Pedro de Castro
Sábado, 4 de Septiembre de 2010José Ruiz Guirado
LOS muchachos de nuestra edad, no habíamos visitado el Museo del Prado, pero conocíamos un cuadro “El entierro del Conde Orgaz”, obra del El Greco ( a quien Felipe II no quiso tener entre sus pintores), que podíamos ver en los camerinos del antiguo Cinema Lope de Vega ( Coliseo Carlos III de San Lorenzo del Escorial), al tiempo que oíamos la música del piano que del estudio del pintor Pedro de Castro salía; cuando cruzábamos “Los Jardincillos” (Plaza de Jacinto Benavente). Su autor había nacido un doce de marzo de 1925. Setenta y seis años después moriría en San Lorenzo del Escorial, el mismo mes de marzo. Vino a ser hijo, el menor de cuatro hermanos, del jardinero José de Castro y de la ama de casa Ricarda Fernández. Asistiría a la escuela de los cinco a los ocho años, para después recorrer la sierra guadarrameña pastoreando merinos. Los pastores caminan durante toda la jornada. Están en contacto con la Naturaleza. En esta libertad, pintaba los huecos de las rocas con carbones y esculpía figuras. A los doce años asiste a la Escuela de Artes y Oficios, donde entraría en contacto con la pintura. Ocho años más tarde trabajaría en RENFE, lo que le permitiría cierta independencia y dedicarle tiempo a la pintura. El 22 de diciembre de 1952, contraería matrimonio con Manolita García, quien sería desde entonces el pilar del pintor. A partir de aquí comenzaría a ser el pintor, que a juicio de Vázquez Díaz, “la mayor aportación pictórica desde el siglo XIII”. Vendría a ser Salvador Dalí ( en 1975 compartieron obra en el Museo de San Telmo de San Sebastián), quien la definiera como “Relieve a nivel”. El propio Picasso animaría al joven pintor a seguir con su original estilo. Apareció entonces el Pastor-Pintor. A uno le parece que este apelativo vendría a llenar las hojas de los periódicos de la época. Quien ha conocido la ingente, peculiar, genial, irrepetible obra del pintor Pedro de Castro cree que se trata –no por pastor; sino por genio- de una de las figuras señeras del siglo XIX, que para nuestro provecho fue escurialense de nacimiento. Exposiciones en Burgos, Bilbao, Madrid, San Sebastián. Muestras en la Galería Sayles de Montreal, o en la Galería Sarday de New York. Su estilo pictórico dio un salto al Impresionismo, Expresionismo o Surrealismo de la época: bodegones, paisajes, temas taurinos, escenas del Quijote o improntas del entorno escurialense. Retratos analíticos mentales (realismo fantástico); retratos (el abuelo, retrato de familia, autorretratos); la impronta religiosa: “Cristo crucificado”, “El sueño de Ezequiel”, “La creación”. O la última etapa de su vida, en donde la luz y el colorido caracterizan la época de madurez, de paz del pintor. Con un estilo inimitable, único; creando el propio autor sus colores y la técnica de imprimación, tras concienzudos estudios. Hay unos cuadros, consecuencia de la Guerra Civil Española, donde se refleja el terrible drama vivido. Fue también corresponsal de prensa. Y una persona inquieta, preocupada por su tiempo: Sopenhauer, Niectche, Freud, Kant serían sus autores preferidos; sin dejar de lado al impar Cervantes. Se celebró un homenaje en 2004, en la que su viuda e hijos participaron, Ayuntamiento de San Lorenzo y antiguos amigos. Sin embargo, no se la ha reconocido en lo que su obra representa.