Archivo de Diciembre de 2009

300

Miércoles, 30 de Diciembre de 2009

José Ruiz Guirado

MAÑANA cierro por descanso. Y ya –D.m.- seguiremos con ello en el mes de enero. Se ha llegado a los 300 artículos, trabajos, ensayos o lo que sea. Cuando se llegó a los doscientos, un amigo me dijo que lo sentía; pero no quedaba más remedio que seguir hasta la centena siguiente. Y día, a día; noche a noche se ha llegado. La culpa la tienen quienes están hay detrás enviando sus comentarios. Mi informador tampoco ha dejado de empujar. No sé si se habrá conseguido lo que se perseguía. Al menos se ha intentado. Ya veremos en el año que entra si alcanzamos. Por un servidor que no sea. Imagino que mi gata crítica no me pondrá muchas pegas a la hora de opinar. Nada se da sin trabajo, y eso es lo único que un servidor aporta. En este centenar de trabajos ha habido de todo. Incluso alguno que, según los lectores asiduos o no, merecían la pena. He sido un tanto egoísta, porque he tenido a las musas a trabajar sin descanso. Ha llegado la hora de tomarse unos días de asueto. Me apetecía nominar aquí a cuantos lectores me siguen, para darles las gracias. Pero creo que es mejor –alguno he de olvidarme- que les dé a todos las gracias. No prometo nada. No sé si en el 2010 habrá algunos cambios. Lo mejor es seguir el rumbo trazado hasta donde se llegue. Pido disculpas por los errores. Hay un buen lector que no puede conmigo. Sé que soy un tanto atípico con la puntuación. Pero así lo pretendo hacer, aunque me exceda ,y, aunque no tenga licencia, cual príncipe, para emplear neologismos a mi capricho. Puede que sea algo tostón. De ser así, rogaría me lo indicaran; haría las maletas y a otra cosa. Que ancha es Castilla y ya encontraría un hueco para hacer cualquier otra cosa. He de confesar que me gusta escribir. Que lo llevo haciendo desde que tengo uso de razón, incluso a hurtadillas para que no pensaran en casa que no era un niño como los demás. Y, salvo que el tiempo o la autoridad competente lo impidan, he de seguir haciéndolo, aunque fuera para mí. Recuerdo una frase de Onetti, que venía a decir algo así: “No sacrifiquen la sinceridad literaria a nada. Ni a la política ni al triunfo. Escriban siempre para ese otro, silencioso e implacable, que llevamos dentro y no es posible engañar.” Y esa es mi actitud ante este oficio –si así se le puede llamar a la soledad, al desdén, al silencio-. Además, a estás alturas de la vida, cuando ya uno ha recorrido un importante trecho del camino, ya no va a cambiar su credo. Ha sido un placer contarles trescientas ocurrencias. Como ya decía al principio, cierro estos días el local por descanso. Gracias por leerme. Y no queda más que desear a todos un Feliz 2010. Laus Deus.

Ramón de Garciasol

Miércoles, 30 de Diciembre de 2009

José Ruiz Guirado

DESPUÉS del viaje de ayer por la lluvia, nos hemos acordado, en el penúltimo día del año, de un buen amigo, mejor escritor, que nos dejó ya hace unos años. Y pese a recordarle aquí en más de una ocasión, no se ha dicho nunca quién era. Pero antes nos vamos a ir a publicidad. (Nos hemos enterado por las revistas del corazón que Nuestra Princesa ha sido elegida la mujer más elegante del reino. Una noticia positiva. Porque si hubiera sido elegida todo lo contrario… No se vayan a creer, hay quien también puede y va por ahí hecha un adefesio. Claro que, aunque la percha ponga de su parte, no desmerecen los prestigiosos diseñadores que confecionan los modelitos. Mi vecina, que es una socarrona –también un poco envidiosa- me dice que elegante es quien sin posibles y tres trapitos luce como una señora. Sin querer le hemos descubierto el mérito: se lo gasta con mucho gusto, cosa que otras no alcanzan. Lo demás son pamplinas.) Ya ven que la publicidad invade todos los ámbitos. Si no de qué íbamos a vivir. A lo nuestro. Miguel Alonso Calvo, conocido como Ramón de Garciasol –seudónimo con el que firmó toda su obra-, ensayista, estudioso y biógrafo de Cervantes, de Quevedo, de Rubén Darío y uno de los señeros representantes de la poesía social española; nació en un pueblete – Humanes de Mohernando- de la provincia de Guadalajara. Hijo de zapatero remendón, estudió con mucho provecho y gracias a ello -consiguió becas por sus méritos-, llegó a licenciarse en Derecho por la Universidad Central. No voy hablar aquí de manera exhaustiva de su extensa obra, ni de sus reconocidos méritos literarios, porque ya lo han hecho acertados críticos. Traeré a colación dos obras: “Cuadernos de Miguel Alonso”, obra en dos tomos, del que un servidor fue amanuense, ya que sus ojos ya no se lo permitían, y “Claves de España: Cervantes y el Quijote”. Además de apuntar que obtuvo el Premio Fastenrath en 1962, por su “Lección de Rubén Darío” y la Medalla de Oro de la Fundación Antonio Machado, antes de morir en Madrid, el 14 de mayo de 1994. Aquí se va a decir de él algunas cosas, de esas que pertenecen a lo privado, a lo cotidiano y, quizás por ello, califiquen mejor a la persona. Asistí con él a una de tantas confesiones de autor, que bajo la coordinación de Manuel Andújar y el auspicio de Cafetín Croché y Librería Arias Montano, se celebraban en los sótanos del Cafetín. Tras la confesión de autor del invitado (Aranguren, Savater, Morán, Elena Soriano, han sido algunos de los ilustres conferenciantes, no ese día, claro.), se iba a cenar con los ponentes, presentadores y organizadores. En aquella ocasión Garciasol no era ni lo uno, ni lo otro. El ponente, amigo del escritor, le pidió que les acompañase a la cena. Éste le dijo que venía acompañado por un servidor. Aquél, aparte, le dijo –llegué a oírlo, aunque me hice el despistado- que me despidiese y les acompañara. “Mira –le dijo- he venido con este amigo mío, o cenamos los dos; o nos vamos.” Y nos fuimos. Aquella noche nos quedamos los dos sin cenar, ni allí ni en casa. Ya caminando por Floridablanca hacia su casa, me dijo: “ Estamos como siempre. Qué hubiera costado un plato más. Me lo dijo por cumplir, y se excusó en ti, porque sabía que le iba a decir que no, si no ícenábamos los dos. Cuando me despedí de él, me espetó: se que sigues siendo un pobretón. Como ya sabes que soy yo, con entereza, sin que se note que me han pisado en el pie y me duele, le contesté: Sí, señor. Hijo de zapatero remendón. Y tengo a gala el decirte, que me he ganado todo a pulso. No he mendigado ,como tú, premios y reconocimientos. Y ya ves, me siento a la mesa, muy a gusto con los míos.” Ya se sabe como son las relaciones sociales. Se podía haber callado. Podía, perfectamente, haber cenado con ellos. Mas, se mantuvo fiel a lo que creía y lo decía en sus libros: “Los que viven por sus manos”, obra del escritor que pone bien a las claras quién es. No sé si este comportamiento, para alguien que no sea un servidor sea una mera anécdota; no lo fue para quien suscribe, sino otra lección de un hombre consecuente.

Llueve con monotonía y sin fin

Martes, 29 de Diciembre de 2009

José Ruiz Guirado

Llueve, llueve como siempre lo hiciera. En algunos lugares mansamente. En otros, de manera torrencial. Y hasta en agujas de cristal. Siendo muy niño-apenas contaría con cuatro años-, una noche, tras un estrepitoso ruido, una tromba de agua tiró la tapia abajo. Recuerdo muy bien cómo flotaban los muebles. Nos sentaron sobre el poyo de la cocina y bajaron enseguida los vecinos a por nosotros. Al día siguiente, era todo barro y desgracia. Siendo estudiante en Santiago y residente en Pontevedra, hacía casi todos los días el recorrido, por la carretera general –aún no habían construido la autopista-. Tenía entonces un 2CV, pelo largo y barba negra. Más de una noche me tocó llegar a las tantas a casa, esperando a que el agua amainase para poder pasar de Iria. Lo del pelo largo y la barba, viene a cuento, porque otra noche, también de lluvia, pusieron una bomba en Santiago. En las rectas de Caldas había un control policial. Cuando uno está tranquilo no hay problema. Salvo que aquella noche- soy muy despistado- me dejé toda la documentación del coche y personal en casa. Despertaron a mi suegro, que se asustó el hombre, pensando que había ocurrido un accidente. Tras identificarme, puede llegar a mi casa. Había leído las impresionantes crónicas de Rosalía de Castro, en las que describía las dramáticas consecuencias de las inundaciones de Padrón. Dejadas atrás estas desgracias, el recuerdo de la lluvia en Santiago paseando por el Franco, bajo los paraguas, es inolvidable. Porque parece como si la ciudad se hubiera construido para la lluvia. El recuerdo de las calles charoladas, iluminadas por los fanales, resguardados bajo los soportales. Ya no se han vuelto a construir. Ortega dejó escrito un ensayo sobre estas construcciones digno de relectura. Es difícil olvidar. O aquellas otras noches en la Quintana. Había vivido otra etapa en Santiago, en la que uno de mis mejores amigos fue allí destinado a cumplir con el Servicio Militar. Cuántas tardes nos acercábamos desde Pontevedra a pasar la tarde con él, en una de tantas tascas, donde nos tomábamos pimientos, empanada y pulpo, regado con vino del país, tomado en tazas. (Hay que decir que el mejor pulpo lo preparan en Carballino. La culpa lo tiene el priorato de Marín, que cobrabaimpustos en especies y se llevaba en mulas hasta la ciudad orensana.) He vuelto a la lluvia de Santiago cada vez que he podido. Recorro los mismos lugares, visito a los antiguos amigos. Recuerdo a Torrente Ballester, a Castroviejo, a Carro. Ellos, entre otros, han dejado escritas solemnes páginas de la ciudad. Sin embargo, Santiago no necesita que nadie la narre. Ella misma es una narración viva, en piedra, bajo la lluvia infinita que cae mansamente. Tiene color propio a cualquier hora del día. Empero, a la noche, se transforma en una dama silente, misteriosa y hechicera. También tiene su olor propio. Y una luz que nada tiene que ver con el de otras ciudades. Creo que es uno de esos lugares, a los que tiene uno la obligación de volver. Aunque allí nadie le espero a uno, ante su arrullo no se siente el viajero en tierra extraña. Tengo escrito un poema, que se recogió en una antología de poetas gallegos contemporáneos, publicado por la Diputación de Pontevedra, que creo comenzaba así: “Chove, chuvia, Chove.” “Llueve, lluvia, llueve, sobre los paraguas negros…” Cela, que era de cerca de Santiago, dejó testimonio, “Mazurca para dos muertos”, de este orvallo que le venía a ser próximo y familiar, al caer de forma monótona y sin fin.

El pequeño milagro de cada día

Lunes, 28 de Diciembre de 2009

José Ruiz Guirado

YA estamos en la recta final del 2009. Hoy Santos Inocentes; el jueves, San Silvestre, y ya estamos de nuevo ante un calendario en blanco, aunque tenga negros y rojos los números. Qué nos deparará. En eso consisten las doce uvas: en desearnos toda la suerte, la salud, el trabajo y el amor del mundo en el 2010. También se dice uno aquello de “más vale lo malo conocido…” Aquí se irá abriendo y cerrando día a día. Pondremos de nuestra parte lo que nos compete. Lo demás, ya no es de nuestro negociado. Es todo incertidumbre, expectativas, esperanza. La desesperanza y las desilusiones estarán también en el tablero de juego, en el momento que movamos ficha. La otra tarde, cuando bajé por mis hijas, se me acercó un pobre habitual del lugar, que lleva siempre varias bolsas con ropa. Se acercó a pedirme una limosna. Le abro siempre la ventanilla y cuando llevo algo se lo doy. Ese día no lo llevaba, pero tenía un gorro de agua y se lo di. Me lo agradeció más que si le hubiera dado limosna. También me contó, antes, que él no compraba el pan para comprar, sino para comer. Después lo explicó. Hay quien compra tres barras, come una y tira dos. Estos días en la puerta del súper hay dos: uno que vende la farola y otro que se cambia de puerta, a la de más tráfico (de peatones). En estas fiestas tienen que aprovechar, que cuando llegue enero se acaba la caridad, hasta otra. Siempre que se echa la vista atrás hay quien recoge las hierbas que uno tiró. Pero también es cierto que, todo es mejorable y todo, empeorable. Sin embargo, uno cree que siempre hay una solución. Se sale con esfuerzo, sacrificio y austeridad. Personas jóvenes que se aferran a un cartón de vino. Eso es lo fácil, lo cómodo, lo irresponsable. Claro que nadie sabe qué puede suceder en la mente de cada uno. Nadie reacciona de igual manera ante las dificultades, ante las adversidades de la vida. Quedarse sin trabajo es una tragedia, pero echarse a la calle es una locura. Nos ha pasado como tantas veces; nos preguntábamos por el futuro y nos hemos parado en comprobar la marginación que nos rodea. También es lógico. Nadie quiere pasarlo mal o peor. Y lo que nos depare el año que entra es una incógnita. Un servidor se conformaba con contarlo. Sentarme cada noche a mi ordenador en compañía de mi gato. Se sobre entiende que cuenta uno con lo necesario para vivir. Poder cultivar mi huerto y continuar alimentado y cuidando a mis animales. Doy por hecho el querer a los míos, aunque no lo diga, y no deje de ser un error porque hay que decirlo. Aunque uno sea de obras son amores y no buenas razones. Y si con todo esto llegamos al final del camino: éxito. De momento vamos a cumplir con el trámite. Acabemos bien lo que se acaba y comencemos mejor lo que empieza. Siempre que llovió escampó. Y siempre hubo un cosido para un roto. Iremos presenciando los pequeños milagros de cada día. Recordaba el otro día un diario nacional, con acierto, cómo Miguel Delibes nos describía cada mes del año por el vuelo, el canto, el paso de un ave o un animal. En eso consistirá cada nuevo día: en oír al grajo, a la tórtola, a la zorra, al mirlo o al carabo. Lo demás, son circunstancias, que apuntaba Ortega.

Quemar Belenes

Domingo, 27 de Diciembre de 2009

José Ruiz Guirado

MI “Blog” es un lujo; pero no por lo que un servidor pueda escribir en él, sino por quienes dejan allí sus comentarios: “El cipote de Archidona”, el nacimiento del silbido, y tantos otros acertados e ilustrativos, que asombran por su erudición. Lo que le da a uno ánimos para seguir a ello. Esta misma mañana leí en la prensa que habían prendido fuego a Belenes en Lepe y Estepona. Aquí mismo en San Lorenzo, todos los años también queman, roban y destrozan algún objeto. Se han visto obligados a colocar cámaras de vigilancia. Porque no se trata de laicismo o no; sino de fastidiar el trabajo de unas personas que lo llevan haciendo, por lo general de manera desinteresada, meses antes. Detrás de estos actos no hay unos motivos, unas causas ideológicas, o unas posturas, incluso de otras religiones. Porque, caso de ser el motivo, quien así lo hace, se coloca en el bando de los intolerantes. Y por esa misma razón, se podía desautorizar sus creencias. Aquí parece que quien lo hace, es por divertirse, llamar la atención, o de ponerse ciegos hasta el punto de no conocer. Posturas que no entendemos quienes, además de sentido común, hemos aprendido algo que se llama tolerancia, respeto, incluso en años en los que se era joven, inmaduro y se cometían gamberradas. Tiene uno la impresión de encontrarse ante, ya no una falta de principios, de identidad, de planteamientos; sino de hacer daño porque sí, por testicularidad, por inconsciencia o, en el peor de los casos, por ingesta de alcohol por decir algo. Tengo un amigo andaluz con sus ideas o su credo político. Sin embargo, cuando llega la Semana Santa, me lo confiesa: “Esto pertenece a la fe de mis mayores y no tiene nada que ver con mis ideas; sino con la tradición, la costumbre.” Y se implica en los fastos hasta el punto de ser un miembro activo de la cofradía. Hay, entre los cristianos, muchas personas que militan en partidos que niegan la religión. Sin embargo, aceptan tradiciones y costumbre como algo natural y consuetudinario de un pueblo. El alcalde socialista de Coruña fue nombrado embajador en el Vaticano ,y, lo ha tomado como algo natural. He conocido marineros, a los que no se les puede nombrar ni a la Virgen. Y sin embargo, el día del Carmen, lleva a la imagen en su barco. Una cosa es la Navidad, su espíritu o no. Otra bien diferente, es quemar o destrozar unos Belenes, que para muchas personas no deja de ser un referente en sus vidas. Una caricatura de Mahoma provocó las iras y el rechazo, hasta puntos insospechados. Si la figura de Jesús de Nazaret se mancilla, no pasa nada. Se sea creyente o no; hacer daño con conscientemente, es un acto delictivo, se queme un Belén o el mobiliario urbano.

Ande yo caliente…

Martes, 22 de Diciembre de 2009

José Ruiz Guirado

NIEVE: caos en Madrid. Pero no es así la cosa. He dejado, tiempo ha, de viajar en tren a diario. Empero, el otro día que lo hice, me volví a encontrar con una situación ya vivida. Esperaban unos viajeros el tren anunciado por una vía y, cuando llegaba, lo hacía por otra. Todos a correr; los más jóvenes y los más ágiles, llegaban a tiempo; el resto, a esperar el siguiente, ¿dónde? Me decía un amigo que trabajaba en la compañía, que casi nadie presentaba una reclamación. Por tanto, para los datos estadísticos: millones de viajeros al año, sin incidencias. Claro, como un servidor le argumentaba, ya viene uno con retraso; llega tarde al trabajo, no se va a parar media hora más para rellenar un expediente. También puede que en Madrid todo el mundo quisiera coger su coche particular. Eso pasa en cuanto llueve una gota. En San Lorenzo –hace tiempo que lo tenía pendiente-, en la Lonja, a la hora de la salida y de la entrada de los niños al Colegio Alfonso XII, se arman atascos monumentales. Todos los padres llevan a sus hijos en coche. Hasta aquí normal. El atasco surge cuando se invade la carretera para colocar el coche, por unos minutos, de forma que luego salgan de frente. Y el conductor que por allí pasa, ha de esperar a que hagan las maniobras pertinentes. Que si fuera uno, no importaría; pero lo hacen todos. Unos metros más allá hay un policía municipal, controlando el paso de cebra, viendo los atascos que se provocan a su lado. Váyase usted allí, que es donde hay problemas. Todavía uno no entiende cómo el paso por la Lonja no es peatonal, dirigiendo la circulación por Floridablanca; por la Calleja Larga quienes va a tomar la carretera de Ávila en sus dos sentidos y la del Rey, en una sola dirección hacia la rotonda. Nos hemos metido de lleno a concejales no electos, a solucionar un problema de tráfico. Igual hay suerte y alguien se lo dice al titular, y éste lo ve como viable. Dicho esto, vayamos a lo nuestro. Uno percibe desde fuera que las cosas no funcionan. También percibe, que hay quien tiene interés en que así sea. Y a su vez comprueba que a diferencia de otros países, somos diferentes en todo. En esto los vascos han visto las barbas del vecino cortar. Me refiero al tema taurino. Antes que nos pase como en Cataluña, vamos a blindar la cosa, que de lo contrario nos quedamos sin San Fermines, aunque sea en Navarra. “De espíritu burlón y de alma quieta”. Así somos, aunque miremos para otra parte. Si se sabía que se iba a liar, igual si se dejan en casa los coches que no fueran imprescindibles la cosa hubiera sido menos caótica. No fui, pero me dicen que las autobuses no funcionaron. En cuanto al aeropuerto, días atrás nos mostraron una flota de vehículos, que se iban a comer la nieve en un pispás. Qué pasó. Es como lo de Lorca. Uno se pregunta: si las condiciones de su muerte están documentadas. Por tanto se sabía el quién, cómo y cuándo. Uno se pregunta: qué se pensaba descubrir. A nadie se le ha ocurrido decir o pensar. ¿Y si se han quitado del medio una prueba para que nadie justifique a un mártir, a un muerto que pesaba por sus connotaciones? Antes de montar el circo, de gastarse un buen dinero; miren a ver si es útil para paliar otros problemas sangrantes. No, los trastos, los coches, las máquinas a la calle y el que no pueda que se joda –con perdón-. Que el atasco está en la esquina, el guardia en el paso de cebra, por si alguna raya se mueve. Que nieva, cada uno en lo suyo. Para eliminar en CO2 están los políticos –esto es harina de otro costal-, pero la aportación de cada cual. Ande yo caliente… Tampoco hay que poner el grito en el cielo, ni rasgarse las vestiduras. Hoy toca la lotería y todos somos maravillosos.

Pintores y lugares

Lunes, 21 de Diciembre de 2009

José Ruiz Guirado

HACÍA tiempo que no me encontraba con unos amigos pintores (Juan Ugalde y Carmelo Juanis). El primero –los dos ocupan ya un lugar en la pintura española-, llegó a San Lorenzo hacia los años ochenta. Una de sus primeras exposiciones fue en el Pub Fanfarria. Después en la Casa de Cultura; el resto es un bagaje excepcional hasta hoy, en el que ha habido premios, becas, viajes, exposiciones dentro y fuera de España. Lo de Carmelo ha sido otra experiencia, con trabajo, estudios, exposiciones, viajes. Hay, verbigracia, una carpeta de grabados, con motivos taurinos, con un prólogo de Antonio Gala. Se dice esto, porque el escritor, no es partidario de este tema. Y sin embargo, no dudó en hacerlo; por algo sería. Los dos han ido evolucionando hasta llegar a ser los pintores que son hoy. Llegar a la casa de Carmelo, de noche, por un camino de tierra, entre robles y rocas parecía más un viaje soñado que realizado. Porque vivir debajo de Los Ermitaños, muy cerca del Pico del Fraile –Berrueco que fue adorado en épocas precristianas-, no dejar de ser para un creador un lugar, si no mágico, sí idílico; o, cuando menos con unas reminiscencias históricas a tener en cuenta en estos pagos serranos.(Conocí allí a una pareja -Quique y Laura, economista y sicóloga-, venidos de la urbe madrileña, entusiasmados con el lugar.) Sentí no poder ver el taller de Pardito, o de otros pintores de la localidad, que han abierto, por segundo año consecutivo, sus talleres los mismos días y las mismas fechas, para acercar sus pinturas al visitante. Es duro. El mundo del arte, de la creación en todas sus facetas. Comer de ello, es casi un milagro, salvo que seas un genio, o cuentes con el apoyo económico familiar. Allí mismo se habló de otro pintor que comenzó con ellos y tuvo un problemas de salud y algún galerista que aprovechó de ello. También es cierto que hay que tener mucho valor o muy poca responsabilidad cuando se crea una familia ,y, saber que no hay para lo elemental y cerrar los ojos. No es tema nuevo. Por otra parte, cada cual es dueño de sus actos y nadie tiene por qué juzgar sus comportamientos, por muy egoístas o desprendidos que puedan ser o parecer. La vida de cada cual la ha de ser vivida por el sujeto. Los demás no dejan de ser meros espectadores. Nos quedamos con el lugar, la pintura, los amigos. El resto pertenece a lo privado de cada cual. A su compromiso con él, con la vida. De lo que no hay duda –lo decían antes que un servidor, entre otros, los hermanos Quintero-, es que este lugar tiene un silencio especial para la creación. Al menos, esa es la apreciación de quien suscribe en estas fechas. Igual, llegado el mes de agosto, cuando el calor aprieta igual vemos las cosas de otra guisa. Ya se verá.

Lotería de Navidad

Jueves, 17 de Diciembre de 2009

José Ruiz Guirado

ESTÁ próximo el sorteo de la Navidad. De alguna forma hasta ese día no comienzan las fiestas, especialmente para quienes la fortuna les sonríe. Estaba hoy revisando algunos papeles y me encontré con un billete de cincuenta céntimos, emitido por El Consejo Municipal del Escorial de la Sierra, el primero de diciembre de 1937. Impreso por Unión Poligráfica, Consejo Obrero, Madrid. En el anverso del billete aparece el escudo de San Lorenzo (palma y parrilla); en el reverso, la fachada del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Fue emitido por el Consejo Municipal. Lo firman, el Depositario, Félix Ruiz y el alcalde, Vicente González García-Carrizo, nacido en San Lorenzo y alumno del Colegio Alfonso XII. (De los avatares de su vida en la localidad, existe un trabajo de Eduardo Rodríguez Badajoz, y el propio hijo del alcalde, José Manuel M. García –Carrizo). Y como uno no es un especialista en el tema, se tomó la molestia de preguntarse por qué se emitió este billete. Supimos que durante la contienda los municipios emitieron billetes, certificados, fianzas municipales, bonos, pagarés, resguardos… El respaldo de la cantidad emitida se depositaba en bancos o en las propias cajas fuertes de los ayuntamientos. Y que por lo general, sólo podían usarse en el propio municipio, o en de los municipios bajo su jurisdicción. Estábamos hablando de dinero, y nos hemos encontrado con ello, en forma de papel, porque a lo largo de la su historia se ha comprobado que las monedas: plata, oro, metales nobles o no; se han requisado por parte del Estado, para convertirlo en papel y respaldarlo con su valor; cuando no se ha utilizado con otros fines no aclarados; o convertirlo en munición, como sucedió en esta contienda que nos ocupa. Pero sigamos a lo nuestro, una vez hecho este paréntesis, que nos ha servido para acostarnos sabiendo una cosa más, aunque sea por encima. Un grano no hace granero pero… Pues eso. Llegada la mañana del sorteo, mientras jugábamos en la calle (porque en mi niñez era lugar común, seguro, sin prejuicios, sin miedos por parte de los padres). Parecía que aquellas voces volaban por todas partes. De cualquier ventana salía la cantinela. Hasta que se interrumpía con un murmullo para anunciar un premio. Aunque sabíamos que la fortuna volaba a los lugares más lejanos de la península y nosotros, a lo nuestro. Luego venía aquello de la salud, que se decían entre los adultos y que nosotros no sabíamos qué tenía que ver con el sorteo. También hablaban de pedrea, de terminaciones, de pellizcos; palabras que nos sonaban a chino. Ahora, cuando a todo le ha puesto el tiempo explicaciones, tiene uno la impresión de creer que la fortuna, la suerte le busca a ciertas personas y a otros no. Es como la salud y la enfermedad, Hay quien es propenso a una u a otra. Conocí a un subastador en una lonja de Galicia, al que el azar le perseguía en cualquiera de los juegos que participara. Siempre, siempre le sacaba partido. Claro que, él iba tras de ella. En otro orden de cosas, la lotería ha formado parte de la ficción literaria con su cara y su cruz.

“Cenicienta”

Miércoles, 16 de Diciembre de 2009

José Ruiz Guirado

UN servidor cree en la Navidad. Quiero decir que en mi casa, desde que tengo uso de razón hubo un Nacimiento, con sus Reyes Magos, su fuente, su huerto… Lo de Papá Noel fue posterior. Allí se esperaba al seis de enero para, asombrados, recibir cada uno su regalo, y éramos seis. Ahora que ha pasado el tiempo, creo más en aquel milagro que hacían –no sé cómo- los Reyes Francisco y María, que eran mis padres. Cada cual tiene su credo, sus ideas o su fe a su manera. Y una cosa es lo que le impongan a uno ,y, otra bien diferente, lo que cada cual elija. En esto somos libres. He escrito algún que otro cuento navideño en alguna que otra publicación. En ésta, no quería pasar la oportunidad, porque no lo había hecho hasta ahora para estas fechas. Al menos vamos a intentarlo. Ayer mismo estaba viendo cómo se afanaban en su trabajo unas señoras que son invisibles a los ojos de los demás. Me estoy refiriendo a las cenicientas de la limpieza. No me he confundido al nombrarlas, aunque hay otras cenicientas en otras tareas azacanas. Una de ellas se encontró un anillo que, por las apariencias parecía valioso. Lo consultó con su compañera y, las dos sin dudarlo, lo entregaron para cuando lo reclamase su propietario. Que así fue. No tardó en llamar para preguntar por él. Mientras iba para su casa, lo hacía pensando en voz alta. “He sido una perfecta idiota. Con el dinero que me hubiesen dado vendiendo el anillo, hubiera podido comprar los “reyes” a los niños. Y ahora cómo lo hago. De dónde lo saco. Qué les echo. Si no hay. Si no llega. He tenido la oportunidad en la mano, y la he tirado por la ventana. Y me parece a mí que quien ha perdido ese anillo, no va a tener mis problemas. Pero por otra parte, con qué cara me presento en mi casa con un montón de juguetes. De dónde, le digo a mi marido, lo he sacado. Lo he robado. He llegado a cometer una locura para ello. En el fondo prefiero seguir, como lo he hecho toda mi vida, con la cabeza alta.” Pasaron los días. Acabaron las fiestas y llegó el mes de enero. Faltaban cinco días para los Reyes. Ella seguía con sus rumias, mientras iba y venía al trabajo. “ En el banco no me lo van a prestar, porque aún debo un pico y no voy a poder liquidarlo. A mi madre no se lo puedo pedir, porque se me cae la cara de vergüenza, con la pensión que cobra no le llega ni para lo elemental. En el trabajo, aún no acabé de pagar el anticipo que me concedieron. ¿A quién voy a recurrir? Así pasaron cuatro días más. Faltaba uno solo para que los niños se despertaran a la mañana buscando sus regalos debajo de sus zapatos. “Si es que no se me ocurre nada”. Esa misma mañana, desesperada, sin encontrar una salida; no se le ocurrió otra cosa que irse a la carretera a esperar que parase un coche y la llevase a donde fuera. “Tampoco es un delito que los niños no tengan juguetes. Pero me voy a morir de pena cuando lo descubran. Me voy donde se y, al echarme en falta, se olvidarán de los regalos.” Hacía un día de perros y no tardó en parar su coche una señora, que le invitó a subir. Había dejado el bolso abierto en el asiento trasero. Se podía ver perfectamente una cartera que estaba lleno de billetes. “Esta es la mía. El destino me ha puesto esto en mi camino y no voy a desaprovecharlo otra vez. Pero qué estoy pensando. Esta señora ha tenido la amabilidad de cogerme y voy a hacerle esto. Además, dónde voy así.” Estaba en estos pensamientos, cuando la señora paró el coche y no se percató.
-Aquí me quedo. ¿Quiere que le acerque algún sitio?
Se bajó del coche y se puso a caminar por un camino que de allí salía sin rumbo alguno.
Al cabo de un tiempo se encontró delante de una casa con jardín, desde donde ladraban unos perros. Al oírlos salió el dueño y le preguntó a la señora si quería algo. No le prestó atención alguna y siguió caminando sin rumbo. El hombre, que creyó reconocerla, la llamó por su nombre, a la que ella se volvió, preguntándose quién sería aquel señor que la conocía. No me digan ustedes cómo, pero el día de Reyes la salita de su casa estaba repleta de regalos. Sólo sé que tiempo atrás, la cenicienta de la limpieza, pasó desapercibida, porque nadie las ve, aunque le digan a uno que se aparte para barrer. Habían acusado a un directivo de una empresa de robar unos documentos, con los que copiarían los proyectos en otra de la competencia. Aunque lo negó, como no podía probarlo, le llevaron a juicio. Ese mismo día, su abogado se pasó por el despacho por si podía recavar información alguna. Allí estaba la cenicienta de la limpieza, a quien sí vio por primera vez alguien, y preguntó si sabía o había oído algo. Como siempre sucedía, mientras ella limpiaba, nadie la veía. De tal manera que entraron en el despacho, cogieron los documentos y dejaron pruebas para inculpar al acusado. Pero con las prisas, perdieron uno de los documentos, que la cenicienta dejó en las bandejas y nadie se había percatado de ello.
-Busca esto –le dijo al abogado-.
Siempre he creído en los milagros tangibles. Los que hacen quienes multiplican panes y peces con un mísero jornal y esperan con paciencia infinita a que las cosas se den por su tiempo. Aquellos años de la Navidad de mi infancia los recuerdo con nostalgia. Íbamos los amigos pidiendo el aguinaldo cantando villancicos con letras de esta sierra, acompañados de zambombas, almireces, panderetas, alguna botella de anís –vacía- y tambores. Nadie los negaba. Se cenaba en familia, aunque fuéramos treinta, entre abuelos, padres, tíos y primos. Se cantaba, se disfrutaba. Y nadie ponía en tela de juicio lo propicio o no de las fiestas entrañables. El otro tema, el que nos ocupa hoy: siempre se cierra una puerta y se abre una ventana, aunque sea un milagro en forma de cuento. La Cenicienta es un personaje de cuento de hadas del cual existen versiones orales y escritas en Europa. En Alemania se la conoce como Aschenputtel; Cendrillon es el nombre francés; Cinderella, inglés y Cenerentola, italiano. En Grecia, η σταχτοπούτα (i stachtopouta); en Hungría, Hamupipőke; en Suecia, Askungen; en Rusia, Soluschka; en Polonia, Kopciuszek y en La República Checa, Popelka. Las versiones más populares son las del francés Charles Perrault (Cendrillon ou La petite pantoufle de verre), quien escribió una versión de la historia oral en 1697. En Alemania, la colección de cuentos de hadas de los Hermanos Grimm es la más conocida. Sin embargo, la versión del año 1812 de los Hermanos Grimm varía de la francesa. Aquí se ha tomado el nombre, ateniendo a su significado: “Persona o cosa que se desprecia y no se tiene en cuenta, sin que se lo merezca”; más que a cualquier versión, que no es el caso. Y como pretendía ser o parecerse a un cuento, pues, ellas son los personajes.

Manuel Rivas en la RAG

Lunes, 14 de Diciembre de 2009

José Ruiz Guirado

EN mi etapa de librero – algún día hablaremos de ella con más detención- (se terminó cuando al libro se le puso junto a un saco de patatas –tan necesarios ambos-, como un producto más del mercado), tuve la fortuna de compaginar conferencias con firmas de libros en mi establecimiento. Las conferencias de los propios autores se daban en el Museo Manuel Torres, de Marín. (Conservo todos los documentos fotográficos,los recortes de prensa en los que además del público asistente, los propios autores y conferenciantes, aparecen de fondo los excelentes cuadros del pintor marinense: insuperables.) Antes pasaban por la librería, donde firmaban libros a los lectores. Entre los escritores que por allí pasaron, se encontraban: Fina Casalderrey, Xavier Alcalá, Manuel María, Elixio Rivas Quintas, Victoria Moreno, Xosé A. Neira Cruz , Manuel Rivas… (Antes de seguir he de hacer una aclaración. Manuel Rivas vino invitado por una Asociación Cultural afín a un grupo político marinense y vino acompañado por el escritor Juan Cruz y Manolo, directivo de Telecinco y marinense. Más adelante, explicaremos el porqué de este paréntesis). Además creamos un premio de poesía. En un principio pensé en Suso de Toro. Pero él mismo me dijo que sería mejor que llevara el nombre de Manuel María, porque él era poeta ,y, sobre todo, por su estado de salud. No sabía si iba aceptarlo, porque él era gallegoparlante y un servidor castellanoparlante. Me llevé la sorpresa. No sólo lo aceptó, sino que no faltó a la cita de la entrega de premios, año tras año, acompañado de su esposa, Saleta (con la que estoy en deuda, porque a la muerte de su esposo nos encontrábamos fuera de Galicia. Nos enteramos tarde del óbito. Estábamos pasando por una situación difícil, de cambios, de traslados. No teníamos dirección alguna, ni teléfono. Pasado un tiempo muy largo, la propia Fina Casalderrey me proporcionó el teléfono. Ya era tarde para ello. Pero sentí su pérdida de corazón ) Además se creó una revista: “Acibal”, que da nombre a este “blog”.Y publicamos algunos libros (”Prosas escurialenses”, “A quien conmmigo va”), de un servidor. Establecimos una sincera amistad con Manuel María, que después fue elegido miembro de la RAG. En las cenas que compartimos con motivo del premio o en la correspondencia, me asombró su conocimiento. Y no lo digo yo, el son de su voz cautivaba. Fuimos una librería de éxito. Llegamos incluso a ser finalista a la mejor librería gallega. Cenamos en el Hotel Reyes Católicos de Santiago con Manuel Fraga, a la sazón Presidente de la Xunta de Galicia y el escritor Manuel Rivas, que fue propuesto por los libreros gallegos como el escritor del año. Su libro, “El lápiz del carpintero”, “O lápiz do carpinteiro” alcanzó éxitos de venta dentro y fuera de Galicia, abalado por la reciente concesión del Premio Nacional de Literatura. La prensa gallega –“La voz de Galicia, Faro de Vigo, Diario de Pontevedra, etc.- dieron cumplida cuenta de nuestras actividades (En las hemerotecas gallegas se puede verificar esta información). Una de estas informaciones –retomamos el paréntesis- vino a decir que nuestra librería era un centro de cultura –por nuestras actividades- por la que habían pasado autores de la talla de Manuel Rivas (claro, siempre interesa en información los grandes nombres). A los pocos días apareció una carta –que conservo- en la que se sentían molesto algún miembro de un partido político local. Amenazaban con publicar en prensa que habíamos mentido al decir que la presencia del escritor en nuestros locales era de nuestra cosecha. No se pararon a comprobar que todas esas declaraciones en prensa aparecían firmadas. Mi lucha ha sido con el idioma. Mejor dicho: con algunos canijos mentales, estrechos de miras y de ideas. Porque todos estos escritores anteponían la amistad, la persona, la labor que se estaba haciendo al idioma. Manuel Rivas durante la cena ( El Restaurante Pilan, de Marín, colaboraba con nosotros y con los autores, con sus impagables cenas) –se marchó pronto porque se encontraba indispuesto y cansado-, se mostró cercano, amable, sencillo y honesto. Sabemos que ha ingresado en la RAG. Desde estas páginas mi enhorabuena y mi agradecimiento por su impronta, por su humanidad.