Vocación y profesión
Jueves, 30 de Julio de 2009José Ruiz Guirado
RECIBO correo de un amigo, contándome sus cuitas, con la intención de airearlas en este lugar. Cómo no se va a echar un cable a los amigos. Si no deja de ser un pretexto para escribir otro artículo. Lleva colaborando en una revista unos años. Y en este número alguien ha decidido que no lo haga. Los motivos, vaya usted a saber. Manda su artículo como de costumbre y la víspera de la publicación, sin que nadie le haya dicho nada, una de las partes le comenta que al artículo le falta no sabe qué. Al día siguiente, cuando la revista ya está en la calle, el periodista que lleva la revista le llama por teléfono para comentarle que su artículo es demasiado culto y no se va a entender bien. La revista está dirigida a catedráticos, abogados, arquitectos o médicos. El artículo inteligible es un estudio somero de los carnavales de un lugar concreto, donde se desarrolla los orígenes, las letras de las canciones, la censura, el nombre de las comparas y charangas. El periodista, por teléfono, le recomienda, como profesional, que revise el artículo. Mi amigo Juan, que ya lleva en esto tiempo suficiente como para saber que le están intentando decir algo más, le pregunta. “Qué pasa”. “No, es que la dirección se le va a aplazar, mientras lo cambia”. En esto Juan es muy inglés. “Ni se va aplazar, ni se va corregir, ni se va a publicar. No será un servidor quien vaya a crear un problema a unos lectores que me han seguido hasta ahora. Es un tema arduo del que aquí se habla, y se hace uno cargo del nivel intelectual de quien los lee. Además, ya que ustedes no me han pagado un duro, ni me han dado las gracias. Eso sí, como periodista, eso no me lo ha aconsejado, ha estado usted cobrando puntualmente, incluso los artículos que un servidor no lo ha hecho. Se conoce que un nivel tan culto implica la gratuidad. La decencia no está implícita.” Mi amigo Juan es así, un intelectual. Pues ya está. Me has de decir si he sabido decirlo tal y como tú querías. Que si no se amplia. Verá como estos lectores sí lo entienden. Joder –con perdón- con el profesional del ramo del puño cerrado. Si se lo tengo dicho: Que por la caridad entra la peste. Quieren algo, que se retraten. Que se aprovechan de la buena gente. Y te voy a decir una cosa, amigo Juan, si lo que haces no hubiera merecido la pena, nadie había contado con ello. A partir de ahora. Tanto, cuanto. No te das cuenta que el profesional no cuenta con alguien de prestigio, porque le va a decir: Son diez mil. Para tu consuelo, no eres el único. En esta farándula se da mucho este asunto. Le hacían una entrevista en su casa a un escritor no conocido del público. Surgió el asunto y el profesional del tema le vino a decir que debería estar agradecido porque le iban a ver en todos los hogares. Éste, que ya era perro viejo se lo puso muy fácil. Cogen ustedes los trastos y con la música a otra parte. Cómo vamos a hacer eso. Ah, claro, se me olvidaba, que a todos ustedes les pagan por lo que están haciendo, incluso por hacerle a un servidor este favor, consecuencia de los años que me he estado machacando para llegar hasta aquí. Te das cuenta, amigo Juan. Eres un privilegiado. Todavía hay quien como nosotros, hacemos esto por vocación. Es un lujo, no te creas.