Archivo de Septiembre de 2009

Asofaifas, aceloras y piononos

Lunes, 28 de Septiembre de 2009

José Ruiz Guirado

LO bueno de viajar es la oportunidad de conocer. Siempre lo he mantenido. Hacía algún tiempo que no cruzaba la Mancha en el otoño. Se está vendimiando y da gusto ver los tractores llenos de uva camino de la tolva. El campesino se sienta a almorzar en el descanso debajo de las parras que penden de los casillos donde guardan aperos. Deja uno la Mancha de vides, cruza Despeñaperros y tras dejar Santa Elena, los olivos dibujan el paisaje. Alguien dirá : nada nuevo. Así, tantos siglos de vino y aceitunas no trae nada mejor que decir. Sin embargo, siempre hay algo que sorprende, aunque sea centenario, añejo o rutinario. Dejamos Jaén a la derecha, cobijado bajo ciclópeos riscos y el río que da su nombre camino de Granada (cualquier granadino ya me hubiera rectificado: “Graná”. Un servidor ha de ceñirse al rigor gramatical), donde los olivos trepan hasta alturas vertiginosas. Obligada subida al Albaicín, desde donde la ciudad descubre los antiguos minaretes trastocados en templos cristianos. Los antiguos aljibes, ahora secos, o las antiguas cuevas, donde el habitante ya no es el de antaño. La Alhambra solemne, enhiesta, moruna pese a Carlos V. Y si tiene uno la suerte de coincidir con la festividad de la patrona; Nuestra Sra. de las Angustias, amén del fervor religioso que despierte, podrá llevarse uno asofaifas, aceloras y piononos (aunque estos últimos durante todo el año). En los miradores los visitantes esperan a que el sol se ponga para asombrarse con su puesta. En la ciudad se topa uno con las barbaridades arquitectónicas, donde se ha mezclado estilos, cuando no se ha tapado un puente, un edificio milenario con un bloque de cemento, que viene a agravarse con las decisiones de los políticos de turno. Yo construyo, yo derribo. En la catedral, los pobres de solemnidad a la puerta, las gitanas con el ramito de romero para abordar al turista, los puestos con recuerdos árabes. Dentro, las tumbas de mármol de Isabel y Fernando, doña Juana y don Felipe; sus coronas, sus pendones, sus espadas y sus pesados termos. La Historia de España allí remansada entre huesos y recuerdos de un tiempo pasado. En el casco viejo los bares donde la tapa acompaña a la vermú, al vino o a la cerveza. Ésta última hecha en la ciudad con agua de la sierra, que la habíamos dejado de lado. Pero allí están rozando las nubes, con sus colores grecotintas esperando las primeras nieves para cubrirse de ampo. El granadino alegre, jocoso, ocurrente. Se habla de los restos de Lorca, de los Cármenes, habitado por quien puede ,y, de la puesta en escena de la televisión local, con la retrasmisión de la procesión de la patrona. La lluvia anunciada escasa. También los hay de “malafollá”, de sombra negra, como en todas partes. Y japoneses, con máquina en ristre tomando nota fotográfica de cualquier detalle. Da gusto ver los tejados de la ciudad, los patios, las chumberas, las palmeras, los olivos desde el Albaicín, a la dudosa luz del día. Granada es una ciudad que (voy a utilizar una palabra que allí oí y vi escrita, pero no usada como despectivo, sino todo lo contrario, en el sentido de empapar, llenar, curbrir todo) “empringa”.

“Grave sin presunción, alegre sin bajeza”

Miércoles, 23 de Septiembre de 2009

José Ruiz Guirado

Según el “Eclesiastés”, la risa, el habla y el andar del hombre muestran su corazón. Cervantes apunta: “ Alegre si bajeza, grave sin presunción”.Reír, hablar y andar, además de yantar muestran bien a las claras quién es quién. Se han fijado en estas actitudes cotidianas y comunes de la persona para juzgar. De la risa nos dio una lección Humberto Eco, novelando las consecuencias de ésta en un medio hostil, donde su aparición traía como consecuencia la libertad: La felicidad. Risas fingidas, risas cómplices, risa hipócritas, risas falsas, risa maliciosas, risas forzadas, risas cínicas, risas abiertas, risas sanas, risas espontáneas, risas honestas, risas dulces, risas pícaras, risas lascivas. Cada una de ellas va creando una galería de caracteres, de comportamientos y de actitudes. O sea, su corazón, que es quien lo rige. Con la palabra se acusa, se perdona, se delata, se miente, se calumnia, se ofende, se insulta, se alaba, se agradece, se bendice, se maldice, se consuela, se irrita, se confunde, se hiere, se apoya, se anima, se agrada y se comunica. Se puede hacer con educación, con soberbia, con ironía , con franqueza, con desagrado, con acritud y con piedad. Y las palabras que se eligen van a la par. Palabras de amor, palabras dulces, palabras tiernas, palabras ofensivas. Dime con quién andas y te diré quien eres, aunque aquí no son las compañías, sino las formas. A los príncipes se les asigna un preceptor para que no olviden estas maneras. Hay quien no los tuvo y sin embargo saben cómo caminar, cómo estar; saben que la dignidad también se demuestra en las maneras. Otra cosa es lo que buscaba Sancho: comer a solas para permitirse las licencias que no podría en una mesa acompañado. Que también en la mesa y en el juego no muestra quién es el caballero. Llegado a este punto me preguntó: ¿Todos estos valores no son ya cosa del pasado? El otro día me decía mi Informador. “Usted le da poder absoluto a alguien y el primer problema a resolver es el de la violencia doméstica, en el colegio, en la calle…” No lo consigue. El otro día hablaba un experto de tara, de enfermedad, que se agrava con el consumo de drogas. Y a la que hay que tratar. Hace un par días estaba comprando en un Super. Atendía la Caja un muchacho. La señora que iba delante de mí le dio cincuenta euros para pagar. Tuvo dificultad con el cambio. Una señora que venía detrás, también. Se puso como un energúmeno, porque también le pagó con el mismo billete. “Oiga tiene ustedes cuatro bancos cerca como para tener cambio.” El imberbe, que no tendría veinte años, le espetó: “El cambio lo tienen que traer ustedes. Y si no les interesa dejan la compra y se van a tomar por el culo”. La pobre anciana se quedó de piedra. ¿A este energúmeno en qué se le nota, en la risa, en el habla o en el andar? ¿Qué le hace usted? ¿Le explica usted lo que es el “Eclesiastés”? Lo correcto sería poner una queja. Sí, pero el soponcio no se lo quita nadie.

“La verdad os hará libres”

Martes, 22 de Septiembre de 2009

José Ruiz Guirado

HA sido una constante en mi vida. Lo cual por un lado me ha creado además de enemistades, muchas satisfacciones, amén de sentirme más libre. La primera verdad de mi vida que tuvo trascendencia la dije siendo un mocoso. Mi madre no se llevaba bien con mis tíos. Imagino que por no ir con ellos algún sitio, me metió a mí por medio. Lo negué y la descubrí. El resto ya es imaginable. Pero se pasó. En el colegio hice novillos más de un día. Especialmente una tarde calurosa en la que nos fuimos a bañar a la presa de Garcés. Alguien nos vio y se llevó las carteras que teníamos escondidas. A la mañana siguiente, quien más quien menos vino con su justificante amañado. Un servidor con el recuerdo grato de la tarde de sol, baño, almendras y amigos. “Un servidor aprovechó la tarde para bañarme”. Mano de santo. Mi palabra tuvo crédito durante todo el curso. Aquel profesor era un liberal, con unos criterios diferentes al uso. A esa edad uno no es consciente de esas cosas. Mi tercera verdad transcendente fue en el Servicio Militar (que me tocó de los largos y complicados por lo de la Marcha Verde). Había un muchacho malagueño, medio analfabeto, que necesitaba echar una mano a su padre a recoger una cosecha – no me acuerdo de qué-. En esta época se estaban concediendo abundantes permisos porque el presupuesto para el rancho escaseaba. El muchacho éste se lo pidió al sargento. No lo hizo ni caso. Ni le escuchó y le hubiera dado igual. A la sazón, un servidor era Furriel ,y, por tanto quien preparaba los permisos. La noche que faltó pasó lista el sargento y el jodido –con perdón- sí se acordó que no se lo había dado. Evidentemente el capitán había firmado los pases la víspera y ya estaba todo hecho. El sargento miró para mí y me preguntó de manera inquisitoria e hiriente: ¿Le has dado tú el permiso? No lo negué. Al día siguiente, estaba arrestado. El lunes, porque era fin de semana, vino el Capitán a verme y le conté lo sucedido. Me cambió de destino porque, evidentemente me había saltado una norma. El resto de la Mili viví… De haberlo sabido antes. Todavía me felicita por las navidades el muchacho malagueño. Podía haberlo negado y decir que él mismo me los dio para la firma. La cuarta de mis transcendentes osadas sucedió con quien hubiera sido mi suegra. No me arrepiento de haberlo hecho. Es largo de contar y penoso. En resumen, no entré el aro y dije la verdad ante una situación complicada. Todavía no sé cómo tuve arrestos, pero aquella situación laceraba ,y, posiblemente hoy hubiera contribuido a la lista de los divorciados. Llegó a ser una situación tragicómica. Me sentí libre, aliviado, seguro y persona. No cabe duda. Hay veces en las que la verdad sería una torpeza, con peores consecuencias que la mentira. Aquí hablamos de la verdad que tiene uno que asumir en la vida, en la única que tenemos. Esas verdades de las que depende el futuro de algunas personas, cuando no la cárcel, la libertad e incluso la muerte. Ante esas verdades, en las que se dan situaciones límites, es la persona quien decide ser libre o esclavo. Recuerdo una frase de San Agustín que decía así o parecido.” Nadie niega a Dios, sino aquel a quien le conviene que Dios no exista”. ¿Sería ingenuo sustituir la deidad por la verdad? No sabe si sería lo más aconsejable. Igual es que la verdad es una utopía. Sea como fuere, la realidad es que sí hace libre al hombre. “Nada conquista excepto la verdad y la victoria de la verdad es el amor.” -Sermones 358, 1. “Victoria veritatis est caritas.” Otra vez San Agustín. Luego está la verdad de cada uno.

Botellón y “cotilleón”

Domingo, 20 de Septiembre de 2009

José Ruiz Guirado

HABLAR de algo que no se conoce, viene a ser como ir a ciegas. No es que no sepa uno de un asunto porque el que ya se pasó en su momento. También es obvio que hay una franja de edad en la que lo único que interesa es divertirse. Y en cada época ha de hacerse con lo que hay. Pero también lo es que cada cual lo hace de forma diferente. Hay unas pautas de conducta en edades en las que el individuo no está formado o lo está haciendo, con un comportamiento si no violento, sí difícil cuando se está en grupo. Después pasa esa etapa ,y, quien más o menos comienza a enfocar su vida, abandonando ese periodo no computable. ¿Es lógico ponerse ciegos, perder la conciencia y la dignidad si cabe? ¿No hay otra opción? ¿Se está fomentado desde los estamentos públicos? ¿Interesa tener alcohólicos que no críticos?
¿ A los padres les da igual? Puede que todas estas preguntas ya tengan respuesta. Y puede que quien se está aquí machacando el seso no deje de ser un ingenuo que está fuera de la onda. Puede ser. Ya lo advertía al principio. Lo que está claro, es que cada época tiene una forma diferente de divertirse. Pero esto no lo crea quien se compra la botella en el Súper. Se le da hecho. Las generaciones que nos precedan no sabrán que es el atún, por ejemplo, pero no por su culpa, sino por quienes lo han esquilmado con anterioridad. Las cosas no surgen de la noche a la mañana como un sarampión, hay un proceso, un tiempo, incluso el sarampión, en el que se van desarrollando. Los ejemplos se dan todos los días. Estamos inmersos en una recesión en la que algunos de los culpables tienen nombre y apellidos e incluso condenas. Ha pasado el apuro, otra vez a la carga. Me lo decían a mí cuando era un crío y no sabía de lo que hablaban: “La Caja es menor de edad y se la engaña.” A toro pasado, se dice uno, pero que tonta estaba. Pero que vamos a esperar si se está una semana larga dando como titulares en medios públicos el enfado de una madre, su hija, su ex, la señora de ésta, la madre de la otra, la separación de la hija de ésta, las quejas de su marido. Este es otro botellón sin alcohol que interesa y mucho. Y si esto falla se recurre a los modelitos, los tacones de tal o cual persona de renombre o no. Si esto cansare, pues aparecen las madres, los novios, las tías y los amigos de los que se encierran de motu propio entre cámaras que les vigilan. Para, a continuación, los más groseros, los más atrevidos, los que más enseñan, se ganan una pasta yendo a los platós a insultar y maldecir. Quién no va a querer esta forma de ganarse el pan. Tiene usted ahí a montones de licenciados que no se desnudan para una revista y, claro, no se comen una rosca. Oiga, que todos llevamos un hidalgo dentro. Pero alguien tendrá que aprender a hacer las cosas. Que interesan más los tacones que va a lucir doña Tal que se hayan arrasado miles de hectáreas de montes sin que se haya prevenido. Y la cosa ya se sabe, año tras año. Si se pusiera este empeño en la investigación, en la docencia, en el progreso, en la ciencia. No interesa. Es más rentable el botellón, el “cotilleón”, la bronca –incluso en el Congreso y en el Senado para que se tome nota- y el robo. Una vez pasada la gripe, se limpian las calles, se invitan a comer y con lo que queda de lo afanado, a vivir que son tres días.

Las palabras y el escribidor

Sábado, 19 de Septiembre de 2009

José Ruiz Guirado

ES lo que pasa cuando lo escrito convive tanto tiempo con el escribidor, que se rebela, que quiere ir por su cuenta. Y, cuando uno menos se lo espera se sale de lo escrito y habla y piensa por sí. “Oiga, que un servidor ha nacido para ser otro personaje, que me viene de cuna y me está usted poniendo de pobretón. Ya me está usted haciendo justicia.” No digamos si se trata de palabras antiguas, cultas, que están más próximas a la lengua primigenia, inicial. A la mínima, desaparecen, se borran. “Una servidora estaba antes que todos estas advenedizas y me coloca usted con la última mona que ha llegado”. Cuando no te increpan por no usarlas con la categoría, en el contexto merecido. “Oiga usted, señor escritor, si no alcanza a entender mi significado noble, consulte usted un buen diccionario que para eso están”. ´Qué hace uno: resignarse. Poner atención a la hora de nombrar o de calificar. Y ya lo de los verbos, es punto y aparte. Pues que no les conviene ejecutar la acción y no lo hacen. Te encuentras que se cambian a condicionales, subjuntivos; pero por todo el morro. Sin embargo, las preposiciones son las más picajosas (espero que no se moleste el adjetivo). Algo o mucho de razón llevan, significativamente la “de” y el “por”, especialmente por el mal uso que están haciendo de ellas los comentaristas deportivos. Alguna noche incluso se sinceran con un servidor y me lo cuentan. “ Pero vamos a ver. Cómo se puede ganar un partido “de cinco” si solamente están o han jugado uno. Aquí a la pobre “por” la tienen machacada.” “Sabe usted qué pasa. Muy sencillo. Los ilustres escritores que nos ha recogido en su justa medida, nos han colocado donde habíamos de estar: en los buenos libros. Pero como estos ya no se leen. Quién lee ya a los clásicos. Tres chalados. Entonces, ahí estamos ocultas, a la sombra, encerradas en bibliotecas esperando a que alguien le pida al bibliotecario tal o cual libro. No se puede usted imaginar cuando alguien abre el libro. Nos excitamos, nos movemos, intentamos a toda costa que nos vean. Porque si alguien nos saca de aquí y nos pone en boca de todos, volvemos a estar vivas, con toda la vigencia que nos corresponde.” Pensar que hemos tenido a gala ser el idioma del Imperio, aquí, allá, acullá, allende los mares. Y ahora, entre el poco conocimiento, las invasiones de las lenguas extranjeras y el desprecio del hablante, el desconocimiento del escritor (que también hay que decirlo) y la destrucción que está llevando a cabo la publicidad para evitar costes y no desmejorar el diseño, nos vamos a encontrar con un batiburrillo de palabras dispuestas a lo que sea para que no se mueran. No me extraña que estén hasta la coronilla, hartas de tanto piernas y aburridas y con desgana de pasarse la vida en los oscuros anaqueles, con la esperanza de ver de vez en cuando la luz.

Re-cuento

Viernes, 18 de Septiembre de 2009

José Ruiz Guirado

TRAS los insultos de ayer volvemos a la rutina. Alguien ya habrá notado que el cuento después de las vacaciones se ha volatilizado. No es la primera vez que el duende de la comunicación me la juega. Esta vez el duende tenía nombre y apellidos, además de estar versado en leyes y ser amigo. “Te puede caer una querella por lo evidente del asunto. Deberías de cambiar alguna acusación o esperar”. Claro, si es un amigo quien te advierte, es mejor hacerle caso, porque no hay necesidad de complicarse la existencia. Resulta que el cuento, la ficción se convirtió en realidad, porque no era otra cosa. Es de esas situaciones que a uno no le queda más remedio que darle vida. Y al recobrarla llamó la atención por su cotidianidad. Se recreaba una situación que sucede todos los días en cualquier ámbito. Se la quiso envolver en papel de seda, pero no se pudo, porque el autor necesitaba contarlo con todas las palabras posibles y necesarias. Incluso ahora piensa que debería haberlo titulado “El que se fue a Sevilla perdió su silla”, como sucedió con aquel prelado; pero tampoco correspondería a la realidad, porque aún no tenía silla, aunque se la prometieron. Había en el relato un par de desalmados que habían de hacerse con un jugoso pastel y como eran muy lambones, utilizaron cuantas artimañas tuvieran para conseguirlo. Claro, en la otra parte había un hombre honrado a quien también le gustaban los dulces. Y a quien se lo ofrecieron, pero no con la intención de dárselo, sino de justificar la glotonería de los otros. En la carrera, pusieron tantos impedimentos que, cuando llegó el tercero, ya estaban bebiendo agua para digerir el dulce. E incluso, con toda la razón del mundo, le dijeron que le habían estado esperando y no les quedó más remedio que comenzar sin él porque amenazaba el calor con derretirlo. Aun así, hicieron un alto, pero no llegaba, porque era muy lento. El buen hombre, a pesar del esfuerzo que hizo se quedó sin probarlo. No obstante, le señalaron que había quedado algún resto en la oblea por si podía relamerlo. Pero no había acabado de decirlo cuando ya lo hacían los gatos. El hombre se acordó entonces que había un dios a quien competía recoger estas quejas. Se lo dijo, pero se conoce que debía de estar ocupado con otros asuntos. Se marchó a su casa cabizbajo, porque aquel pastel había de repartirlo con su familia que le esperaba con él. Cuando le abrieron la puerta se justificó diciendo lo mismo, que el calor había estropeado el dulce. La esposa no comentó nada, pensando que podía haber venido por la sombra de los árboles que bordean el camino. Y ya se supuso que otra bien distinta sería la razón. Llegada la noche, cuando los pequeños dormían le contó lo sucedido. “No te preocupes –le dijo la esposa-, si se lo han comido apresuradamente, con ansia y sin masticar ya pagarán las consecuencias.”Y así debería de haber sido, pero no lo fue. Porque no todas las historia tienen final feliz. Sin embargo, quién sabe. Igual el día que Dios revisa la agenda de los asuntos pendientes e injustos hace justicia. Y si así no fuera, es que tendrían más necesidad que el hombre honrado. Esto es a grosso modo lo que venía a decir el cuento aquél. Con la diferencia en el matiz. El autor del otro cuento, que no fue el mismo que el de éste, se dejó llevar por la pasión y puso cara a los personajes. Este otro autor, al tratarse de un cuento, lo está escribiendo cual y corresponde al estilo requerido. Y lo ofreció así a los lectores para su disfrute y entendimiento. Y ruega a quien hizo tan noble comentario a aquél, tengan la generosidad de tratar piadosamente a este autor. Laus Deo.

Insultar al jefe

Jueves, 17 de Septiembre de 2009

José Ruiz Guirado

SEGÚN parece insultar al jefe no es ni delito, ni falta, ni motivo de despido. Por tanto, lo que procede es hacerlo bien, con soltura, con elegancia. Un servidor que ha sido amigo de insultos (entendámonos, que para hacerlo no se puede recurrir al socorrido taco obsceno, empleado fuera de contexto. Porque un buen insulto no deja de ser un ejercicio de conocimiento) en su justa medida. Quien los ha puesto en circulación, lo ha hecho conociendo las causas y dirigiendo sus dardos hacia aquello de lo que se pretendía resaltar. Pero, es que este asunto es diferente. Lo que aquí se ha puesto como precedente, es la inquina dirigida el superior en forma verbal, incluso acordándose de sus seres queridos, sin que por ello constituya motivo alguno de sanción. Entonces, ya que se hace, habrá de hacerse con elegancia, buscando alguno que corresponda con lo agraviado y su persona. Quizá de esta forma, si se topa uno con un juez a quien le guste el buen verbo, puede que proponga algunos insultos a tener en cuenta como manera menos zahirientes de dirigirlos contra el jefe de turno. Que llegado el caso, éste también pudiera exigir que se le insultara de manera lógica y justa. Podría por tanto, colgar en sus paredes un catálogo de insultos que a él le convinieran y satisficieran. Exigiendo al trabajador que se ajuste a derecho. En cualquier momento puede reprocharle que aquel insulto no estuviera contemplado entre sus aprobados y debe de retirarlo por otro similar.Estando en estas disquisiciones ha llegado mi Informador, que me viene el tío del Este. Y como es de buen yantar y buen beber, se ha pasado por un dar donde ha encontrado un vino que se llama “Valde Que Mao”. Que no es chino, ni raro; sino español. Lo que son las cosas del viajar. En donde menos se lo piensa uno salta la liebre. Quién iba a pensar algo parecido. Viene a ser algo parecido a lo del insulto. Quién iba a creer que se iban a poder elegir a la carta sin impunidad alguna. Que llega uno por la mañana al trabajo y se paso por el despacho del señor director y le comenta: Le vengo hoy un poco cabreado y preferiría que me diese a elegir los insultos que más le convienen. Le agradecería que no fuesen de mal tono y desagradable, que he tenido hoy bronca con la parienta y está uno sensible. Los elijo yo o los elige usted. A ver qué la parecen estos. Le importa si cambio el segundo. Con una condición, que no me lo espete con acritud. Qué tal en este tono. Un paco más dulce. Así vale. Podría. Mi informador es una persona de mundo. Y viene a ser un viajero sui géneris. Él va a sus cosas. Y en temas de gastronomía está puesto. Es capaz de analizar la cultura y las tradiciones de un lugar por la boca. Que no quiere decir lo que uno suelte por ella, sino lo que ingiere. Es justo el proceso inverso de quien insulta. Con estos viajes uno es capaz de hacerse con un camino, como lo del jacobeo, pero del papeo. Oiga, unos ganarán el cielo por la oración y otros por el estómago. ¿No hay estómagos agradecidos? Pues eso. Cada cual en su faceta. Vaya usted a saber sin con el tiempo también se gana uno el cielo insultando al jefe. La única condición ha de ser que se haga sin maledicencia, ateniéndose únicamente al guión o al catalogo previsto. Cosas más difíciles se han visto en la viña del Señor. También.

Soñar despiertos

Miércoles, 9 de Septiembre de 2009

José Ruiz Guirado

A veces, la mayoría de ellas, el hombre necesita soñar para levantar la cabeza. El problema viene cuando la ensoñación se desvanece, se disipa y la cruda realidad se convierte más prosaica. Pero mientras tanto, se vive otra realidad, otra esperanza aunque sea fingida. También las drogas producen efectos parecidos, con la particularidad de perjudicar la salud. Lo otro, no es más que un rato agradable que pasa. Se podía vivir siempre en ese estado, pero no imaginado, sino real. Sin querer estamos volviendo a imaginar. Es lo que tiene la literatura que no sea periodística o ensayística: Inventa, explora mundos en los que se quisiera estar. Qué le vamos a hacer. Nos hemos levantado de esta guisa, pues habrá que aprovecharlo. Ha habido, habrá días grises en los que uno no pueda con su alma, ni con su cuerpo. Por tanto, hoy que la luz tiene un brillo especial, casi ya otoñal, sonriamos, que ya vendrá Paco con la rebaja. No hay días en el calendario para ir desgranando uno a uno. Irán cayendo como hojas secas cada noche. Y con ellas irá pasando la vida irremediablemente. Bueno, pero eso mañana, hoy estamos de fiesta del alma. Ya se sabe que la alegría dura poco en casa del pobre. Ya que está aquí pongámosla a la mesa y celebremos su venida, su estancia, aunque sea solo un ratito. No vamos a ser tan tontos que no sepamos aprovecharlo. Tampoco es que haya tantos momentos dulces. La felicidad, el conformismo, o lo que sea, es algo que se toma a sorbos cortos, saboreándolo, porque no se sabe cuando se va a repetir. Sigamos apurando el instante para que no se esfume. Mañana, ya verán ustedes como hay otra luz, otra atmósfera, otra forma de ver las cosas. Y estaremos cada cual a lo nuestro. Qué cierto es que son los años, la experiencia, no por más listo, sino por más vivido quien te da algunas de las claves de todo esto. (Sabe más el diablo por viejo que por diablo). Y es cierto. Con las canas se resuelven cuitas de manera sencilla y tranquila. Ya pondría venir uno aprendido y en los mejores años de la vida, cuando más hace falta de estos conocimientos, resolverlas. Empero, no es así. Primero ha de romperse unos los cuernos y después cuando ya están rotos, como duelen, viene la luz. Bien podría haberlo sabido. También tiene su encanto, o su mala leche según se mire. Hay personas más capaces que otras, con más olfato. Así es indudable que lo tienen más fácil. Aun así, mientras no se haya pasado el puente, no se sabe si corre agua por debajo. Nosotros, como somos del montón, de los de a pie, pues no nos queda más remedio que tragar el polvo de quienes van a caballo. Entonces, cuando llegamos a la venta, nos damos cuenta que podríamos haber hecho el mismo recorrido por la orilla. Las lecciones sólo se aprenden en propia piel, cuando los zapatos laceran, incluso, cuando el hambre aprieta, agudiza el sentido; pero no te muestra la manera de solventarlo. Cuando lleguemos al final de este escrito habrá caído ya la hoja del calendario. Y con ella estaremos en otro lugar, en otra situación. Quién sabe si nebulosa no se haya disipado y tengamos otra oportunidad. A veces está uno en racha y la cosa sigue hasta que gana la banca, como siempre, aunque nos hagamos ilusiones.

Cada tonto con su tema

Martes, 8 de Septiembre de 2009

José Ruiz Guirado

HA sido muy grato el viaje a Galicia por los motivos, por el descanso, por la comida, por la familia y porque el clima propicio. Me he venido con la imagen de la Galicia campesina: Parras y maíz delante de las casas. Quizá como hacía tiempo que no había ido me supo mejor. De regreso por la Castilla de secano se ha incorporado al paisaje los paneles de energía solar que sustituyen a las vides, a la remolacha. No entiendo cómo en el país con más sol del mundo ya no hay una planta de energía solar en condiciones. A qué esperan. Todo esto significa que los días de asueto se han acabado, que comienza el curso escolar. Viene uno con la maleta llena de proyectos, de ilusiones. Esperemos que todo se vaya haciendo poco a poco. Ya es agradable que alguien te diga que ha estado esperando tu artículo para leerlo. Gracias, María Jesús. Esto es lo bueno que tiene estos escritos, que puede uno saltarse todas las licencias, los protocolos, las exigencias de un artículo previo pago. Creo que lo esencial es que puedas hablar con libertad, sin mentiras añadidas. “Alegre sin bajeza, grave sin presunción.” Tenemos que ir siempre a Cervantes, que a más de una novela, dejó escrito toda una teoría social, un credo y una filosofía a seguir. Tuvo que ser una persona extraordinaria. Volviendo al viaje. Estuve en Salcedo (una parroquia de Pontevedra) donde escribí por primera vez, en el libro de las fiestas en honor a Santa Rita, y fui remunerado por ello. Un lugar tan hermoso como tranquilo. En Pontevedra nos encontramos con dos días de fiestas medievales. Excepto en los artesanos que instalaron sus puestos en la Plaza de la Ferrería: Herreros, ceramistas, rederas. Guarnicioneros, cesteros…, lo de más no era otra cosa que un motivo más para pasarlo bien entre amigos, comiendo y bebiendo con vestimentas diferentes. Está claro que las fiestas no fallan: No cabía un alfiler pese a hacer unos días excelentes de playa. Pudo Baco a Neptuno. Eso sí, el agua fría como siempre, pero relajante. En el Mediterráneo el primer contacto bárbaro con el agua templada. Pero después es necesario refrescarse. Todo en su medida tiene su encanto. Como nos explicaba un médico de familia con quien estuvimos comiendo. Tenía, tiene una teoría peculiar de la medicina. Ejemplos, comparaciones símiles sencillos para entender la enfermedad, su causa y el remedio. Todo ello salpicado de bromas, buen sentido del humor y elocuencia. No es mala praxis para cuantos hipocondríacos llenan las salas de espera de los hospitales. Ya ven. He vuelto a mis lares y les estoy poniendo al día de mi particular estancia en Galicia, con mis impresiones, mis emociones y mis recuerdos. Habré de guardarlos por si llegado el invierno, en los crudos y gélidos días hay echar mano de ellos y traerlos a colación. Claro que, habrá quien dirá. Este un ingenuo. Nos va a contar cómo es Galicia a quienes hemos estado en China, en América, en Asia o en África. Es posible que con tanto viajar no se hayan dado cuenta que es oscura ,y, cuando sale el sol luce todas sus galas. Ahora no hacen falta estas explicaciones para quien no haya salido de su casa. Las televisiones les muestran los entresijos de cualquier ciudad del mundo con sus miserias y atractivos. La diferencia con nosotros, es que además de con la retina, la hemos visto con el corazón. Oiga, cada tonto con su tema.

De regreso

Martes, 1 de Septiembre de 2009

José Ruiz Guirado

COMO vivo en un pueblo muy pequeño, durante estos tres días de fiesta hemos bailado, comido y dormido. Ya no se hace en otros lugares más grandes, donde la diversión es más impersonal, si la hay. Además, aquí tiene uno como la obligación de participar, porque de no ser así, por ejemplo, los músicos se encontrarían solos la mayoría de las noches. Así es que aguantamos estoicamente todas las noches, hasta bien tarde para levantarnos pronto a realizar las labores campesinas y a la tarde siesta reparadora que permita aguantar durante la noche. Esta es la razón que me ha tenido apartado de esta página en blanco. Claro, la premisa principal es que está uno de vacaciones. Ahora que todos regresan uno comienza. Y, después del cordero, el vino, las jotas, los rondones, los pasacalles y las siestas nos iremos a Galicia en busca del mar otros días. Y como no suelo llevarme el portátil, cuando vuelva para la semana, nos pondremos a ello. Ya habrá comenzado el curso lectivo. Nos tocará volver a la rutina: los madrugones a diario, cortar la leña, acostarse antes porque la luz del día se apaga antes. Llega el tiempo del trajín cotidiano, de las lecturas que no nos ha permitido el verano, de la recogida de los frutos. Esto es la vida, el regreso diario. Lo importante, es que cada año nos volvemos a ver, lo que significa que estamos aquí. Es normal que esta época nos produzca sentimientos confusos, incluso pesimistas, porque nos volvemos a enfrentar a las lluvias, al frío, a la falta de claridad. Pero sobre todo porque somos conscientes de la vuelta que ha dado de nuevo la ruleta. En ese giro la vida que bulle se transforma en otra manera de ser. Cambian los colores, las formas, los brillos, las luces y la atmósfera, como dice mi amigo Emilio, que está pendiente de la Luna, que de momento no quiere traer agua, porque no se muestra con círculo alguno. He cerrado durante estos días mi blog por vacaciones y me he dedicado a destensar el arco, que durante todo el año hay que tenerlo tensado, atento, a punto y vigilante. Porque en cuanto se apaguen las luces de la fiesta y la música ya no se esparza por la vega, volverá cada cual a colocarse la máscara y ejercer de lo que es cada quien. Esto durará hasta los carnavales. Volverán entonces a quitársela ,y, llegado el Miércoles de Ceniza, otra vez a ponérsela. Y así hasta que los primeros trinos de las aves, el rumor de los arroyos nos vuelvan a anunciar la alegría de nuevo. Pero mientras tanto la rueda ha de dar la vuelta completa. En esa vuelta habrá quien se mantenga a flote. No es fácil, porque el ejercicio de vivir o el teatro de la vida, según se mire, ha de representarse cada jornada. Antes de que la luz llegue, ya se habrá levantado el telón en miles de hogares y llegará el momento de interpretar los primeros actos. Así, durante la jornada se irán desarrollando los actos en cada escenario diferente, con distintos actores, variopintos diálogos, lenguajes diversos. Unas serán comedias, otras tragedias, según las haya pensado y escrito el dramaturgo que ha atribuido el papel que le corresponde a cada cual. Llegada la noche se cerrará el talón y los espectadores aplaudirán cada representación a la que asistan.