Archivo de Julio de 2009

Vocación y profesión

Jueves, 30 de Julio de 2009

José Ruiz Guirado

RECIBO correo de un amigo, contándome sus cuitas, con la intención de airearlas en este lugar. Cómo no se va a echar un cable a los amigos. Si no deja de ser un pretexto para escribir otro artículo. Lleva colaborando en una revista unos años. Y en este número alguien ha decidido que no lo haga. Los motivos, vaya usted a saber. Manda su artículo como de costumbre y la víspera de la publicación, sin que nadie le haya dicho nada, una de las partes le comenta que al artículo le falta no sabe qué. Al día siguiente, cuando la revista ya está en la calle, el periodista que lleva la revista le llama por teléfono para comentarle que su artículo es demasiado culto y no se va a entender bien. La revista está dirigida a catedráticos, abogados, arquitectos o médicos. El artículo inteligible es un estudio somero de los carnavales de un lugar concreto, donde se desarrolla los orígenes, las letras de las canciones, la censura, el nombre de las comparas y charangas. El periodista, por teléfono, le recomienda, como profesional, que revise el artículo. Mi amigo Juan, que ya lleva en esto tiempo suficiente como para saber que le están intentando decir algo más, le pregunta. “Qué pasa”. “No, es que la dirección se le va a aplazar, mientras lo cambia”. En esto Juan es muy inglés. “Ni se va aplazar, ni se va corregir, ni se va a publicar. No será un servidor quien vaya a crear un problema a unos lectores que me han seguido hasta ahora. Es un tema arduo del que aquí se habla, y se hace uno cargo del nivel intelectual de quien los lee. Además, ya que ustedes no me han pagado un duro, ni me han dado las gracias. Eso sí, como periodista, eso no me lo ha aconsejado, ha estado usted cobrando puntualmente, incluso los artículos que un servidor no lo ha hecho. Se conoce que un nivel tan culto implica la gratuidad. La decencia no está implícita.” Mi amigo Juan es así, un intelectual. Pues ya está. Me has de decir si he sabido decirlo tal y como tú querías. Que si no se amplia. Verá como estos lectores sí lo entienden. Joder –con perdón- con el profesional del ramo del puño cerrado. Si se lo tengo dicho: Que por la caridad entra la peste. Quieren algo, que se retraten. Que se aprovechan de la buena gente. Y te voy a decir una cosa, amigo Juan, si lo que haces no hubiera merecido la pena, nadie había contado con ello. A partir de ahora. Tanto, cuanto. No te das cuenta que el profesional no cuenta con alguien de prestigio, porque le va a decir: Son diez mil. Para tu consuelo, no eres el único. En esta farándula se da mucho este asunto. Le hacían una entrevista en su casa a un escritor no conocido del público. Surgió el asunto y el profesional del tema le vino a decir que debería estar agradecido porque le iban a ver en todos los hogares. Éste, que ya era perro viejo se lo puso muy fácil. Cogen ustedes los trastos y con la música a otra parte. Cómo vamos a hacer eso. Ah, claro, se me olvidaba, que a todos ustedes les pagan por lo que están haciendo, incluso por hacerle a un servidor este favor, consecuencia de los años que me he estado machacando para llegar hasta aquí. Te das cuenta, amigo Juan. Eres un privilegiado. Todavía hay quien como nosotros, hacemos esto por vocación. Es un lujo, no te creas.

De lo típico, atípico e imprevisto

Miércoles, 29 de Julio de 2009

José Ruiz Guirado

HAY un personajillo cerca de mi vida (no en mi vida, porque ya que me toca sufrirle, sólo faltaría que lo hubiera elegido, lo que supondría convertirme, como mínimo en un masoquista de pro) que me odia a muerte, pero no por algo en concreto que haya provocado mi persona contra la suya. Es de esas personas con doble, triple personalidad, con unos complejos y uno traumas tan agudizados, que necesitan –como el drogadicto- su dosis de protagonismo diario. Da igual cual fuere. Si hubiera un entierro, sería o el muerto o el familiar; si boda, alguno de los novios, padrinos y si no, acompañantes; si uno es de Bilbao, de Navarra; si ha estudiado Periodismo, Filosofía; si tiene un tío en Almuñécar, en Sagunto. En definitiva, una criatura enferma, que no lo sabe o que necesita engañarse para superar el día a día tan calamitoso de su existencia. En el fondo, son personas solitarias, difíciles, con las que la convivencia es imposible, que lo que necesitan es amor, comprensión, cariño. Sucede que soportamos menos a los que no nos caen bien. Y estas personas no caen bien a nadie por su personalidad, necesitan de este comportamiento para hacerse notar. Pero al ser su carácter tan agrio, tan violento, tan petulante, no es fácil llevarlo, ni soportarlo. El problema lo tendrán con el paso de los años, cuando la vida y la gente con la que conviven los arrinconen y no les quede más opción que aceptar su situación, o volverse loco de pena y de soledad. Se les nota tanto su carencia, que detrás de esa máscara de hierro tras la que se ocultan, hay tanta debilidad, tanto temor, tanto rencor, tanto desamor. Uno no sabe qué habrá pasado en su vida, en su infancia hasta llegar hasta aquí. Hemos llegado a la Luna, pero aún desconocemos el cerebro humano, con sus entresijos, sus posibilidades. Quizá el día en el que se conozcan qué producen las enfermedades, dónde se desarrolla la inteligencia, la maldad, la bondad, la caridad, la ira, el amor, la fe, la paciencia, la constancia, hayamos revolucionado el mundo. Siempre y cuando alguien no lo manipule en su provecho. Aún así, quien suscribe, cree a pies juntillas, que algo fallaría. Esto no puede ser perfecto. Ha de haber algo que se escapa a las reglas, a las leyes, al buen orden. Una planta unos tomates y se las ve y se las desea para que tiren para adelante. Y sin embargo, en cualquier piedra, sin riegos, sin cuidados, nace una hierba, que desobedece a todas las leyes de la Naturaleza, la Física o la lógica. Quizá sea esta anarquía, esta imprevisibilidad la grandeza del mundo, lo que haya hecho que esto sea así y de no otra manera de cuantas posibles se hayan dado. Aquí nos asalta asuntos como el de la creación. Por qué fue de esta manera y no otra. Qué hizo, quién hizo que esto se creara de esta forma. De dónde surgió. Quién fue el Hacedor. Llegamos a una conclusión: El personajillo del que hablábamos al principio, los personajes, los semejantes, los opuestos son parte de este cosmos creado con estas taras, imperfecciones, que igual no lo son, y , somos quienes nos creemos normales los raros, los atípicos. Igual hemos creado esa moral y estas pobres criaturas a las que tenemos por distintas, son las originales, las auténticas. Y estamos aquí mareando la perdiz, creyéndonos superiores. Y los personajillos somos nosotros, lo que decimos amén.

El himno

Martes, 28 de Julio de 2009

José Ruiz Guirado

LOS franceses del Tour son reacios al himno español. Se conoce que lo de Napoleón no lo han olvidado. Y cuando pueden nos la clavan. Pero Esperanza Aguirre se marcha con Contador a Pinto y allí se lo canta para quitarle el mal sabor de boca que le dejaron en los Campos Eliseos. Para el siguiente Tour debería llevar la presidenta una cinta grabada en el bolso y llegado el momento les diga: “Ahí va eso, “garçon”. Y si ya repiten el danés, como decía un amigo mío, exagerado para casi todo: “Se manda a la Legión”. “Mariano, no sea usted bestia”. “Pues se le manda al tonto del pueblo, que eso da mucha vergüenza al francés”. “Pero si ya no hay tontos”. “Lástima con el resultado que han dado siempre.” ¿Dónde habrán medito a los tontos? Ya no los sacan. Los empastillan y se quedan en casa alelados para que nadie les vea. Desde luego, el muchacho este de Pinto ha tenido más paciencia que Job. Zancadillas, en el equipo, en la carretera ,y, como ha sabido regatearlas a todas, han esperado al podium. Pero tampoco han podido amargarle la fiesta. Sí se le han jugado a la Iglesia catalana con las pintadas en los muros de los templos. Al menos se ve que estos grupos son bilingües, porque han dejado las notas en catalán y castellano. Esto viene a ser parecido a lo de Tour. No nos han perdonado que unos paletos con aperos le hicieran frente al ejército napoleónico. A la Iglesia tampoco le han perdonado el apoyo a un régimen. Sin embargo, estas cosas huelen a rancias, a trasnochadas. Pero la memoria es lo que tiene. Debería de haber instalados unos paneles en todas las ciudades para cuando alguien quisiera expresar sus inquinas, desfogarse en ellas. Llegaba al día siguiente el funcionario, retiraba el panel y ponía otro limpio para el siguiente. Los únicos perjudicados serían los limpiadores de graffitis. Porque lo molesto de la pintada son dos cosas: Daña el patrimonio histórico y permanece. Por tanto se lee. Y sucede como con la publicidad: de tanto machacar, se queda uno con la copla. Es como lo de la Luna o lo de Roma. Lanza alguien por ahí un bulo y al final, se queda uno con la idea de no haber puesto el hombre un pie en el satélite. Lo de Roma, pues algún chistoso, que deseaba se conociese su país, se le ocurrió lanzar lo de “Todo está roto”. No han sabido los italianos hacerlo bien. Han mantenido durante siglos unas ruinas, que otros hubieran desdeñado, y se han convertido en un atractivo turístico que hace buena caja año tras año. Aquí, por ejemplo, se ha expoliado tesoros de iglesias románicas, tallas, ornamentos. De haber sabido hacerlo como los romanos, otro gallo nos cantaría. Pero aquí somos diferentes. Nos parecemos un poco a Mariano: “A mí la legión”. Oiga, existen las leyes, maneras, el sentido común y hasta héroes, como Contador, que pese a tanta putada –con perdón-, el ha dado pedales y el humo se ha disipado y se ha visto la luz, en esta caso, de color amarilla. Además, gracias a él sabemos el gentilicio de Pinto.

Santiago

Domingo, 26 de Julio de 2009

José Ruiz Guirado

ME robaron la cartera. No me refiero a ese término futbolístico en el que el locutor indica al oyente que le ha quitado el balón un futbolista a otro del equipo contrario, sino del hecho concreto del caco que hurta la cartera del bolsillo del incauto. Éste no fue otro que quien suscribe, la víspera de Santiago, yendo a la Plaza del Obradoiro para contemplar los fuegos. No fue ayer. Habrá pasado una larga década. Teníamos por costumbre acudir desde Pontevedra al espectáculo de la pólvora, la música y la luz sobre la fachada y en el cielo de Santiago. Por fortuna había echado gasolina anteriormente, si no, no habíamos podido volver. Aquella noche no cabe un alfiler en la plaza santiaguesa, ni en los alrededores. Santiago se convierte en un hervidero, donde hay cabida para la política, para la religión, para la fiesta, para el divertimento. Santiago es de esas ciudades que te atraen, como una mujer que te enamora y no puede uno resistirse. Hay un culto especial hacia ella, y no me refiero al religioso. Hay publicado un libro, una guía de viajes de las ciudades que hay que visitar, conocer antes de morirse. No sé si aparece Santiago, de no ser así, es de obligado paso y estancia. Morir allí ya no, porque uno ha de hacerlo en su cama, con sus sábanas, junto a los suyos. Esa noche no hay un resquicio libre. Y aunque uno deteste las multitudes, a esa fecha, a esa cita, no ha faltado cuando ha podido, porque el lugar, la hora, la noche y la fiesta son especiales. Un eclipse no se puede ver al día siguiente, hay que hacerlo en el momento. Pues allí sucede igual. Otra cosa son los inviernos o lo otoños cuando no hay nadie y camina uno bajo el orballo o debajo de los soportales oyendo la cadencia de los pasos al caminar y viendo reflejada sobre la piedra acharolada la luz tenue del fanal. Qué buenos recuerdos me trae Santiago de aquellos años de estudiante insomne, sentados a la luna de la Quintana dos Mortos, con la cadencia de una gaita inundando la plaza de lamentos. Alguien con voz aterciopelada dejaba oír alguna letra de Rosalía. Y parecía que la “Negra sombra” deambulaba sonámbula entre las piedras eternas o se retorcía en la Casa de las Parras, como si se tratara de azabache moldeado por el orfebre. Cerca de allí las banderas ondeando al son de la arenga que celebra el Día da patria. Calor humano y temperatura política que reclaman una identidad. Algún que otro turista despistado. Peregrinos con sus bicicletas repletas de alforjas que han recorrido media Europa para llegar hasta aquí. En la oscuridad invisible, dos bocas que se buscan y cuatro brazos que se palpan el litoral humano. Retales –con todo mi respeto, porque un día cercano estaré ahí- de personas que llevan en hileras y a mil por hora a lugares y a bares donde se añusgan de lo deprisa que engullen para seguir la visita. Japoneses haciendo fotografías a las sombras. Este día festivo es así en esta ciudad de piedra, donde también pueden robarlo a uno la cartera, quienes tienen también su función. No pueden faltar tampoco los pobres de solemnidad, los maleantes, los titiriteros, los indigentes y los rateros. No va a ser todo peregrinos, curas y monjas. A Santiago también vienen quien ha de expiar sus cuitas, repetir el vino o probar el pulpo, o los pimientos de Padrón –que está cerca- por vez primera.

Fecha de caducidad

Viernes, 24 de Julio de 2009

José Ruiz Guirado

NO puedo con la injusticia, con la injusticia de los enanos mentales que no levantan un palmo del suelo ( evidentemente, no hablo de quienes su altura, por deformación, por enfermedad, es pequeña , aunque su estatura moral pueda ser de gigante). Hablo de quien no da más que para la mentira, la calumnia o la maldad. Primero maquinan, actúan, zahieren ,y, después de hecho el daño comprueban si se trataba de un error. Y si así fuera, lo desmienten, niegan cualquier evidencia y son capaces de justificarse con razones tan absurdas como bellacas. Viene a cuento todo esto porque un buen amigo vino a verme y entre otras impresiones me contó que a punto estuvieron de ponerle de patitas en la calle en la empresa donde trabaja. Parece ser que faltaban géneros en uno de los departamentos y le acusaron a él, porque todas las mañanas pasaba por allí. Después se comprobó que se trataba de una descoordinación. Pero lo primero es acusar al primero que pase por allí. Eso sí, su incompetencia se justifica con ineficacia. Hablaba el otro día con un señor que antaño tuvo responsabilidades políticas. “Sabe usted que pasa. Nosotros estábamos en política, pero perdiendo dinero, porque teníamos nuestro trabajo. Pero ahora se meten para hacer dinero. Y,claro, se aferran al sillón con todas sus fuerzas.” Esto pasa también en la empresa privada. Incompetentes, trepas, personas sin escrúpulos y sin preparación con un puesto bien remunerado, que han de salvar a costa de lo que sea. Sus errores, que serán evidentes y continuados, habrán de taparse con los que tengan los demás. Por eso su esfuerzo es doble. No sólo han de estar tapando lo suyo, también habrán de estar atentos a quien los cometa para lanzar la tinta. Los errores son humanos y se reconocen y se tapan cuando es necesario. Otra cosa es quien vive en el filo de la navaja y siempre está en negativo, en contradicción. Qué pena. A veces la justicia resarce, otras no se llega a tiempo. Cuando las artimañas se descubran, prescindirán de ellos. Porque cuando lleguen a otra empresa a continuar con lo anterior, no se pueden permitir el lujo de decir que les han dado una patada en el trasero. Eso sí, en la nueva situación mostrarán todos sus encantos, sus habilidades, sus intenciones, sus argucias y sus pretensiones. Cuando el ciclo se haya agotado y se haya descubierto el impostor que se escondía tras una doble personalidad que encubra su mediocridad, incompetencia, a empezar de nuevo. El problema está en quienes se encuentren por el camino haciéndoles demasiado sombra. Otra cosa es la persona preparada, válida, honesta, que en un momento determinado te puede demostrar, por conocimiento, que está en un error – que no sabes-. Y no hay que alegar. Que nada tiene que ver con quien viene a hacer el agosto y le pasa como al político, que se apropia del sillón y hay que quitárselo por las bravas. Como le decía a este amigo: Tienen fecha de caducidad.

Saber no ocupa lugar

Martes, 21 de Julio de 2009

José Ruiz Guirado

QUÉ importante es la formación para el futuro. Cuando uno lee las biografías de personas que han sido señeras (la mayoría) han nacido en el seno de una familia acomodada. Han tenido unos próceres distinguidos y han asistido a centros de enseñanza de renombre. Hay también quienes, desde las dificultades y las privaciones de haber nacido en el seno de una familia humilde, gracias a su talento y a su esfuerzo han llegado tan lejos como aquellos que lo tenían todo. Esto me admira. Como se ve, en todos ellos, la formación en colegios de élite o en alguna biblioteca, a escondidas, robándole horas al trabajo o al tiempo. Hay una cosa en común, que es talento. Luego hay quien lo desarrolla, y sobre todo, quien lo descubre a tiempo. Quien ha nacido para ser carpintero por más que se deje los cuernos por confeccionar trajes de novia, no le va salir como la mesa, la cama o el mueble. Tan importante, o ya descubierto por sí mismo o con ayuda, es imprescindible crearse una buena cultura, pueden caer en el error de crearse una formación mediocre. No es oro todo lo que reluce y el oropel no deja de ser adornos sin más. Luego está el azar, los amigos, las circunstancias, la fe de cada cual en lo que hace. Qué duda cabe que la Iglesia ha proporcionado la estabilidad y la tranquilidad para llevar a cabo estudios y trabajos acreditados. De hecho, amigos míos, han colgado los hábitos y ocupan importantes plazas dentro de la Universidad, en la empresa privada, en Instituciones Oficiales. Hay también –Eligio Rivas Quintas, por ejemplo- quien sigue desde su feligresía aportando estudios, en este caso antropológicos, de obligado conocimiento por su aportación científica. A un servidor –lo confieso- le hubiera gustado ser ratón de biblioteca. Escudriñas entre legajos antiguos, incunables, libros que aportan conocimientos imprescindibles. Y sobre todo, investigar, aportar datos. También la Universidad me hubiera encantado. (Cuando viva otra vida, lo intentaré). Aparte de sueños, quimeras, ilusiones, esta misma mañana leía un artículo de Saramago, en el que hablaba de nuestro Satélite. Un ejemplo magnífico de tesón, de talento, de oficio. Está de vuelta la Luna tras cuarenta años de haberla pisado. La Tierra también sigue aquí, explorada y explotada. Esperemos que un día no tengamos que estar allí mirando para acá, recordando lo que aquí había, respirando un aire fabricado. Insisto en la preparación, en la formación, en la meditación. Uno es un romántico, con pretensiones ilustradas, que admira y respeta profundamente a quien sabe de cualquier disciplina, haya pasado por la Universidad o no; sepa leer en los libros en las estrellas, en el cielo, en el campo o en los animales. En cualquier caso, saber no ocupa lugar.

Contador

Lunes, 20 de Julio de 2009

José Ruiz Guirado

LO afirman quienes viven en la carretera, se empine o no, la grandeza o la miseria del ciclismo: Grandes derrotas, grandes ciclistas. Merchx, Hinault, Anquetil, Poulidor, Ocaña , Indurain, Armstrong las han tenido y su nombre está registrado en los anales del ciclismo. Este último se ha consumado en Verbier, una estación de esquí suiza, que a partir de ahora también contribuirá a mitificar. Y ha sido un muchacho de Pinto quien se hizo gigante, en detrimento de un americano de oro. Ahora el relevo lo toma este madrileño genial. Se le veía ahí agazapado, atenazado, sometido a la disciplina de equipo. Hasta que echó a correr y ya no paró hasta coronarse en la meta con la victoria de etapa y con el oro. Y todo esto a pesar del empeño de los suyos de intentar que no lo consiguiera. Imagina uno que diría para sí: Me la juego. Que sale bien, a ver quién me lo niega. Que sale mal, me cojo la bici y a Pinto con ella. Pero la fe, la preparación, el talento y la forma física dieron sus frutos. Y uno se alegra por Contador, el nuevo elegido por los dioses. A la vez se apena uno por la muerte de Frank McCourt. Nadie se puede olvidar de “Las cenizas de Ángela” o de “Lo es”, o del “Profesor”, cuando no de “Ángela y el niño Jesús”. Como tampoco lo hicimos aquella noche de verano, delante del televisor sin color viendo saltar al astronauta americano en la Luna. Inolvidable. Luego aparecieron todos aquellos que negaban el acontecimiento, con película incluida, llena de humor y de buenos actores. Como uno no es sociólogo, se le escapa el porqué del comportamiento de todos estos chavales. Que son unos hijos de puta –con perdón- no cabe ninguna duda ,y, entran en el baremo que explicábamos el otro día. Es asunto arduo y peliagudo, en el que me imagino que hay que abordarlo con otras premisas. Sin embargo, nos parece una barbaridad, algo atroz, de gente ruin, canalla. Todos hemos sido chavales y hemos cometido perrerías. Pero de ahí a violar entre un montón de zagales a unas muchachas, impedidas o no. No tienen perdón. En estas cosas, a personas de nuestra generación se nos escapan estos comportamientos. Y se está viendo que sucede con cierta frecuencia. Algo falla. Uno se pregunta si será dentro de los propios hogares. Anoche mismo fui a la fuente por agua y había dos chavales del pueblo consumiendo drogas. Unos imberbes dejándose ya la vida . Asusta, o quizá dé pena. Toda acción tiene una reacción. Y esto es lo que hay. No parece fácil de cambiar. Toman unos derroteros y salirse de ellos implica mucho de lo que no hay hoy. Parece que tampoco consiste en legalizar, en permitir. Hay tantos intereses creados. Se vive de otra manera, en la que importa muy poco el futuro. No se lee, no se sabe, no se medita. Es más relajante sentarse –que también- a tomar una cerveza en una terraza, que meterse en disquisiciones que no llevan a ninguna parte. Cuanto más tontos haya, mejor. En una época anterior se diría que es mejor bueyes que trabajen y no piensen. En esta nuestra, preferiblemente que consuman. Y cuanto menos le den al magín, mejor. Me quedo con Contador, que es fenómeno el tío. Y lo ha demostrado, donde duele: subiendo cuestarrones sin que equipo alguno le arrope. Ahí donde se ve la madera de héroe, de sufridor. Pero que nadie se lleve a engaño: detrás de este éxito hay muchas horas de preparación, de sufrimiento, de entrega, de sacrificio. Estos ejemplos vienen bien que se aireen, como las ofertas, por si alguien decide enderezar su vida. Abilleira, Arroyo, Astarloa, Bahamontes, Belda, Beloki, Barrendero, Botella, Cañardo, Capo, Cardona Casero, Cháfer, Chozas, Colmenarejo, Costa, Cubino, Delgado, Díaz, Domínguez( Juan Carlos, Manuel Jorge), Echevarría, Errandonea, Escartín, Etxbe, Etxebarría, Ezquerra, Fernández (Juan, Alberto), Fernández Oviés, Freire, Gabica, Galdós, Chente, Gastón, Gimeno, Gómez del Moral, González (Aitor, Aurelio), González Linares, González de Galdeano( Álvaro, Igor), Gorospe, Gutiérrez, Heras, Hernández, Indurain, Jabardo, Jiménez Quiles, Jiménez (José Maria, Julio), Karmany, Laguía, Laiseka, Langarica, Lasa, Lastras, Lejarreta, López Carril, Loroño, Manzaneque, Martínez Oliver, Mauri, Mayo, Menéndez, Montero, Montoya, Muñoz, Navarro, Nazabal, Nozal, Ocaña, Olano, Osa, (Aitor, Unai), Otaño, Pacheco, Pérez, Perurena, Pesarrodona, Pino, Poblet, Rodríguez (Delio, Emilio,M), Ruiz (Bernardo), Ruiz Cabestany, Superes, Sáez, San Miguel, Sancho, Santamaría, Sastre, Segu, Sierra, Sevilla, Soler, Suárez, Tamales, Torres, Trueba (Fermín, Vicente), Valverde, Vélez, Yáñez, Zarrabeitia y ahora Contador han escrito brillantes páginas del tesón, del deporte y del ciclismo español. Ahí va ese recuerdo a casi todos.

Cada mochuelo a su olivo

Domingo, 19 de Julio de 2009

José Ruiz Guirado

AYER fue un día largo, largo y corto, corto (la obediencia puso la pluma en mi mano). Me explico: Por más horas que tuvo, que tuviera, no me alcanzó para rematar las tareas. Sin embargo, el cansancio no impidió la obligación expresada. Pasó a verme mi Informador para asuntos burocráticos, cosas que pueden esperar. Como me imaginaba, está retirado en sus aposentos. Es también de los que saben vivir a tiempo. Un servidor no podría compartir un metro cuadrado de arena de playa y otro metro y medio de mar, y si encima está el agua caliente, peor. Ya me molestan las aglomeraciones en las ciudades, como para meterme ahí, ni hablar. No soporto los excesos. Por eso elijo el ir, el estar en los lugares menos concurridos, a las horas de menos afluencia. Puede que sea raro para alguien, sin embargo, prefiero estar a lo mío. El otro día se inauguró una exposición de pintura en la que participan varios amigos. Me acercaré una mañana en la que nadie te estorbe para ver bien un cuadro. Los amigos me dicen que no me dejo ver el pelo. Soy así. Ahora, cuando haya de estar, seré el primero en llegar y el último en irme. Entre tanto, prefiero mi soledad, estar conmigo mismo, a mis asuntos. Habrá quien le guste lo contrario, pues precisamente para algo están los diferentes, las diferencias. Luego hay conversaciones y conversaciones. Todavía – y no será nada extraño que así sea- te encuentras con amigos, casados, solteros y como les dé la gana, que sólo saben hablarte de tal o cual tía que está buena. Otros, se han quedado en las batallitas de antaño. Otros, te cuentan lo que tienen, lo que son y lo que tendrán. Que todo eso está muy bien. Pero a mí que me importa. Evidentemente que hay señoras que da gusto verlas. Sin embargo, es de tontos o de cortitos limitarse a eso. Coño- con perdón-, pues díselo a la cara: “Señora está usted buenísima. La llevaría a la cama ahora mismo”. Posiblemente se encuentre con una bofetada, con una negativa, o puede que le emplace para otra ocasión. Pero de qué vale andar de voyeur por la vida. Al de las batallitas puede uno aconsejarle que las deje escritas para regocijo de los nietos. Y a los que tienen y son, pues que afortunados. A un servidor le preocupa que se me sequen los tomates; sacar tiempo para meterle el diente a unos libros que tengo pendientes, entre ellos el del ilustrado y olvidado Miguel Antonio de la Gándara, con su trabajo “Apuntes sobre el bien y el mal de España”; que mis gallina pongan huevos; que los míos tengan buena salud; que les vaya bien en el trabajo y en su vida. Si estos son habas contadas. Tengo una conocida que me cuenta unas películas. Me recuerda esa edad en las que los muchachos, antes de entrar en el colegio, comentando lo sucedido el fin de semana. Lo hizo de manera –como no podía ser otra forma- excelente Juan Ramón Jiménez, en su Platero y él, con el gracejo especial del habla de los niños del Sur. Qué le va usted a hacer. Ha de haber de todo en la vida del Señor. Quienes no tengan vida, habrán de inventársela. Pues si son felices, no se les va a quitar lo poco o lo mucho que tienen. Y de cualquier forma, cada cual tiene derecho a decidir cómo escribe su vida. Lo que para uno puede ser el ideal, para otro puede ser una pérdida de tiempo. Cada mochuelo a su olivo.

Intensivo, insistente

Sábado, 18 de Julio de 2009

José Ruiz Guirado

ME ha venido un amigo a enseñarme una errata encontrada en el libro de Tom Sharpe, “Zafarrancho en Cambridg”: “ …y andaba por el veinteavo “Pimpole y Gutterby” (Pág. 65 , Edto. Anagrama, coleción. Compactos). Es un problema de traducción, añadió enseguida. Había que revisarse los numerales, los cardinales y las fracciones, para no incurrir en estos lapsus. Pero el asunto venía por dos adjetivos. Uno de estos jefes que necesitan sacarle punta a todo para justificarse e, incluso, ser felices, le decía al empleado que no debería de ser tan “intensivo”, cuando quería decir “insistente”. Se conoce que le sonó bien y como había oyentes presentes, diría para sí: “Cómo afino”. Lo que no sabemos es si alguno de estos en un acto de solidaridad de estómago agradecido, le diría: “Cómo maneja usted el lenguaje”. “Ya se sabe, quienes hemos estudiado, es lo que tenemos”. Se entiende, no es lo mismo que los pobres empleados, quienes se ven impedidos en la comunicación por falta de una preparación, de unos posibles. Oiga, que no todo el mundo manda. Quien lo hace no es por casualidad. Ahí están los avales que lo justifican y validan. Otra cosa bien diferente es el lenguaje. En este punto cada cual se luce o no, según conocimientos. Por regla general, son inapelables, siempre y cuando se digan en público. Además la situación obliga a una buena dicción, soltando bien las eses o las eles, según convenga. Y si fuera posible, ha de ser acompañado con un rictus que le venga a la ocasión, o poner cara de asco, al tiempo que se da la vuelta y farfulla algo entre dientes, soltando algún taco grosero, si es posible audible. Así no cabe la menor duda de su autoridad en gramática parda. Hemos comenzado hablando de erratas y lo vamos acabar haciendo del poder del lenguaje, que es capaz de establecer categorías laborales. Para que luego digan que no tiene poder la pluma. Oiga, que en este caso no es pluma, que es pico. Que no nos hemos metido en lo escribir, que ya es harina de otro costal. Se imagina uno a todos estos iluminados reinventando el idioma o poniéndolo patas para arriba. No recuerdo bien ahora cuál era la teoría de uno para no confundirse con la “a” preposición”. “Voy a Madrid”, insistía, con la “a” que lleva la hache. A veces, acertaba, basándose en no sé qué teoría, que si llego a recordar, expondré aquí. Y se atrevía a enviar la carta en estas condiciones: “Va ( ha) subir”. Aquí como se no iba a ninguna parte, sino que se trataba de un incremento de precios, correspondería la “h”, porque no había desplazamiento alguno. (Algo así es la teoría de la preposición y el verbo haber). Para qué tanto romperse la cabeza en el colegio con las reglas de ortografía. Con lo espabilados que son los muchachos iban a tardar poco en cogerlo. Que va a un sitio, de esta forma; que no, de la otra. Sencillo. No hay nada como mandar. Lo que se aprende, lo que se sabe y lo que se enseña. Está bien.

Pesca “deportiva”

Miércoles, 15 de Julio de 2009

José Ruiz Guirado

PENSÁBAMOS que la llegada del estío festivo las armas se iban a descargar, las iras a relajar y el hombre se calmaría. No es así el asunto. Aun en tiempos de sosiego no se descansa. En cuanto hay un resquicio de luz, se cuela Caín con su quijada en mano para asestar el golpe. Todo se aprovecha, todo sirve. Nada se da de forma gratuita. Todo tiene su precio, con intereses a largo plazo, que se cobran. Por ello, creo en lo justo y no en la limosna, en la caridad con pago contrareembolso. Luego llega el día y se le pone a uno la cara de tonto. “Pero no me lo había regalado”. Pues no. El mendrugo duro había que devolverlo como pan recién hecho. Siempre hay alguien al acecho. Se queda uno de guardia por si hay ocasión. Eso sí, como hace calor, se lleva camisa estampada que da un aire más desenfadado. Cualquiera va a pensar que con esas fachas va a morder sin soltar carne. Más bien se piensa uno que va a invitarle a un refresco tropical, incluido adorno y azúcar por el borde del vaso. Es lo que tienen los tiburones cuando se les ve en aguas tan limpias y transparentes, parecen animalitos encantadores; pero son depredadores y tienen que comer. Claro que lo suyo es por necesidad; lo nuestro es por maldad. El otro día me explicaba un amigo su teoría. “Atiende. Un “cabrón” (con perdón ésta y la que sigue) lo es, porque saca provecho económico. Pero un “hijo de puta”, lo hace por maldad, sin compensación a cambio”. Estos dos razonamientos había que tener en cuenta para los diccionarios de insultos, ya documentados, por si fuera de recibo su inclusión. Que la cosa tiene su miga. No obstante, nosotros habremos de estar a lo nuestro. Debe de andar mi Informador poniéndose moreno en playas, montañas o recorriendo las Rutas románicas, del Rioja o las que se encuentre en el camino. Que éste es tiempo de viajar, de caminar, de conocer. Hay poca noticia y la hay la tienen copada. Tampoco se trata de repetir la misma cantinela. Esto como en la subasta de la lonja. Cuando hay mucho género, al final hay que hacer precio con los lotes. Pero cuando escasea, quien se muerde la lengua, se queda sin pieza. Más de una noche he estado con subastadores, que tenían una mano y una boca para ello. Habían de estar a todas ,y a la pillería del comprador. Somos así. Lo que uno sisa, otro lo pierde. Los catalanes se han llevado buena tajada de la subasta. Pues otros habrán que se queden a dos velas. Luego están los de a río revuelto. Y siempre, quienes tienen puesta la caña. En esta época, las piezas grandes con el bullicio del personal se espantan. Pero siempre habrá otras de menor tamaña que confiadas acudan al reclamo. Y una vez que se abre la boca y se cierra. O, rompe el anzuelo, o la cazuela. Ya lo decíamos más arriba, cuando aportábamos nuevas acepciones. Estos no se van a llevar nada al bolsillo, pero en su haber cuenta como judiada.