Mensajes
Miércoles, 28 de Enero de 2009José Ruiz Guirado
ASOMBRA, cuando no causa estupor, los mensajes que se reciben en los programas televisivos. Una cosa es el ahorro de letras, las abreviaciones y otra bien diferente, es que no se sepa ni papa sobre ortografía. Antes le ensañaban a uno cómo se comienza una carta. Cómo hay que dirigirse, según a quien. Y, por último, cómo se despide. Pero si no se sabe. Dé qué forma se dirige un alumno a un profesor por correo electrónico. Imagino que Correos habrá notado este bajón. Y habrá tenido que adaptarse a las nuevas formas. Pero al margen de escribir más o menos, lo que se aprecia es un descenso del conocimiento. Cada vez se sabe menos, aunque haya más licenciados. Uno espera que este ciclo de cultura de quiosco y de televisión dé un giro y se vuelva a lo natural. No obstante, a pesar de esta relajación, lo que uno comprueba a diario, es el cinismo, la forma que se tiene de actuar, de comportarse. El nuevo capítulo del espionaje, llega a términos, cuando menos obscenos. El ciudadano que contempla este bochornoso espectáculo, pensará para sí: Si estos, quienes nos representan, se conducen de esta guisa, nosotros no vamos a ser menos. Y con mayor motivo. Porque lo suyo no deja de ser un papel que representan a diario. Pero lo nuestro es sobrevivir en esta selva. Hace mucha gracia cuando se tiran los trastos a la cabeza y sale a relucir el ciudadano de a pie, al que defienden en contra de la política del otro. Qué suerte tenemos: existimos, pese a no tener trabajo, ni casa, ni futuro. De qué nos defenderán. Así las cosas, no se extraña uno de lo del caco ese que robó en una vivienda en Ferrol. Dejó las colillas, las cervezas y la cama deshecha. Se diría. Para qué voy andarme con miramientos. Si aquí el que no corre, vuela. Y cuando le echaran el guante ya se lo habría gastado. Estas son las cosas del querer. Del querer hacernos pasar por tontos. Uno se pensaba que el paso de la sociedad feudal a ésta, conllevaría el que el Estado defendiera al ciudadano de los abusos del señor feudal (efectivamente es así. Sería gratuito decir otra); pero da la impresión que los comportamientos conllevan esa reminiscencia, de la que tiene que estar el ciudadano defendiéndose. Todo somos conocedores de lo que está pasando en la política local, que es donde más se aprecia esta circunstancia por las competencias que se les han atribuido. El otro día, la responsable de Fomento decía que sólo hubo unas cuantas quejas formales con lo sucedido en Barajas por la nieve. Y uno recuerda que fueron muchísimas personas las afectadas. Pensando en todos esos mensajes que se leen, en los que ya no solo las faltas ortográficas, sino la sintaxis, lo que se dice o se quiere decir tendrán qué ver con esto. Porque si no se sabe dirigirse a alguien, a ver cómo se instrumenta una denuncia, una queja. Aunque piensa uno que el problema es otro. Aquí somos más de temperamento, de testicularidades, de dar la bronca al que primero tenemos a mano, que suele ser quien menos culpa tiene en este asunto; pero ya estampar una firma , denunciar un hecho. Ahí ya no. Se ha gritado, se ha insultado, se ha descargado adrenalina. Pues ya está. Hemos dado la nota y nos ha dado la razón el de al lado, que también ha soltado por la boca lo suyo. Solucionado el problema. A otra cosa. Lo mejor ver, oí y callar. Que se está muy bien viendo la televisión sentado en el sofá, tomándose una cerveza y mandando mensajes al programa de despelleje de turno. Que no se sabe distinguir la “b” de la “v”; la “g”de la “j”, ni falta que hace. Oiga que los periodistas de la Radio dicen todos los días que ganan “de cinco”, cuando hablan de baloncesto. Y uno se piensa que de “tantos partidos, han ganado cinco”. Y resulta, que quería decir que gana por cinco tantos. Y, ¿dice alguien algo? Pues que aprendan ellos.



