Archivo de Diciembre de 2008

31 de diciembre

Martes, 30 de Diciembre de 2008

José Ruiz Guirado

MAÑANA, probablemente haga novillos. Aunque nunca se sabe, si a ciertas horas me dé por ponerme a ello. Aunque lo más seguro sea que no. Por tanto, me he puesto la víspera, que hoy estoy más desocupado. Ayer leía en no sé dónde las maneras de acabar y empezar el año con buen pie: El oro, las ventanas abiertas, las prendas de color rojo y las lentejas. Tendrá uno que hacerlo por si las moscas. Una parte importante de nuestra vida depende de azar. Tener la fortuna de estar en el sitio y a la hora precisa. Además de esto, un servidor piensa que nosotros mismos nos vamos labrando día a día esa dicha o esa desgracia. No hay que olvidar que somos hijos de nuestras obras. Y puede ser uno hijo legítimo o bastardo. Además, mucho influye que cada quisque sepa cómo lleva su negociado, que eso es lo único que depende de nosotros. Se va un año más, y por la contra, sumamos otro al haber. Que esto es lo que a la postre importa en el balance. En mi caso particular este fin de año es peculiar: Cada hija con su pareja. Igual al que viene todos en casa de quien corresponda. Es lo que tiene sumar y no restar, que se van acumulando años y sucesos. Tengo la costumbre en estas fechas de hacer cuentas. Coloco cada uno con su signo y me da el resultado. De ante mano, antes de cuadrarlo, ya da positivo. Porque lo esencial, la salud, no está fallando. Viene a ser la partida que más pesa, porque ocupa el ochenta por ciento de los presupuestos generales. Nosotros llevamos desde agosto al pie del cañón acabando el año con un centenar largo de artículos. No es mala cifra. La huerta ha producido bien, las gallinas también han puesto lo suyo y la perra y las gatas han parido sus cachorros correspondientes, que se han ido a otras localidades de la península. Ayer mismo me decía mi mujer e hija que me estoy haciendo viejo y gruñón. No dicen nada que no sea cierto. Cada año que pasa cuentan en el saco. Y ya se sabe, cuanto más viejo más cascarrabias. Aunque uno sea joven, nadie entiende lo que sucede dentro de cada uno, hasta que no se llega a ese punto. El paso del tiempo cada cual lo lleva como buenamente puede. Los cambios en la vida, es lo que provoca reacciones. Una vez que haya vuelto a girar la ruleta de la vida y se produzcan nuevos nacimientos, nuevas situaciones, ya será tomado como algo normal, natural. Me encontraba el otro día con un amigo, pintor excelente y me lo decía. Chico, me ha dado la esposa de mi hijo un nieto. Es un acontecimiento extraordinario. Ya tengo mis años y ahora puedo comprobar cómo ellos te van a continuar. Esta fue su reacción ante la nueva situación en su vida. Quizá sea éste uno de los mayores secretos que la vida ofrece con el girar de las agujas del reloj. Después del champán nos vamos a enfrentar a un montón de días que se irán cayendo del almanaque. El 2009, que se dice pronto.En el siglo pasado, la fecha del 2000 nos parecía algo inalcanzable, imprevisible, inimaginable. Y ya le hemos superado casi una década. El reto está ahora en el 2050. Quién lo conocerá. La mitad del siglo se configura como la Apocalipsis, si nos fiamos de todas esas previsiones catastrofistas: Sequía, calentamiento global, extinción de las especies marinas. El fin del mundo. Uno cree que el hombre por muy depredador que sea, algo hará cuando lo vea crudo. El problema es si tarda demasiado. De momento, despidamos éste y para el que viene ya veremos. Feliz año.

En lo que no sepas ponerle las orejas al arado no te casas

Lunes, 29 de Diciembre de 2008

José Ruiz Guirado

COMO cada lunes –aquellos periódicos del lunes- leo la entrega en Faro de Vigo (decano de la prensa española), donde colaboré un tiempo, el artículo de Ferrín. Hoy lo hacia con mucha gracia e ironía de la “Extinción dos meniños”, en castellano, “niños”. Recordaba lo que hemos vivido las personas de nuestra edad en los bautizos, en los que se reclama al padrino las perras gordas y las golosinas que había de echar a la chavalería presente: “Padrino roñoso, echa la mano al bolso”. Ferrín recordaba que a los niños nacidos en Marín se les llamaba “meniños”. Y los niños presentes le decían al padrino “Un chaviño, se non morre o meniño!”. Con mucha razón afirma que se ha perdido la palabra sustituyéndola por bebé. Sería por tanto un despropósito llamarle al hijo de José y de María, “Bebé Jesús”. Y por añadidura, siguiendo con Ferrín, “Santos Bebés”, en lugar de Santos Inocentes. A mis hijos, hasta que fueron más mayores en casa también les llamaba “ nenos” su madre. Más tarde , “rapaciños”. Ahora ya por su nombre de pila. Anoche no puede eludir –momento que lo hago con agrado- la invitación de mi vecino. Señor Pepe, le tengo preparada buena lumbre. Allí nos sentamos con los pies en los morillos para calentarnos y no quemarnos. Las fatigas que tenemos pasadas no se pasan ahora. Estas retamas, que ahora me trae mi hermano con la furgoneta, de muchachos, había que ir por ellas a la ladera del San Benito con el burro. No sé si ya sabría atarlo. Porque todo tiene su ciencia. No se vaya a pensar. Si no se ponía bien la carga, en cuanto se ladease el borrico iban al suelo. Y allí me explicó, mientras se consumían los rescoldos, cómo se colocaban las cuerdas en el suelo para después entrelazarlas y atarlas con nudos correderas para que las gavillas no se venciesen. Y no vaya usted a creer que todo el mundo sabe atar bien la coyunda para uncir a los bueyes. Y así era la cosa, señor Pepe. Aquello si eran fatigas y penurias. Las tejas de esta casa, que era de mi madre, por parte de mi abuela, las trajimos en una carreta con una pareja de vacas. Cuando se hacía noche, habíamos de pararnos a descansar o continuar. Los inviernos nada tienen que ver con lo de ahora. Qué nevazos, qué fríos. Una noche, cerca de la Cruz Verde, hubimos de meternos en una cuadra, bestias y personas para no arreciarnos. No se vaya a pesar, no pudimos movernos en toda la noche. Además de padre y un servidor y las cabras, un lechero que le sorprendió el temporal con la yegua. Alí hubo de guarecerse el hombre y el animal como pudo. Entraba la nieve y el viento helado por cualquier rendija. Aguantamos por el calor de todos. Otras noches, habíamos de poner teas para iluminarnos, porque allí luz no había y había que ordeñar vacas y cabras. En casa del señor Emilio, al amor de la lumbre, tiene uno la sensación de estar en otra época y en otro tiempo, en los que las noches se pasaban contando cuentos a los niños, con la luz que oscila de la llama de los troncos que arden, antes de irse a dormir. La realidad del día a día era ardua. Y para hacerse un hombre había que pasar por todas esas faenas campesinas, hortelanas y ganaderas. Oiga que en casa no había agua corriente y había uno de traer a madre un azumbre, recogida del caño, en cada brazo. Cuando uno ya era mozo y estaba en edad de casarnos. Padre decía: En lo que no sepas ponerle las orejas al arado no te casas.

Santos Inocentes

Domingo, 28 de Diciembre de 2008

José Ruiz Guirado

HOY es un día de invierno, frío, gris, desapacible y oscuro. Y eso que desde Santo Piñonero (21 de diciembre), los días crecen a salto de pulga. Tiene que haberlos para poder diferenciarlos de los demás. Son días para estar a la gresca, porque como son oscuros. Los jueces se están defendiendo contra los políticos. Flaco favor se le hace al sistema democrático con estas huidas hacia delante, cada vez que salta una noticia. Uno no es más que un lego en estos asuntos; pero se da perfecta cuenta que aquí sólo se acuerdan de Santa Bárbara cuando truena. Así no se pueden hacer las cosas, a golpe de presión popular. Porque conlleva un riesgo: Cada vez que suceda una desgracia, a cambiar las cosas. Es una canallada lo que hizo el monstruo aquel a aquella criatura indefensa. Pero no habría que olvidar que no fue el juez el asesino. Habrá que legislar, informatizar los juzgados, agilizar los trámites. Pero lo otro puede ser peligroso. Las columnas que soportan la democracia no se deberían tambalear. Claro que existe corporativismo, pero en todas las instancias. Casos conocidos de médicos, de políticos, de empresarios. En las propias familias, en los pueblos, los colectivos se defienden aun sabiendo que es indefendible. Asuntos muy graves de los que se ha pasado corriendo un tupido velo. Y nadie dimite, ni nadie asume responsabilidades, incluso con muertos encima de la mesa. Es una desgracia lo que ha sucedido con esa familia. Claro que ha habido errores. Incluso alguien te puede espetar a tu cara: Si le hubiera pasado a usted con los suyos, otro gallo cantaría. No lo dudo. Pero no se tendría que haber llegado a esa situación. Cuando se quiere bien se corre para salvar situaciones –la ayuda reciente a la banca-. La penosa situación de la justicia es un lastre. Ningún gobierno de los que ha habido –porque este no viene de ayer- se ha puesto manos a la obra a solucionarlo. Imagina uno que no será fácil. Pero mire usted: una criatura que tendría que estar recibiendo dentro de unos días los juguetes de los Reyes Magos, está enterrada. Y este caso, porque ha saltado a los medios de comunicación por el empeño puesto por los familiares. Y todos esos casos trágicos y anónimos que no han tenido tanta resonancia. Quién ha movido un dedo. Y están tan muertos como la criatura esta. Posiblemente a este juez habría que haberle aplicado un castigo más severo. Puede. Y es lamentable que estos errores se produzcan. Aquí la opinión pública ha puesto el grito en el cielo, conociendo la condena impuesta a la secretaria. Si al juez se le ha impuesto esa sanción, será con arreglo a la Ley. Hace unos días, se ha condenado a una pobre mujer a la cárcel por dar una bofetada a su hijo. Y a un asesino se le condena a unos pocos años más por haberse cargado a unos cuantos. Es más. A ver cuánto dura el asesino de la niña en la cárcel. Y el juez que condena, se basa en un Código que no ha legislado él. Ya barruntaba cuando comencé que éste iba ser un día con mala atmósfera, que dicen los de mi pueblo cuando vienen los días atravesados. Se da uno cuenta, lo percibe, desde el tendido que estos enfrentamientos no llevan a ninguna parte. Lo dijo en la Nochebuena el Rey: cada uno debe de aportar su granito de arena. Se trata de tirar todos del carro en una dirección. Es la única solución. Es cierto que nuestro pueblo nunca se arredró ante nada. Bien supo Napoleón de lo que hablo cuando se pensó encontrar aquí con tres palurdos y melindrosos. Le jorobamos el invento.

Navidad

Jueves, 25 de Diciembre de 2008

José Ruiz Guirado

LAS mañanas de Navidad tienen el encanto de las poblaciones solitarias, donde todos duermen. Aquí en este lugar, se acentúa, porque la mayoría de las personas mayores se van con sus hijos a la ciudad. Aún permanece el hielo en los ventisqueros. Me levanté pronto para atender a las gallinas. Después los perros degustaron los despojos del pavo navideño, y el tocino del jamón que te da la empresa de aguinaldo. Anoche se escuchó algún petardo que otro espantando a los gatos. Poca música, poco bullicio, menos villancicos. Todo esto, ni en los lugares pequeños como éste se conserva. Y es una pena, porque detrás de un villancico hay una voz de una persona, de una familia, de unos amigos que se reúnen en torno a una celebración para festejar, quizá la fiesta más importante para Occidente. Pero el problema, es la acentuación de las separaciones de familiares y amigos, que estas noches se hace más evidente. Se cena, sí, opíparamente, pero todo queda en los manteles. Además, con el invitado –la televisión- sin el que ya se hace difícil estar, aunque se diga lo contrario. De hecho, la mesa se coloca en torno a ella. En mi casa, un servidor se coloca de espaldas para intentar el diálogo, pero todo lo que se consigue es que tenga que ladearme un poco para que no se pierdan en programa de turno. Qué le vamos a hacer, éste es el tiempo que nos ha tocado vivir. Al mediodía, ya se habrán desesperezado quienes se hayan quedado más entre las sábanas. Y a poner la mesa para continuar con los langostinos, las angulas, el pavo, los turrones y el champán. Además de las caras largas, hacia quien haya racaneado anoche con la loza y la cubertería. Y, como es natural, la televisión ya puesta para abrirnos la ventana al mundo. Hoy no hay prensa, ni pan. Anoche no se estuvieron en los hornos los panaderos ni los periodistas pariendo noticias, como ha de ser. Que la noche de partos, a través de los tiempos tiene protagonista. Uno se pregunta cómo ha llegado todo esto hasta aquí. Aunque la respuesta no es complicada. Lo necesitamos. Y sería bueno que en el milenio que viene se continuase con televisión o sin ella, con comida de los astronautas o, quién sabe si se vuelve a reinventar todo de nuevo. Porque eso es lo que tiene cuando se llega a ninguna parte, que hay que volver a mirar hacia atrás y ver donde está el principio del camino para comenzar la caminata de nuevo. Así hasta que se llegue al final. Esto que nos ha tocado vivir, no dejan de ser círculos con principio y fin, donde damos vueltas y vueltas, en un espacio que llamamos tiempo. Y cuando se han acabado los círculos, se acaba todo. Entonces, es cuando uno se pregunta: ¿Ya? Aparece entonces un personaje al que hay que acompañar a un viaje que no se saca billete de vuelta. Para este viaje dicen los americanos que no hace falta camisa con bolsillos, porque hay poco que llevar. Sin irse tan lejos, un sevillano de pro, decía lo mismo pero con otras palabras: “Ligero de equipaje”. Nos estamos poniendo transcendentes y hoy tocaba día festivo, de celebración, que es Navidad. Está puesta la televisión y ha salido la Anita Obregón, que dice que es profundamente cristina, asunto que está bien. A continuación le han preguntado que pediría a una serie de santos. Quien preguntaba, conociendo esa profundidad confesa, le ha preguntado, eligiendo, a caso hecho, el nombre propio de cada uno. La respuestas no han sido difíciles de suponer de antemano: Orgasmo, coño… Esto es lo que pasa por no leer más hagiografías y libros piadosos, en lugar de ver tanta televisión. A pesar de todo, hoy es Navidad.

El Rastro

Miércoles, 24 de Diciembre de 2008

José Ruiz Guirado

MI relación con el Rastro madrileño ha sido desafortunada e intemporal. Éramos unos pardillos cuando fuimos con los críos, la pequeña aún en el cochecito. Guardamos documentación y dinero dentro del coche, debajo de la niña. No sé cómo se las apañaron, pero a la primera de cambio se llevaron todo, excepto la niña, claro. Nos pusieron en un brete, porque no nos habíamos quedado con un duro, ni una tarjeta, ni un documento en el bolsillo. Gracias a unos amigos –Pepe y Nieves-que entonces vivían en General Porlier, salimos del apuro. De niño, había ido más de una vez con mi padre. Y el domingo pasado, la última vez. Claro, bien pertrechados y vestidos para la ocasión, con el fin de evitar malas tentaciones a los descuidadores de profesión. Había tanta gente o más como recordaba. Sin embargo noté que faltaban mucho de lo que recordaba. No había animales en la calle donde siempre se ponían. Allí compraba uno liga ya hecha para cazar jilgueros. Claro, los tiempos han cambiado y las necesidades son otras. Eso sí, no faltaban los ropavejeros, ni los gitanos vendiendo cachivaches, con esa habilidad que tienen para convencer y timar. Monedas, herramientas, muebles viejos, relojes, menaje, útiles, piezas que no sirven para nada. Esa es la parte del Rastro que mantiene su encanto. Otros gitanos, ofertaban ropa a dos euros la pieza. Allí las señoras se arremolinaban en busca de la prenda. Curiosamente, las voces de cuantos venden su mercancía, no se sobreponen para no escuchar, sino que se repiten con la cadencia del acorde de la voz, para que todos se enteren. Algunas voces, con verdadera gracia y ocurrencia. Nos mezclamos con un grupo de gitanas, llegarían a la veintena, guapas, bien vestidas, mejor peinadas y pintadas. Nada tenían que ver con sus madres o abuelas. Como uno no va por la vida, de nada más que de persona, se metieron conmigo, con tanta gracia como descaro. Señora, se le quitamos y se le devolvemos nuevo. No se preocupen, que de eso ya me encargo yo. Buenas son las señoras cuando alguien viene a cogerles lo suyo. Pero bien, con buen talante. Al final, tuve que regatear, imagino que con uno de los esposos de aquéllas. Un hombre joven, pero hábil y corrido. Al final no me llevó al huerto. Bueno, eso es lo que pienso yo. Habría que saber lo que costó aquellas botas que le compré. Hacía un buen día, pese al frío de la mañana. Había luz de domingo y la gente se animaba, por las fiestas navideñas. En las tiendas de antigüedades, se podían encontrar espejos que ya habían perdido el azogue, muebles de otras épocas, restos de desvalijadas iglesias románicas; cuando no recuerdos familiares que otrora tuvieron vigencia, presencia y prestancia. Todo un mundo que gira entorno a un pasado: medallas, condecoraciones, monedas, armas, escudos, joyas y libros. Algún puesto de gomas para tirachinas, de guarnicioneros o artesanos. Qué lejos quedan aquellos ropavejeros, aquellos mataderos, aquellas tenerías, el inicio de esta actividad en el Rastro que hoy conocemos. Que posiblemente darían origen a su nombre: Una de ellas, se refiere al rastro de sangre que dejaban las reses, tras ser degolladas y vendidas al por mayor. Y “Las afueras”, término con el que también se conocía.

22 de diciembre

Lunes, 22 de Diciembre de 2008


La Torre Eiffel de Paris

José Ruiz Guirado

COMO todos los años, después del sorteo de Navidad, esperamos al día siguiente para comprobar en el periódico si tenemos alguna aproximación y hemos recuperado algún euro de lo que hemos gastado en la lotería. Y así, años tras año, sin perder la esperanza de recibir la fortuna al año siguiente. Es cierto que la Navidad llega tras este sorteo. A nosotros nos ha tocado la lotería, porque mi hija mayor ha aprobado el práctico del carnet de conducir y a la primera, como hizo en el teórico. Ya puede conducir, con lo que supone en este momento en el que se vive. Ha venido a verme mi informador para felicitarme. Trae un grato recuerdo de su estancia por la Rioja. La cultura del vino en nuestro país ha tomado un ritmo inesperado años atrás. Se han reformado las bodegas, encargando su diseño a los mejores de nuestros arquitectos. (more…)

Salvar el trámite

Viernes, 19 de Diciembre de 2008

José Ruiz Guirado

MUCHAS veces me ha asaltado la duda: ¿Y si una noche no sé qué escribir? Pues no pasaba nada. Se iba uno a la cama y mañana volverá a salir el sol por donde siempre. Ya se sabe si se cierra una puerta, se abre una ventana. Peor sería no tener un trozo de pan que llevarme a la boca. No obstante, he aprendido a través de los años que llevo confesándome que cuando no se escribe nada es si no se pone uno a ello. Saldrá mejor o peor, pero algo sacaremos en blanco o en negro. No se vayan a pensar, que el trabajo de crear no es nada sencillo. Aunque si uno lo piensa, cada trabajo que haya que hacer diario reviste su dificultad. (more…)

Si no nos vemos, feliz Navidad y otras felicitaciones

Jueves, 18 de Diciembre de 2008

José Ruiz Guirado

ESTE deseo de felicidad lo vengo oyendo años tras año cuando llegan estas fechas. Que sería lo normal, tratándose de personas que tengan dificultad de volver a verse, por la lejanía de su residencia o de su trabajo. Pero, es que se lo he escuchado a vecinos, amigos, familiares, que irremediablemente se van a ver dentro de unas horas, hoy, mañana y la semana siguiente. Habría, por tanto, que añadir: Y si nos vemos, también. Llevaba días intentado decirlo y hasta hoy no pude. Lo que está desapareciendo son las felicitaciones clásicas con postal de navidad y por correo. El móvil y los correos electrónicos han acabado con ello. Aunque se repitiese la misma dedicatoria, tiene el encanto del motivo navideño. Aquellas felicitaciones en relieve o con doble fondo, adornadas de purpurina. Oiga, que resultará hortera. Imagino que estarán destinadas a personas de una edad. Lo que es un poco cargante es el saludo de Papá Noel. Que le vamos a hacer, es lo que tiene lo importado. Aquí, con nuestros Reyes Magos, la cosa es más cercana. Porque, aunque se embadurne de negro Baltasar, sabemos qué es el vecino del octavo. El problema viene si el niño le reconoce. Es el señor Ernesto vestido de Rey Mago. Hijo, es que ha perdido el avión el rey. Pero no vienen en camello. Si, pero cuando ya están aquí. Siendo así. Y qué le digo. Pues que ya has enviado la carta. Y él te dirá que se lo dirá cuando llegue el rey. Mi amigo Juanín es genial para las felicitaciones. Cada año se supera con los mensajes. Pero lo importante, es que nunca se olvida. Cuando hice la mili, porque un servidor aún fue de los de dos años, los compañeros, que sabían que le daba a la pluma con imaginación me pedían que escribiera a sus novias un texto bonito para acompañar al ramo de flores. Y así lo hacía. Imagino que las novias correspondientes aquel texto les parecería una chorrada. Un día, la dueña de la floristería se lo dijo a algunos soldados. Es más sencillo que todo esto: decidla que la queréis y basta. Es verdad. Cada uno tiene su lenguaje, sus gestos, sus palabras secretas, sus intimidades. Esas pequeñas cosas son las que llenan a quien las recibe, porque saben que son sinceras y propias. Lo que un servidor no dejaba de ser artificial, por muy adornado que fuera. Seguramente, cuando lo recibiera la destinataria, pensaría para sí: Éste está tonto. O sea, que me llama gordita, retaquito. Y ahora me escribe estas cursiladas que no entiendo lo que me quiere decir. Pensaba una que la mili les hacia más hombres. A este novio mío le ha vuelto tonto. Mi princesa enaltecida. No te jode el gilipollas –con perdón-. Aquí diciéndome que le enseñe los potentes pechos, Ramona mía (que son cosas nuestras que a nadie incumbe). Y ahora me viene con estas cursiladas. Ya verá, madre, cuando me llame por teléfono lo que le voy yo a soltar a éste. Es cierto que se nota cuando uno imposta la voz. Cuando se deja de ser quien se es, patina, mete la pata y se sale de madre. Claro que esas cosas son enfermedades de juventud que se curan con los años. Bueno, hay quien no se cura nunca por más años que cumpla. Pero eso es que ya venía con ese defecto de fábrica. Las mejores felicitaciones que he recibido han sido las de mis hijos cuando eran pequeños. Las confeccionaban durante días en el colegio, ayudados por los profesores. Las conservo por su ingenuidad, su cariño y lo originales que eran. A veces cree uno que no se debiera crecer jamás. Esto no es posible, ni sería aconsejable. Lo dice mi informador: Quite usted la mentira de la vida y se carga de un plumazo las relaciones sociales. Luego esto del mentir es como lo de felicitar. Hay quien tiene su gracia, su cariño, su amistad. Y quien exclama cuando la recibe. Ya ha felicitado Juanín. Y qué dice este año. Toca anuncio.

Ir de compras

Miércoles, 17 de Diciembre de 2008

José Ruiz Guirado

NO crean que si he faltado a mi cita diaria ha sido por vagancia. Han concurrido dos hechos irremediables. El primero de ellos ha sido dejar mi eremítico estado, con el consiguiente afeitado de la barba, para incorporarme al tajo. Y, el segundo –terrible para quien tenga mujer y dos hijas en casa-, ir de comprar. Aunque a estas alturas me lo tomo con una filosofía pasmosa. Me escapo, no digo ni media ,y, cuando llega la hora prevista aparezco en el coche para irnos. Como no soy nada aficionado a los bares, salvo que haya que tomarse unas cañas en un momento preciso, me suelo perder por alguna librería, donde encuentro algún libro que llevaba tiempo buscándolo. Cuando acabo me siento. Y me dedico a algo que siempre me ha distraído: Observar a las personas. ¡Ojo, que nadie se vaya a creer que un servidor es un voyeur de tres al cuarto! No se trata de eso. Me suelo divertir fijándome en la ropa que visten. En cómo hablan, cómo gesticulan, si lo hacen en voz baja, normal, o alta. En la edad que pueden tener. En si van peinados o no. Si llevan algún gorro o sombrero. Y en la faz de cada uno. Con todos estos datos, uno puede saber la clase social, el trabajo, la elegancia, la dejadez, la pulcritud, la salud, la belleza. Y con el número de personas que pasan por un centro comercial, casi es capaz de establecer una serie de caracteres. Hay personas impacientes, nerviosas, tranquilas, inquietas, resueltas, tímidas, altivas, orgullosas, inteligentes, educadas, atentas, amables, groseras, sencillas, prácticas. Dice mi informador que si van a comprar una semana seguida acabo una tesina. Oiga, a otros les da por ponerse ciegos de cubatas, a otros por tirar los tejos a las señoras de buen ver. A otros, por agobiar a las parientas. Siéntese, relájese, échese un pito, léase la prensa o dese una vuelta para ver escaparates que en estas fechas los ponen con mucho gusto. Un servidor mismo, cuando se percata que la cosa para largo y se cansa de catalogar al personal, se echa a la calle, que presente una animación inusual. La calle es siempre algo especial, pero en estas fechas presenta un aspecto singular. Hay de todo como para estarse horas observando. Porque aquí ya no se especula, sino que se aprende, aprecia, observa y mira. Están todas esas personas que se mimetizan en los personajes más variados. Algunos logran efectos encomiables. Así permanecen horas y horas. Luego están todos esos grupos y conjuntos musicales. Los hay desde clásicos, con sus violines y chelos a cuestas, a los que ponen la voz, hasta los que vienen del altiplano con sus sonidos y acordes dulces y melódicos. Incluso aquellos vocalistas, que llenan con su guitarra la calle de lamentos y recuerdos. A continuación se encuentra uno con todo género de tullidos pidiendo una limosna, según la minusvalía. Quien aprovecha a criaturas. Quien lo hace a pecho descubierto, o sea pobres de solemnidad. Estos escasean porque es más duro ir sin parafernalia caritativa. Los cajeros automáticos comienzan a ocuparse con los indigentes repletos de cartones-cama. Los Top manta con más ojos en la pasma, que en los CD pirateados. Las fulanas vendiendo su mercancía sexual al primero que se arrima a su querencia. Los chinos iluminados con reclamos a colores y perrillos que giran y ladran, junto a esos otros orientales que hacen turismo detrás de una cámara fotográfica. O esos extranjeros de habla inglesa a los que para abreviar se les llama guiris, provistos de gabardinas largas y pantalones de todos los tamaños y cuadros. Los que viven de las carteras de los descuidados. Mormones de modales amables, corbata y camisa de manga corta. Personas que esperan y esperan. Y algún barquillero que canta su mercancía con gracia chulapa. El olor de los bocadillos de calamares , el reclamo de los ciegos que invitan a la suerte de cada noche. O los novios que se comen a besos sin importarles el portal donde se pierden. Cuando no esa vieja esperpéntica que reclama caridad o ese repartidor de cerveza con tatuajes en los brazos que se encara con el municipal, porque le impide el reparto. Cuánto da de sí unas compras. Quién lo diría.

Conductores absurdos y tirar a dar

Lunes, 15 de Diciembre de 2008

José Ruiz Guirado

LO llevo observando cada vez que nieva, y lo hizo bien en este otoño que ya termina. Se baja con los coches llenos de nieve a lugares donde no ha nevado o lo ha hecho poco. Pero no se quita ni siquiera en los cristales, con el riesgo que conlleva. Y ya no digamos cuando circulan por la autopista y a medida que se aumenta la velocidad, comienza la nieve a desprenderse, con el consiguiente riesgo para los otros conductores. Hay que estar muy gilipollas –con perdón-. Qué se pretende demostrar. Igual se piensan que son mejores conductores, porque de donde vienen hay nieve que pisar. Más bien, intentan decir a quien los ve dónde viven. Pero si ya lo sabemos. Si dan nieve a cierta cota, pues ya se sabe, como para ir por ahí haciendo el oso y poniendo a los demás en peligro. Es como lo de dar las luces avisando al conductor que se va a encontrar con la Guardia Civil. Hay que hacerlo cuando se intenta avisar de un peligro inminente. Pero cuando le vas a salvar al pellejo a alguien que hace dos curvas te las ha hecho pasar canutas, es ser cómplice de un delito. Porque no se conduce deprisa, se conduce mal, con impaciencia y sin controlar el coche. En mi desplazamiento diario al trabajo, por un puerto y en un tramo de diez kilómetros, he visto de todo, en menos de diez minutos. Otro asunto sería en un viaje de siete, ocho horas. Uno piensa que nunca están ahí los guardias para quitar a estos suicidas de la carretera. Aunque no estén un día y otro día y se escapen de la denuncia; tarde o temprano se encuentran lo que están buscando. El problema, o la desgracia, es si se llevan por delante a alguien que circulaba con su familia tranquilamente. Enseguida habrá quien diga. Está hablando de chavales. Pues hablo de quien es un calavera, con veinte o con sesenta años. Seguramente que quien escribe esto, es de esos conductores que forman caravana subiendo o bajando los puertos. Creo que quien suscribe, es de las personas que llevan una velocidad según las circunstancias. Que disfruta conduciendo, porque lleva el conductor al vehículo y no al revés. Hoy nos hemos puesto un tanto moralistas. No vayan a creer. Cuando las cosas suceden y se ve uno de por vida sentado en una silla de ruedas, es cuando se acuerda uno de Santa Bárbara. Que por cierto, el otro día fue Santa Lucía, la que entiende de la vista. La tuvo buena, además de reflejos el presidente de los Estados Unidos para esquivar el par de zapatazos que se le venían encima. Se entera uno por este intento, que tirarle un zapato a alguien en su país y para su religión es una ofensa muy grave. Y de paso nos han recordado la puntería que han tenido con diversos objetos (huevos, tartas, etc.) quienes los han lanzado contra distintos mandatarios. En nuestro país, el más sonado –en este caso, puño-, fue el del empresario Ruiz Mateos contra el ministro de turno. Se aprovechó para la publicidad. El más reciente lo protagonizó El Rey –en forma de exabrupto- contra el dirigente Hugo Chávez. A un matador de toros que confundía Machado con Juan Ramón Jiménez. Oiga que no tiene porqué el maestro estar versado en poesía. Hombre, pues que se calle. Le tiraban sujetadores las señoras. Dice mi informador que serían de los que se compraban por unos euros en el mercadillo. Peor son esos que se tiran tomates o los que se arrojan vino. Que no se le ocurra a nadie repetirlo con melones o con sandías. Estos días están tirando las naranjas. Es una lástima, porque luego habrá que importarlas, con la calidad de las nuestras. Suerte que algunos madrileños se las han llevado gratis para sus casas, con lo que se agradece en estas fechas. No hace mucho le tocó el turno a la leche. Cuando sea así mandarla a África, que de un tiro se matan dos pájaros: Se protesta y alguna hambruna se quitará, aunque solo sea para el desayuno. Oiga y le devolvieron al periodista los zapatos. No estuvo fino el presidente. Podía haberle regalado una botas tejanas. Oiga, pero a mí no me las tire, eh.