Archivo de Febrero de 2009

Febrero

Sábado, 28 de Febrero de 2009

José Ruiz Guirado

SE ha ido como vino, con frío y con las elecciones de Galicia y de Euskadi. Mañana sabremos quién se lleva el gato al agua. Durante la campaña electoral ha habido de todo. Hasta el carnaval con sus murgas, comparsas y chirigotas ha estado presente. Todo se acabó en el Entierro de la Sardina, tirándola al mar o al río, según el lugar. También se cierra el mes con el Día de Andalucía. A partir de ahora ya se alargan los días y la luz todo lo envuelve. Comienza un ciclo nuevo, aunque aún quedan vestigios de nieve en los ventisqueros a la umbría. Uno no sabe qué va a suceder durante los días que se avecinan. Siempre es una sorpresa. La vida, amén de rutinaria, tiene sus sorpresas que se suceden a la vuelta de cada esquina. Unas son agradables, otras no. Puede que de alguna manera las cosas están escritas. Después está lo que cada uno pone de su parte, que es fundamental para cada cual. Estos días he tenido que colocar papeles, que ya se estaban acumulando. Como siempre sucede cuando se revuelve, aparecen cartas, escritos, artículos, documentos olvidados. La mayoría de ellos se guardan en su día pensando que servirán para algo. Luego, con el paso del tiempo, el papel amarillento y lo allí escrito caduca, de otra época. He encontrado artículos de viejos amigos ya desaparecidos. Antiguas cartas que en su momento traían recado de amor, noticias nuevas, sucesos inesperados. Felicitaciones de los niños, con pueriles dibujos, alegres colores e inocentes deseos. Han aparecido antiguas revistas con artículos tan frescos como ingenuos. Sin embargo, en todos ellos ya despunta lo que el tiempo ha ido limando. También han aparecido fotografías, en las que otros tiempos y otras costumbres se reflejan en la forma de vestir, de estar. He recuperado algunas de la presentación de una crónica de mi barrio que publicó el Ayuntamiento de San Lorenzo. Y toda la correspondencia que mantuve con el escritor Manuel Andújar. En esa época su obra aparecía en la prensa nacional. Cuando murió, sumido en una irreversible demencia, amén de un irrecuperable enfisema pulmonar, su obra desapareció de una conocida editorial por motivos económicos. También le llegó al libro las consecuencias del mercado. Así se equiparó un libro a un kilo de patatas. No era más que otro producto del mercado. Las librerías se fueron cerrando poco a poco. Hubo que tirarse al fuego todo aquello que ya no tenía valor alguno, tras escudriñar todo aquello que podría tener valor sentimental o documental. Y así surgieron montones de papeles, que se guardan pesando en su utilidad y a la postre no sirven para nada. Especialmente todos aquellos catálogos que se reúnen en las ferias del libro, pensando que un día va uno a comprar uno de esos libros y resulta que no hay tiempo para leerse todos los libros que uno quisiera. Además de todos esos folletos que no sirven más que para atizar la lumbre. Es cierto que no hay tiempo material para lo que uno quisiera hacer o procurar. Entre los papeles también encontré una seria de programas festivos donde se incluyen colaboraciones con pretensiones literarias, cuando lo que allí se pedía no era otra cosa que una alusión a lo festejado. Y todos esos cachivaches que no sirven para nada, pero que se guardan para un día como éste tirarlos a la basura. Vendrán días que ni sospechamos. Con qué nos encontraremos en estos de vacas flacas. Pese a todo quienes no cambiamos somos nosotros. Seguiremos siendo nuestros peores enemigos. Aún así, nos ha dado tanto la vida, aunque sea tan poco.

Machado

Miércoles, 25 de Febrero de 2009

José Ruiz Guirado

SETENTA años que se fue acabando en Colliure, junto al mar, en el último viaje, ligero de equipaje. Que esto ya es sabido, porque acertó a decirlo en un retrato tan hermoso, certero y previsible. Sobre Machado se ha escrito de todo por ilustres especialistas. Ha sido también un icono político, un hombre sencillo y un poeta excepcional que ha marcado nuestra infancia. Porque, a diferencia de otros, a Machado lo conocimos en la escuela. Hubo un libro de lectura, que recopiló Gonzalo Torrente Ballester, en el que aparecían textos de diversos autores, magníficamente ilustrados, que venía a ser algo como Educación del espíritu nacional. Entre ellos aparecía un fragmento de Juan de Mairena, dirigiéndose a sus alumnos. También aparecía Machado en los libros de Literatura y Gramática, junto a otros ilustres vates: Juan Ramón Jiménez, Rosalía de Castro, Pemán, Ridruejo, Vivancos, Lorca o el propio Leopoldo Panero. A unos imberbes, poco habituados a la lírica ni a nada, nos sonaba aquella sencillez como algo natural: roquedales, pedregales, álamos, surtidores, limoneros, olivos. Aquel señor, aquel poeta nos hablaba de lo que veíamos a diario en nuestras correrías, tirando piedras a los perros, cuando no cogiendo los huevos de los nidos. No sé qué relación hay en mi familia con los Machado (más que con ellos, con los Ruiz, por parte de su madre), muy lejana. Sin embargo, el parecido con mi padre es sorprendente. De hecho, he presumido de una mentira: llevar una foto de juventud de mi padre, haciéndola pasar por suya. Incluso la de su boda con Leonor, hay un parecido sorprendente; claro, excepto con la novia. A esas edades presumir de estas cosas era todo un acontecimiento. Más tarde, tuve un profesor de Literatura –José Antonio Huertas Muñoz- que vino a ser segoviano, de la calle Escuderos, detrás la Plaza Mayor, paralela a la casa donde vivió Machado en Segovia. Le gustaba la Literatura. A mí me parecía un personaje singular. De hecho, le dediqué un retrato, que después se publicó en un librito de poemas. Me lo agradeció con una amistad que sólo se truncó con su muerte. Me he sentido siempre con él en deuda. Y sobre todo, porque se murió y nadie nos avisó. Sé que está enterrado en Segovia. Desde aquel libro de poesía se volcó hacia mí, hacia mis escritos. Me corregía, me animaba. Me llevó unas poesías al Adelantado de Segovia, donde se publicaron en la sección de cultura. Viajes a Segovia, donde, acompañado de su esposa, que se murió poco antes de él, nos invitaba a comer en Cándido, con quien tenía gran amistad. Visitamos la Casa-Museo de Machado. Caminábamos por donde lo hacía el poeta en su estancia segoviana. Un buen día, me hablo de su infancia segoviana. Había sido alumno de francés de Antonio Machado en Segovia, le recordaba como lo retrató Rubén Darío, claro que, en este caso con los ojos del infante, que contempla al profesor que le saluda cuando pasa por la puerta de la casa de sus padres. Vestido de traje negro, raído. Tocado de sombrero y caminar lento, retraído, silencioso. Fumaba y se le caía la ceniza sobre los pantalones. Aquella cátedra de francés lo hacía para ganarse la pitanza. Recuerda que no suspendía a nadie o a muy pocos. Y veía al profesor en el Café, con los amigos.

Ineducados

Lunes, 23 de Febrero de 2009

José Ruiz Guirado

HA dimitido el ministro el 23-F. Aquí ya lo dijimos. Una cacería y una huelga de su departamento son dos pájaros de un tiro. En este caso, tres. Lo de la cacería ha sido la excusa, que bien mirado le viene a salvar de alguna manera. Porque la huelga ha tenido más peso. Lo ha dicho coincidiendo con la fecha del secuestro del Parlamento. Allá también se fue de caza, con licencia o sin ella. La suerte fue que no se permitió la cacería. Por otra parte, esta dimisión va a abrir un precedente. El día que le toque el turno a otro, a ver quién es el guapo que no se marcha. Con este as en la manga, nadie se escapa de perder la partida. Entretanto Paco Ibáñez, se ha ido a Colliure a recordar a Machado. Le ha pedido permiso para poner su pie sobre la tumba, con el fin de apoyarse con la guitarra. Al bueno de don Antonio no le habrá importado porque era persona sencilla, tímida y educada. Es sabida la anécdota de la lectura de una nota que aparentó leer, pero que la sabía de memoria; pero por encontrarse entre tanto prócer de la Generación del 98, no quiso desmerecer a nadie. Por ahí fuera nos tienen por maleducados. Pero el problema es otro. Es que no se está educando. Verbigracia: Quién les está enseñando a los estudiantes cómo se escribe una carta a alguien ,y, según a quién vaya dirigida, cómo hacerlo. Recuerdo en un programa de estos donde salen cantantes a la fama, que hubieron de traer a una persona para enseñar modales a los participantes. Y el primero de los modales no era otro que enseñarles a comer. Algo tan básico como que ha de llevar el comensal la cuchara o el tenedor a la boca y no al contrario. Comportamientos como eructar en público, cuando no peerse. O lo más terrible, compartir el sentido de la amistad o de la camaradería para deshacerse de un cadáver (hablamos de la niña de Sevilla que confesaron tiraron al río Guadalquivir), como si fuera un acto encomiable, cuando estamos hablando de la muerte de una persona. El programa que invitan a cenar en su casa a unas personas para ganarse unos miles de euros, es una muestra de mala educación, intolerancia y grosería elevado a límites insospechados. Claro que quizá, en este caso sea precisamente la zafiedad lo que su busca para atraer al teleespectador. Una cosa es el trasgresor, el anti sistema, el que se echa a la calle porque no comulga con un corpus de ideas únicas , inmorales y universales. Y otra cosa es la mediocridad, el mal gusto, la falta de educación, de principios. Aunque en este día nos ha salvado Penélope Cruz con su oscar en la mano. Ahora aparecerán amigos que la conocen desde siempre. ¿No se acuerda cuando tomamos unas cañas en Vigo? Pues, no señor. La cerveza estaba fresquita. Una cosa era Cela, que tenía que mantener un estatus de mal educado, pero en las televisiones y con el respaldo de “La familia de Pascual Duarte” y otro bien distinta es quien sale a tomar el vermú con chándal, tacones y abrigo de piel por muy de la farándula que sea. Un servidor impartiría una clase de modales y de saber estar. Puede que le tacharan de cursi, cuando no de gilipollas. Aún así correría el riesgo. Y seguramente a alguien, en algún momento, no le vendría mal saber que se come con la boca cerrada. Y si me apuran, también lo de dimitir cuando uno se equivoca, es un acto de saber estar. Que sería saludable sirviese como precedente para otras ocasiones en las que se mete uno en un charco. Ayer me lo decía mi vecino: Pierda cuidado de beber esa agua si antes la ha bebido el burro, que son de paladar exquisito. Pues de eso se trata: La categoría por delante, aunque pese.

Amarrado al duro banco

Viernes, 20 de Febrero de 2009

José Ruiz Guirado

AMARRADO al duro banco este viernes desapacible, frío y lleno de inquietudes. Banco al que llamo ordenador. Más que amarrado, entregado cada noche a esta pantalla en blanco, a quien me confieso cada jornada, o me enfrento, o le digo mis cuitas. Si el pobre de mi padre pudiera verme, pese a mi edad, seguramente me diría: Tú estás tonto. En eso pierdes el tiempo. Claro que, pensaría así, porque si estuviera aquí pensaría que aún sería aquel muchacho, al que siempre obligó a prepararse, a estudiar. Hace unos días hablaba con un amigo que tiene a su madre ingresada. Me decía que cuando hablaba con él, se remontaba a la Gerra Civil, época en la que ella era una niña. Mezclaba presente y pasado. Es algo terrible, que después de una vida, venga todo a dar en una sinrazón. ¿Y para esto me ato a este banco? Tampoco pretendan que me ponga a decir palabras de buen parecer. No es que no sean necesarias. Lo que sucede, es que en esta selva que nos ha tocado vivir la bondad o la ingenuidad es una actitud que lleva a los competidores –los que tenemos al lado en esta carrera- a pensar que somos tontos. Y ser de esta condición lo único que acarrea son indiferencias, cuando no desprecios. Que aquí quien no corre vuela. Y quien más, quien menos, sabe a donde quiere ir y de qué manera. Hoy mismo, una de esas personas con un trastorno de personalidad grave, ha tenido que venir, como de costumbre a dar la nota. Necesita hacerse notar como sea. Y esto no es a la postrera edad de la vida, sino en el ecuador de ella. Cómo será cuando lleguen esas calendas. En el fondo son personas infelices, desgraciadas. Porque son dignas de lástima. Se creen sus propias mentiras. No son capaces de darse cuenta cuando todos están deseando que se vayan de una vez y se quedan. Y no digamos cuando se sienten imprescindibles, irremplazables. O cuando solucionan todos los problemas. Quizá ni con exceso de cariño puedan curarse. Qué le vamos a hacer. Estamos aquí enfrentándonos a otra jornada que se acaba y comienza con esta pantalla en blanco, donde puede que seamos capaces de rellenarla con nuestras propuestas. Ha de haber de todo. Puede que el mundo fuera algo insulso, sin sentido, si toda fuera dulce amoroso, fácil, sencillo. Pero lo que abunda es todo lo contrario. El mundo no es grato, aunque haya gente encantadora. Pero no lo es porque ya nos ocupamos nosotros de hacerlo ingrato. La mayoría de las veces de manera gratuita. Se hace daño por hacerlo. No seamos ingenuos. Hay muchos intereses en juego. Esto es así. El hombre es así. Las cosas son así. Mejor dicho: esto es lo que se quiere que haya. Lo triste de todo esto, es el poco tiempo que aquí estamos y la mala leche que tenemos. Aquí seguiremos amarrado al duro banco hasta que no hay más que decir. Mientras tanto, el tiempo irá pasando. Nos haremos más viejos, hasta que un día desapareceremos, como tantos. No sabemos cómo, en qué condiciones llegaremos allí. Perderemos la cabeza al igual que esa pobre mujer o llegaremos a comprobar con lucidez cómo se va apagando la vela. En ese entreacto hay quien se convierte en protagonista de la obra. Otros son protagonistas pasivos. Otros tienen la misión sin actuar de hacer la puñeta consciente o inconscientemente. Mañana más. Entretanto nos pondremos la máscara para convertirnos en nuestras fantasías. Hasta el miércoles de ceniza, en el que se enterrará con la sardina el carnaval.

Gregorio Sánchez Meco

Jueves, 19 de Febrero de 2009

José Ruiz Guirado

COMO cada mañana, puede uno encontrarle en el Archivo Histórico del Escorial, instalado en la planta baja del Ayuntamiento (cuya responsable, Ana la archivera y quienes le ayudan, ha conseguido un archivo ejemplar), leyendo legajos, escudriñando en documentos, en definitiva; investigando. Hoy mismo estuve con él, porque me tiene unos documentos que entregar. Recientemente ha sido nombrado Cronista Oficial de la Villa de El Escorial. Uno siempre se ha preguntado a qué estaban esperando para hacerlo. Ya se sabe que las cosas de palacio van despacio y en política, los cambios con cada legislatura están condicionadas a quienes ocupan de nuevo el sillón. Un servidor también necesitaba traerle a estas páginas, aunque no lo necesitaba porque su categoría de historiador, de investigador y de erudito está por muy encima de lo que aquí se pueda decir de él. Pero cómo no se va a hablar bien de un amigo, que además es una autoridad en la materia. Pongamos un ejemplo de algunos de sus trabajos éditos: “El Escorial, imágenes e historia”, “El Escorial y la Virgen de la Herrería”, “La Real Casa de El Quexigal y su entorno”, “El arte de la cocina en tiempos de Felipe II”, “El Escorial, de comunidad de aldea a villa de realengo”. Son una muestra de nuestro Doctor en Historia por la Universidad Autónoma, Becario del C.S.I.C. Profesor Asociado de la Universidad Autónoma de Madrid y Tutor de la Universidad Nacional a Distancia. Y en estos lares donde vive, Catedrático de Enseñanza Secundaria. Además de todos estos atributos es una persona sencilla, como todo sabio que se precie. Que no se ha dedicado a tomar nota de quienes han investigado antes. Se ha recorrido todos los archivos de la península para obtener los datos de primera mano para las publicaciones rigurosas y científicas que ha llevado a cabo. Hace un par de años publicó un trabajo: “La Cofradía de San Sebastián a lo largo de la Historia”. Un exhaustivo trabajo en el que da cuenta de la trayectoria en Los Escoriales. A un servidor le prologó el trabajo “Robledondo, crónica de una villa”, con una excelente conferencia, en la que explicó de manera ejemplar el pasado, presente y futuro de este alfoz. Con esto intento decir, que es una persona, próxima, generosa, dispuesta siempre a colaborar, con cuanto se le pida. A un servidor si algo le admira de Gregorio es su mester, su capacidad, su conocimiento, su docencia, su sencillez y su erudición. Tiene uno la sensación de encontrarse ante una autoridad al que por su acercamiento, no se le reconoce suficientemente su categoría. Y esto es así en nuestro país. Hombres de ciencia o de cultura a los que se les ha reconocido, incluso con el Nobel, en su lugar no han pasado de eminentes. Claro que, ésta es la constante de todas esas personas eméritas por las que ha habido más luz –conocimiento- en el mundo. Gregorio Sánchez Meco, es uno de esos casos. Sólo espera uno que el tiempo le ponga en su sitio. Nos encontramos con grandes inconvenientes. Entre ellos uno de nuestros males congénitos: la envidia. Pero a la postre, lo de razón acaba imponiéndose. Para un servidor un libro de Gregorio –“Cuando El Escorial olía a chocolate”-, por su proximidad le trae dulces recuerdos infantiles. Que es un honor tenerle como amigo y admirarle como docente y por su impar aportación a la Historia del lugar donde hemos abierto los ojos a la vida. Es una suerte.

Cada cual barre para sí

Miércoles, 18 de Febrero de 2009

José Ruiz Guirado

LLEVO unos días entregado a la chapuza doméstica. Inevitable, ineludible. En el campo, en el medio rural no puede uno evitar ponerse manos a la masa, porque no es fácil encontrar quien lo haga si no uno mismo. Por fin esta noche acabé, porque la huerta está tan embarrada con tanta nieve, que no puedo pasar la mula mientras no seque. Ni siquiera puede plantar los ajos, que ya se sabe: ajos que no planta en enero, eso que pierde en ajero. Y nos metemos en marzo, a un mes de sembrar con todo empapado. Pero no importa porque estamos en campaña electoral. Esta noche misma, mientras esperaba a mi hija en la estación de autobuses escuchaba la Radio. Entrevistaba la periodista a tres mujeres, tres políticas en campaña. Curiosamente, a una de ellas, sólo le afectaba los gastos suntuarios del contario; a la siguiente, la corrupción del adversario y a la siguiente el problema lingüístico del otro. Pero lo más significativo, es que ninguna de las tres percibía la acusación de la contraria como propia, como las de su partido. Quien escucha todo esto piensa que está oyendo uno de esos programas de humor. Aunque es todo real. El próximo marzo volverán a ocupar el sillón en Galicia y en Euskadi. Y mientras estos sucesos acaecen, todo el mundo sospechaba de quienes han asesinado a la criatura sevillana que aún no ha aparecido. Y si tanta se sospechaba, por qué no lo han dicho antes. A toro pasado aparecen todos los expertos que van a sacarle punta a cualquier detalle de los asesinos. Mucho mejor si es en televisión. Hasta una menor, novia del autor confeso, con quien convivía. Esto es un circo en el que el dolor también se sube al trapecio. No ha tenido tanta trascendencia la muerte de esos pobres africanos que han venido a morir a unos metros de la costa. Terrible que un ser humano elija esa muerte a la vida que no tienen. Porque en este caso también eran unos críos en busca futuro. Y para nuestra suerte somos un país donde el botellón se autoriza y se emplaza en lugares autorizados por los propios municipios. Es mejor limpiar botellas que no pintadas. Que bien mirado es un aliciente para la crisis con el consumo de bebidas y no faltará trabajo para los empleados de la limpieza. Eso sí, somos los primeros en este deporte; pero en conocimiento no damos la talla. Estamos a la cola. Pero qué más da. Es más importante contar con consumidores, televidentes, botellódromos, imbéciles. Para listos ya están quienes se quedan con los miles de millones de tanto ingenuo. Además, como bien ha dicho Pisani, Internet es la ventana al mundo. Un servidor mismo lo está corroborando esta noche cuando acabe de escribir. Daré al Intro y ya estará esta nueva entrega dando vueltas por ahí. Si cada cual barre para sí. Además ya tenemos aquí los carnavales, que vienen de perlas para olvidar tanta miseria.

Con “b” de grande

Domingo, 15 de Febrero de 2009

José Ruiz Guirado

MI informador, que está el hombre al tanto de la gramática, me ha dicho que no sé dónde –no le recuerda por no comprometer- vio escrito la palabra “nieve” con “b”. Le dije, que quien así se expresó, lo haría teniendo en cuenta la cantidad de lo caído. Me explico. Como hasta ahora y durante muchos años, a lo sumo ha caído una nevadita, que ha durado dos días. Esta que cayó esta semana pasada por sus proporciones, le pareció a quien la describió que era grande, muy grande. Entonces, para describir su magnitud, la escribió con “b” grande, para diferenciarla de “v” pequeña, que desmerecería la cantidad de nieve caída por metro cuadrado. Que bien mirado, no deja de ser una apreciación positiva. Porque de alguna manera el receptor del mensaje –el lector- valoraría con una imagen lo caído. Y ya puestos podría afirmar: “La que “calló”,para continur con la intensidad,como las de antes, a diferencia de la “y” pequeña. Al ser del tamaño pensado, la “b” grande lo facilitaría. Porque si se pone con “v” pequeña, ya se pensaría que estamos hablando de tres copos sin importancia alguna. Hay que reconocerlo: la ortografía es un coñazo. Porque por mucho que se esfuerce uno, a ver quién es el guapo que tiene tal dicción, que quien escuche visualice la grafía. Es como lo de la “h”. Oiga, si es muda para qué se pone si no suena, ganas de dar la vara. Otro amigo, hijo de maestro de escuela, que ha heredado del mester del padre la pulcritud por el lenguaje, me ha regalado una palabra. Porque las palabras están vivas por ahí, pero si uno no las conoce, es que como si no existieran. Se trata del término “tresbolillo”, que según los señores de la RAE: Dicho de colocar en filas paralelas, de modo que lo colocado en cada fila corresponda al medio de los huecos de la fila inmediata que formen triángulos equiláteros. Lo que son las cosas de la vida. Lleva uno viendo colocadas las farolas de esa guisa y no sabía uno que estaban puestas al tresbolillo. Es lo que tiene tener amigos inquietos, cultos y preparados. Porque podíamos habernos muerto sin saberlo. Oiga, que también en el empizarrado, con la disposición de las lajas sucede otro tanto. Claro que, aquí lo importante no es la “b” grande, sino que se dejen bien dispuestos los huecos, que serían vanos, con “v” pequeña. Claro, que en este caso poco le importa al obrero la ortografía. Porque si reparase en ello y no en lo suyo, bien podría decirle al capataz, que para esto son muy mirados, muy mal hablados y muy mal meados –con perdón-. Déjate de ceremonias y que el equilátero salga como Dios manda. Además, en este caso no pasaría como con lo de la nevada. No habría que describirla, sino andar fino en la equidistancia. Claro, aquí nos daría igual. Porque el obrero no ha tenido, ni está obligado a una preparación lingüística, que ya tiene el hombre con andar todo el día a lo suyo. El otro sí, porque no se ensucia las manos con el cemento y debería poner un poco de aplicación en la tarea. Más que nada por si lo leyere alguien que no conozca del tema por ser nativo de un país tropical y cuando llegue a su lugar, lo cuente a sus paisanos. Lo mejor de España, es cómo se explican los ciudadanos. Según la intensidad de un fenómeno meteorológico, lo describen con “b” grande, si abundante; con “v”pequeña, si escaso. Verbigracia: Si es burro matalón, se le llama asno; de ser grande, con “v”: cabrón de mulo, será “vago”, porque esta actitud no es ofensiva, sino natural. Lo que da de sí el idioma.

Le Pera Limonera

Jueves, 12 de Febrero de 2009

José Ruiz Guirado

YA llegó la separación. Y lo ha hecho con un comunicado en la prensa del corazón. Que tiene dos cosas de bueno. La primera, es que no se lo tiene que decir a la cara al novio. Así se evita el marrón. Y la segunda, más importante, porque se lleva un pastón por decirlo ahí. Asunto que viene de perlas para los gastos. Lo peor es cómo decirle al novio que se vaya de la casa. Es lo que tiene la fama, que se le saca partido en cualquier situación y de cualquier cosa. Ya nos hemos enterado. Total por una caza. Es lo que tiene estas cosas cinegéticas. Que son asuntos de otra época donde se iba a hacer negocios, con compañía femenina, venado guisado. No son cosas de la izquierda que caza en solitario sin que le preparen las piezas y subiendo y bajando collados todo el santo de día aunque caigan chuzos de punta. Lo que no es natural acaba deformándose. Ahí tienen a Michael Jackson. Tanto se ha blanqueado la cara, que ahora tiene problemas con la piel. Ha nacido usted con un color de piel, pues a apechugar. Que cada cual es como es y no hay porque renunciar a ello. Que después aparecen los traumas y los complejos y el personal pierde el Norte y todos los puntos cardinales. Como esa señora que ha tenido ocho criaturitas. Después lo quiere rentabilizar. Pues tenga usted uno como todo el mundo y no ande por ahí vendiendo su maternidad. Claro que, en lo que gana la selección de fútbol y nos entretenemos con todos estos asuntos se nos olvida la que nos está cayendo encima. Si quien no se conforma, es porque no quiere. Que se acaba el tema, pues habrá alguien que saque alguna separación ventajosa. O aparecerá la madre de alguien. También el tiempo se alía. Y nosotros aquí, arrancándole el tiempo a la noche para hablar de esto o de lo otro. Que se va a quedar aquí. Esta noche no fluye el verbo, porque estas cosas no me interesan demasiado. Se le quiere sacar punta a cualquier cosa para provecho particular. Y lo importante, lo que no sale en los papeles se olvida o se procura que se olvide. Es todo tan rápido, tan impreciso. Un ejemplo. Se ha inaugurado Arco en su nueva edición. En otra faceta parecida habrá aparecido al mundo del arte un pintor como Tapies. ¿Al alcance de quién está su pintura? ¿Quién lee? Ahora lo que importa es salir por la televisión. Oiga que se están llevando una pasta gansa por salir ahí a decir gilipolladas –con perdón-.Que todas estas cosas son repudiables. Se filtran informaciones, se esconden situaciones embarazosas con nuevas situaciones insostenibles. El ciudadano de a pie percibe esto como una tomadura de pelo, una desfachatez por parte de todos. Cuando no es Pedro es Sebastián. Estas cosas no son buenas para nadie. Que se recusa a un juez, pues si existe delito, otro vendrá que les juzgará. Esto es así, si se quiere lo que se pide: un sistema con poderes independientes. Claro, como lo que impera es la frivolidad, pues qué más da ganarse unos euros diciendo que alguien se separa, que llamando al fotógrafo para pillar el trasero de tal señora. Cuando no, pegándose por llevarse los euros del muerto. Esto es la Pera Limonera.

Eluana

Martes, 10 de Febrero de 2009

José Ruiz Guirado

LA vida o la muerte. Me parece que debiera ser la vida y la muerte. Se nace y desde ese momento se empieza a morir. Desde temprana edad he tenido que enfrentarme a esta dama tan odiosa. No se quiere decir aquí que una haya tenido una relación morbosa. No. Quiero decir que se ha llevado a temprana edad a seres queridos, a los que no les ha dado tiempo casi a ver de qué se trataba esto. El último mi mejor amigo, amigo de la infancia. Con el que se ha compartido niñez, novias, mili, desgracias, alegrías, fiestas y broncas. Estas muertes no dejan de ser violentas. Porque se las arrancado de aquí cuando no era momento. Sin embargo, uno se pregunta: Cuál es el momento. Esa respuesta es fácil de contestar: cuando llega. Claro, estamos hablando de la muerte, que se encapricha de alguien. Y no ha hay tu tía. Lo de la muchacha ésta es otra cosa. Y esta actitud ha provocado la controversia. Para unos, incluso para el primer ministro de Italia “ha sido un asesinato”. Para otros, entre los que se encuentra su padre, un derecho. No dejan de ser posturas, llevadas por convicciones, conciencias o creencias ante un problema. Acabamos de asistir a la última confrontación bélica en Gaza, en la que ha habido un número elevado de muertos. A estos muertos cómo se les llamaría. Víctimas de una guerra. Y quién, con qué sagrado derecho puede decidir este aniquilamiento. Por qué estas muertes –hablamos de civiles que no se han enfrentado a nadie- no tienen la misma repercusión. Estas personas, entre ellas niños, no tenían problema alguno. Eran felices o no, pero llenos de vida y con deseos de continuar viviendo. No nos estamos refiriendo a esta contienda en concreto. Sino a todas ellas. En las que los muertos no son personas, son bajas. Enseguida aparecerá quien diga. Oiga, es que una guerra es otra cosa. Son dos bandos enfrentados para aniquilarse. Y con qué fines. Con qué pretextos. Otra contienda reciente dejó cadáveres por doquier. Y resulta que la causa de ella era una gran mentira. Sin embargo, se han bendecido. También se han criticado, es cierto. Pero no con ese ímpetu. Por qué. Qué diferencia existe entre una decisión u otra. Con la particularidad y la diferencia de cantidad. Quien lo ha decido ha eliminado a una persona. La otra, a cientos. En ningún momento se está aquí planteando un tema moral. Uno cree que la decisión no haya sido fácil y menos alegre para su padre. Habrá sentido dolor como con cualquiera que se marcha. Con la única excepción, de ser él el causante. Y de todas esas muertes de las que hablamos, nadie se culpa. No es un acto execrable, cuando no criminal. Y con una particularidad. La vida de aquélla no era una vida deseable, en igualdad de condiciones. Nadie niega que no fuera vida. Tampoco creo haya sido grato irse apagando poco a poco. Pero, es que la vida de tantos muertos en África, en Oriente Medio, en Oriente Próximo, era una vida plena, llena, a la que se ha arrancado de cuajo. Con qué legitimidad. A mis familiares, a mis amigos los ha arrancado la muerte de repente. Por qué. Quien lo ha decidido tiene más legitimidad que el padre de esta muchacha. Lo que sucede, es que no nos queda más alternativa que aceptarlo o volvernos locos. Y no deja de ser una cabronada –con perdón-. Porque como decíamos en un artículo anterior. Una vez que estás echando raíces en este mundo. Que te lo estabas creyendo, van y te cortan. Y dejas de estar con los que querías. En este caso parece que molesta quien ha tomado la decisión. En los otros casos, lo decida el Cielo –la boda y la mortaja del cielo bajan- o los hombres, nos resignamos.

Fina Casalderrey

Domingo, 8 de Febrero de 2009

José Ruiz Guirado

AYER mismo se la homenajeó en El Salón de Literatura Infantil y Juvenil en su tierra natal –Pontevedra-. Ella es de Xeve-Lérez. Desde donde se otea el río que le da nombre. Junto a las viñas que cultivan los paisanos, se levanta la ermita donde se venera a San Beinitiño de Lérez. Santo milagreiro a quien se acude para encontrar remedio y siempre cumpliendo el ritual obligado. Desde esa atalaya se contempla la ciudad que antaño vivió y cantó a la Ría que le trajo el pan –peixe, pescado- de cada día. Este lugar, también lo hubiera elegido para nacer el propio Neruda, cuando no García Márquez. Porque es un lugar tranquilo, apacible, donde cuando llueve lo hace como lo hiciera siempre. El paisano cultiva su huerto, tiene sus animales, sus vides y sus gatos que le evitan inoportunos ratones que le comen el maíz. En este medio vino a la vida una niña que pasado el tiempo vería en esta luz que todo lo arrulla motivo para soñar y para recordar. Qué cierto es que la infancia es la patria de quien pasado el tiempo elige la palabra y el verbo para comunicar. Claro que todo el mundo que escribe no lo hace de la misma manera. Porque en el caso que nos ocupa, esta escritora de la que más adelante diremos algo de ella, lo hace con la “ternura” como seña de identidad. Seguramente “Lua”, la gata que protagoniza la historia que conmovió hasta el punto de ganar el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil, es una de esas gatas de casa que caminan con sigilo por cualquier rincón. Porque los personajes que lleva a sus obras literarias son los animales, las personas, los insectos con los que se convive. Alguna culpa de estos cuentos lo tiene su padre, quien le contaba historias a la hija. Ella nació, quizá en una época de silencio; pero también en una época en la que los padres, los abuelos aún contaban historias a hijos y a nietos, porque había tiempo para ello. Y además, porque el cariño de personas sencillas se demostraba sin excesos, de manera natural; pero que a la postre configuran esas pequeñas cosas tan necesarias y tan imprescindibles para que la vida no nos desborde. Además de esa forma de ser, Fina, tiene una forma de estar. (Invito a que se mire por Internet la nómina de premios que ha merecido por su obra.) Añado esto, porque con este precedente bien podría ser una persona lejana, distante, ajena. Sin embargo, su propio personaje es una criatura dulce, cariñosa, agradecida y con un talento insuperable para meterse en el alma infantil, en el juvenil; incluso en el de cualquier criatura de cuatro o más patas, para mostrarnos su ingenuidad, su bondad, o, su querencia animal. Porque, no solamente el amor sin tasa; sino la sicología, la pillería o todas aquellas condiciones del ser humano que se muestran tal como son y como los vemos, se nos muestran al natural, sin afeites en sus obras. Cuando hay que llorar se hace porque el dolor se muestra con toda su crueldad. Si se ríe, es porque la situación lo hace inevitable. Y, cuando se ama, es porque se muestra el corazón abierto, honesto, sin rencores ni perjuicios. Estas situaciones no se dan porque sí. No es fácil fingir: somos hijos de nuestras obras, aunque nos pese o nos complazca. Además es profesora, madre, esposa. Y por si esto no llegara, es también amiga de sus amigos. De los que se alegran con sus éxitos y se apenan de sus desgracias. Además es una escritora excelente y reconocida.