Poesía y conciencia (última entrega)
Sábado, 31 de Octubre de 2009José Ruiz Guirado
NOCHE de entrega de premios de poesía en el Cafetín Croché. Y, como de costumbre, Mari Cruz y Manolo nos agasajaron con el generoso exceso que ellos acostumbran. No faltaron Octavio Uña, Ramón Nieto, Suárez Campos. El segundo clasificado unos sonetos clásicos. El ganador, un manchego de Tomelloso –José Pozo Madrid-, que nos recordó con su lectura el salto que da la poesía para transcender a la razón. Han pasado ya veinticinco años desde que se tuvo la feliz idea. Son muchos años. Ha merecido la pena. Alguien confundió a Andujar con Nieto, cosas del directo. Algunos se han quedado en el camino: Elena Soriano, Garciasol, el propio Andújar, de Ananda no sabemos, Sánchez del Ron, Juan José Cuadros. Octavio, en su línea, me ofreció su puesto a cambio de una jubilación honrosa. No está uno por la labor, que es un fastidio dejar a unos fuera y a otros dentro por una apreciación personal. Conversamos, comimos, bebimos y hubimos de irnos. La noche serrana era cálida para las fechas que estamos. Aprovechando la bondad de la temperatura, me vino a ver mi buena conciencia: “Es usted un socarrón. Menudo rato me ha hecho pasar. Una lata de anchoas del Cantábrico no es de mi negociado, corresponde a la gula, que es la más permisiva de todas. Además no modifican los informes. Por tanto, le restituyo la conducta. Eso se avisa, que me he llevado un berrinche de aupa. No se le ha llenado el Blog de comentarios de milagros. Cualquiera se fiaba de sus intenciones. Lo único, que no se entere ni su médico ni su señora. Menuda cara ha puesto su mala conciencia. Seguramente lo había anunciado a bombo y platillo ante los suyos: Me he cargado a otro. Con qué cara se habrá presentado ante ellos. “Qué tal estaban las anchoas. Tenían mucha sal”. No me lo va a perdonar después del ridículo que ha hecho. Otra vez, con usted se lo va a pensar. Es lo que tiene estar aconsejado por buenas conciencias –no es que una se eche flores- , que en el fondo somos de fiar. Y esto para nosotros: No se imagina la alegría que me he llevado cuando me enteré. Me he estado riendo todo lo que he podido y más. Pero hombre de Dios, cómo se le ocurre. A quien no se le pasa la rabieta en lo que falta del año es a la oposición. No aparece por aquí en una temporada. Se ha ido con el rabo entre las piernas. Le dejo que disfrute de la noche.” Qué bueno estaba el caldo de cocido que prepara el cocinero de Manolo. Y los callos, y las gambas a la gabardina, y los dátiles con bacón, y las croquetas. ¿Y el vino? Se conoce que como he tentado a la gula, ahora que ha aparecido no pierde oportunidad para sobornarme. Aunque esta noche ha tenido la complicidad de Manolo y Mari Cruz, las cosas como son. Estuvimos sentados en la misma mesa del ganador. Muy agradables él y su familia. Me dijeron que les habían dado un accésit, pero no sabían en qué orden. Te hablaban, pero no escuchaban. Cuando abrieron la primera plica y no fue la suya, se lo dije: “Han ganado usted” –porque las novias o las esposas también ganan, y más en este caso, en el que era la destinataria del poema-. “¿Usted cree?” “No me voy a equivocar”. Cuando leyeron el segundo premio, me dio el hombre un abrazo efusivo. “Cómo lo sabía. ¿Ha estado usted en el jurado?” “En este no, pero si le dijeron que era una mención y ya habían dado las dos, estaba claro. Así funciona esto.” Los nervios, la emoción, los guiños cómplices hacia los suyos. Esto que se hace en el Croché es importante y necesario.