Archivo de Mayo de 2009

Doceavo

Domingo, 31 de Mayo de 2009

José Ruiz Guirado

ESTE amigo mío, como es hijo de maestro, sabe lo suyo, lo que le ha enseñado su padre y lo que ha aprendido él de su cosecha y aplicación. Me lo dijo ayer. (Siempre me llama de usted). “¿Sabe usted en el lugar que quedé?” Porque también hace su deporte. “No, señor”. “El doceavo”. “Me lo dijo una persona educada, preparada y culta”. “Y qué le dijo usted”. “Pues que me conformaba con haber quedado el duodécimo”. “Es que como soy de Ciencias”. (El hijo del maestro que es un hombre de mundo, diría para sí: “con mayor motivo sabrá de quebrados”). En ese momento estaba escribiendo un apellido que no admite más que la uve. “¿Con be, verdad?” “Nunca.” “Es que como yo soy vasco”. Además de educado, preparado, culto, es vasco. “¿Y eso qué tendrá qué ver? A estas alturas, ya uno habrá podido deducir, sin demasiado esfuerzo, que ni es vasco, ni culto, ni educado, ni está preparado. “Y le va quitar usted la ilusión de engañarse solo”. “Ni hablar”. Evidentemente no se puede hacer. Le crea usted a la criatura un trauma del que no se recupera de por vida.”¿Es joven?” “Los cuarenta ya no los cumple”. Hay cosas que se olvidan si no se usan. Es normal. Usted le pregunta a un bachiller por la efemérides de ayer, por ejemplo en el año de 1248, y, no se acuerda de la conquista de Sevilla. Eso es comprensible. Pero para ello están los libros, los diccionarios. Si ahora pincha usted en Internet y le sale hasta el origen del mecanismo de la pinza de tender la ropa en la cuerda. Ahora que lo dice. Hay que entenderlo. Tiene que haber persona preparadas, más preparadas y menos preparadas para establecer alguna diferencia lógica. De lo contrario, cómo se sabría. Si no hubiera altos, bajos, gordos, delgados, feos y guapos, no sabríamos quién es quién por no tener un modelo a comparar. Además, a estas personas tan preparadas no se les debe de llevar la contraria, porque sería un asunto de mal gusto. “Me está usted tomando el pelo. No sabe el refrán que reza, dime de lo que presumes…” En este caso no hay que hacer uso del refranero. Igual se lo espetas a la cara y te contesta que está en tratamiento. “Y qué hace usted”. Lo mejor en estos casos es dejar estar. A ver si me entiende. Que el personal no se chupa el dedo. Y enseguida se percata del asunto. Pero que pasa en las mejores familias. Siempre ha de haber alguien que necesite de más cariño que otros, de más compresión. Hay que oírles con más atención. Hay que tratarles con más delicadeza. Luego, el problema viene cuando se hacen grandes y ya andan sueltos por la vida. Todo depende con quien se topen. Porque si es alguien que le da igual, pues no hay problema. Si se trata de alguien que no sabe, a lo sumo se puede sorprender con las palabrejas que emplea. Ya si es el hijo del maestro, pues igual en un acto osadía, podía decirle: “Faltó usted a clase el día que dieron los quebrados”. Pero esto no se lo dirá porque se va a notar mucho que es hijo de maestro y por principios. A lo sumo le dirá, ocurrentemente: “Con ese puesto proporcional me conformo para mi nivel.” Es lo que tiene el estar muy preparado, que perdona las deficiencias ajenas.

“Doscientos”

Viernes, 29 de Mayo de 2009

José Ruiz Guirado

DOSCIENTAS noches, sus días, sus tardes, sus mañanas. Doscientas veces sentado delante del ordenador. Doscientas incertidumbres. Doscientas oportunidades perdidas o ganadas. Doscientas frustraciones. Doscientos aciertos. Doscientos errores. Doscientos recuerdos. Doscientas preguntas. Doscientas dudas. Doscientos sobresaltos. Doscientos intentos. Doscientos atisbos. Doscientas oportunidades. Doscientas ensoñaciones. Doscientas respuestas. Doscientos recuerdos. Doscientas coincidencias. Doscientas quimeras. Doscientos lectores. Esto es, a grosso modo, el resumen de estos doscientos artículos que hemos sacado a la luz. Mi informador, Emilio, mis amigos, mis enemigos, mis fantasmas, mi credo, mis personajes, mis locuras, mis mentiras, mis perros, mis gatos, los míos y me empeño han conseguido que fuera posible. No se vayan a pensar. Ha sido duro, escabroso, bronco, arduo,enconoso,peliagudo. Cuantas noches nos hemos enrocado. Nos hemos parado en el principio, a la mitad, al final. Con mi gata al lado mirándome. ¿Y ahora qué digo? Y la gata diría para sí. “Tú sabrás”. “Yo soy un mero espectador”. Hay veces que ya se lleva el tema preconcebido, pensado. Pero muchas otras no. ¿Y ahora qué? De qué hablo doscientas veces. A veces me ha salvado mi informador, mi vecino, el tiempo, las noticias, la vecina del sexto o las malas tripas de Fulanito de Tal. Sin embargo, hay días que llega uno cansado, aburrido, deprimido. Preparado el escenario, apagadas las luces, encendido el silencio y la gata al lado para ser la primera inquisidora, se dice uno: “No podía ser la pantalla, o el papel un poco más pequeño. No lo es. Lo abres, lo titulas y colocas las primeras palabras, siempre en negrita y mayúsculas –son mis manías-. Ahora a seguir. A veces fluye el verbo, pero otras ni poniendo la pantalla de lado para que se caiga alguna letra del lado contrario por la fuerza de la gravedad. Es otra gravedad la que se impone. Tampoco se pueden decir tonterías, ni recurrir al chiste, a la frase manida. Eso ya se ha hecho. Lo nuestro es otra cosa. Sí es cierto que hay una constante. Procuro, si alcanzo, recuperar lo nuestro, lo propio de nuestras creencias, costumbres, filosofía y manera de ser que nos diferencia allende las fronteras. Aunque a veces sean negativas. “¿Sabe si usted si ya estoy en España?”. “Es muy fácil”. “Si ha visto a cuatro personas mirando y una trabajando, ya está allí”. Otras veces no ha quedado más remedio que caminar a nuestros años infantiles. Avivar aquellos recuerdos que se han marcado en nuestro magín. Esa patria mínima y feliz donde las únicas preocupaciones se resolvían con el descanso de la noche. Es cierto que nos duele lo nuestro. Podía ser todo mejor, más solidario, menos cruel, más humano, más posible y quizá menos complicado. Somos conscientes del tiempo, de cómo pasa y ya no vuelve. A veces las situaciones nos obligan a la denuncia. Otras veces hemos destensado el arco y nos hemos reído, cuando no nos hemos parado a echarnos un trago de vino. Tenemos presentes a algunos autores. Ellos han abierto las trochas y , en la manera de lo posible, nosotros hemos seguido el camino. Sin embargo, lo único que ha animado a seguir a pesar de las dificultades han sido quienes han estado al otro lado esperando leer lo que uno decía. Algunos, declarados nocturnos; otros, crónicos; otros, lectores sin más. Esa es la única razón, la verdadera fuerza para seguir. Y ese apoyo te lo han manifestado en sus acertadas opiniones. Otros te lo han dicho a la mañana siguiente: “Te leí el de anoche”. Creo que aunque solamente uno esperase a leer lo que escribo, tendría la obligación moral de seguir cada noche al pie del cañón. Hemos escrito doscientos artículos, doscientas opiniones, doscientas ocurrencias o lo que sea, pensando en quienes los esperan. No sé si llegaremos a los trescientos. De ser así, habrán empujado quienes ahí detrás leen. Gracias a todos.

Precipitaciones

Miércoles, 27 de Mayo de 2009

José Ruiz Guirado

ESTOS días se precipitan hacia el buen tiempo, hacia las elecciones europeas, hacia las vacaciones , y, esta noche misma hacia el fútbol, también europeo. Quienes no somos ni forofos ni aficionados al uso, no llegamos a entender que seguidores de otros equipos prefieran que pierda el equipo español. Y lo curioso del asunto, es que se van a poner delante del televisor para sentir el placer de verlo perder. Será así, no lo discuto. Como no es lo nuestro, pues no sabemos. Lo cierto es que nos han educado en la rivalidad. Y por mucho que se empeñe nadie, esto no va a cambiar. Ganar, vencer, derrotar, humillar debe de ser innato en el ser humano. No se va a participar se va a ganar. A un servidor le da igual. La honrilla es otro asunto. Pero para que todo quede en casa. Ya verán ustedes como los ganadores del deporte y de la política, lo usan contra el perdedor como arma arrojadiza. La Naturaleza no actúa como rival. Se defiende, incluso invade, pero no con la intención de imponerse, sino, por lo general, de sobrevivir, de convivir, aunque sea parasitando.Y todos ellos tienen una función. Y es el hombre quien –a veces por necesidad profiláctica, la interrumpe-. Tampoco se trata de ganar, no hablamos de lo deportivo, sino de arrimar el hombro. No sucede así. Cada cual barre para sí, incluso se echa el polvo debajo de la alfombra para que no se vea. Evidentemente las cosas se precipitan, porque es lo lógico. A la corta o a la larga, lo patológico, lo que rompe el sistema, termina por encontrar la resistencia de defensa. El problema surge con todo aquello que necrofila a su paso. Que luego ya se sabe, se corta por lo sano y adiós muy buenas. También sucede que hoy es miércoles. Lo decía el otro día mi informador, que el hombre anda liado estos días. “Los lunes se viene a torear el miura”. Hay que andarse con tiento que hay mucho toro –semana- por delante. El jueves ya es otra historia. Las cosas ya se precipitan de otra manera más dulce, más suave. Qué difícil es cuando todo baja, no bajar también. Por eso lo de las precipitaciones. Quién se imagina que no precipite hacia abajo. Pues ese el asunto. Siempre habrá, porque hay gente muy inteligente, que enseguida apunte: “Oiga, que también precipitarse es correrse de ligero”. De eso bastante, porque la impaciencia es otra de las constantes de nuestro tiempo. Los abuelos, más tranquilos, lo decían acorde con lo natural. No vendas la piel mientras no caces el oso. Todo lo que no se medita, se precipita. Y la gravedad ni perdona ni tiene amigos ni conocidos. Todo va para abajo. A ver luego quién es el guapo que lo sube. Ya habrá por ahí algún socarrón camuflado que se esté riendo y pensando: La química, oiga. También es un consuelo. Claro, hasta que se acaba el efecto. No está costando llegar al doscientos. El asunto es no precipitarse.

Tiempo

Martes, 26 de Mayo de 2009

José Ruiz Guirado

LA vida es corta o larga, según se mire, o según se viva. Tres días de espera para ver a alguien, para irse algún lugar o para esperar una noticia, pueden ser eternos. Lo contrario de cuando se está bien, a gusto. Una semana pueden parecer unas horas. El tiempo es algo tan relativo, tan efímero, tan eterno. Lo terrible del tiempo que pesa como una losa, es cuando hay que soportarlo día a día ,y, por más que se pretenda arañar segundos no se puede. Quizá, no lo sé, porque aún no he llegado, cuando se pase y lo que quede atrás sea la senda por donde se anduvo, todo pueda parecer una ensoñación. Es posible. Pero la tragedia del hombre no es el pasado ni el futuro, sino el tiempo presente.Digo tragedia, como puedo emplear otro término. Generalmente no deja de ser angustioso, bronco sobrevivir. Porque, ya no solo ganarse el pan. (En estos momentos también. Si bien es cierto, que donde se cierra una puerta siempre se abre una ventana). Lo insoportable, lo cómico, lo amargo, es que a ese esfuerzo continuo hay que añadirle otro sobreesfuerzo, el de defenderse. No se trata de vivir en una sociedad ácrata, sino en una sociedad normal, democrática, justa. En la que a pesar de esas premisas ya supuestas, se está sometido a todas las imposiciones legales. Entre ellas la vida local, la autonómica. Sin embargo, nos vamos a centrar en la más próxima: la laboral, que junto con la familiar, es la que nos ocupa toda la vida. No se entiende por qué, lo que tendría que ser un normal fluir, se convierte en trabas, en dificultades por todas partes. Se trata de estar pre-ocupado. Este el sentido. Siempre hay alguien que por temor, incapacidad, inseguridad, afinidad o porque le sale de los huevos –con perdón-, necesita, como quien fuma, una dosis de nicotina (poder) diario. Por el solo hecho de justificarse. ¿Justificarse ante quién? Ante ellos mismos, ante la incapacidad de resolverse como persona. Por sus frustraciones, por sus recelos, por sus desamores, por su mediocridad. Esto es lo que hace del tiempo, del tiempo cotidiano una carga penosa. Porque ya nadie rema en galeras. Las condiciones laborales son tales, que en cualquier momento se puede prescindir de un trabajador con cualquier pretexto y ayudado por cualquiera de los que se siente seguro, cualquier estómago agradecido. No consiste, tampoco, en una presión sobre quien trabaja, porque se indolente, porque los habrá. Pero el problema es de quien tiene que destacar, sobresalir, distinguirse por el simple hecho de estar por encima. Uno cree a estas alturas de la vida que todos somos necesarios, no imprescindibles pero para que haya algo brillante debe de haber algo mate. Hablamos de este tiempo, que resulta enconoso, inmóvil, insoportable, eterno. Porque es el tiempo del vivir, del ser, del estar. Es el que ocupa la mayor parte de la vida. Cuando pase, puede ser que suponga hasta una broma. Sin embargo, he ahí la tragedia. Después, lo que queda es una piltrafa que cuenta sus días en una antesala –tiempo escaso-, hasta que le dicen: Te toca. Eres el siguiente. Esta es una de las tragedias del hombre. De las otras, hablaremos con más tiempo.

Moteros

Domingo, 24 de Mayo de 2009

José Ruiz Guirado

NO me gustan las motos. Quizás sea porque nunca he tenido una. Aunque no sé seguro si de tenerla me hubiera gustado. Esas cosas se saben. Se tengan o no, hay algo que te dice que si estás de acuerdo o no. Me parece que sucede algo parecido con quien se siente motero o no. Y está hablando de un asunto alguien que la única relación con las motos es mi viaje diario por la Cruz Verde, donde las sufro o no, según quien las conduzca. Imagino, que como en cualquier actividad hay gilipollas –con perdón- o no. Posiblemente con los que me he cruzado sean estos. Chiflados que se juegan el tipo, o lo que es peor, provocan que se lo juegue uno. Estos individuos no pueden tener relación de afecto con una máquina que usan para correr sin cabeza. Tampoco es sencillo hablar de algo desde fuera. Puede que incluso, esa locura, esa manera de entenderlo forme parte de toda la parafernalia. Incluso, si fuera motero quién sabe si haría también esas tonterías. Pero por más que lo intentara, no lo conseguiría. Hay algo que es admirable en esta conducta: el valor que se ha de necesitar para tomar las curvas a la velocidad que lo hacen. Se me acaba de subir el gato a dar su punto de vista. Por la forma de mirar me está preguntando algo así como: Y a ti qué se te ha perdido en un asunto que ni te va ni te viene. Lleva razón Trufi. Igual es que está asustado. Porque mañana se debe de casar alguien en el pueblo ,y, cuando esto sucede, se pasan la noche entera tirando petardos. Además de la tormenta que no cesó de tronar. Todo puede ser. Seguimos con las motos, ya que le hemos tomado. Me hacen menos gracia, ninguna, las que se meten por todas las trochas, espantan vacas, caballos y ovejas. Como no lo entiendo y lo estoy juzgando desde lo que desprecio, no llegó a entender qué mueve a alguien el jugarse la salud. Claro que si todos pensáramos igual no existirían tantos riesgos, tantos proyectos, tantas locuras que, no sólo han cambiado el mundo, sino que ha caracterizado las vanguardias. Además, aquí no estamos para ponernos en una actitud maniquea, absurda, retrógrada. Es algo más simple y sencillo: no te interesa, pues déjalo para quienes sí lo sientan como algo propio. Déjalo y ponte a mirar. Hay que pensar que si esta pasión mueve a tantos corazones algo tendrá. Pero no por ello vamos todos a seguirlo. En mi caso, no soy partidario de seguir a casi nadie. Siendo niño he jugado como el resto de los chicos. Pero no siempre he hecho lo que hacía el resto. Me estoy acordando de algo que me está provocando una sonrisa. Todos argumentaban que al pan no se le echaba sal, que su sabor era por sí. Si embargo, sin saberlo, apostaba que debería de llevarlo. Decidimos entrar por fin en una panadería y preguntarlo. Efectivamente, se le echaba sal, lo que me convirtió en un bicho raro. Recuerdo que ni siquiera entré con los demás, porque tampoco lo sabía. Cuando hice la Mili me pasó algo parecido. Pero en esta ocasión sí sabía de lo que hablaba. Se trataba de un tema baladí. Pero que me granjeó la animadversión hacia los compañeros. Con el teniente, que defendió mi postura tuve después una amistad, cuando apostó por una cadena local de televisión tiempo después. En esta ocasión he preferido no volver a las andadas. A ver que aquí no se está diciendo nada más que ni son todos los que están, ni están todos los que son. Que se vive una vez. Es posible que haya tiempo para rectificar. Y además todos tenemos derecho a equivocarnos. Bueno, lo de hoy es caso particular. Igual, es que había poco de lo que hablar ,y, nos hemos liado en un galimatías. No, si llevaba razón el gato. Quién me manda a mí meterme en camisa de once varas. Zapatero a tus zapatos.

Mis animales

Viernes, 22 de Mayo de 2009

José Ruiz Guirado

LA bajada hoy del Puerto de la Cruz Verde ha sido como la de los ciclistas: a tumba abierta. Pero, no éramos nosotros, sino quienes subían. La impaciencia hace que se lancen a adelantar cuantos coches tienen delante. Nos hemos librado por los pelos. Un poco antes, casi atropellamos a un perro que lleva abandonado varios días por el pueblo. Apenas podía caminar el animal. Ya le han debido de dar algún golpe. Se le ve escuálido. Y es un perro precioso. Se conoce que alguien se ha cansado de él. Y lo ha soltado lejos de donde vive. Un animal, acostumbrado a que le alimenten, pese a su instinto, durará poco. Puede que se haga con alguna gallina, si le quedan fuerzas. Lo de los perros ( los animales que se abandonan ) es una faena. El animal no te lo ha pedido, no puedes: no. Puedes: sí. Tiene la misma cantidad de letras. No se debería jugar con sus vidas. Pero somos así. Estos días anduve como un “perro”, valga la expresión. Me han tenido ocupados diversos trabajos que ya han visto la luz en el n: 210 de la revista Letralia. “Aproximación a la mitología de Galicia”. También había dos cuentos: “El invisible insomne”, y el “Zaburdón”, que ya se han rematado y enviados al lugar correspondientes. Intenso, pero gratificante. Lo importante no es comenzar algo, sino acabarlo. Eso es. Empezar, se empieza. Insistir, persistir y rematarlo. Me de rabia y me apena lo del pobre perro. Si por mí fuera, tenía todos los perros. Pero volvemos a lo de antes. Tuve una perra –“Chula”-, que me acompañó en mi infancia. Era de mis tíos y siempre estaba atada con una cadena a la ventana de la casa, que era un piso bajo, que daba a la calle. Como mis tíos solo tuvieron chicas, pocas veces la sacaban. A mí me encantaba y me la llevaba conmigo. Era una perra lista, obediente y fiel. En cierta ocasión se soltó de la cadena y se tiró a un par de muchachos, que eran mellizos ,y, se precipitaron por el terraplén. Decidieron mis tíos dársela a unos vecinos para cuidar reses bravas en una dehesa cercana. Pasaron los años y estos dos muchachos a los que se les tiró la perra, acabaron uno en la cárcel y otro, muerto en una cuneta de la carretera. Posiblemente por un ajuste de cuentas. Se trataba de dos piezas de cuidado. Ya lo había sabido la perra, años antes. Había intuido con su instinto que aquellos eran de cuidado. Y así fue. Hace un par de años me regalaron un perrillo unos amigos, porque en su casa no lo podían tener. A mi espesa le hacía compañía, porque era un juguete. Conmigo se venía a cerrar a las gallinas. Se sentaba delante del corral y allí no se movía ni una. Una mañana me lo llevé a una finca a cortar leña para la estufa. Se me escapó una vez y tuve que ir en su busca. Insistió otra vez ,y, como veía que tardaba no me fié. Se conoce que alguna vaca le tuvo que dar un golpe o le lanzó contra la tapia. Porque allí me lo encontré muerto. Es que era un perro, pese a ser tan pequeño, que tenía genio, temperamento. Nunca le pude tener con los perros grandes, porque el primer día se fue a morder al Tobi, que es perrazo. Le dio un golpe y casi no lo cuenta. Cuando lo vi allí, tumbado, inmóvil me lo imaginé. Luego, viendo la boca llena de sangre se confirmaron mis temores. Lo sentí. De qué manera lo sentí. Porque era cariñoso, listo como él solo, zalamero. Cada noche me estaba esperando para acompañarme. Y, en cuanto me olía o me sentía, ya ladraba y daba saltos de alegría. Tardé en olvidarle. Todavía me acuerdo. Aunque ahora me acompaña Nico, que es gato negro, que es asó como un gatiperro. Este se sube en el tajado. Cuando acabo, se vuelve conmigo hasta casa. Duerme en el garaje-trastero con otro gato, Chiqui, que es hermano. Se echan los dos a dormir en la cesta del perrillo, hasta el día siguiente, que se marchan por ahí. Claro que, quien más lo sintió fue mi esposa, porque yo sigo sacando al campo a mis otros tres perros: Tobi, Nana y Chimi, hija de estos.

Quién le pone el cascabel al gato

Martes, 19 de Mayo de 2009

José Ruiz Guirado

SIEMPRE es bueno que haya niños chicos para echarle las culpas de lo que pasa. Tengo un vecino (no es el bueno de Emilio), que nunca es capaz de decirte nada a la cara. Aprovecha cualquier ocasión para contárselo a éste o a aquél y, de alguna manera llega al destinatario. Es un método muy socorrido. En el medio laboral se ha convertido en el correo electrónico de viva voz. Que quiere uno quejarse de alguna situación, de alguien, ya no se va al despecho como se hacía antes y daba uno la cara: “Me pasa esto”. Se esconde uno en el anonimato, denuncia, acusa; pero nadie podrá decir quién ha sido y el asunto se hará público. Es algo así como lo de buscar novia escondido detrás de unos mensajes. Igual hay suerte. Aunque lo más probable es que se lleve uno un chasco, cuando no una desagradable sorpresa. Qué está pasando. Por qué este comportamiento cobarde. No hay más hermoso, ni más honesto, ni más agradecido que la aceptación o el rechazo de una persona, a la cara, con sus lágrimas o sus sonrisas, o sus besos. Son recuerdos que uno se guarda para siempre. Claro que, en este momento en el que se vive, la mentira, la hipocresía, la falsedad (digo en este momento, porque es el que nos ha tocado vivir, apechugar con él, que, no hay nada nuevo bajo la capa del sol) son la forma habitual de la convivencia. ( Lo de esconderse para enamorar a alguien es nuevo, aunque siempre haya habido tarados. Pero tarde o temprano han tenido que dar la cara.) Quite usted todos estos factores a las relaciones sociales y se las ha cargado de un plumazo. Otro asunto es el encubrimiento, el no actuar cuando hay que hacerlo. El defender lo indefendible. Claro que, bien mirado viene a ser lo mismo. A ver quien le pone el cascabel al gato. Si no hay nada nuevo. Tampoco sería correcto. El hombre cambia el mundo, pero él sigue como el primer día que lo habitó, a mamporrazos. Lo que ha cambiado son los útiles con los que mamporrea. De la piedra, la honda o la lanza ha pasado al Internet, desde donde golpea. Golpea la moral, la dignidad, miente, se esconde y arremete. Pero lo mismo que el vecino: lo dejan caer sin saber quién tiró la piedra y escondió el brazo. Así, a la chita callando, llega a unos y a otros, incluso al destinatario. Que en el fondo y en la piel es lo que se buscaba. Si nos quitan esta mampara cómo nos vamos a zafar. Un buen día me llamó una conocida, que se acordó de mí, para pedirme unos datos históricos de una propiedad antigua. La remití a la persona idónea, sino la que podría informarla. Cuando me encontré con este amigo, me lo dijo: “Lo que buscaba era la procedencia del dinero para comprar esa propiedad. Oiga, yo podría saber del origen histórico del cuándo y dónde, pero no del cómo. Y qué le dice usted a quien me llamó. Que se ha confundido de puerto. Es lo de antes. Te lo cuentan, tú lo dices y si cuela por algún azar. Pues ahí está. Y si consiguiésemos hacernos con las relaciones sociales, otras nos inventaríamos, que para darle al magín y sacarle provecho, habrá siempre alguien. Ahí va un fraile. Siempre le contestaba mi padre: Déjele que no va en balde.

Mario Benedetti

Lunes, 18 de Mayo de 2009

José Ruiz Guirado

CUANDO una celebridad se muere, enseguida le aparecen conocidos que revelan anécdotas desconocidas del finado. Claro, como ya no se puede desmentir, pues queda muy bien. Un servidor no ha tenido la fortuna de conocerlo. Y lo siente, porque tiene uno la impresión de haberse perdido la oportunidad de conocer a un hombre cercano, sencillo, humilde y lúcido. Aunque no haya sido así, al menos, como el resto de los mortales, sí ha tenido la fortuna de conocer al autor. Y si siguiendo el mandato de Cervantes, el hombre es hijo de sus obras, pues, en éstas trasluce su honestidad. Hace años, bastantes, conocí a unos emigrantes uruguayos que pretendieron –porque no lo consiguieron- establecerse en España; pero les fue mal y malvendieron todo para volverse a su país. Una tarde, no sé cómo surgió, hablamos de sus recuerdos allá. Y, curiosamente, uno de ellos fue la figura del escritor, aunque no viviera allí. Pero sus poemas, de alguna manera les hablaba de lo que conocían, de lo que les era cercano y propio. No hay mejor manera de hablar de alguien. Cuando con su obra es capaz de formar parte de la memoria colectiva de un país, sobran los adjetivos, los recordatorios pomposos. Era uno más, y lo fue siempre (taquígrafo, cajero, vendedor, contable…). Alguien con quien podía uno encontrarse en cualquier calle y parar a tomarse unos vinos en la taberna más próxima, sin sentirse incómodo por su autoridad. Porque, no sé si patino –creo que no-, se estaría muy a gusto con alguien que ha entendido la vida como una estancia más, en la que no hay que justificar más que la propia existencia, lo cotidiano, sin petulancia. Voy algo más allá. A Benedetti –continúo con Cervantes, con quien haría muy buenas migas-, le valdría lo que se dijo del personaje al que fueron a enterrar porque murió de desamor de la sin par Marcela (no fue así según explica convincentemente ella): “ Grave sin presunción, alegre sin bajeza.” Tiene uno esta impresión a juzgar por lo que ha escrito, para quién ha escrito y qué ha escrito. Porque en esa fabulación están representados quienes no tienen voz ni voto. Esas personas anónimas, grises, anodinas –que somos el común-, que pasan por esta vida como si no lo hicieran. Nacen, crecen, viven, trabajan y mueren. Pero, a la vez sufren, padecen, piensan, opinan y hasta influyen llegado el caso, aunque no fuera más que en el destino de los que les prosiguen. Otros brillantes autores nos han regalado viajes, historias, lujos alcanzables para muchos sólo a través de estas páginas. Benedetti es de los que se han sentado a llorar con los suyos, o se ha arremangado para segar con ellos si llega el caso. O han comprendido a quien nadie ve, ni oye, ni escucha, porque no pertenecen a las grandes cifras, a las estadísticas, a los números inleíbles. Son los de carne y hueso, los que se hacen viejos sin mirarse un solo día al espejo del baño de su casa. Lo dice el propio autor de una manera clara y limpia:

“Ustedes cuando aman
Exigen bienestar
una cama de cedro
y un colchón especial
nosotros cuando amamos
es fácil de arreglar
con sábanas qué bueno
sin sábanas da igual”

Fuentes fidedignas

Domingo, 17 de Mayo de 2009

José Ruiz Guirado

YA estoy aquí. Esas cosas, las tareas, las urgencias, los asuntos que surgen de manera improvisa y te traen de cabeza. Pasamos San Isidro como un puente más, a cumplir, salvo en Santa María donde, como cada año, degustamos la comida al aire libre. El abandono del medio rural va a traer consigo la desaparición del Santo. Si no va a ver quien cultive el agro, no se va a necesitar santo que lo bendiga. Mal asunto. Comentaba la otra siesta –no es errata- una vecina; era más crítica que comentario y, eran más pelusa que otra cosa. “Qué necesidad tienen de andar gastando el dinero en plantas y trabajando el huerto, con lo que cuestan los tomates en el Súper”. La verdad, es que el esfuerzo es grande. El resultado también. Volvamos al campo, al de la música. Uno en esta materia es un lego. Pero desde que ganaron nuestros clásicos de Eurovisión ,y, desde la estructuración de la nueva Europa, igual se deberían pensar el ir a un festival donde se votan unos a otros los vecinos. Y, de paso, evitan el mal trago a los que allí envían a –no sé si a hacerles la puñeta -. Como la que me hicieron anoche a mí. A los chavales del pueblo les da por fumarse unos porros, noche sí y noche también. Y de paso si hay puente, pues con mayor motivo de celebración. Y ya, puestos, según a quien le toque la “lobá” (mi vecino Emilio llama así a las barrabasadas que hacemos las personas contra las propiedades ajenas, las propias personas o las cosas). Anoche, se conoce que les tocó a los perros. No se les ocurrió otra cosa que romper una ventana. Un perro se escapó –ya volverá a la querencia, cuando le acuda el hambre y cuando se le pase el celo, que es hembra-. El más grande no pudo porque no cabe por el ventanuco. Pero si lo hubiera hecho, igual a más de uno se le hubiera pasado el colocón de ipso facto. Son esas edades que da en hacer daño de forma gratuita. Luego, con el paso a otro ciclo se les pasa, o se dedican a ello. Y contribuyen a los censos de la delincuencia activa. Que todo tiene su función según se mire. De todas maneras, podía haber seguido ausentándome de mi cita algo más ,e, igual hubiera venido con mejores nuevas. Me parezco –todo se pega- a los del cotilleo, que vienen con sus chismes de comadres a informar al personal. Lo que aquí cambia –y eso está bien- , es que aparecen con carpetas de folios. O sea, bien documentados, para decirnos lo de la comunión de la una, la separación de la otra. Se conoce que alguien les ha debido de decir que como se llevan un pastón, pues que se vea algo de oficio, de profesionalidad. Que está muy bien eso de exhibir documentos en un momento determinado. Claro, al realizador, con muy buen criterio –pesando en sus garbanzos- no se le ocurre ofrecer un primer plano del documento, porque si se leyera algo así como. “Me lo ha dicho la vecina en el rellano cuando se iba a la plaza.” Es importante en periodismo que las fuentes de información siempre sean fidedignas o lo más aproximado posible. ¿Y el resto de los folios? No me haga usted esa pregunta. Notas. Lleva usted razón. En un momento determinado falla la memoria y hay que tirar de chuleta. Además de esto está el empaque, la apostura que no pude fallar. Cuando hay que defender un argumento de peso, no sólo hay que hacerlo con datos, también hay que poner algo de credibilidad. Pero para decir que se ha separado fulanita. Hay entra el gallinero en acción para crear un poco de ruido y lucirse el presentador. No si la cosa tiene su aquel. Bueno, a ver si la próxima venimos con algo más serio. Oiga que esto es más serio de lo que parece. Quien no esté el cabo de la calle de lo de Eurovisión ( y gracias al auxilio de Andorra y Portugal), la comunión y la separación de sus respectivas. La consecución de la liga por el Barcelona, también es una noticia que interesa a la peña interesada en lo futbolero, no vive el presente de la actualidad patria. Otra cosa bien distinta es la política, que tiene otros derroteros, otros mentideros y otros informadores, también documentados para la ocasión.

Ni eremita, ni Edad Media: elección propia

Jueves, 14 de Mayo de 2009

José Ruiz Guirado

ESTA mañana ha soplado y lo sigue haciendo un aire enconoso y frío. Está la atmósfera rara. A ver ya a partir de mañana, nos proporciona San Isidro un poco de lluvia y se va este aire al Norte. Hice –acompañado de mi vecino Emilio- un viaje por el tiempo en el pueblo (no es una paradoja). En un espacio tan pequeño, se puede uno encontrar con una historia, un pasado, unas tradiciones y una forma de vivir que se lo han ido comiendo las zarzas, al igual que lo ha hecho con las entradas a los huertos, las acequias, los pajares. He podido saber de primera mano el oficio de los propietarios de cada herrén, de cada parcela, de cada propiedad. Y, curiosamente, la profesión de aquéllos, es la que ha proporcionado las propiedades posteriormente. Fruteros, lecheros, pajeros se han llevado la mejor parte. Quién lo pensaría. Los escasos huertos que perviven están bien cuidados. Tiene uno la impresión de estar en medio de un tiempo pasado, derruido, caído, abandonado, hundido; pero nadie quiere que sea de otra forma y prefieren que siga así. Después me bajé a la “civilización”, a los supermercados, a las carreteras. Todo lleno. El puente ha vuelto a llenarlo. Vamos a ver. Nadie piense que estamos en la Edad Media. Es una forma que tiene el autor de estas confesiones, estos artículos o lo que uno quiera, de llamarlos. La prueba, es que esta noche estoy en Internet comunicándome con el mundo. Además si se mira desde un punto de vista, es un lujo cambiar en nueve kilómetros y cuatrocientos metros de altura de una época a otra. No es así. Lo que sucede, es que uno se toma la vida, o mejor dicho, intenta reflejarlo de una forma diferente. Tampoco. A ver si ahora nos van a tomar por lo que no es. Que en la Casa de Cultura hay ordenadores donde concertarse a la Red. No voy a negar que no me gusten los pueblos, los sitios tranquilos. Una época corta, por fortuna, viví sin saberlo, hasta que llegó el verano, viví cerca de un lugar donde había varias discotecas al aire libre. Aquello era un infierno, una pesadilla. Creí que me moría. Me pasé noches y noches en busca de la policía para que comprobasen el nivel de ruido. Se rieron de mí. Les daba exactamente. Pienso ahora, que les vendría bien tomarse allí una copita al fresco de la noche, mientras pasaban las horas de trabajo. Me tuve que ir. Y haré cuanto pueda por no vivir jamás donde haya ruido. Me refiero un ruido que te haga enfermar. Aparte de esto, me gusta este tipo de vida. Mis hijas no lo entienden. Pero porque no están en edad de entender estas cosas. No sé, espero no equivocarme, sin embargo, algún día se darán cuenta. De todas formas la manera como se está desarrollando la vida, no sabe uno qué pasara. Pase lo que pase. Esta es mi decisión, mi apuesta. Que paso por un eremita, mejor; que pasó por un antiguo, no importa; que paso por un viejo, ya no soy un niño. Hay algo que me parece aterrador. Claro, igual este pensamiento en una situación concreta, puede parecer absurdo. Pero cuando contemplo a todos esos abueletes en un asilo, en una residencia, agotando los últimos días de su vida, frente a los que en el pueblo viven con sus hijos y nietos, los creo más felices, más de acuerdo con lo que debería de ser la vida. Es cierto que unos y otros están contando el tiempo. También es verdad que cada caso es un mundo. A un servidor le gusta, prefiere la libertad de este lugar pese a todo. Qué le vamos a hacer. Yo estoy en esto por elección. Se admiten adjetivos. Mientras tanto, seguiré llenando estas páginas con lo que se pueda.