Archivo de Junio de 2009

Cacos nacionales

Lunes, 29 de Junio de 2009

José Ruiz Guirado

NO crean ustedes que estoy muy puesto. Quizá me pueda el cansancio. Estos días las tareas campesinas son agotadoras. No se acaban. Lo único, la alegría de recoger las primeras hortalizas. Además ya están aquí las vacaciones veraniegas aunque aún no nos toque. Al pueblo vendrán los de las motos a dar la vara todas las tardes. Hoy me miraba mi perro como si quisiera decirme algo. Se van notando cómo pasan por él los años. Ya llevamos muchos veranos y muchos inviernos juntos y nos hemos hecho amigos y nos tenemos cariño. Cada vez es más noble, más obediente. Nunca me ha dado problemas, salvo algún disgusto, que eran asuntos de la Naturaleza. Tiene una hija que es como él, incluso más dócil. Se parecen tanto que a veces los confundo. Aquí vivimos sin sobresaltos. No nos pasa como al presidente de Honduras, a quien le han levantado de la cama y en pijama se le han quitado de en medio. Aunque se vaya por la fuerza, hay que dejarle que se vista. Las buenas maneras no hay que perderlas. Claro que, habrá dicho algún mílite, no se vaya a escapar por la ventana. Es lo que tiene el cine, que enseña. Igual sucede con quienes avisan de las cosas que se han de hacer para irse de vacaciones. No sabe uno, pero tiene la impresión de dejárselo en bandeja a los cacos. Había que hacerlo al revés, porque lo otro ya se lo han dicho. Ahora los cacos son personas sin escrúpulos, sin sentimientos. Armados hasta los dientes. Que se pone alguien por medio se lo cargan. Además son extranjeros la mayoría. No es que sea uno racista con los chorizos, pero que los del país tienen otra consideración. “No se lleve usted todo que soy viuda y a ver cómo hago”. “No se preocupe que solo voy a robar lo suntuoso.” En esas condiciones casi le invita uno al caco a un cafelito con hielo. Porque los otros, encima de robar le vacían a uno la nevera. Y se ponen a cenar en la cocina como si tal cosa. Me decía un amigo que le habían entrado a robar, que le preguntó el guardia si había comido una lata de mejillones, porque a ese le tienen fichado. Se conoce que le va y no perdona una sola lata. “Y prefiere alguna marca”. “Con que sea de las Rías Baixas, vale”. Debe de serle gallego el guardia, porque pone énfasis y no lo dice con jota. Es que la tierra de uno siempre se lleva, incluso en el uniforme. Cualquiera se fía de estos ladrones tan preparados y tan asesinos. Uno se quiere imaginar que el caco nacional, antes de actuar lo comentará con su señora. “Hoy tengo que robar en casa de Fulanita”. “Pues con esa no tengas reparos que le sobre el dinero”. Otra cosa es si se trata de otra situación económica. “Hoy me tomo el día libre, porque esa familia está peor que nosotros”. Que tienen su corazón, su dignidad, su profesionalidad. No se puede ir por ahí dejando al personal medio muerto. Esos no son cacos, esos son criminales que tienen que vivir del robo. Menuda le pegaron al Moreno. Casi no le salvan ni sus muñecos. Lo siento, hoy no hay para más.

Pop

Domingo, 28 de Junio de 2009

José Ruiz Guirado

NOS sorprendió a todos la muerte del cantante. Porque este tipo de personas, tan excéntricas, le temen como nadie. Lo demás forma parte de la parafernalia del vender, del convertirse en un ídolo. Al margen de todo esto, después de Los Beatles, Jackson ha sido quien ha hecho escuela con el pop. Ya da igual a quien se le haya ido la mano. Otras cosas son los procedimientos judiciales, caso de haber habido negligencias. Se ha ido un genio que no quiso ser negro, pese a llevarlo en la sangre. Ahí cada uno es libre de hacer de su capa un sayo. Otros se convierten en mujeres. Otros ponen bombas. En este caso, lo que importa, es que en lo suyo fue ingenio irrefutable que dio mucho de sí. Así es esto. Quien escribe no tiene una educación musical, pero no deja de reconocer que lo oído y lo visto era especial. Uno de los grandes pintores de San Lorenzo- Alfredo del Moral- (es una lástima que los frescos que dejó en el Casino se hayan dejado estropear de esa manera) contaba que para esculpir las caras de las estatuas elegía a personas de la calle. Y cuando las acababa, las tapaba con una sábana, para después invitar a los niños que jugaban en la calle a verlas. Según la reacción de su cara, sabía si la obra merecía o no la pena. Lo mismo sucede con la música. Cierra uno los ojos, la escucha y sabe si agrada, convence y en este caso, conmueve. Entonces, es buena. Salvando las distancias, a este muchacho se le podía comparar en España con Camarón. Otro genio, al que nadie le va a llegar ni de lejos, que dejó su vida ahí. Bueno, será que lo da la genialidad. Sigo diciendo lo de antes. He escuchado su cante, frente a otros y su flamenco convence, llega. Tiene otro punto. Lo que son las cosas. Hoy nos ha dado por la música. Vamos a arreglarlo. No es que nos haya dado por la música. Sucede que no podíamos pasar por alto este suceso luctuoso, tratándose de alguien a quien en lo personal se mostraba como un mamarracho; pero en lo musical sí merece todo el respeto. Hay por ahí mamarrachos, que no dejan de hacer la puñeta y pasan por respetables. Además, oiga (este es un broma de un amigo) que a mis gallinas les leo Neruda. Que porque uno viva en la montaña va a ser un rústico. Aquí llega la música clásica. Y cuando no, no hace falta más que sentarse en una roca, al olor del piornal y sentir el silencio de estas montañas, la música que trae el viento. No es preciso más, ni mirar en los niños sus ojos de asombro como hacía el pintor. Sin ser un entendido. Si nunca hubiéramos oído una nota musical, en esta paz entenderíamos todas las cadencias. Porque la paz, el sosiego, la quietud tiene su ritmo. Y ese es irrepetible. El problema que tiene, es que hay que saber escucharlo. Estar atento al instante. De lo contrario no lo oiremos. Esos sonidos también son irrepetibles, inmarcesibles, inconfundibles, indecibles (como diría un amigo castizo, me he tirado aquí el pisto para oponerme al “no” que se utiliza, seguido del participio, cuando se trata de un verbo; verbigracia: “La no puntualidad”. Pero vamos a ver: La impuntualiad). Hemos roto el ritmo, pero no la magia.

Despertar bien

Jueves, 25 de Junio de 2009

José Ruiz Guirado

PASÓ San Juan, como pasa todo. Es lo que tiene la vida, que su ciclo continúa irreversiblemente. Además, nuestro país es más infeliz porque perdió la selección. Qué se le va a hacer. No nos queda otra que arrastrar los días como podamos. Así hasta que llegue el día que no haya más hojas del almanaque que arrancar. Pero no nos pongamos transcendentes que tenemos todo el verano por delante para meditar. Esto no acaba más que empezar y hay que tomárselo con calma, que hay para todos. Debería de ser más sencillo sobrevivir, estar aquí, buscarse las habichuelas. Sin embargo, es bronco, incómodo, agridulce. Es así este invento y mientras no se pruebe con otra fórmula que dé resultado, no queda más que continuar. Hace unos años había de realizar el viaje Pontevedra-Madrid, porque mi familia estaba allí. Se hacía eterno el recorrerse el trayecto, por lo general de noche, porque uno aprovechaba hasta las últimas horas del día para dejar a la familia. En el verano se hacía más llevadero. Pero en el invierno, suponía un calvario sortear hielos, nieve, viento y lluvia. Cuántas noches había que parar porque el sueño no te dejaba continuar. Una noche viajaba con mi hijo y escuchábamos en la Radio, a altas horas, un programa en el que un vigilante quería dedicarle una canción a su esposa que estaba durmiendo. El locutor insistía en que no eran horas para despertar a nadie con una canción. (Se conoce que llamaría antes para avisar y se encontraría con el pastel.) Por más que insistió el vigilante no estaba dispuesto a negarle a su esposa las muestras de cariño que merecía. Así que llamó y le cogió el teléfono un señor. “Dígame”. “Por favor, que se ponga fulanita”. “Es para ti”. El vigilante, entregado a sus propósitos tardó en reaccionar. “¿Quién me ha cogido el teléfono?” “El portero, que me está arreglando la cañería”. “A estas horas”. “Es que el agua es muy caprichosa”. A groso modo éste el relato de los sucesos. El resto, que cada cual ponga de su imaginación. Aunque lo cierto es que fue muy gracioso, aunque imagino que no tanto para el vigilante. Poco después, conducía mi hijo. Dio un cabezazo y se quedó dormido. “Frena. Frena”. Tuvimos que tirarnos los dos del coche para no chocar de frente contra el camión que se nos echaba encima. En ese momento, me desperté tirado en el suelo donde habíamos parado a dormir. Aunque fue una experiencia terrible, todo acabó cuando se despertó. Podría ser siempre así.

Noche de San Juan

Martes, 23 de Junio de 2009

José Ruiz Guirado

ESTA noche tiene un carácter especial. Es de esas noches en las que la Naturaleza quiere ponerse de acuerdo con el hombre, aunque éste no tanto. Tengo escrito –sobre todo en Diario de Pontevedra- sobre las hogueras que ha de saltarse esta noche, de las plantas y del agua que ponemos a macerar para lavarse con ellas al día siguiente. Anoche cuando fui a dar de comer a los perros y a cerrar a las gallinas para que la zorra no me haga de las suyas, vi las primeras luciérnagas. Esa luz verdiazul dispuesta como velas por el camino. Se conoce que su querencia les hace posarse en los mismos lugares o cercanos. Es una maravilla ver los puntos de luz entre las zarzas y los roquedales que le sobresalen a los pajares. Los grillos ponen música a la noche. Y ellas, con su luz, anuncian que ya está aquí el calor. Y esta noche, junto a las hogueras lejanas, ellas, con su presencia, también se suman a la fiesta del fuego. Está la noche queda y las estrellas rutilantes. Siendo todas las noches iguales, parecidas; ésta lo es diferente o la hacemos diferente. Pasó el día, pasó la romería. Aquí sucede algo parecido. Esta noche somos nosotros quien va a celebrar la llegada de otra nueva estación de la vida que se renueva cada año. Lo triste, es que mañana mismo, sin esperar más, volveremos a quemar los montes, ensuciar los mares, matarnos. Quizá esa sea nuestra manera anual de festejarlo. Las luciérnagas ponen su luz; los grillos, sus trinos; las plantas, sus aromas; las estrellas, su presencia. Y nosotros, que estamos sobre todo: lo destruimos. Es nuestra contribución a la Noche de San Juan. Somos imbéciles. Hace algún tiempo leí una pintada en una fachada, que no he olvidado. “Cuando arraséis los mares y los dejéis sin peces, queméis los montes y ya no llueva. ¿Qué vais a comer?” Simplificó al autor de la pintada, pero sabía por dónde iban los tiros. Esta noche un servidor, después de recoger las hierbas de San Juan, me sentaré en la oscuridad de la noche (seguramente estará a mi lado el Nico, que siempre me acompaña –ahora también se incorporará el Chiqui-) ,y, posiblemente nos pongamos a contar estrellas o a mirar la luz de las luciérnagas. Y no hagamos nada más, porque tampoco podemos hacer más que meditar en el abismo, en lo tontos que somos tirando piedras contra nuestro propio tejado. Lejos de aquí ya estarán saltando las hogueras, cuando no degustando sardinas, que en esta época están en comida. Y cada vez que saltan –en número impar- pedirán cuanto deseen. Este año, al menos en Galicia, han prohibido hacer las hogueras en las playas, porque dejan todo empantanado. Lo que estamos diciendo. Somos así. Al menos esta noche pararemos. Estaremos de acuerdo con lo que nos rodea. Si nadie nos secunda, un servidor y mis dos gatos participaremos en la fiesta de San Juan, en silencio. Con nuestro silencio, el coro de los grillos, la luz de las luciérnagas y el brillo de la luna. Sé que en Alicante queman unas hogueras, tan impresionantes como las Fallas en Valencia. Nosotros no vamos a quemar nada. Vamos a ser testigos de lo diminutos que somos frente a lo que nos rodea. Igual, si se tercia, cantamos una canción:

“Nochecita de verano,
Nochecita de San Juan.
Cuando volvían los mozos,
Los gallos cantaban ya.”

La verdad

Lunes, 22 de Junio de 2009

José Ruiz Guirado

LO malo de la verdad es que es implacable. Acabamos de entrar en una controversia, porque la cara opuesta es la mentira. Pero la mentira frente a la verdad es débil, escurridiza, enana, chata, insostenible. El problema viene cuando se dicen mentiras tan gordas, que pudieran tener visos de veracidad. Pero a la larga no se sostiene. Claro, ahí está ese entretanto, que puede durar toda una vida. Y aunque la vida es corta, si a uno le echan un sambenito a sus espaldas, puede ser una eternidad. Sin embargo, e, incluso así; la verdad se abre camino por meandros insospechables hasta llegar a su destino. No sé que tiene la verdad, pero la envuelve un halo de legitimidad, de fiabilidad, de honestidad. ¡Ojo, que a veces la verdad puede ser la confesión de actos execrables! Aun así, peor sería ocultarlo, negarlo e inculpar a alguien. Se nota, se distingue cuando se dice la verdad y cuando se miente por muy cínico que se sea, o se esté muy acostumbrado a mentir por sistema. Otra cosa diferente es cuando hay que encubrir a alguien por una causa justa y noble, que nada tiene que ver con el corporativismo cómplice e injusto. No siempre trae buenas consecuencias mentir, sobre todo en esas épocas de formación, en la que temores, quimeras, prejuicios, complejos limitan la personalidad. Una verdad en esa edad y circunstancias, le da a quien tiene el valor de sostenerla un aire de superioridad frente al resto. Las verdades a medias tienen su momento. No se le puede decir –esto es discutible- de sopetón a alguien que se va a morir. Y si no se lo dicen, qué. No sabe uno cómo será ese trance decisivo. Imagino –éste es un pensamiento mío, desde siempre- que no puede ser doloroso. Lo creo a pies juntillas. Otra cosa es hasta que todo se acaba, pasando por una penosa enfermedad. ¿Por qué ha de ser así esto? Esta sí es una gran mentira, o una terrible verdad. Pero ese momento en el que todo se acaba, ha de ser dulce, por fuerza, no puede ser de otra manera. Quien no teme a la muerte es un ser libre. Porque, si se pone uno a pensar que empezamos a morirnos en el momento que nacemos y hubiéramos de estar toda la vida con esa espada sobre la cabeza, qué terrible existencia. Asunto diferente, es quien se olvida de esta verdad irrefutable. Se miente por sistema, por necesidad o por intereses. La mentira adulta, la mentira con palabras mayúsculas no deja de ser atroz. No hablo de los mentirosos. Quienes tienen la boca llena de trolas. Que en el fondo son unos pobres diablos. Incluso unos solitarios que precisan justificarse, cuando no auto complacerse. Tampoco se le puede llamar mentiras a sus elucubraciones, a sus invenciones. La mayoría de las veces, necesitan que alguien les escuche o les crea, como quien necesita fumar, beber o tomar café. Se imagina uno una sociedad en la que se diga la verdad en lo trascendente. La verdad es revolucionaria.

Quien canta sus penas espanta

Viernes, 19 de Junio de 2009

José Ruiz Guirado

YA estamos con el calor a cuestas. Ahora diremos aquello: Qué lejos queda el invierno. Lo bueno es que está presto San Juan con muchas rosas y flores. Después, Santa Isabel. Cada año, mi esposa, desde que tiene uso de razón viene recogiendo la víspera las flores para dejarlas toda la noche a macerar y lavarse con ellas a la mañana. No sé si seré capaz de recordar todas: Carrasco, carrasquiño, puenxo, menta, mentraste, hiberbaluisa, hierbabuena, hoja de parra, hoja de caña, hoja de naranjo, hoja de limonero, tomillo, romero, pétalos de rosa. No recuerdo más, que seguro lo habrá. Por tierras de Castilla no hay costumbre, pero por Galicia, le venden a uno ya el ramillete con todas las plantas en la Plaza de Abastos. Es una noche especial, como lo es la llegada de cada estación. Sin embargo, la primavera y el verano son diferentes. Suscitan el canto, la música. Ahí está Corbachof, cantando canciones. Aunque esto es caso diferente, porque le mueve el amor de su esposa fallecida. Al saxofonista Charles Lloyd, le gustaría que un sonido suyo llenase de luz el corazón. Diferente es lo de Risto, conocido por sus opiniones imprevistas ( a uno le parece que nada de ello) en el jurado que ejerce. O le llama a uno “disminuido bocal” o le encumbra. Claro, que luego aparece el sentido común y se queda con la primera afirmación. Y ya, por mucho que se quiera arreglar, cuando se le va la mano en la sal, ya no hay tu tía. Ahora se canta menos porque los trabajos no son tan azacanes como en épocas pasadas. Arar, trillar, picar, segar eran tareas de mucho sufrimiento y había que desahogarse de alguna manera. Quien canta sus males espanta. Estos chicos a los que el Risto insulta o alaba, quieren ser cantantes. Pero detrás no tienen un historial de cantar por necesidad imperiosa de no maldecir. Quien no lo consigue y le echa cara al asunto se mete en cualquier programa. No cantará, porque ya no lo hacía, pero se ganará la vida haciendo monadas. Hasta que se canse quien paga o cambie el hacer payasadas por otro asunto, y, se le encuentra uno repartiendo bultos con una furgoneta. “¿No era usted el de…? Así es la vida. Lo decía mi abuelo, lo decía mi padre y ahora me toca a mí a mis hijos: “Primero, buscarse la vida. Después, ya haréis poesía o escaláis el Everest, según os venga en gana. Cuando era crío no entendía qué era eso de no tener donde caerse muerto. Ahora lo veo. Y me moriré repitiendo esta cantinela: Estudiar, saber nos hace libres. Es cierto que como cada año, pasamos del invierno al infierno. Qué calor más pegajosa. Ha de ser así. El problema es que ha llovido poco este año. Y a medida que se acerca uno al Sur, se ven los campos agostados. Como venga seco, nos quedamos sin agua. En el pueblo de mi tío –Albalate de las Nogueras- hace unos años había un río cristalino, donde nos bañábamos y de donde se regaban las huertas. Se ha secado. Ahora es una lengua de piedra y polvo. ¿Dónde se ha ido el agua? Porque hay ríos, arroyos que julio los seca. Después, con el otoño aparece de nuevo la vida junto al agua. Aquí no. Habremos de estar predispuestos al cántico, que llega San Juan y quizá en mi pueblo, en cualquier tapial, a una hora inusual, cuando los grillos celebran el frescor de la noche, se pueda oír el eco perdido de alguna canción de ronda, que, como los fantasmas, se resiste a dejar el pegujal de tierra, o el pajar hundido.

Stop

Martes, 16 de Junio de 2009

José Ruiz Guirado

HA vuelto, como cada año, del Camino de Santiago, un amigo que siempre trae qué contar. A veces no cuenta nada porque se ha despeñado por esos cuestarrones y está enyesado y hospitalizado. Este año trae poca noticia que llevarse a la boca, salvo la del Stop. Según cuenta iban en el coche. Vamos a ver. No estaban haciendo un camino clasista. Buscaban el lugar desde donde comenzarían. Y le preguntaron al paisano. “Hacen ustedes el stop, ri-gu-ro-so” –puntualizó- , y luego a la izquierda”. Claro, no se resistió a hacer la pregunta. “¿Cuántos stops hay aquí?” “Dos”. “¿Cuál es el otro?” “El que no para ni Dios, y el que ya les he dicho”. “¿Y en el riguroso para alguien?” “Los de fuera.” “ ¿Ha habido accidentes?” “Por aquí no pasa nadie”. “¿Entonces?” “Es por joder –con perdón.” “ Pues tiene usted un joder muy socorrido”. “Lo da el clima”.Se lo dije. “Ve, usted”. Si no hace el camino no se entera de los tipos de stpos que hay en la tierra y los de fornicación. Si ya lo dice mi Informador: El viajar da conocimiento.Además, qué quieren ustedes. El Camino tiene su aquel. Que no todo el que lo hace es por la misma causa. Un servidor conocía a una persona que lo hizo un año. Aunque en esto era un poco anárquico. Donde le vino en gana, comenzaba. Luego a la hora de entregarle “La compostelana” tuvo sus problemas. Pero como es de los que, como aquella que se confesaba, y le preguntó el cura quién era el novio. “No sé qué te ha pedido. A mí me pedió que le regalara el santo. Mandé hacer una réplica, sin que lo supiera para dársela. Le dieron “la compostelana” y porque no se le ocurrió pedir el botafumeiro. Ya está aquí el puntilloso de turno. Oiga, alguna licencia se ha de poder tomar el creador. Que no hay relación alguna entre el stop y mi amigo. Usted perdone, pero sí la hay. Todo estaba en el Camino. No está usted contando hoy un rollo. Debe de ser la calima, que es muy mala para esto de la invención. Se vienen a bloquear las neuronas y no hay manera de darle forma al barro. Pero esto forma parte del guión. Unos hacen la caminata a pie, parando en las fondas a refrescar el gaznate y a quitarle calamidad a las tripas , y otros tenemos que hacerlo aquí, pasando calor, pelándonos con la pantalla, las moscas y el gato, que debe tener también calor y está algo inquieto. Seguro que barrunta tormenta y le asustan los truenos. Le voy a decir una cosa: no hace falta irse muy lejos para lo del stop. En la plaza de Carmen Cabezuelo de San Lorenzo, el cartel del stop, una de dos: o es invisible o muy pequeño. Pasa por allí al paisano aquel y se les canta y hasta con acento. Seguramente no les diría la misma cantinela. Bueno a ver si rompe de una vez la tormenta y se nos quita la tontería, que anda uno medio apapostiao. Mañana haremos otro camino.

Novelar

Domingo, 14 de Junio de 2009

José Ruiz Guirado

LLEVO muchos días (doscientos ocho) dedicado al artículo. Ha habido también hueco para algún cuento, ensayo, incluso para acabar una novela corta que había pendiente. Echo de menos el fabular, si bien es cierto que en estos artículos, a veces se hace. Pero no de seguido, siguiendo el hilo a una ficción. Es cierto, también, que no todos valemos para lo mismo. Excepto los genios que en cualquier género se lucen. (He tenido que levantarme e irme al balcón porque no he podido resistir la tentación de abrir la ventana para olor a tierra húmeda.) Novelar es un arte, como lo es hacer un armario o pintar una casa, cuando no diseñar un vestido. Por fortuna, en castellano tenemos a los mejores novelistas, pese al inglés, al francés o al propio portugués (Saramago también es ibérico).Clásicos, contemporáneos, hispanoescribientes. Un lujo para una lengua que se señoreó por los mundos. Escritores desconocidos. Voy a poner un ejemplo: Juan José Cuadros, un andariego incorregible, que plasmó en sus caminatas obras como: “Viaje por la Tierra del Segura” (MOPU. IGN, Madrid, 1999, o “Por tierra de pan llevar (Ed. Cálamo, Palencia, 2000). Un viaje por estos lugares que nada tiene que envidiar con las grandes novelas del mismo tema. Un hombre humilde, un palentino como tantos otros anónimos que han llenado páginas entrañables, pero por las circunstancias de mercado, no han traspaso las bardas del corral. Pero las que lo han hecho, han sido por todas las demás. La otra tarde leía –mejor dicho, releía- (todo libro que no se relea no es buena lectura), a Juan Valera. Qué maravilla. Se sentía uno en Lucena, en Cabra, oyendo el alegre canturreo del agua por la acequia regando las tiernas hortalizas. Qué fina pluma la de Gabriel Miró. Qué misterioso el Duero en “El santero de San Saturio”, de Juan Antonio Gaya Nuño. Cómo se trasluce la Galicia profunda en Valle-Inclán. Notario de una época española, Pérez Galdós. “Luna de lobos” o “La lluvia amarilla”, de Llamazares nos sobre pasa. Goytisolo nos ofrece una nueva perspectiva de la novela actual. Ortega profetiza y da categoría filosófica a la prosa. Peregrino en su patria y en su prosa fue Bergamín. El exilio cultural de Arturo Barea, Sender, Chacel, Ayala, Andujar, Corpus Vargas. Julio Caro Baroja hubiera sido tan buen novelista como su tío Pío, de no elevar el ensayo antropológico a cátedra. Lo siento, pero a Cervantes no puedo dejar nunca de lado, porque nos representa allende los mares, amén de en la propia patria. Lo decía no hace mucho el amigo y escritor José Luis Abellán a propósito de la presentación de un libro suyo cervantino.”Tarde o temprano, cualquier escritor ha de enfrentarse o encararse –literariamente, claro- con Cervantes. Así es esto. Han caído unas gotas, pocas pero gordas. Cuando refresque habrá de ir por lo perros, que estarán esperando tanto el paseo como la comida. A mí también me place pasear solo, solo con mis pensamientos, con mis perros, a estas horas de la tarde, cuando el sol se esconde y puede uno respirar a pleno pulmón abierto, sin que nadie por allí, contemplando a lo lejos las montañas que la oscuridad va tiñendo de grises y cenizas tonos.

Blanditos

Sábado, 13 de Junio de 2009

José Ruiz Guirado

AYER me dijo un amigo que tenía olvidado a mi informador. “Es que me cae bien”. Cómo no voy a traer a colación a mi Informador. Nada más lejos de la realidad. Sucede que es un trota caminos. Cuando no está en Bulgaria, está en la Rioja; cuando no en Australia o en los Estados Unidos. Eso sí, la puntual crónica la proporciona en cuanto llega. Y cuando las cosas se miran con otros ojos, los puntos de vista son diferentes, aclaradores. Importa mucho tener claras las ideas y la bondad apunto. Se hace esto más llevadero. Siempre hay un alguien que esté muy atento a todo ,y, enseguida dirá: “ Oiga, qué tiene que ver con el informador”. Pues muy sencillo: que tiene claras las cosas y un punto de bondad siempre tiene a flor de piel. Y luego es un tío duro. Que donde hay genio hay bondad. Los prefiero a los blanditos. Vamos a explicarnos. Nadie habla aquí de los tímidos, de los prudentes, de los educados. Lo hacemos de los que se esconden detrás de la piel de cordero. De los que se no atreven a dar la cara. Prefieren esconderse, decírselo a otro. Y, llegado el caso de no quedarles más remedio que dar la cara, lo dulcifican, se excusan en un tercero que no está presente, pero que le ha dicho. Después, por detrás, te ha clavado tiernamente, pero realmente todos los puñales, dagas, cuchillos y hachas. No hay nada más sano que quien te venga de cara, de frente y te diga lo que haya que decir. Eso dignifica. Pero, ¡ay!, del blandito, del mansito que venga como el que no quiere la cosa. Y si ya viene pidiendo, modosito, por favor, si no te importa. Malo. Que prefiero uno a quien venga echando pestes. Cagándose –con perdón- en todo lo cagable. Pero que llegado el caso, los ponga encima de la mesa. De tú a tú. Que ya ahí, cada cual se defenderá como sepa y pueda. En el fondo, y en la corteza, no son blanditos. Son malvados y cínicos que se esconden detrás de unas apariencias débiles y están escondiendo complejos, traumas y problemas, que tarde a temprano salen. Porque, las personas tímidas, prudentes, son eso: personas que por respeto y principios se comportan de una forma educada. Otra cosa diferente es que tuvieran que cantarle las cuarenta a cualquiera. Entonces, cuidado. De lo que aquí se habla y nunca se pretende hacerlo en plan despectivo (a un servidor algunos diminutivos le parecen cursis), es de los que no siendo buenas personas se defienden, zahiriendo por detrás. Porque otro tipo de blanditos, pueden serlo en una actividad deportiva, brusca o de riesgo. Pero que cuando han de dar el do de pecho, ahí están, como el que más. De los blanditos que aquí se habla, son de esas malas personas que se esconden en un mueca falsa, en una debilidad fingida. Que actúan sin que les tiemble el pulso en un momento dado. Y que estamos llamando blanditos, como podíamos haber empleado otro adjetivo. Pero como ha venido así dado pues nos hemos quedado en este término cotidiano, conocido y que tratado así, nos viene a pelo para bocetar los rasgos de quienes camuflados en un color aparentemente inocente, sueltan la zarpa y hacen daño, hasta mucho daño. Qué razón lleva el refranero cuando sentencia: Líbrame del agua mansa, que de la corriente ya me libraré yo.

Encerronas

Miércoles, 10 de Junio de 2009

José Ruiz Guirado

ESTO no tiene visos de cambiar. No obstante, nosotros seguiremos erre que erre. Nada conseguiremos. Pero al menos, habrá alguien que diga. Ahí están por si acaso algún día suena la flauta y algún iluminado se sienta a pensar y se le ocurre : Pues es verdad. Cómo no nos habíamos dado cuenta antes. Es difícil, sin embargo, torres más altas han caído, incluso imperios. Nos sigue doliendo, molestando la china en el zapato, cuando no en el ojo. Las cosas cambian cuando se agotan, cuando no hay solución de continuidad. En ese punto es por obligación el comienzo desde cero. Y alguien vendrá y dirá: “Si estaba lleno”. “Si había agua.” “Si había peces”. “Si llovía”. Como nuestro mundo se acaba cuando lo hace nuestra vida: esa es la medida y no otra. El problema está en los que continúan. Claro que será lo mismo. Hasta que no truene no nos acordaremos de Santa Bárbara. Y sacará uno la mano por la ventana y dirá: Si hacía sol hace un rato. Hace tres días se estaba agotando “El capital”, de Marx para encontrar allí la doctrina que salvara de la catástrofe. Ya no hay problema. Algo parecido sucede con nosotros. Ayer se perdonó porque ganó España, aunque fuera amistoso. Hoy ya hay que continuar con la cacería que el mercado espera. Qué tocará. Encerrona. Habrán estado durante el fin de semana maquinando. Porque las encerronas han de tener su improvisación, su elemento sorpresa y sobre todo, no dejar suelto cabo alguno para que sea contundente. El problema de las encerronas para que salgan bien, son dos asuntos: la imaginación y la práctica. Si no se planea una buena estrategia y no se ha llevado a cabo no funciona. Había un empleado en una empresa que siempre iba bien vestido, atildado, aseado y pulcro. Cada vez que visitaba las instalaciones los superiores recibía parabienes. Asunto éste que a su director inmediato le llevaban los demonios. Al día siguiente siempre le venía con una queja, nunca demostrable y por tanto se iba con el rabo entre las piernas. Hasta que un día se le prepararon a conciencia, contando con alguno de sus secuaces, de los estómagos agradecidos, que de paso les viene bien humillar al mejor. No hubo por donde coger al empleado. Le dieron donde le dolía. El director ese día comió con cava para celebrarlo. Sin embargo, no contaron con la señora de la limpieza. No sabe uno por qué, suelen ser invisibles, nadie las ve con su fregona, su escoba y su mopa, envueltas en su bata de invisibilidad. No sabía lo que estaba sucediendo, pero contempló todo lo que hacían. Llegó la visita del superior y prepararon todo para ponerle de patitas en la calle. Cuando de nada le sirve rezar, apareció la señora de la limpieza que por primera vez en su vida laboral había sido visible. “Se les cayó la otra noche esta pieza cuando estuvieron llevándose el resto. Aquí se lo he guardado”.
Esto es lo que tiene la maldad gratuita. Que a veces hay un ángel por ahí vestido de invisible, que les desbarata toda la maquinación. Ya lo advertíamos antes, una de las premisas para que funcione es la práctica. La otra, es que los ángeles no suelen estar. Y en éste bien hubiera deseado que así fuera, porque la señora de la limpieza para su desgracia no recuperó la visibilidad.