Marte
Jueves, 27 de Agosto de 2009José Ruiz Guirado
HEMOS estado mirando para el cielo en busca de Marte. Según parece, a medida que la noche vaya transcurriendo se verá mejor. Miramos al cielo, porque nos atrae, nos sorprende, nos intriga y nos inquieta. El hombre necesita asirse a cuanto nos excede. Somos inseguros, cobardes, violentos, brillantes, incluso piadosos. Sabemos que este fenómeno no se va a repetir en lo que nos queda de vida, por tanto, no podemos pasarlo por alto. Volveremos al balcón a verlo. Hemos visto algunos en estos años. No sabemos qué habremos de ver. Qué haremos. Se cumplirán nuestros sueños. El problema de esas preguntas que aún no tienen respuesta, es que la tendrán en cuanto pase el tiempo. Una vez allí, todo será sencillo. Habrá pasado nuestra vida y las respuestas las sabremos. En el camino procuraremos acercarnos a lo que creemos. Pondremos cuantos podamos de nuestra parte, pero posiblemente sea más fuerte el destino que lo intentado. Por ello, cuando nos enteramos de algo como lo de esta noche, salimos a la ventana para verlo, para encontrarnos. Uno piensa que todas las respuestas están aquí, en nuestra conducta, en nuestra forma de vivir, de querer. Quizá todo esto no sea más que apreciación de quien se sienta cada noche a este ordenador para confesarme, desahogarse. Para entretener, o para contar esas cosas que uno ha querido hacer y no ha podido o no ha sabido. Es cierto que la experiencia te lo pone más fácil, aunque te prive de esa espontaneidad, ingenuidad o desconocimiento, que de todo hay un poco. Noches como estas, en las que hay que salir al balcón, se plantea uno si todo esto merecerá la pena. O es uno mismo quien se impone estas tareas para justificarse, ante uno mismo. Porque el tiempo va pasando y todas esas cosas que uno buscan, no llegan. Y tampoco está muy claro que lo harán. Dan ganas de tirar la toalla, de irse como todo el mundo al bar a echar una partida de mus. Si aguantamos este artículo, no iremos a la cama y mañana, que ya es viernes, saldrá el sol y veremos las cosas de otra manera. Quién sabe. Nos espera un fin de semana ruidoso y festivo. Tomaremos alguna copa de más, echaremos un baile y nos engañaremos pensando que somos más felices. Luego llegará el lunes y habremos de volver a la rutina, al trabajo de pan traer, a la mentira representada día a día, abriendo el telón a la mañana y cerrándolo a la noche. Esto tendría que ser más fácil, más llevadero, más simple. Pero te das cuenta que es más bronco, más insoportable. Me preguntó cómo será para quien no tenga nada, para quien esté solo, para quien esté enfermo. Antes de irnos a dormir volveremos al balcón para dormirnos con la imagen o la ensoñación de Marte y sus lunas.