Archivo de Agosto de 2009

Marte

Jueves, 27 de Agosto de 2009

José Ruiz Guirado
HEMOS estado mirando para el cielo en busca de Marte. Según parece, a medida que la noche vaya transcurriendo se verá mejor. Miramos al cielo, porque nos atrae, nos sorprende, nos intriga y nos inquieta. El hombre necesita asirse a cuanto nos excede. Somos inseguros, cobardes, violentos, brillantes, incluso piadosos. Sabemos que este fenómeno no se va a repetir en lo que nos queda de vida, por tanto, no podemos pasarlo por alto. Volveremos al balcón a verlo. Hemos visto algunos en estos años. No sabemos qué habremos de ver. Qué haremos. Se cumplirán nuestros sueños. El problema de esas preguntas que aún no tienen respuesta, es que la tendrán en cuanto pase el tiempo. Una vez allí, todo será sencillo. Habrá pasado nuestra vida y las respuestas las sabremos. En el camino procuraremos acercarnos a lo que creemos. Pondremos cuantos podamos de nuestra parte, pero posiblemente sea más fuerte el destino que lo intentado. Por ello, cuando nos enteramos de algo como lo de esta noche, salimos a la ventana para verlo, para encontrarnos. Uno piensa que todas las respuestas están aquí, en nuestra conducta, en nuestra forma de vivir, de querer. Quizá todo esto no sea más que apreciación de quien se sienta cada noche a este ordenador para confesarme, desahogarse. Para entretener, o para contar esas cosas que uno ha querido hacer y no ha podido o no ha sabido. Es cierto que la experiencia te lo pone más fácil, aunque te prive de esa espontaneidad, ingenuidad o desconocimiento, que de todo hay un poco. Noches como estas, en las que hay que salir al balcón, se plantea uno si todo esto merecerá la pena. O es uno mismo quien se impone estas tareas para justificarse, ante uno mismo. Porque el tiempo va pasando y todas esas cosas que uno buscan, no llegan. Y tampoco está muy claro que lo harán. Dan ganas de tirar la toalla, de irse como todo el mundo al bar a echar una partida de mus. Si aguantamos este artículo, no iremos a la cama y mañana, que ya es viernes, saldrá el sol y veremos las cosas de otra manera. Quién sabe. Nos espera un fin de semana ruidoso y festivo. Tomaremos alguna copa de más, echaremos un baile y nos engañaremos pensando que somos más felices. Luego llegará el lunes y habremos de volver a la rutina, al trabajo de pan traer, a la mentira representada día a día, abriendo el telón a la mañana y cerrándolo a la noche. Esto tendría que ser más fácil, más llevadero, más simple. Pero te das cuenta que es más bronco, más insoportable. Me preguntó cómo será para quien no tenga nada, para quien esté solo, para quien esté enfermo. Antes de irnos a dormir volveremos al balcón para dormirnos con la imagen o la ensoñación de Marte y sus lunas.

Vivir nuestra vida

Miércoles, 26 de Agosto de 2009

José Ruiz Guirado

LA más asidua de mis lectoras – María Jesús- me ha mandado un mensaje, de esos que a más de animar a continuar, sirven para que en caso de vacas flacas, te pueda ayudar. Si nada se me ocurriera, acude a los lectores. En lugar de tener un informador, tener cuantos se toman la molestia de leer estas páginas. Es una magnífica opción si llegado el caso se nos acaba la tinta del tintero. Entretanto, seguiremos a lo nuestro y ya iremos haciendo cuanto se alcance. Tuvimos ayer una nube que nos alivió las temperaturas. Pero la cosa sigue, de lo contrario no podíamos practicar la siesta, a la que me sumo con todas las consecuencias, críticas y adhesiones. Después de haber vivido más de medio siglo, comienza uno a despertar. A estas alturas ya no sirve que nadie te venga a decir qué hay que hacer, cómo hacerlo y cuándo. La otra tarde, tomándonos una cerveza, a la caída de la tarde, al fresco del jardín de su casa, me comentaba un amigo cirujano, con los años suficientes para saber de la vida y de su oficio. “Estábamos tres días seguidos cabalgando a caballo, ayudando a llevar ganado bravo de un lugar a otro. Los vaqueros profesionales, llevaban incluida las dietas y la comida. Nosotros íbamos a los bares de los lugares por donde pasábamos. Y en todos ellos comíamos lo que había. Pues a la hora de la comida, había hambre.” Lo que se intenta decir aquí, es que siempre hay quien tiene interés en que se haga lo que ellos quieren. Comer entre horas engorda, la siesta engorda, los huevos elevan el colesterol, el cerdo no es aconsejable. Y así con infinidad de cosas. Y buen día, se para uno a preguntarse. Cómo han llegado a ser longevos quienes han comido día a día matanza, o huevos o han bebido vino, incluso en el desayuno. Porque las cosas, las costumbres, las alimentaciones, los usos dependen del lugar y la situación en las que se hagan. Y en otro contexto se desnaturalizan. Quien toma todos los días hamburguesas, huevos en una ciudad donde tiene media hora para comer y volver al trabajo, no puede ser lo mismo que quien prepara unas chuletas, morcillas o chorizo con leña de encina, aunque coma más cantidad. Y este ejemplo, que en estas épocas del estío se da en muchos lugares, se podía aplicar a otras actividades. Tiene uno la sensación de estar viviendo una vida impostada. Criaturas que se están sentados horas y horas delante de una pantalla para jugar. Claro que, en la calle ya no se quiere que se juegue, por inseguridad y porque es más sencillo tenerlos allí ocupados. Después cuando les llega la hora de salir a la calle, los devora. En el mundo laboral está pasando algo parecido: Es mejor mirar a la pantalla, que poner el grito en el cielo y denunciar o defender a quien es tu compañero. En la familia, quienes deberían de aconsejar por experiencia, se les ha colocado en el lugar de los minusválidos, con la única valía de llevar a los nietos al colegio. Claro que, en lugar de jugar, como corresponde a esa edad, han de hacer tareas que les tenga todo el día ocupados y a los padres liberados de ellos hasta la noche. Que se vive una vez ,y, en esto, nadie debería de vivir por nosotros. Gracias; María Jesús, ya preguntaremos cuando no sepamos que vivir, se me ha ido la pinza, que escribir, quería decir.

Cuento de verano

Domingo, 23 de Agosto de 2009

José Ruiz Guirado

ME he dicho esta mañana: Como hace mucho calor, me voy a meter con un cuento de esos que se publican en los suplementos de los diarios por estas fechas. No sé si lo vamos a conseguir, pero vamos a intentarlo. Que no sale, ya encontraremos a alguien o algo para echarle las culpas. Ya está la gata mirando de soslayo, como diciendo, ésta va a ser como la del otro día. Antes de comenzar, abrí bien la ventana para que se colase la brisa fresca y la luz. Como es un balcón amplio y está bien orientado, se cuela la claridad. Al asomarme a la ventana se veía humo muy oscuro a lo lejos y se oían voces lejanas. Aquí ya estamos acostumbrados, porque se les chilla al ganado y se les insulta cuando no van por la trocha requerida. Pero estas voces eran diferentes. Permanecí a la espera por si acaso. Pasó un buen rato y cesaron las voces. Me puse a lo mío. Tenía pendiente lectura y aproveché esa mañana para hacerlo, ya que estaba solo con el gato. Se habían ido los míos a las rebajas. No había leído dos o tres páginas, cuando se formó un murmullo debajo de la ventana. Dejé de leer, me asomé y pregunté: “Qué pasa.” “Que han robado el Monasterio”. “¿Algún cuadro, alguna estatua?” “No, no. Acaba de contarlo el conductor del coche de línea. Ha pasado como siempre por la Lonja y allí no había más que la explanada.” “Será un broma.” “Eso pensábamos todos. Pero el cartero, que también ha pasado por allí, ha visto lo mismo”. “Están aterrizando helicópteros del ejército y de la policía sobre la explanada para ver qué pasa”. “Pero vamos a ver: Cómo va a desaparecer un edificio que lleva ahí seis siglos y que no está suelto, como para que lo puedan llevar volando.” “Eso mismo decimos todos”. “Esto hay que verlo. Me bajo ahora mismo.” “No le van a dejar pasar. Según dice el chico de Valentín, que venía con el camión, han acordonado la zona y no dejan pasar.” “Voy a poner la Televisión por si dicen algo”. Efectivamente. “ Interrumpimos la emisión programada para informarles de un suceso acaecido en el pueblo madrileño de San Lorenzo de El Escorial, donde se encuentra ubicado el Monasterio mandado construir por Felipe II. Queremos decir, donde se encontraba ubicado. Porque según las imágenes que pueden ustedes apreciar, no queda allí más que un solar. Y les aseguramos que no se trata de una inocentada adelantada al 28 de agosto.” Aquí hay gato encerrado. Se está buscando una notoriedad con fines publicitarios, u otras causas, en el que se han puesto de acuerdo quienes participan en el affaire. Continué con mi lectura, que resultaba interesante y atractiva. No obstante, dejé encendida la Televisión para ver en qué quedaba aquella broma. A los pocos minutos volvieron a dar una nueva noticia. “Sorprendentemente, el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial ya no está ubicado por esos pagos serranos, sino en medio de los campos de cereal de la provincia zamorana. Estas son las primeras imágenes que nos ofrecen nuestros reporteros en exclusiva.” Seguí a mi lectura. Dentro de un rato aparecerá una señorita vendiendo alarmas, medidas de seguridad. “Si no quiere que le suceda como al Monasterio, contrate con nosotros nuestros servicios de vigilancia, robo y seguridad.” Pasó el tiempo y no aparecía la esperada azafata de modales dulces y poses fingidas. Debajo de la ventana seguían los comentarios de todo tipo. “¿Se sabe algo más?” “De momento, a esperar”. A las horas del suceso, desfilaron por las cámaras expertos de todo tipo, intentando dar una explicación a lo sucedido. Desde ópticos, físicos, ingenieros, científicos y adivinos. Nada que pudiera dar una explicación lógica. Al rato sonó el teléfono. Me había quedado dormido. Toda había sido una pesadilla. Qué alivio. En esto que miré para el calendario.Tengo la costumbre de saber del santo del día. No era otro que San Mamede. Un santo que se echó la siesta y mientras tanto habían pasado seiscientos años. Una duda me asaltó entre el sopor de la siesta.

Tiraboleiros

Sábado, 22 de Agosto de 2009

José Ruiz Guirado

ME ha venido indignado. “Esto hay que solucionarlo. Que me hago el Camino, pata de fraile, y llega uno a Santiago a darle el beso al Santo y el tiraboleiro que tienen allí sentado, me dice que nones. Que los besos son cosa íntima y lo aconsejable es un buen abrazo.” Pero vamos a ver, que la tradición manda que se haga el Camino a pie por cualquiera de las rutas establecidas. Una vez en Compostela, darse en el Santo de los croques después darle un beso al santo. Además, que uno sepa los tiraboleiros están para darle gracia al botafumeiro y no para impedir oscular. Y otro asunto, el deán ha mandado vaciar las pilas de agua bendita. O sea, que tiene que echar uno el agua de la cantimplora, que tampoco es plan, oiga, que no es bendita, en todo caso agitada del Camino. Todo esto hay que entenderlo en su justo contexto. La Iglesia está para salvar almas. Y no para condenarlas. Alguien viene con la gripe a cuestas, le da el beso al santo y el santo que tiene uno de esos días tontos, como cualquiera, no repara en ello y transmite la enfermedad. No estaría bien. Por eso está al quite el tiraboleiro, que es como un subalterno que está al quite del maestro si el astado le desarma. Luego siempre habrá quien lo intente. “Oiga, señor tiraboleiro, y si le doy un piquito de soslayo”. “No se le está permitido por profilaxis.””Oiga, y si le doy a usted el beso ,y, cuando tenga usted ocasión se lo da de mi parte.” “No le sé decir. Habré de consultarle el manual por si contempla estos casos. Casi a la vuelta me lo vuelve a preguntar, no sea que sea que dé usted un beso en balde.” “Pues le doy dos. Uno, por el favor y el otro por si contempla”. “Se agradece. El siguiente. Y , ojo, por hoy se cierra el cupo, no vaya a ser que se tome como norma y tanto besuqueo aburre.” Ya se sabe: Quien se ande los caminos, se tenga sus cuidados. Y la verdad, es que el Señor Santiago, no ha sido santo que entendiera de pestes. Para eso tenía a los tiraboleiros que le menearan bien el incensario y le quitaran la peste a zorruno que traían cuantos allí llegaban con el sudor y el polvo del Camino. Ahora, como se echan chanel y ya vienen lavados, pues no hace falta que le den tanto al maquinillo. Y el deán, habrá dicho para sí. “ No voy a tener a toda esta gente de brazos cruzados: A proteger al Santo de que le contagien del virus que hay por ahí pululando. Luego habrá tiraboleiros más permisivos. “Mire usted, que vengo con mi madre desde Cádiz, que está a un pico de aquí. Cómo le va a quitar la ilusión a la mujer de darle un beso al santo. Si no lo va a poder hacer más. Mire usted, llevo aquí un pañuelo de punto que lo ha hecho ella misma. Como los chorros del oro de limpio. Le paso luego por el santo”. Además, oiga, mi madre está más sana que un servidora”. Bueno, apure que no lo vea el siguiente”. “Dios se lo pague”. “Es la voluntad”. “Usted perdone”. “Circulen. No me interrumpan el paso”. Habrá algún que otro tiraboleiro más intransigente, con más carácter. “Haga usted el favor.” “Señora, que esto no es Lourdes. Aquí se viene con el milagro ya hecho. El Señor Santiago tiene mucho que resolver.” “Haga usted el favor.” “Señora, no se preocupe que el abrazo con fe, tiene tantos puntos o más que un mal beso. Siguiente.”“ Mire, traigo un besador con beso incorporado”. “Objetos de placer y deseo, no están permitidos”. “Siguiente.” “Qué carácter. Seguro que para darle al botafumeiro no le pone tanto empeño y se escaquea.”

Por los pelos

Viernes, 21 de Agosto de 2009

José Ruiz Guirado

CÓMO va agosto. Ha cogido carrerilla y ya no para hasta San Ramón. Luego septiembre nos da un respiro, parece como si la cosa se remansara un poco, para después meternos en el otoño sin remedio. Del invierno hablaremos en su tiempo. Tengo a mi informador perdido por esas playas de arena, sol, niños jugando al balón y macizas luciendo curvas. “No mires, Mariano, que luego me pides posturas y no está una católica.” Y así están las cosas. Si tampoco va uno a mirar, después de estarse todo el invierno viendo desde la ventana a los viejetes contar batallitas en la plaza desde primeras horas de la mañana, pues vaya plan de vida. Además, menudo motivo para seguir hilando en septiembre. Que llega el cole y han de andar los abuelos llevando a los nietos. Y lo que se ha quemado durante el verano. Qué barbaridad. Esto había que cuidarlo más. Había que prevenir. Que no hay vacas para que se coman los pastos. Pues habrá que limpiarlos. Hoy, ya se ve que el calor no le deja a uno dar más de sí. Desde que me senté a ello, ya me di perfecta cuenta que iba a salir de esos escritos de andar por casa, para los que no se han ido a la playa y se han quedado regando las macetas y dando de comer a los canarios y a los peces. Hace un año, una tarde de estas, una aciaga tarde nos trajo lo de Barajas. Y ya está uno con la mosca detrás de la oreja, porque en el verano no hay nada de lo que hablar, exceptuando de las poses de los famosotes en la playa, pero cuando surge, lo hace con mala leche. Esperemos que sigamos hablando de pechugonas, de tangotonas y de cadoronas, cuando no de pechugones, gallitos, matadores y tontorrones, que de todo hay en la viña del Señor. En el pueblo estamos a una semana de las fiestas y ya se nota que el personal no quiere dormir. Debajo de la ventana tengo tertulia de taburete y despelleje. Es como lo del Sálvame, pero en directo, sin cámaras, bajo la luz del fanal. Empiezan por la parte baja del pueblo, con gatos, perros, gallinas incluidos, para acabar por la parte de arriba, con vacas y burros en el mismo saco. Si la cosa no da para más, pues se inserta alguna anécdota del tiempo, de algún nublado o de la ropa que se compró en el mercadillo la semana pasada. Cuando el tema se acaba, cada uno con su banqueta y su silla. Después les sucederán los más jóvenes. Estos hablan menos, pero dan más voces y más gritos. Hasta que se les acabe. Y ya de madrugada, vendrán con los coches, quienes han estado en las fiestas de otros pueblos. No hay más. Pasa lo mismo que con este escrito de hoy. Nos estamos agarrando a un clavo ardiendo para llegar hasta el final. Que si no es por estas cosas, no pasamos de las primeras líneas. Y, poco a poco hemos llegado hasta el final. No nos queda más que como a los de la tertulia de debajo de mi ventana: plegar las sillas que correspondan, coger los taburetes, mirar para el cielo y despedirse con algún titulillo más, que se haya quedado el en tintero,y, hasta mañana, que como es sábado, habrá que venir con el rollo algo más largo para que no se quede la cosa en el barrio del medio. Como es sábado siempre puede uno recurrir al sábado próximo o al anterior. Y si no llagare, al domingo.

Todo se andará

Miércoles, 19 de Agosto de 2009

José Ruiz Guirado

COMO cada noche voy por agua a la fuente para mis animales. Y allí me encuentro, ahora que hace bueno, a los mismos chavales, sentados en el banco de detrás de la iglesia, fumándose un porro. Hay dos mayores, los otros, unos imberbes. Me ven, se esconden, se avergüenzan de lo que hacen, porque saben que, prohibido o no, aquello no es sano. Qué pena. A la larga vendrá el Tío Paco con la rebaja. Este problema es arduo, incontestable. Estoy convencido que los padres son ajenos a esta situación. Uno de ellos cogió un ladrillo para tirárselo a un gato que por allí andaba. Me dio tiempo a azuzarle y escapó. No me quedó más remedio que encararme. ¿Te provoca la droga instintos asesinos con los indefensos? Se fueron a otro lugar donde nadie les molestase a seguir engañándose. Esto sí es una pandemia. Un problema que no queremos solucionar y que algún día nos pasará factura. Unos porque vuelven la cabeza; otros porque no es su problema; otros porque se están enriqueciendo. Las madres de Galicia dieron buena muestra de valentía y coraje cogiendo el toro por los cuernos. Me preocupa. Con mis hijos he tenido suerte. Quizá haya sido un padre pesado, inoportuno, pero ahí he estado al quite. Si algún día soy abuelo, no sé qué será de los nietos. Tampoco es un problema individual, aunque sí lo padece cada uno en su casa. Recuerdo alguna cifra, obtenida en un Curso de Verano, creo que en Santander. La facturación por venta de drogas, supera con mucho la cifra de la venta de petróleo (gasolina, etc.) en Estados Unidos. Se dice pronto. Pensar que se están enriqueciendo a costa de la muerte o de la ruina de miles de hogares. Estas cosas se nos escapan de las manos. Torres más altas han caído. Querer es poder. Uno se da perfecta cuenta, que tantos intereses, tantos novios, tiene mala solución. Agosto lleva una marcha, aunque está siendo muy seco. Para otras calendas en las que había de recogerse la mies ya habían aparecido las camacucas, que son unas flores rojas que crecen cerca de donde mana agua. Y en éstas había que apurar para que las lluvias por San Lorenzo no humedecieran el grano. Pero estas cosas a quién le importan. A mi vecino Emilio que vive en otra época. Dígale usted a los de los porros lo de las camacucas. Posiblemente te miren con los ojos bien abiertos y te digan: Usted fuma más que nosotros, colega. A un servidor le da igual. Alguien tendrá que encargarse de estas cosas. Que cuando nosotros no estemos, pues tendrán que ir con los críos, como ya se hace, al campo para que sepan cómo es una vaca y por dónde da la leche. Porque habrá quien se crea que ya viene envasada y puesta en las estanterías de los supermercados. Pero siempre habrá algún romántico, algún soñador que nos venga a contar sus cuitas, y en esto descubra que el mundo ya existía. Que las cosas no vienen enlatadas y que los trabajos campesinos, aunque le pongan música a las vacas, hace falta mano de obra, pese a sacar el estiércol con máquinas. Todo se andará. Quién sabe. Igual nuevas ideas, nuevos credos, nuevas filosofías, con las que cambian todo esto. Se dan cuenta hacia donde nos estamos dirigiendo y salvan el planeta. ¡Ojalá!

Chatarreros

Martes, 18 de Agosto de 2009

José Ruiz Guirado

PENSAR que cualquier día le puede caer a uno un tornillo del cielo y dejarlo tonto para siempre, no es de recibo. Según parece, sobre nuestras cabezas tenemos toneladas de chatarra pululando. La NASA no lo tiene claro cómo limpiarlo. Eso es que no han pensado en España. Aquí hay buenos chatarreros que se lo limpiaban. Que hay que darles un curso espacial, se lo dan. Los gitanos tienen un sexto sentido para conducir. Aprenden a pilotar una nave chatarrera en una semana. Después les espera un suculento botín: Dos toneladas de chatarra. En cuanto se lo ofrezcan, hay más colas que para lo de Operación Triunfo. Y no les dejan ni un tornillo volando. Lo que tiene peor solución es lo Afganistán. Le han dicho los maridos de etnia hazara a sus esposas: O hay tamkeen, que traducido al cristiano, quieren decir que hay cama o no comen. Hasta que coloquen a un par de señoras de ministras. Entonces van a decir ellas: Ni hay tamkeen, ni comida y por encima a fregar los platos. Un servidor sí que está en un brete. Ayer mismo, después de leer el correo que me envió Gonzalo, el muchachito argentino, me enviaron otro, de esos que vienen con mala leche y se han borrado bastantes correos. Confío en que mi amigo Luis, cuando venga de solazarse por esas playas de Dios, me pueda echar un cable. El tío es un manitas para estas cosas y seguro que me saca del apuro. Lo tengo dicho alguna vez: soy un manazas para esto, qué le vamos a hacer, cada uno en lo suyo. No puedo me supera. Me da muchísima rabia, porque había mucho de amistad, de sentimientos, de guiños de buena fe. Confiemos en las habilidades de mi “Blogero”. Seguro que nos lo devuelve. Estoy pensando si sería mi hijo de puta –con perdón- quien lo hizo. Como el otro día le menté. Y se dijo: Sí. Pues ahí va esa. Al ser más malos que Caín, pues le están dando vuelta al magín para hacer daño. Si empleasen esa energía para el bien. Claro que, les digo una cosa. Estos malos hados, a la postre se revuelven contra ellos. Si quien a hierro mata, a hierro muere. Acaban un día envenenándose con su propia ponzoña. Voy a ir más allá. Los buenos deseos, las buenas intenciones no desaparecen, se transforman. Aquello que un día decíamos sobre las caléndulas de Vicente Ferrer, pues ahora se va a leer por Iberoamérica. Y quien sabe si llega de pétalo en pétalo hasta la India. Puede que sea uno un ingenuo, pero la risa es más benéfica para la salud que la mala baba. Poco a poco han ido convirtiendo el espacio en un basurero. Ya que se sube, podían habérselo bajado poco a poco. A quien no van a poder bajar es al montañero. Pobre hombre. Qué mala pata. Así son las cosas. Las estás haciendo uno a diario y cuando menos se piensa, salta la liebre y llegan los problemas. Como lo mío. Que no se recupera, lo siento por cuantos me han dedicado su tiempo. Otros nuevos enviarán, seguro. Pero lo del montañero es peor. Ni aunque venga Luis, puede hacer nada. Lo de la chatarra hay que solucionarlo. Dejar a nuestros profesionales que se pongan manos a la NASA. Que vendría a ser una nueva profesión con futuro: Chatarrero espacial. Una tarjeta de visita con esas cualidades, no dejaría de ser un detalle. “ El Chato, especialistas en chatarra espacial. Mandamos nuestras furgonetas-cohetes a cualquier lugar del espacio.”No lo duden, confíen en quien sabe del tema.

Esto se acaba

Lunes, 17 de Agosto de 2009

José Ruiz Guirado

HE recibido un comentario de un muchacho, desde Argentina, con doce años, que ha entrado a leer el Bloc y, a pesar de sus deficiencias ortográficas, ha encontrado en Mocedades (El Consorcio) su paradigma musical, que él mismo canta en el coro. Estas cosas le alegran, porque mis preferencias musicales, también llegan allende el océano, y no precisamente a personas maduras, sino a muchachos que comienzan a vivir. Qué tendrá la música, que es capaz de sobrepasar fronteras, edades y pensamientos. Me alegro por tu buen gusto musical, Gonzalo, no descuides la Ortografía. Hasta siempre. Qué majete. He leído en prensa que las cárceles españolas están saturadas hasta el hacinamiento imposible. Ahora bien, si quien allí entra tiene posibles, se puede permitir el lujo de recibir un curso de cómo sobrevivir en ellas, sin sobresaltos, incomodidades y molestias varias. Entre los profesores, ex presidiarios que aportan su experiencia. Que entra un chorizo que ha robado tres gallinas, se pudre de asco. Si es uno de estos de guante blanco, nunca mejor dicho, le sirven en su celda con estos mismos guantes. Se conoce que en función de la cantidad robada se les encuadra en su categoría: Choricillos y señores presos. Lo malo es para los mayordomos, que también han de compartir celda con su señor preso. No se extraña uno que haya tal hacinamiento. Ayer fue festivo por toda la España. Quien más lo ha notado han sido los ganaderos de reses bravas. Según parece, la crisis está haciendo que los festejos taurinos hayan desminuido considerablemente. En más de un pleno de los ayuntamientos se habrá discutido y aprobado. “Bajamos las cabras del monte, les damos más vino a los mozos, y todos a correr.” “Se va a notar”. “Si con el vino no basta, calimocho, que entra mejor”. Ayer un servidor no contribuyó a las cifras de desplazamientos por carretera, no pagué peaje alguno. Por cierto, si no pasa andando, sino en automóvil, por qué no se llama pasaje. Vi pasar a quienes cada año intentan acabar el recorrido de las Travesía de las Cumbres Escurialenses. Tenía más encanto cuando lo hacíamos cuatro gatos. Cada uno llevaba su morral con su agua y su fruta. Lo hacíamos en un pispás. Ocho medallas y una copa a los más jóvenes, que fuimos nosotros. Los de las Casillas salían en el primer grupo. Y ya no les veías el pelo hasta el día de la entrega de los trofeos. Después como cada año bajamos a presencias los fuegos en la Lonja. Que pasa como lo de las travesías. Un gentío, que les ha dado por traerse las mantas y los cojines para tumbarse en el suelo. Pues vaya tarea. Que los fuegos hay que verlos de pies, con la boca abierta para que so sufra el oído con las detonaciones y mirando para el cielo lleno de luces y colores. En una de estas, con tanta gente en el suelo, se descuida uno y les pisa la cabeza, y ya la tenemos. La verdad, que aparte de los tumbados que son una molestia y los siete u ocho que se pavonean de amistades subiéndose a una de las torres, donde tendrán más vértigo que otra cosa, cada año se perfeccionan más. La sincronización entre fuegos y música es más adecuada. Como alguien, con esto de la crisis, le dé por rizar el rizo, vamos a presenciar: pirotecnia, música y danza de una vez. Pero bien, muy bien. Se llenó el cielo de luz y pólvora despidiendo un años más los festejos. Cada noche que uno los contempla, se va diciendo: Cuántos años van cayendo sin querer.

Mocedades (o El Consorcio) en San Lorenzo de El Escorial

Viernes, 14 de Agosto de 2009

José Ruiz Guirado

ANOCHE fue una delicia verles y oírles. Daba un poco de grima ver a Amaya con tanta dificultad para caminar. Sin embargo la voz la conserva como siempre. Y si no ahí está Estíbaliz para sacar su chorro de voz dulce y melodioso. Fue una velada inolvidable. Parecía, horas antes del concierto, que se iba a estropear porque cayeron unas gotas. Sin embargo, la temperatura se quedó magnífica, sin ese viento que arroja el Abantos, que a más de uno le puso en un brete. Como a Rosa, que después de cantar en la Lonja del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, enfermó. Mocedades ya lo había hecho en otra ocasión y por ello agradecieron a quienes cerraron las puertas. Mocedades (El consorcio, ahora) nos trajeron recuerdos de años felices. Canciones y letras que nos han hecho compañía, que nos hablaban de un tiempo de “rosas”. Hubo un alto en la actuación –ya explicaron- para dar un descanso a los músicos. Cantaron entonces canciones acompañados a la guitarra. Fue entrañable y demostraron oficio. Porque con su voz nos hicieron olvidar la música. Y sobre todo, porque fueron unas canciones que uno ha cantado siempre, aunque nunca se haya sabido la letra, o que ha oído aquí, allá, acullá. Después, cuando ya se incorporaron los músicos, nos regalaron las canciones de siempre y algunas nuevas, en su línea, preciosas. Cerraba uno los ojos, o simplemente miraba hacia el cielo escurialense y se encontraba oyendo lo que oía hace unas décadas; sin embargo, quienes estábamos alrededor pintábamos canas y algunos abuelancia. El tiempo, que quizá no pase y seamos nosotros quienes nos vamos oxidando hasta que las células se mueren y con ellas la persona. El concierto de anoche fue entrañable. Parece como si se conjurasen climatología y buen gusto. Algún nubeiro de estos que provocan los nublados, quizá tuviese oído para la música, y se diría para sí: “Como les voy a dejar sin esta maravilla”. (La desgracia se cebó en Jaén, mala pata). Y así fue. La noche serrana se llenó de melodías, de dulces palabras, de mejor música. Gracias todo ello a cinco personas (y su equipo) que trajeron su sensibilidad, su oficio y sus ganas de dejar en el candelero lo que les gusta hacer: cantar. Que de casta le viene al galgo. Que en su casa se cantaba para hacer cualquier cosa rutinaria. Y lo que se aprende o se oye a una edad, nunca se olvida. (Sergio ha estado en San Lorenzo, pero en su faceta de escultor). Cantan muy bien y ponen empeño y cariño en hacerlo. Y esas cosas se notan. Que se me está viendo el plumero. Pues mire usted: son de mis preferidos, y no sólo no voy a negarlo, sino que me enorgullece escribir de alguien que ha llenado una de las páginas musicales en nuestro país. Son ya unos clásicos, pero se les ve jóvenes y esperanzados y eso alegra y se transmite. Si estamos, aquí volveremos a oírles. También es cierto que conjugar arte musical y herreriano no es fácil. Porque ante la sobriedad de es monumento enseguida se nota quien no da la talla.

Mi hijo de puta -con perdón-

Miércoles, 12 de Agosto de 2009

José Ruiz Guirado

POR motivos ajenos a nuestra voluntad, o por motivos técnicos no hemos podido acceder durante unos días al Bloc. Cuando alguien dice estas cosas, parece que está diciendo que no le ha dado la gana hacer tal o cual cosa, pero que bien queda. En nuestro caso ha sido rigurosamente cierto. Por tanto, esta misma noche resueltos los inconvenientes nos lanzamos a la aventura. Mi hijo puta –con perdón- no se ha ido de vacaciones y no deja de darme la vara. A un servidor le parece que a igual que cada cual tiene un ángel, también tiene un demonio, que es quien hemos citado con anterioridad. Éste depende de cómo tenga el día para que se porte de una forma o de otra. Porque hay veces que viene incluso cantando una canción romántica. Claro que, dura bien poco. En cuanto le rasca la espalda su hijo de puta –con perdón- particular. Porque el de ellos tiene aún más mala baba, porque ha de dar ejemplo de maledicencia. Entonces, para no quedar mal ante su mentor, putean al primero que se cruce, con el motivo más insospechado. Y les voy a decir algo, si es una mujer, el demonio (es por no estar constantemente pidiendo perdón) que llevan dentro, ya puedo uno andarse con cuidado, porque son más sutiles. Los hombres, incluso hijos de puta –una vez más perdón- son más tontorrones, más nobles. Que aquí nadie venga con la bandera del feminismo, porque se habla de todas esas hormonas que se ponen en funcionamiento y la lían. Tiene la cosa guasa. Después de estos días en cuarentena, esperando a salir a la Red, no se nos ocurre otra cosa que hablar de nuestros hijos de puta –perdón, otra vez- que nos acechan, mental y físicamente. Qué no sabe uno que será peor, porque lo segundo con el sueño se pasa; pero lo primero te puede tener pre-ocupado y eso acaba pasando factura a la larga. También es cierto que por muy canallas que sean, si te lo cambian por otro a quien no conoces, pues igual se cumple aquello de: otro vendrá que bueno te hará. En el caso que nos ocupa, más malo de hará. Tiene uno unas cosas. Con todos los motivos que uno pueda encontrar para recuperar el tiempo perdido, sale con estas. Y eso que esta noche están cayendo las estrellas fugaces -Lágrimas de San Lorenzo- con las que se puede pedir un deseo. Me he asomado de vez en cuando y todavía no he visto ninguna. Como van a estar toda la noche cayendo, iremos probando poco a poco por si acaso. Esto de escribir tiene esas rarezas. No pensaba tocar estos palillos, porque hoy ha venido a verme mi amigo Bernardino, con quien tengo pendiente un trabajo en común, con sus excelentes dibujos. Motivo para congratularse. Quizá me ha jugado una mala pasada mi subconsciente, o quizá ese mal bicho que todos llevamos junto con el otro que es mejor persona, aunque sea algo más sosete. Sucede que cuando a uno le vienen a tocar lo suyo, se irrita, se molesta y se enoja (si me oyera Emilio, me diría a renglón seguido: Tan complicado es llamar a las cosas por su nombre. Que las palabras se han inventado para que se digan en el momento justo, y si no se hacen, pues pasa uno por cursi) le sale a uno el genio e igual los insultos no llegan. Hoy no he podido evitar al hijo de puta –con perdón- que me machaca cuando le viene en gana. A todos nos duele que alguien ponga todo lo que somos en duda, cuando no nos coloquen en un brete, o nos la jueguen de mala manera. Quién no saca las malas entrañas. Igual mañana son otros los motivos por los que nos ponemos manos a la obra. Ustedes disculpen mis fantasmas que han salido esta noche a acechar mi tranquilidad.