31 de diciembre
Martes, 30 de Diciembre de 2008José Ruiz Guirado
MAÑANA, probablemente haga novillos. Aunque nunca se sabe, si a ciertas horas me dé por ponerme a ello. Aunque lo más seguro sea que no. Por tanto, me he puesto la víspera, que hoy estoy más desocupado. Ayer leía en no sé dónde las maneras de acabar y empezar el año con buen pie: El oro, las ventanas abiertas, las prendas de color rojo y las lentejas. Tendrá uno que hacerlo por si las moscas. Una parte importante de nuestra vida depende de azar. Tener la fortuna de estar en el sitio y a la hora precisa. Además de esto, un servidor piensa que nosotros mismos nos vamos labrando día a día esa dicha o esa desgracia. No hay que olvidar que somos hijos de nuestras obras. Y puede ser uno hijo legítimo o bastardo. Además, mucho influye que cada quisque sepa cómo lleva su negociado, que eso es lo único que depende de nosotros. Se va un año más, y por la contra, sumamos otro al haber. Que esto es lo que a la postre importa en el balance. En mi caso particular este fin de año es peculiar: Cada hija con su pareja. Igual al que viene todos en casa de quien corresponda. Es lo que tiene sumar y no restar, que se van acumulando años y sucesos. Tengo la costumbre en estas fechas de hacer cuentas. Coloco cada uno con su signo y me da el resultado. De ante mano, antes de cuadrarlo, ya da positivo. Porque lo esencial, la salud, no está fallando. Viene a ser la partida que más pesa, porque ocupa el ochenta por ciento de los presupuestos generales. Nosotros llevamos desde agosto al pie del cañón acabando el año con un centenar largo de artículos. No es mala cifra. La huerta ha producido bien, las gallinas también han puesto lo suyo y la perra y las gatas han parido sus cachorros correspondientes, que se han ido a otras localidades de la península. Ayer mismo me decía mi mujer e hija que me estoy haciendo viejo y gruñón. No dicen nada que no sea cierto. Cada año que pasa cuentan en el saco. Y ya se sabe, cuanto más viejo más cascarrabias. Aunque uno sea joven, nadie entiende lo que sucede dentro de cada uno, hasta que no se llega a ese punto. El paso del tiempo cada cual lo lleva como buenamente puede. Los cambios en la vida, es lo que provoca reacciones. Una vez que haya vuelto a girar la ruleta de la vida y se produzcan nuevos nacimientos, nuevas situaciones, ya será tomado como algo normal, natural. Me encontraba el otro día con un amigo, pintor excelente y me lo decía. Chico, me ha dado la esposa de mi hijo un nieto. Es un acontecimiento extraordinario. Ya tengo mis años y ahora puedo comprobar cómo ellos te van a continuar. Esta fue su reacción ante la nueva situación en su vida. Quizá sea éste uno de los mayores secretos que la vida ofrece con el girar de las agujas del reloj. Después del champán nos vamos a enfrentar a un montón de días que se irán cayendo del almanaque. El 2009, que se dice pronto.En el siglo pasado, la fecha del 2000 nos parecía algo inalcanzable, imprevisible, inimaginable. Y ya le hemos superado casi una década. El reto está ahora en el 2050. Quién lo conocerá. La mitad del siglo se configura como la Apocalipsis, si nos fiamos de todas esas previsiones catastrofistas: Sequía, calentamiento global, extinción de las especies marinas. El fin del mundo. Uno cree que el hombre por muy depredador que sea, algo hará cuando lo vea crudo. El problema es si tarda demasiado. De momento, despidamos éste y para el que viene ya veremos. Feliz año.
