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Qué racha

Jueves, 28 de Enero de 2010

José Ruiz Guirado

QUÉ racha llevo. Mi ordenador se desmadra. Es un cabrito. Le debo de tener quemado y por eso se me rebela. Me ha vuelto a borrar algunos comentarios. Lo siento porque son reflexiones muy interesantes, lúcidas, a las que alguna vez vuelvo. Confío en mi Informador, que ya me sacó tiempo atrás de parecido brete. Mala leche. Eso es que hay alguien por ahí que no quiere que diga cuanto digo. Pues no he de callar, aunque con el dedo amenaces. Me enfada. Claro que, la culpa no es más que de un servidor por decir en voz alta que soy clásico de máquina de escribir, aunque lo decía con la boca pequeña, porque el ordenador me evita horas de trabajo. Pero se debe de sentir herido –por bocazas- y cuando me descuido, me la lía. No se puede estar contra el progreso. Hoy mismo lo hemos visto en Haití. Además de la ayuda de lo básico, les han repartido aparatos de radio que no necesitan pilas, ni cables. Tecnología tan necesaria como la comida. Como, me informo y me comunico. Esto tiene su parte positiva y su retroceso. Nos hemos enterado que hay que esperar a jubilarse más tarde. Y con esa misma tecnología, sabemos que el presidente Obama, deja la reforma sanitaria en su país y se preocupa por la economía. Si en lugar de prosa fuera esto verso, se podría emplear el símil entre dólar y aparato de radio, frente a alimentos y salud. Pero como hemos de ceñirnos al lenguaje periodístico en lo que cabe; no nos queda otro remedio que ceñirnos al estilo, aunque fuere “sui generis”. Y ahora nos llega el “IPAD”. Que ya alguien se ha atrevido a decir que es el eslabón perdido entre el portátil y el móvil. No puede negar mi vértigo. Igual con este nuevo aparato no me pasan estas desgracias técnicas. Pero –más que nada para prevenir- llevo en mi mochila (no lo digo como figura literaria; llevó siempre al hombro un morral de cuero, con objetos imprescindibles) una agenda que me ha regalado un amigo. Que acude una idea, tiro de bolígrafo y anoto. Luego a la noche es muy útil, porque las cosas se olvidan. Además tienen su momento, su creación, su impronta; que luego es irrepetible. No se tome mi portátil este asunto como motivo de desdén. Es otra cosa. Consiste en no perder ripio. Cuando se llevan las ideas pululando en la sesera, en el momento menos indicado salen. Y si tienes ahí la agenda, anotas y al morral. Además, se me había olvidado. La culpa ha sido de unos comentarios de rusos, haciendo publicidad de casinos y de pastillas, que me invaden a diario. Borrándoles se me ha debido de bajar el señalizador y la he encharcado. Han localizado el Blog y me tienen frito. Esto es también el retroceso que se aludía con anterioridad. Que me entran todos los días una veintena de basura. Tengan piedad conmigo quienes me han regalado tan extraordinarios comentarios y sigan haciéndolo, se lo ruego. Y a los rusos de los cojones –con perdón- ( es que me encienden), que se busquen otro, con todos los que hay.

Un libro, un buen amigo

Martes, 19 de Enero de 2010

José Ruiz Guirado

AYER me regalaron un libro. En un principio, creí que se trataba de esos tochos que se dejan sin abrir en los anaqueles de la estantería. Pero, no puede resistir la tentación de abrirlo y comenzar a leer. En el primer capitulo me enganchó, pese a tratarse de un ensayo, un compendio exhaustivo: “El arco como excusa. Cosas y formas en la ingeniería del transporte “, Edt.INECO-TIFSA, M.2009. No era asunto digerible para un neófito en la materia (estructuras, equilibrios, cálculos, aceros, el límite elástico de los materiales resistentes, pandeo lateral de vigas y columnas …), aun así, una vez que las páginas pasaban, iban destilando historias, tradiciones, experiencias (como la de Vitrubio, que también supo de ellas Juan de Herrera); nos encontramos con biografías de ingenieros y arquitectos(Henri Navier, Thomas Young, Redtenbacher, Grashof,Peter Barlow, Thomas Theredgold , o el propio Alberto Castiglino) americanos, ingleses, alemanes, italianos. Con las primeras Escuelas docentes. Con las tradiciones puestas en claro para su aplicación y comprensión. Una lectura, que a priori parecía ininteligible, se convierte por obra y mejor verbo del autor, en un ensayo, que bien pudiera firmar Ortega –que también le cita-. Pero no cabe duda, estamos ante César Lanza, un ingeniero de Caminos, Canales y Puertos, que en cada página dicta una lección magistral, escrita y expuesta con rigor de cátedra y estilo de escritor consumado. Qué buen regalo. Siempre he dicho –lo confieso-, que mi vocación frustrada ha sido la cátedra. Avatares de la vida me han llevado por otros derroteros. La temprana muerte de mi padre, me obligó a tirar de una familia numerosa. Hube de compaginar estudios aleatorios. Y, aunque llegué a la Universidad, lo hice como el corredor que llega exhausto. Suplí esta carencia con farragosas y desordenadas lecturas. Hasta que se cruzó en mi camino un sabio que las ordenó, las dio criterio y las puso en claro. Me ahorró tiempo y lecturas inútiles. Cuando le he podido robar un rato al día o a la noche, me he entregado a la pasión de la lectura, con la avidez de quien se fuma un pitillo a escondidas. Algunos buenos amigos me han regalado algún libro que desconocía, o me han indicado tal o cual lectura. Para un servidor leer es una faceta que considera útil, y ya no necesaria; sino imprescindible para la buena salud. Siendo un muchacho tuve un problema en una rodilla que me mantuvo una larga temporada inmovilizado. Leí cuanto pude. De noche, de día. Viajé, sentado en el sillón, por la cultura griega, romana. Por el Siglo de Oro español. Por la Europa clásica (italianos, alemanes, rusos, ingleses). Por América. Por Asia. Por África. No me hubiera importado tardar una temporada más en recuperarme. Hubo una obra –“El rojo y el negro de Standhal, publicada en 1830,cuya trama transcurre en la Francia del siglo XIX-, que me impresionó especialmente. También hubiera sido ratón de biblioteca. Hubo una época, en la que incluso estuve tentado por la espiritualidad. Pero comprendí que no estaba llamado a la castidad. Y una vez allí, el Maligno me llevaría a la tentación. De la que se libera uno pecando. El amor de Nuestro Señor será excelso. Pero el de una señora, también lo es. Cada uno tiene su función, terrenal o divina. El libro me ha dado momentos irrepetibles e insustituibles. Además, algo ha aprendido uno. O se ha divertido. O se ha entretenido. Un buen amigo, que da más de lo que recibe.

Qué queremos

Domingo, 7 de Junio de 2009

José Ruiz Guirado

ESTA tarde han aparecido los primeros restos del avión siniestrado. Terrible. Aún está reciente el accidente en Barajas ,y, de nuevo esta desgracia viene a golpear. Estas cosas son las que deshacen. Las que no tienen explicación. Y uno se pregunta, una y otra vez: Por qué. Por qué las cosas tienen que ser así de desgarradoras. Hace unos días me enteré del fallecimiento del hijo de un amigo en un accidente de tráfico. Qué le queda a este hombre o a su esposa. Qué terrible, qué cuesta arriba se hace la vida cuando estos sinsentidos arrebatan todo de un zarpazo. Un servidor perdió a su padre cuando tenía cuarenta y cuatro años. Pero pasó el tiempo y el futuro por delante, hizo que todo se olvidara. Incluso creo que es ahora cuando le echo de menos. Antes los amigos, los estudios, el trabajo, la novia, después la esposa y los hijos hicieron que se olvidara. No es que se olvidara, es que pasó a un segundo plano. A pesar de todas estas situaciones límites, hay algo dentro de la mente que hace que uno no se vuelva loco y se pegue un tiro. Sin embargo, ante estas sinrazones uno se pregunta: Qué hago yo aquí. Para qué estoy. Con qué propósito. Habrá quien lo solucione con la fe. Otros perdiéndose. Otros luchando. Otros amando. Porque el ser humano es imprevisible. Y mientras tanto, somos depredadores con los que tenemos alrededor, con los más próximos. Cómo es posible que nos comportemos de esa guisa. Qué animal quemaría su medio hábitat, o lo contaminaría. Qué animal mataría a sus semejantes. Ahora, como consecuencia de la crisis, está en tela de juicio la seguridad en el trabajo. Ya se sabe que a río revuelto, ganancia de pescadores. Cuando hay una epidemia no se ataja eliminando a los sanos, sino curando a los enfermos, atajando los focos. Esto no lo han traído los trabajadores. Es un producto de malas gestiones. Lo que falta se lo ha llevado alguien sin escrúpulos. En el momento en el que se vive, estar en la calle, es poco más que estar en el arroyo. Salva raras excepciones de quienes puede vivir en el campo, no hay forma de comer, vestir o cobijarse sin un dinero a cambio. Se nos ha hecho inútiles, dependientes y consumidores a la fuerza. Hay están quienes no pueden ni comer, cogiendo en los contenedores, lo que tiran por caducado o defectuoso en los supermercados. Quienes tienen que hacer lo que sea para llevar dinero a casa para comer. ¿Y a quién le importa esto? En esto, una quiebra rompe el estatus. Entonces se hacen misas, se solidarizan con gestos, acuden los representantes del pueblo a testimoniar condolencias. Pero en cuanto ha pasado : el muerto al hoyo y el vivo al bollo. Y otra vez a lo mismo. A preguntarnos en páginas como ésta el porqué de los grandes misterios de la vida. Entretanto, en la sala de atrás, se repite la misma cantinela. Sin saber por qué, somos enemigos, hostiles, adversarios a los que tenemos en frente y comparten nuestras mismas cuitas, nuestros miedos, nuestras inseguridades, nuestra efímera existencia. No habrá un momento de lucidez, de serenidad, de libertad en el que podamos sentarnos, parar el tiempo y preguntarnos: Qué estamos haciendo. A dónde vamos. Y quizá lo más importante: Qué queremos.

El último día del puente

Domingo, 3 de Mayo de 2009

José Ruiz Guirado

YA están las carreteras llenas de automóviles regresando. El primer día del puente contemplé un accidente. No hubo víctima alguna, pero los coches –un de ellos quedó destrozado-. Quien le golpeó no respetó el stop que hay en la carretera de Guadarrama para acceder al camping. Fue producto de la impaciencia. No había más que esperar unos minutos, porque a la hora que sucedió –doce de la mañana- era la más concurrida. Fue un accidente absurdo. Que no se entiende. Dos minutos en el primer día del puente que pueden arruinar los cuatro días siguientes, y los restantes. La impaciencia es una de las constantes en las que estamos envueltos. No se quiere esperar, no se sabe esperar. Es una consecuencia de la prisa con la que se vive. Pero esto es así. Y se quiere ganar tiempo como sea. De nada sirve que nos pusiéramos aquí a filosofar, como si nosotros fuéramos de otra pasta, de otro tiempo, como para dar lecciones de paciencia. Eso no quiere decir que no hubiéramos esperado los dos minutos del otro día a que se despejase la carretera. Aquel era un imbécil. Esto se ha convertido en ir a contra reloj contra la vida. Alguien lo ha procurado o ,simplemente, entre todos nos hemos puesto a correr. Porque la forma de vida ha cambiado. Y regresar a otro tiempo sería absurdo, sobre todo imposible. Lo que sí podríamos hacer, sería parar cuando hayamos acabado. Pero aun así, es todo diferente. A un servidor le gustaría, entre otras cosas, no tener televisión en casa. Porque me gustaría hablar, comer con los que vivo. Sin embargo, sería muy difícil. Hemos dispuesto todas las actividades enfrente de la televisión: la mesa para comer, el sofá, incluso la cama. Y ya no hay una, sino dos o tres: en el salón, en la cocina y en el dormitorio. Cualquiera podría pensar que estoy promocionando otro medio de comunicación. Nada más lejos de eso. Estoy criticando una forma de vivir. Y mientras critico estoy viendo una serie televisiva. Esta mañana ha parado una persona con su moto delante de la puerta de casa y me ha preguntado dónde podría comprar un periódico en el pueblo. En ningún sitio. Es normal porque los compradores serían mínimos y posiblemente a las distribuidoras no les compensaría. Sin embargo, me preguntó: ¿comprará alguien el periódico en San Lorenzo? Espero que sí. Empero, no faltan antenas parabólicas. Esto es lo que tiene escribir, meditar o decir lo que a uno le viene en gana. Nos habíamos fijado en las filas de coches que ya están llenando las carreteras a primeras horas del domingo. A la tarde se incrementarán. Y de esas aglomeraciones, además de motos y bicicletas, nos hemos puesto a filosofar sobre las prisas, la forma que tenemos de vivir. Pero no hemos salido indemnes, porque estamos en el mismo viaje. Lo cierto, es que sí me incomoda tanta gente junta. Se me hace cuesta arriba coger un día el Metro, el tren a hora punta. Aunque esto lo llevo, porque no hay otro remedio para tantas personas que no les queda otra opción. Lo que me molesta son quienes se comportan como papanatas, en grupo o en solitario. Como el del accidente. Como los que se cuelgan una mochila pesadísima a la espalda para ir dos horas al monte. Como todos los jubilados que me encuentro cada mañana, a horas intempestivas, disfrazados, para ir y volver desde la Herrería. No es que esté en contra de la forma física. Es que pienso, que después de llevar toda una vida madrugando, me levantaría tarde. Y de todas formas, a mí qué me importa lo que haga cada cual. Pues es verdad.

Viernes Santo

Viernes, 10 de Abril de 2009

José Ruiz Guirado

QUEDA del viernes unas horas. Ha nevado como si fuera enero. El día amaneció blanco. Después llovió, salió el sol, volvió a llover y acabó el día con nieve. El tiempo ha vuelto a estropear la salida de los pasos, al igual que lo hizo en Ávila o en Segovia. Siempre fuimos cofrades de La Piedad, en el Barrio del Rosario. Salía los martes. Siendo muy chicos llevábamos una cruz de madera que nos hacía Jesús, el carpintero. Al hacernos mozos ya llevabas un farol con vela, que acaba siempre apagándose antes de subir la calle de Juan de Toledo. Después –vicisitudes de la vida- ya no volví a ser cofrade. El otro día veía en Madrid cómo se ponían de rodillas los costaleros para sacar el paso. Hacían un esfuerzo tremendo, incluso lloraban cuando lo conseguían. Pero si algo me llamó la atención fue el número de personas que asisten al paso de las cofradías en cualquier rincón de la península. Al margen de las creencias, de la fe o del credo de cada cual, la Semana Santa mueve pasiones, emociones, sentimientos. Y ya no hablamos de todas esas personas que se descalzan, arrastran cadenas, portan una cruz o se flagelan. Los propios costaleros, tras tantas horas acaban, no ya sólo exhaustos, sino con importantes heridas y lesiones. Incluso en Filipinas se les crucifica con clavos verdaderos en pies y en manos. Estas cosas nos sobrepasan. Nosotros, que estamos aquí cada noche frente al Ordenador y nos creemos que sabemos o que estamos haciendo algo necesario, te das cuenta que en el fondo estás utilizando cuanto ves, oyes, conoces para sacar a delante tu artículo. Cada cual tiene un lugar, una habilidad, una responsabilidad. Habría que procurar cada uno lo que pueda. Igual uno es algo parecido a un bufón, que entretiene a los demás. Pero aún así, alguien que pueda sacar una sonrisa a un niño, no deja de ser un acto de generosidad. Aún así, ¿es suficiente? No se trata de lamentarse cada noche al escribir algo nuevo. Sería una ingenuidad. Si alguien es capaz de hacerlo, es porque puede. Cuántas personas quisieran poder hacerlo. Igual tienen trabajo que hacer o simplemente piensan que emplear el tiempo en esto no deja de ser una tontería. Y puede que lleven razón. De cualquier forma, con lamentos, sin ellos, seguiremos en ello. Porque escribir también es una pasión, una emoción o una necesidad. Igual se le puede dar voz a quien no la tiene. Ya estamos poniéndonos paternales. Que no, hombre. No se justifique, señor escritor. Si quiere usted escribir, hágalo lo mejor que pueda, sepa o alcance. Pero no nos suelte el sermón correspondiente. Quienes se descalzan durante las horas que dura la procesión y pasan frío o caminan sobre guijarros; quienes se enganchan unas cadenas a los pies; quienes portan una pesada cruz a las espaldas; quienes se flagelan hasta herirse no se lamentan, ni se justifican al día siguiente. Lo hacen porque creen en ello y no se hacen más preguntas. Otra cosa es quien aprovecha el tirón popular de estas celebraciones y se dejan ver en balcones, debajo de los tronos o con la mantilla y la peineta. No podemos aprovechar el Viernes Santo para lucirnos. Algo de penitencia hemos de cumplir si nos apetece, si no haremos otra cosa, sin que por ello hayamos de lamentarnos. Cada cual con su credo, su fe o su incredulidad. Todos tenemos cabida. Pero no se justifique. Aquí solo se está una vez. Y ya ve usted, cada Viernes Santo hace frío.

Más vale cagador que cortador

Jueves, 11 de Diciembre de 2008

José Ruiz Guirado

MÁS vale cagador que cortador. Esta tarde he asistido a la cita del amor de la lumbre. Y me ha soltado esta frase mi compañero de charla. Que no es de faltar al respeto a nadie. Oiga, que a los cagones también los pones en los Nacimientos y no desmerece. Pero no venían por aquí las cosas. Estábamos hablando de cortar leña, mire usted por donde. Oiga, el cagador –con perdón- huele, pero el cortador duele, si se le va el hacha. Mire estos morillos le tienen más de cien años tirando por lo largo. O sea, los caballetes, por lo general dos, que se ponen en el hogar para sujetar la leña. Y están hechos a conciencia. Ha dicho el Papa que lo de la crisis, lo del hambre y todas esas zarandajas, son culpa de la especulación. Solo le falta decir que no se entiende que los bancos tengas buenos beneficios y por encima se les esté untando dinero. Oiga, un servidor no es de misa. Y no porque no crea en algo. Pero este Papa, que viene a ser el jefe de todos los curas, me tiene cara de listo y de los que dice las cosas a la chita callando pero las dice. Y qué le parece Fraga Iribarne. Pues a ese señor, mismamente, le pasa como a mí. El hombre sabe que está más “payá” que “pacá”. Y no hay quien le calle. Uno no entiende de política. Mismamente, sale hay un señor encendiendo a los muchachos. Y se le calienta la boca. Le voy a decir una cosa, no es lo que se dice, sino cómo se dicen las cosas. Además, oiga, ese señor catalán no está en contra. Pues no sé ahora a qué viene tanto marear la perdiz. Por eso lo debe de decir el gallego. Sabe usted lo que pasa. Me parecen que por las cataluñas lo dicen así: “La pela es la pela”. Y eso lo que escuece. De todas maneras, nos estamos haciendo blanditos. Oiga, que a las perdices, se las cargaba un servidor como hay que hacerlo, con los dientes por encima del pico. A los conejos de un tirón, a las gallinas, por encima los ojos hacia la cresta, para que sangren bien, que si no se desgracian. Y al cerdo. Mi tío se “presinaba” y” presinaba” al marrano ,y, hacia el corazón para que sangrara como había de hacerse. Después hacer morcillas. A ver de todos estos quién se atreve, que esto no es hacer daño. Que esto es procurar sustento. Antes de sacar la lengua a paseo, piense bien lo que va a decir, que ya no somos niños. Que lo dice: a apechugar como un tío que se viste por los pantalones. Parecen nenas asustadas. Oiga, sin hacer de menos a ninguna señora. Que las hay con un par. Y no se arredran. Se las apuestan como el más pintado. Sabe usted lo que pasa, señor Pepe. Que hay mucho vicio. Sobra de casi todo. Y ya no se han pasado calamidades. Que no vuelvan, ni falta que hace. Lo que se ha ganado con esfuerzo, no se aprecia en su medida. Lo fácil ni se aprecia, mire usted. Mire usted, todos esos terroristas que les han echado el guante, no dejan de ser pobres diablos a los que mandan a matarse ellos y a otros pobres. Y, luego, los que están por detrás son los que sacan provecho. Como esa pobre criatura a la que han desgraciado a palos. Oiga, estamos locos de remate. Cuando un servidor era un mocoso, si unos padres no podían sacar para adelante a unas criaturas, se daban a quien tuviera más medios para sacarlos adelante. Y ya tenía que ser una necesidad muy lastimosa. Porque si no, pasando muchas calamidades les han sacado de culero. Un cachete se le ha dado a un hijo. Como esa pobre mujer. Quién es nadie mara denunciar a una madre por una corección al hijo. Mal hecho, pero de eso a ir la pobre mujer presa. Pero darle tal paliza a una criatura. Esos son canallas sin escrúpulos, oiga. Y qué me dice usted, que los ciclistas no van a correr la vuelta a España. No, una parte que dicen que no es. Y dónde está eso. Ya me doy cuenta. Se conoce que no han cumplido con el servicio. No es eso. En algo tendrán que entretenerse, como los de Grecia. Sabe usted lo que pasa. Que el mundo está mal repartido. Se da usted cuenta ,que lo del cagón ese es cosa de mal olor; pero lo del pegador, ya ve usted en qué ha dado.

No espero nada

Martes, 9 de Diciembre de 2008

José Ruiz Guirado

HE perdido un artículo. Me da muchísima rabia, porque soy incapaz de repetir un momento, una sensación. Que le vamos a hacer: esas cosas del Internet, añadido a un descuido. Un sí es no es. Me estoy dando cuenta, mirando la fotografía del otro día, que ya no tiene uno a nadie para mirar para atrás. El próximo de la lista es un servidor. La distancia entre ellos y los que me han precedido es equidistante. A ellos tendré que guiarles y quienes me precedieron son mi referente. Creo a pies juntillas que el amor, envuelto en vivencias, esfuerzos, pasiones, sacrificios, trabajos, obras no puede desaparecer así porque sí. Si una poesía escrita hace mil años está presente –de manera escrita- cómo no lo va a estar una vida. Uno es capaz delante del anfiteatro romano imaginarse el bullicio de personas, fieras y animales. Siendo algo ajeno y lejano a nosotros. Una casa construida con las manos del bisabuelo, con todos sus recuerdos dentro, o unos árboles plantados por él, que están a la vera del camino. Si se para uno a pensarlo no es más que una acción en un fragmento de tiempo distinto. En los pueblos se aprecia más. El nieto es por esos caprichos del azar, de la genealogía la imagen viva del abuelo. Gestos, miradas, parecidos, virtudes y defectos se repiten. Es como si su alma estuviera viva en el infante. Lo realmente maravilloso de la vida que nos toca vivir, es que está llena o vacía, según se mire. No todos los momentos son para la meditación, para el reposo, para el raciocinio. A veces, cuando uno no se lo espera, cuando los años , las situaciones o todas esas cosas que se confabulan (unas fechas determinadas, unos sucesos…) hacen que se ponga uno a darle vueltas al magín y maquine de asuntos que no son mundanos, ni paganos, ni profanos. Son esas necesidades que uno se plantea sin venir a cuento; pero que provocan que uno se pare. Para hacerse preguntas que igual antes no le ha dado tiempo a hacerse, o simplemente que no era momento porque era el tiempo de otros asuntos más prosaicos, pero necesarios. Igual puede suceder que uno se esté dando cuenta que poco a poco se va quedando solo. Que ha llegado la hora de que los polluelos empiecen a volar del nido. Y, además de lo inmensamente maravilloso del presente. Es uno muy consciente que ha existo un pasado, alguien que ha dado sentido a todo esto que nos ocupa. Alguien a los que hacer esas preguntas en voz baja, que uno no es capaz de responderse. Hay tantas preguntas que se quedan sin respuesta. Nadie más que uno mismo se las va a ir contestando poco a poco. Decía Machado que quien habla solo espera hablar a Dios un día. Una nube, una montaña, un lago, el sol, la luna, un árbol, una persona, un santo. Habrá quien hable, quien mire, quien medite, quien se asombre, quien contemple, quien recuerde y hasta quien rece. La Fe de cada uno. Lo importante, lo insólito, lo amable de todo esto, es que quien no espera nada, se encuentra con sorpresas gratas, que bien merecen cualquier esfuerzo, cuando no cualquier recuerdo. Hoy nos hemos puesto un tanto filósofos. También es necesario. No todo va a ser todo jocosidad, divertimento y asueto. De la que está cayendo por el mundo ya volveremos otro día a ello. A ver si mientras tanto se han tranquilizado las cosas en Grecia. Aquellos lodos trajeron estos barros.

Ventas, Caco y Don Quijote

Jueves, 13 de Noviembre de 2008

José Ruiz Guirado

Esta noche ya se nota que el invierno está próximo. El gato no sale de la estufa. Allí se está mirando cómo su sombra se refleja en la pared las horas muertas. El viento es gélido. Cada mañana, cuando despuntan las primeras luces del alba, bajo a San Lorenzo. Desde el Alto de los Reajos, si la mañana está despejada, se ve Madrid, que a esa altura y distancia son miles de luces. Corona Las Machotas el Pico del Fraile, que se perfila entre la claridad. En ocasiones hay una luna clara que dibuja el pedregal. (more…)

Tontos bilingües

Domingo, 21 de Septiembre de 2008


Bote de Cola Cao

José Ruiz Guirado

Anda mi informador con un runrún. Habla solo y para él. No le digo nada, porque deben de ser cosas suyas. De vez en cuando se le escapa alguna palabra: Tontos ignorantes. Le dejo a ver si se le pasa la mosca y se aviene a contarme algo. Va, viene, se para, le da a una patada a una piedra y otra vez a empezar. Hasta que se suelta. Que aquí no se ha leído a don Miguel de Unamuno, ni a don Miguel de Cervantes, ni a ningún Miguel. (more…)

Curso de español intensivo

Jueves, 7 de Agosto de 2008

José Ruiz Guirado

Cuando menos se espera salta la liebre. Aprovechando esta calor hoy mismo he asistido a un peculiar curso de español intensivo sin necesidad de personarme en ningún Curso de Verano de cuantos se propagan en estas fechas. Algo así como un curso por correspondencia. Estaban haciendo cola unas personas en sus automóviles para acceder a las instalaciones de las piscinas de un Club, cuando otro señor con su coche y, en lugar de esperar su turno como los demás, se coloca a la izquierda de la puerta de entrada. Abre el vigilante la barrera y éste, ni corto ni perezoso, intenta colarse delante de todos. El primero de la cola, que se percata de la maniobra, le coloca el morro del coche para que aquél desista. Pero él, erre que erre. Entonces no le queda otra alternativa que parar el coche, salir de él y expandir sus armas dialécticas: (more…)