Héroes
Miércoles, 29 de Abril de 2009José Ruiz Guirado
NO existen los héroes al uso. Los que hay son de carne y hueso, anónimos. Que se levantan antes de que salga el sol y se acuestan después de su puesta. Y así, día a día, hasta que se hacen viejos sin haberse mirado un solo día al espejo. Sin saber cómo sacan adelante una familia. Y además de todo ello, tienen tiempo para ser felices, o incluso desgraciados, pero no lo venden en ningún sitio. Cuando llega su día, desaparecen y ni siquiera hay una de esas esquelas pomposas, en las que anuncia su marcha bajo la protección de ningún manto. Y, como tampoco hizo nada meritorio (si su vida no ha sido un esfuerzo), pues tampoco se le da por válido. En los tiempos difíciles, además de los héroes ya citados, se dan los mayores contrastes. Si hubiera que establecer una nomenclatura, lo dividiría en tres grupos: Los miedosos, los valientes y los camaleónicos (que a su vez podían dividirse en: chivatos, trepas, embusteros y falsos, entre otras variedades y lindezas). El miedo guarda la viña. Y, cuando se las ve venir, al menos hay que ser cautos, prudentes, incluso taimados, -sin la acepción de bellacos-. No todo el mundo tiene el temple o la hombría, incluso la dignidad de mantener el tipo cuando llegan mal dadas. Y aquí aparece la defensa. Que no deja de ser un acto reflejo natural. El problema surge cuando para defenderse no se hace con argumentos propios, avalándose en sus actos y en su conducta. Al producirse ese vacío se ataca, no ya al contrario, sino al compañero. Se delata, pero por lo general con argumentos que no se sostienen. Y este el pan nuestro de cada día. Alguien podrá añadir a continuación. No deja de ser normal, cuando el agua llega al cuello. También es cierto. Como lo es también que al trasladar la tragedia al otro, a su familia llegan las lágrimas y el sufrimiento. Además de todo esto, se dan otras circunstancias que tienen que ver más con las afinidades. Hay quien cae mal ,y, por bien que lo haga, mucho que esfuerce o demuestre su pericia, dará igual. Todo le sale mal. Los hay simpáticos, joviales, animosos, con ese talante que da en fiarse de ellos, porque se muestran comprensivos, cuando no defensores de las causas perdidas. Y en cuanto surge la oportunidad, le van a contar los chismes que ha oído al de arriba. A cambio, privilegios. Claro que todas esas cosas tienen un precio. Aunque eso da igual, porque todo en la vida tiene un valor y un precio. Sin embargo –al menos es el consuelo que queda-, todo lo que es patológico, antes o después (siempre tarde), choca con un sistema que se defiende por si mismo contra lo patógeno. Vamos, me está usted diciendo que, el día menos pensado se le encuentra uno en el bar y le suelta dos hostias –con perdón- bien dadas y se queda uno tan tranquilo. Bueno, era una forma menos poética de decirlo.Tampoco hay que llegar a eso. Porque le voy a decir una cosa: la mejor torta, es la que no se da. Pero por poca dignidad, pocos escrúpulos que se tengan, de alguna manera quien las hace que la tema, aunque no las pague. Las deudas, antes o después hay que cumplir con ellas, porque no prescriben. Hoy nos hemos puesto el antifaz de héroe y hemos salvado al mundo. Cervantes también quiso hacerlo y se encontró con los molinos de viento.