referida anteriormente. El problema, es que se vive en constantes elecciones. Y habrá que marear la perdiz entretanto, que así se le podría llamar a esta figura literaria, ya puestos, ¿no?

Talante, disciplina, ironía y exclusivas

19 de Febrero de 2010

José Ruiz Guirado

UNA de las preocupaciones de don Juan de Zúñiga, ayo del rey Felipe II fue enseñarle autodisciplina y autodominio. El rey aprendió a ocultar sus sentimientos y a contener sus emociones. Su propio padre, el emperador Carlos V, aleccionaba al príncipe con consejos de esta guisa: No demostrar nunca sus emociones, aparecer en público siempre a horas fijas, ser devoto y temeroso de Dios en todo momento y ser justo en todas la cosas. Uno cree que en los tiempos que corren, estas disciplinas han sufrido alguna que otra relajación. Claro que, tampoco se trata de volver a costumbres trasnochadas. Pero quienes son la imagen, la representación de muchos, deberían saber algo de estas disciplinas. Sería aceptado con más deportividad, como lo que le sucedió a aquel reo al tropezarse cuando subía al patíbulo: Casi me mato. Debería de haberle perdonado la vida su verdugo. Pero eso del saber estar, del humor inglés; incluso del humor negro, no está al alcance de todos. Conozco un dentista, que cuando entrabas a la consulta, lo primero que te preguntaba si habías hecho testamento. La peineta, es la que hizo un hincha del fútbol, después de orinar sobre los hinchas del otro equipo. Éste no deja de ser un mal educado y un guarro. Pero seguramente no asumirá responsabilidad alguna, a juzgar por sus maneras. Una revista parece que hizo una entrevista a los príncipes. En ella aparecen “exclusivas” tan trascendentes como la de llamar “mi chico” al príncipe. Tiene uno la impresión, que quien dirige la publicación es muy hábil. Pero de eso, a conocer los entresijos, la vida, las costumbres, las inquietudes, los pensamientos de los futuros regentes, a ofrecer a los lectores la exclusiva de llamarle como lo hacen todos los novios, va un abismo. Lo que sí cree un ciudadano de a pie, es que debiera de haber cuanta proximidad como fuera posible (recordando los consejos de Carlos V). En esto, el Rey, sí ha sabido, sin decir nada, llegar al ciudadano, ser una persona próxima. Nadie criticó al famoso “Por qué no te callas”, que le espetó a Chaves. Se debiera de dar un curso en las escuelas de saber estar y de modales. No tan rígido como lo de Zúñiga, lo básico, lo de andar por casa. Igual llegan a mayores y ocupan cargos de responsabilidad y, dentro de su casa se muestran naturales. Pero en público… Claro que, igual todos esos asesores que viven de que la sonrisa sea blanca, brillante, radiante han pensado que un punto agresivo, ordinario puede ser positivo. Si valió lo de “Por qué no te callas”; por qué no va a tener su punto una peineta con gracia. La otra tarde, lo confieso, marujee. Tenían puesto un programa y salió en directo una señora conocida de la prensa rosa. Y una de las participantes le dijo que tenía una hija muy maja y superpija. La señora no sabía si era ofensa o piropo. Pues de esto se trata: humor e ironía. De haber oído el piropo, igual hasta había sido oportuno, claro, con la variante que requería la situación. Verbigracia: leía el monarca –el nuestro- un discurso y fue interrumpido por el cántico de unos discrepantes. “Desentonan un poco”, creo que comentó. Pues eso.

San Lorenzo

18 de Febrero de 2010

José Ruiz Guirado

LAS ciudades y los pueblos, además de cómo son, y de cómo cada cual los ve; lo son también por lo que de ellos se dice, se imagina o se sueña. Algunos no necesitan empujón alguno. Estos son los elegidos por el destino, por la Historia, por la Geografía, la Ciencia o el arte. Otros, son de esos que cuando se nombran, se pregunta: ¿Y eso dónde está? No sé si lo hice antes, creo que en alguna publicación, estando lejos. Con las perspectiva de la distancia o de la nostalgia. Hoy quiero hablar del mío. Aunque en este caso, todos los santos ayudas. Nombrarlo ya es más que suficiente para ver la solemnidad de su estructura, el equilibrio de sus líneas. Al lado hay una comunidad de gentes; un pueblo relativamente nuevo. Quiero advertir que tenía más encanto –ésta es una apreciación personal- cuando aún no se había incendiado el monte de Abantos. Cuando había menos viviendas en sus laderas. Cuando existía el cine Variedades. No quiero decir que cualquier tiempo pasado fue mejor. No. Pero sí que, cuando se pierden referencias, valores; no se adelanta, se retrocede. Hay un lugar emblemático, de referencia; no es otro que los soportales. Lugar de encuentro, paso y cita. Conocida como Casa de las Columnas, encargada por Carlos III al arquitecto Juan de Villanueva para que sirviera como manzana de tiendas. En la época en la que el autobús de línea tenía allí su parada y salida –además de en la calle de Floridablanca, ya a la altura de Leandro Rubio; era lugar común y centro neurálgico por su proximidad al hospital de San Carlos. Conocido en la actualidad por el de “La Alcaldesa”. El seis de noviembre de 1943, con el nombramiento de Doña Carmen Polo de Franco, de Alcaldesa Honoraria del Real Sitio; se produce el cambio de denominación. O al propio Mercado de Abastos, o El Repeso, nombre del callejón situado entre el Mercado y el Cuartel de Inválidos. Cuando no, al Cine Variedades. De lo que hemos hablado aquí ,y podríamos seguir haciéndolo, no deja de ser el resultado de escudriñar en los papeles, que también es necesario; pero se pretendía hablar de esas luces, esos colores, esos sonidos, esos sabores, como el de la morcilla o la sopa de ajos, tomados con un vino tinto. Estas tardes frías, cuando cruza uno la plaza de Jacinto Benavente y se cuela el aire frío por todas partes. O por el contrario, las noches de estío, con el olor de los magnolios o los olores seminales –tomillo, aliaga, romero, cantueso-, que trae la brisa desde el monte. Luces y penumbras. Voces conocidas. Domingos luminosos. Tardes de cine y de paseo, antes que Pedro Martín convirtiese el Cine Lope de Vega en Coliseo. Otoños familiares en busca de níscalos en el pinar. Días de fiestas patronales, con bailes en la plaza, pasacalles a las mañanas y gigantes y cabezudos recorriendo las añejas calles al son del tambor y la dulzaina. Las campanas del reloj del ayuntamiento marcando las horas de la vida. El bullicio en el Mercado de Abastos; la esquela de un difunto, o la alegría y el revuelo de los niños delante de la puerta de la parroquia que esperan al padrino del bautizado que eche la mano al bolso. El tío Colillas, con su saco al hombre y su pincho en la mano recogiendo del suelo su mercancía. Los muchachos intentando ver los pecho a Juanita en el Quiosco de golosinas. Antoliano dirigiendo el tráfico con su seriedad acostumbrada. El carrillo de los helados en los Canapés. Mediodías de chatear y gastar la broma oportuna a Mariano Borrachín. Escapadas a los Terreros a robarse los novios los últimos besos de la tarde. Los frailes arrastrando las sotanas por las Lonjas camino del seminario. Las procesiones de Semana Santa, con los Viernes Santos de agua y nieve. Los chavales vendido por las calles el Semanario Escurialense para comprar las entradas al cine de los jueves, con sesión doble. Los partidos fútbol en el campo de los Pinos. Las meriendas familiares en Zarco o en la fuente del Horizontal. Las despedidas del verano en la Herrería bailando jotas y rondones. Ese el San Lorenzo que siento.