Doceavo
Domingo, 31 de Mayo de 2009José Ruiz Guirado
ESTE amigo mío, como es hijo de maestro, sabe lo suyo, lo que le ha enseñado su padre y lo que ha aprendido él de su cosecha y aplicación. Me lo dijo ayer. (Siempre me llama de usted). “¿Sabe usted en el lugar que quedé?” Porque también hace su deporte. “No, señor”. “El doceavo”. “Me lo dijo una persona educada, preparada y culta”. “Y qué le dijo usted”. “Pues que me conformaba con haber quedado el duodécimo”. “Es que como soy de Ciencias”. (El hijo del maestro que es un hombre de mundo, diría para sí: “con mayor motivo sabrá de quebrados”). En ese momento estaba escribiendo un apellido que no admite más que la uve. “¿Con be, verdad?” “Nunca.” “Es que como yo soy vasco”. Además de educado, preparado, culto, es vasco. “¿Y eso qué tendrá qué ver? A estas alturas, ya uno habrá podido deducir, sin demasiado esfuerzo, que ni es vasco, ni culto, ni educado, ni está preparado. “Y le va quitar usted la ilusión de engañarse solo”. “Ni hablar”. Evidentemente no se puede hacer. Le crea usted a la criatura un trauma del que no se recupera de por vida.”¿Es joven?” “Los cuarenta ya no los cumple”. Hay cosas que se olvidan si no se usan. Es normal. Usted le pregunta a un bachiller por la efemérides de ayer, por ejemplo en el año de 1248, y, no se acuerda de la conquista de Sevilla. Eso es comprensible. Pero para ello están los libros, los diccionarios. Si ahora pincha usted en Internet y le sale hasta el origen del mecanismo de la pinza de tender la ropa en la cuerda. Ahora que lo dice. Hay que entenderlo. Tiene que haber persona preparadas, más preparadas y menos preparadas para establecer alguna diferencia lógica. De lo contrario, cómo se sabría. Si no hubiera altos, bajos, gordos, delgados, feos y guapos, no sabríamos quién es quién por no tener un modelo a comparar. Además, a estas personas tan preparadas no se les debe de llevar la contraria, porque sería un asunto de mal gusto. “Me está usted tomando el pelo. No sabe el refrán que reza, dime de lo que presumes…” En este caso no hay que hacer uso del refranero. Igual se lo espetas a la cara y te contesta que está en tratamiento. “Y qué hace usted”. Lo mejor en estos casos es dejar estar. A ver si me entiende. Que el personal no se chupa el dedo. Y enseguida se percata del asunto. Pero que pasa en las mejores familias. Siempre ha de haber alguien que necesite de más cariño que otros, de más compresión. Hay que oírles con más atención. Hay que tratarles con más delicadeza. Luego, el problema viene cuando se hacen grandes y ya andan sueltos por la vida. Todo depende con quien se topen. Porque si es alguien que le da igual, pues no hay problema. Si se trata de alguien que no sabe, a lo sumo se puede sorprender con las palabrejas que emplea. Ya si es el hijo del maestro, pues igual en un acto osadía, podía decirle: “Faltó usted a clase el día que dieron los quebrados”. Pero esto no se lo dirá porque se va a notar mucho que es hijo de maestro y por principios. A lo sumo le dirá, ocurrentemente: “Con ese puesto proporcional me conformo para mi nivel.” Es lo que tiene el estar muy preparado, que perdona las deficiencias ajenas.