Febrero
Sábado, 28 de Febrero de 2009José Ruiz Guirado
SE ha ido como vino, con frío y con las elecciones de Galicia y de Euskadi. Mañana sabremos quién se lleva el gato al agua. Durante la campaña electoral ha habido de todo. Hasta el carnaval con sus murgas, comparsas y chirigotas ha estado presente. Todo se acabó en el Entierro de la Sardina, tirándola al mar o al río, según el lugar. También se cierra el mes con el Día de Andalucía. A partir de ahora ya se alargan los días y la luz todo lo envuelve. Comienza un ciclo nuevo, aunque aún quedan vestigios de nieve en los ventisqueros a la umbría. Uno no sabe qué va a suceder durante los días que se avecinan. Siempre es una sorpresa. La vida, amén de rutinaria, tiene sus sorpresas que se suceden a la vuelta de cada esquina. Unas son agradables, otras no. Puede que de alguna manera las cosas están escritas. Después está lo que cada uno pone de su parte, que es fundamental para cada cual. Estos días he tenido que colocar papeles, que ya se estaban acumulando. Como siempre sucede cuando se revuelve, aparecen cartas, escritos, artículos, documentos olvidados. La mayoría de ellos se guardan en su día pensando que servirán para algo. Luego, con el paso del tiempo, el papel amarillento y lo allí escrito caduca, de otra época. He encontrado artículos de viejos amigos ya desaparecidos. Antiguas cartas que en su momento traían recado de amor, noticias nuevas, sucesos inesperados. Felicitaciones de los niños, con pueriles dibujos, alegres colores e inocentes deseos. Han aparecido antiguas revistas con artículos tan frescos como ingenuos. Sin embargo, en todos ellos ya despunta lo que el tiempo ha ido limando. También han aparecido fotografías, en las que otros tiempos y otras costumbres se reflejan en la forma de vestir, de estar. He recuperado algunas de la presentación de una crónica de mi barrio que publicó el Ayuntamiento de San Lorenzo. Y toda la correspondencia que mantuve con el escritor Manuel Andújar. En esa época su obra aparecía en la prensa nacional. Cuando murió, sumido en una irreversible demencia, amén de un irrecuperable enfisema pulmonar, su obra desapareció de una conocida editorial por motivos económicos. También le llegó al libro las consecuencias del mercado. Así se equiparó un libro a un kilo de patatas. No era más que otro producto del mercado. Las librerías se fueron cerrando poco a poco. Hubo que tirarse al fuego todo aquello que ya no tenía valor alguno, tras escudriñar todo aquello que podría tener valor sentimental o documental. Y así surgieron montones de papeles, que se guardan pesando en su utilidad y a la postre no sirven para nada. Especialmente todos aquellos catálogos que se reúnen en las ferias del libro, pensando que un día va uno a comprar uno de esos libros y resulta que no hay tiempo para leerse todos los libros que uno quisiera. Además de todos esos folletos que no sirven más que para atizar la lumbre. Es cierto que no hay tiempo material para lo que uno quisiera hacer o procurar. Entre los papeles también encontré una seria de programas festivos donde se incluyen colaboraciones con pretensiones literarias, cuando lo que allí se pedía no era otra cosa que una alusión a lo festejado. Y todos esos cachivaches que no sirven para nada, pero que se guardan para un día como éste tirarlos a la basura. Vendrán días que ni sospechamos. Con qué nos encontraremos en estos de vacas flacas. Pese a todo quienes no cambiamos somos nosotros. Seguiremos siendo nuestros peores enemigos. Aún así, nos ha dado tanto la vida, aunque sea tan poco.