Archivo de Enero de 2010

En el campo, el morral y el cayado

Viernes, 29 de Enero de 2010

José Ruiz Guirado

EL recordar los orígenes a una persona (ilegítimo, bastarda o espurio), constituía una ofensa e insulto soez y violento, de tal gravedad, que necesitaba de pronta satisfacción, rectificación. Nos topamos, a renglón seguido, con el Quijote, donde el vocablo “hideputa” ya no constituye ofensa alguna. En el Sur de España, un “hijo de puta”, es una persona hábil, listo y con luces. Algo similar se lee en el “El ratón manso”, de Lope de Rueda: “ ¡Oh, hideputa, perro! ¡Qué diligente mozo! (…) ¿Parécete bien que a estar sin comer en casa, que estuviéramos frescos? ¡Habla! ¿De qué enmudeces? Qué hacías escondido en la pajiza, do el asno…?” Para otro autor, como el genial Quevedo, suponía más que el hecho en sí, humillación pública. En la “Vida del Buscón Pablos”, se lee en este texto: “Todo lo sufría, hasta que un día un muchacho se atrevió a decirme a voces hijo de una puta y hechicera; lo cual, como me lo dijo tan claro –que aún si lo dijera turbio no me pesara- agarré una piedra y le descalabré.” En el siglo XVII -Agustín de Salazar y Torres- , en su “Cítara de Apolo, traslada el insulto a los dioses: “ /Hijo de Venus y de sus maldades,/ que la veleta fue de las deidades,/y, en fin…: hijo de puta./” Vistos estos ejemplos del pasado, donde se documenta algunas de las formas que el término adquiere, llegamos a la conclusión de hacer nuestra la expresión jurídica: “Animus Iniuriandi”, que viene a ser en cristiano: “Ánimo de ofender.” Claro que, esto es muy relativo. Porque habría que ver el tono, la entonación, el momento, el lugar, la hora y el ambiente. Que no viene a ser lo mismo tomarse unas copas con los amiguetes, en el bareto de la esquina y recordar la procedencia de alguien. Que puede suceder que pasare por allí pariente o amigo del aludido, y fuera con el cuento a aquél. Igual no era insulto, sino halago. Somos la pera limonera, que dice una muchacha que frecuenta ambientes donde se habla de otra guisa, más deshinibida. Total, por un “quitameallaesaspajas”. Se entiende que en un ambiente bucólico, entre arroyos cristalinos, airosos fresnos y robles; vacas que pacen a sus anchas, bajo un cielo azul, en el que sopla un cierzo frío y penetrante; puede alguien soltar el verso, que no la prosa; porque el lugar lo demanda. Otra asunto, es que esto se dijera bajo techo, en lugar de culto o delante de infantes. En plena naturaleza se permiten licencias, incluso sonoras, porque todo es libertad, amplitud y frescura. Lo tengo dicho: al campo no se debe de ir más que con el morral y el cayado. La técnica hay que dejarla en la ciudad, que es su medio ambiente.

Qué racha

Jueves, 28 de Enero de 2010

José Ruiz Guirado

QUÉ racha llevo. Mi ordenador se desmadra. Es un cabrito. Le debo de tener quemado y por eso se me rebela. Me ha vuelto a borrar algunos comentarios. Lo siento porque son reflexiones muy interesantes, lúcidas, a las que alguna vez vuelvo. Confío en mi Informador, que ya me sacó tiempo atrás de parecido brete. Mala leche. Eso es que hay alguien por ahí que no quiere que diga cuanto digo. Pues no he de callar, aunque con el dedo amenaces. Me enfada. Claro que, la culpa no es más que de un servidor por decir en voz alta que soy clásico de máquina de escribir, aunque lo decía con la boca pequeña, porque el ordenador me evita horas de trabajo. Pero se debe de sentir herido –por bocazas- y cuando me descuido, me la lía. No se puede estar contra el progreso. Hoy mismo lo hemos visto en Haití. Además de la ayuda de lo básico, les han repartido aparatos de radio que no necesitan pilas, ni cables. Tecnología tan necesaria como la comida. Como, me informo y me comunico. Esto tiene su parte positiva y su retroceso. Nos hemos enterado que hay que esperar a jubilarse más tarde. Y con esa misma tecnología, sabemos que el presidente Obama, deja la reforma sanitaria en su país y se preocupa por la economía. Si en lugar de prosa fuera esto verso, se podría emplear el símil entre dólar y aparato de radio, frente a alimentos y salud. Pero como hemos de ceñirnos al lenguaje periodístico en lo que cabe; no nos queda otro remedio que ceñirnos al estilo, aunque fuere “sui generis”. Y ahora nos llega el “IPAD”. Que ya alguien se ha atrevido a decir que es el eslabón perdido entre el portátil y el móvil. No puede negar mi vértigo. Igual con este nuevo aparato no me pasan estas desgracias técnicas. Pero –más que nada para prevenir- llevo en mi mochila (no lo digo como figura literaria; llevó siempre al hombro un morral de cuero, con objetos imprescindibles) una agenda que me ha regalado un amigo. Que acude una idea, tiro de bolígrafo y anoto. Luego a la noche es muy útil, porque las cosas se olvidan. Además tienen su momento, su creación, su impronta; que luego es irrepetible. No se tome mi portátil este asunto como motivo de desdén. Es otra cosa. Consiste en no perder ripio. Cuando se llevan las ideas pululando en la sesera, en el momento menos indicado salen. Y si tienes ahí la agenda, anotas y al morral. Además, se me había olvidado. La culpa ha sido de unos comentarios de rusos, haciendo publicidad de casinos y de pastillas, que me invaden a diario. Borrándoles se me ha debido de bajar el señalizador y la he encharcado. Han localizado el Blog y me tienen frito. Esto es también el retroceso que se aludía con anterioridad. Que me entran todos los días una veintena de basura. Tengan piedad conmigo quienes me han regalado tan extraordinarios comentarios y sigan haciéndolo, se lo ruego. Y a los rusos de los cojones –con perdón- ( es que me encienden), que se busquen otro, con todos los que hay.

No hay mal que por bien no venga

Miércoles, 27 de Enero de 2010

José Ruiz Guirado

SE acostumbra a traer a Judas como paradigma de traición. Pero nosotros, que somos serranos (que viene a ser algo así como más chulos), lo hacemos de “Equus Troianus”, que es más clásico. Porque para aludir a trampas y traiciones, qué mejor que el caballo troyano, en cuyo vientre entraron los griegos en la ciudad de Troya. Aunque, es cierto que pretendo hacerlo de quien es traidor de sí mismo. Porque quien traiciona a un semejante, lo hace de sí. Habla Horacio de la persona que traiciona a un amigo en su ausencia: “Este tiene el alma negra ,tú, romano, guárdate de este hombre”. Cuando uno descubre a un traidor, no ha hecho más que confirmar lo que cualquier persona sospechaba a través de los hechos, de los silencios, de las ausencias, de las evidencias. Que la cabra tira al monte. Sin embargo son demasiado astutos, ladinos. Se muestran solidarios. Hay que decirlo ya. Son inteligentes, porque durante mucho tiempo han engañado a todos. Han mostrado una actitud, incluso solidaria, complaciente o de compadreo. Hablo del traidor de pura cepa. No del que se le ve, desde muy lejos, que en cuanto se de la vuelta… La figura del traidor de solera no se nota, no se ve, no se aprecia, no se imagina. Sin embargo, a la postre se delata. La ambición le puede y le pierde. Recuérdese que el cónsul romano Cepión se negó a pagar a los asesinos de Viriato. Nunca agradó a Roma que unos soldados traicionaran a un general. Ya le advertía Don Quijote a escudero, que no tomaría la espada si no era contra caballeros. La traición no ha de ser ruin, ha de ser entre iguales, en igualdad de condiciones. Cuando está mucho en juego. Lo otro no es más que una ruin y miserable venganza, apoyándose en su estatus. Sabiendo lo que aquél desconoce. Pero no por inteligente o capaz; sino por privilegio de información. Eso es jugar a las cartas con todos los ases. Porque aquí no se está trayendo el asunto desde una postura maniquea; sino desde la inteligencia. Porque no hemos dicho que el traidor no lo hiciera a un tirano. Que esto sé sería aplaudido por todos. Aunque quizá las personas de bien ni tienden lazos secreto, ni los tienen. No las hagas, no las temas. A estas alturas, ya no sabe uno si se ha traicionado a sí mismo. Que lo nuestro son otros temas, otras quimeras, otras posturas. No hemos metido en ésta, porque hemos descubierto a uno. Pero él no sabe que lo hemos hecho. Ha sido muy astuto durante mucho tiempo –hay que reconocerlo-. Aunque, no es traidor al uso. Más bien es un sinvergüenza que se ha estado aprovechando de una situación. Sin embargo, el que le hayamos desenmascarado nos ha permitido una noche más esta divagación. No sé si productiva o no. De algo había que hablar,¿no? Ahora lo que corresponde es desenmascararle. Pero con sus mismas armas. Está bien esto de traer a colación los avatares de la vida diaria. Nos viene de perlas para cumplir con esta obligación impuesta por uno mismo de acudir a esta página con la constancia de quien se debe a algo, a alguien. Ser un traidor, un buen traidor no deja de ser un ejercicio de inteligencia, astucia y pericia. Un momento. Que nadie se crea aquí que lo es porque ha engañado a alguien. Es un mentiroso. Un traidor al estilo bíblico: “Uno de vosotros me entregará”. No hay mal que por bien no venga.

Ni digas todo lo que sabes…

Martes, 26 de Enero de 2010

José Ruiz Guirado

SI dijera que nos sorprendió, mentiría. Me estoy refiriendo a la nevada de esta mañana. Que vendrá febrero y nos traerá alguna más. Pero a ésta se la llevó el sol y el día que es más largo. Con ella también vino la luz, la claridad. Y con la claridad, la paz, la tranquilidad. Es cierto que todo se ve mejor a la luz del día. Todas las cosas de la vida llegan. Hasta la última de ellas no nos quedará más remedio que recibirla, el día que acuda a visitarnos. Y ésta no avisará. Se presentará y adiós. Las otras se suceden, con su tiempo. Hoy, por ejemplo, ha llegado una. Se sabía que estaba en camino; pero en este día luminoso ha hecho acto de presencia. Para algunos ha sido una victoria. Pero una victoria fácil, sin enemigo. Esto es lo que sorprende. Se ha celebrado sin lucha, sin enfrentamiento. Por la espalda. Sin embargo, lo inaudito en esta contienda era la diferencia abrumadora: toda una parafernalia destructiva contra un tirachinas. Y aun así han tenido miedo a perder. Porque ha sido una victoria ejemplarizante. Todos los que oyen, miran y callan, contra quien, además de lo anterior, cuando es agua que no ha de beber; opina, cree y cumple; han tomado nota. El perdedor, ante estas premisas, se ha sentido halagado, triunfador. Quienes están en el mismo bando - aunque no lo sepan o no lo crean que no lo están- , se han mostrado risueños, amables, complacientes. Detrás de esas posturas, se oía desde muy lejos: “jódete”. Inocentes. Digo inocentes – por no decir otra cosa-, porque se piensan arte y parte. Ninguno se ha parado a meditar, que una vez derrotado el enemigo, hay que buscarse otro. Con una grandísima diferencia: con una simple toba se los quitarán de en medio. Siempre he pensado que son los grandes enemigos quienes dan categoría a las batallas. Aunque esté descalzo, desnudo y solo. Tanto esfuerzo para una pieza tan insignificante. El día que tengan que enfrentarse a un ejército, se cagan –con perdón-. Hoy estamos bélicos, belicosos. Y alguien se preguntará, de qué batalla, guerra, contienda no estará hablando este hombre hoy. Para nuestra fortuna, de ninguna que ponga orfandad a la mesa, ruina o miseria. Porque, aunque pueda parecer una paradoja, estamos hablando de paz, de tranquilidad, de sosiego. Siente uno, percibe que aquello que podrían parecer quimeras, fantasmas, imaginaciones son realidades tangibles. Por tanto, ha merecido la pena que llegara este día. Para alguien, lleno satisfacción, pensando que le ha llegado a otro su San Martín. Pero, es que no se había dado cuenta, se le había olvidado, que ya se le había quitado de en medio. Cuando alguien ha reparado en el asunto se la ha atragantado el brindis. “Estamos brindando por una fantasma”. Esto es lo problemático. A estas alturas del discurso quienes hayan soportado la lectura, se tienen que haber dicho. Este hombre ha perdido hoy la pinza. Ni digas todo lo que sabes, ni gastes todo lo que tienes; reza un antiguo proverbio. Ha debido de ser la alegría del ampo de la nevada. Al igual que aquel hidalgo al que se le secó el seso con tanta lectura, nos ha dado por esta otra –cada loco con su tema-, y nos hemos lanzado al camino de la imaginación en busca de gigantes. Resulta que nos lo hemos creído. Tiene uno derecho, después de tantos cientos de artículos ser uno mismo su propia creación. Voy a tener que dejar El Quijote una temporada de lado, porque me provoca estas alucinaciones. Cualquier día bajo del pueblo a lomos de rucio flaco, adarga antigua y lanza en ristre. Ha sido un lapsus. Mis disculpas.

La propia fe

Domingo, 24 de Enero de 2010

José Ruiz Guirado

UNA y otra vez. Un día tras otro se pregunta uno por qué será tan complicada la tarea de vivir. Qué hay en la condición humana que nos hace tan miserables, tan ruines, tan canallas con los que tenemos enfrente. Qué nos mueve a ello. Por otra parte vemos el ejemplo de personas que dejan su vida por otros. Somos capaces de crear obras inmarcesibles, que nos acerca más a seres superiores. Hay personas que se quieren. Los amigos, las familias, las corporaciones se defienden entre ellos ante cualquier inconveniente. El hombre por sí no es un ser terrible. Más bien es al contrario. Y sin embargo, llegado el momento, se enfrenta ante quien no le cae bien, es más inteligente, o más débil; no le baila el agua, no está de acuerdo con él. El miedo, la envidia, el temor a perder la condición que se tiene, el estatus que ha conseguido. La desconfianza, la inseguridad; el no vivir en claro. El no estar en paz con nosotros mismos, nos lleva a un comportamiento irracional. Lo que debería ser una forma sana y natural de pasar el tiempo; se convierte en una agónica existencia, experiencia. Tampoco, es que todos seamos iguales. Ni haya que dramatizar en exceso, porque la mayoría de las personas son normales, sencillas, con las aspiraciones propias de quien se plantea vivir. Es verdad que hay momentos, días, situaciones en las que las cosas se ven negras. Y al día siguiente esa negritud resulta que es gris, gris clara, incluso blanca y puede que hasta brillante. También hay quien ni se plantea asuntos como éste. Su preocupación no es otra que procurar ver el sol y quitarse cada jornada. Van a su trabajo y aceptan su rol sin cuestionarse nada más. Como lo hacen en su familia, a la que su obligación no deja de ser otro asunto más que las naturales obligaciones de un pater familias. No se fijan si en el trabajo priman a unos frente a otros, sin más causa que la testicularidad de quien lo impone a su capricho. El que se piense que hacer causa común, es informar gratuitamente de lo que piensa, dice, hace o no. Quien es capaz de mantener una mentira, un engaño. Quien lo es de ser cómplice de un linchamiento, una persecución. A cambio de qué. De nada. De sentirse seguro en un polvorín, que el día menos pensado le explota en las manos. Porque tarde o temprano, una actitud patológica choca de frente con un sistema sano. Es más sencillo cerrar los ojos o mirar para otro sitio. Llevar al final del mes el sueldo a casa, sin más preocupación, o llegar a casa harto de vino; pero sin que falte de nada en el frigorífico. Que, insisto, esto es lo horizontal, bueyes que trabajen, pero que no piensen, que se cuestionen absolutamente nada. Nacer, vivir y morir. Esta es la regla de oro de la felicidad, de la tranquilidad. Quien sufre, quien pierde, quien molesta y estorba, es quien no viene y va con el rebaño. Quien advierte que hay para todos. Que la caridad no puede suplir a la justicia. Que hay quien no tiene escrúpulos y más allá de sus narices, empiezan los otros. Personas extrañas, que se pueden dar con un canto en los dientes por su suerte. Sentirse en el sagrado derecho a perdonar la vida a quien es inferior (¿en categoría?). Porque el respeto no es una consecuncia del ejemplo digno y justo; sino del sorteo a capricho (¿a quién le toca hoy?) Igual resulta que vivir es lo más sencillo. La única regla, el único credo, los mandamientos a seguir son sencillísimos. Lo demás, pamplinas. Tampoco es que haya que pasarse la vida disintiendo, cuestionando. Y, de repente nos estábamos dando cuenta, que lo único que pretendíamos era que nos dejaran vivir en paz. Hacer las cosas lo mejor que sabemos. No se pedía más, bien poco, la verdad. Cómo va a tener un piernas, un parias, un hambreado luces. Y menos aún, su propia fe. La verdad, es que llevan razón, con lo fácil que es ver, oír y callar. Los problemas para los matemáticos.

Mi lengua de trapo

Sábado, 23 de Enero de 2010

José Ruiz Guirado

HAY defectos que no se pueden, ni se deben ocultar. Como el mío –ahora hablaremos-, que llevo con él desde que nací. En mi casa, más que intentar corregir, provoca risas, gracia. Había que traer al niño, cuando había visita, para divertimento. Qué mono. Me atascaba al hablar en algunas letras –cabritas-. Y, a veces, después de tantos años, sucede cuando es más rápido el pensamiento que la palabra. Para un servidor, no deja de ser ocasión para reírme conmigo, mirando la cara de quien siente vergüenza ajena. Uno, se lo toma con elegancia. Para. Rebobina y sale del apuro. La tartamudez, que es el problema, en mayor o menor intensidad, según el individuo, no tiene cura. La personalidad, la aceptación y la forma de tomarse las cosas con naturalidad; hace que se corrija, si es que en casa no se fue al logopeda. Aun así, a veces traiciona y muestra su encanto. Un servidor, ha tenido el atrevimiento de dar pregones, conferencias, presentar libros e, incluso acudir a entrevistas en la Radio y la Televisión. Hay momentos que se pasa mal; pero más que por el problema de dicción que uno tenga, por llevar poco preparado el tema. Muchos oradores enferman cuando han de hablar en público. Incluso conozco a brillantes eruditos incapaces de hacerlo, pese a sobrarle conocimiento. Recuerdo, porque me dieron la cinta, una entrevista que me hicieron con motivo del pregón que pronunciaba al día siguiente, que no daba una. Llegué tarde, nervioso, sin preparar nada. El entrevistador se mostraba más apurado si cabe que un servidor. Viendo que aquello se iba a convertir en un desastre, cuando no en un programa de humor. No sé si era en directo o no. Me levanté. Respiré. Le conté lo que me pasaba. Y los dos seguimos aliviados. Qué mal trago para aquel muchacho, más que para mí. La niñez y la pubertad son épocas terribles. Porque el problema, cuando se ha superado, no es del que lo tiene, sino del que escucha, no respeta, y se burla. Cuando uno no está formado o no lo ha superado, no deja de ser un trauma. El problema, es que no todo el mundo acepta así los hechos. Un hombre, hecho y derecho, tartamudeando para hacer una petición, o dirigirse a un superior, viendo que este se está riendo a su cara, es cruel. Otra cosa , es que éste le diga. Para un momento y seguimos. De estos – o sea, personas- no hay demasiadas. Aquí no vamos a traer a colación a ilustres tartamudos. No merece la pena. Además estamos hablando de un servidor, que a veces ha de luchar con algunas letras y buscar rápidamente otras para sustituirlas, que no deja de ser un merito, aunque esté mal el decirlo uno mismo. Recuerdo, en mi formación, el consejo de una profesora que me apreciaba. “No olvides nunca que se ofende por lo que se dice, no por cómo se dice”. Los toros se ven bien desde la barrera. No he tenido nunca problemas, ni en los peores años. Una vez que uno madura y ve dónde y cómo estamos, no deja de sorprenderse ante la estupidez, el cinismo, la mediocridad. Sobre todo cuando alguien es capaz de emplear esta condición para denigrar, para vengarse de alguien. “Pobrecito mi patrón, se piensa que el pobre soy yo”. No es que sea un acto miserable o ruin; así somos para nuestra suerte. Amigo mío, si te vieras al espejo, con todas tus virtudes. Me alegro de haber nacido así. Me hubiera dado Dios una lengua fluida, a mi lado Alfonso Gerra, un pobrecillo.

San Sebastián

Jueves, 21 de Enero de 2010

José Ruiz Guirado

FIESTAS en Pontevedra y en Donosti, donde se han echado los tambores a la calle, en la segunda ,y, celebrando los premios que se otorgan en la primera. Evidentemente en más localidades, como en Villalba del Rey (Cuenca), por ejemplo; porque la admonición al santo se da a lo largo de la península. Que lo decía el amigo y erudito Gregorio Sánchez Meco, refiriéndose a la Hermandad escurialense: “Único y perpetuo patrón”. Aunque a veces ponemos de moda a otros santos, según los tiempos y la virulencia de las pestes. Hoy también es el aniversario de la toma del poder de Obama. Y a estas calendas se pregunta uno: ¿Sus sueños se han enfrentado con la realidad? ¿ El poder democrático se está enfrentado al no democrático? ¿Renunciará a los sueños? ¿Pactará con los poderes? ¿ Dará marcha atrás o pactará duro? Que no es igual predicar que repartir trigo. Pero el presidente ha sacado pecho. “No podemos aceptar un sistema en el que el accionista hace dinero con estas operaciones si el banco gana, y si el banco pierde, es el contribuyente el que paga la factura”. Con la Iglesia hemos topado, Sancho. Hoy es de esos días, de los que temía el amigo Pepe Valenciano, cuando se angustiaba pensando en la página en blanco que ha de rellenar el periodista para el artículo que ha de enviar esa noche al periódico. Menos mal que nos queda Cervantes. Al que, aunque me llamen raro o algo similar, vuelvo una y otra vez. Y, aunque no me crean, cada vez que se lee, se encuentran nuevas razones para hacerlo. O sea, que se aprende algo que quedó pendiente en la última lectura. Nos encontrábamos en el capítulo XVI, donde la asturiana Maritornes, yéndose a refocilar con el harriero que en la posada yacía, se encontró “el gato al rato, el rato a la cuerda, la cuerda al palo.” Que saliendo de estas páginas abrimos las de Yebra (Guadalajara) y allí se aplican con todo rigor, a costa de guardar a no los residuos nucleares. Ya ven, cuando las ideas no acuden, no hay más que abrir las páginas del país –no hablamos del periódico-. En Vic, no y en Torrejón, sí. Uno, que no es analista político, ni mucho menos. Ve en estos asuntos si no cinismo; sí mala leche. Entretanto hemos visto a Moisés, un niño de Puerto Príncipe, salir ileso de los escombros entre el alborozo de quien ha obrado el milagro. En Santiago, el idioma también ha sacado a la calle al rato, la cuerda, el palo. Para muestra un botón. Ahí está el municipio malagueño de Carratraca. Nadie quiere quitarle a sus vecinos las viviendas que han construido en terrenos, que parecen son ahora rústicos. No hay duda. San Sebastián, tiene su vigencia, pese a quien lo niegue.

Un libro, un buen amigo

Martes, 19 de Enero de 2010

José Ruiz Guirado

AYER me regalaron un libro. En un principio, creí que se trataba de esos tochos que se dejan sin abrir en los anaqueles de la estantería. Pero, no puede resistir la tentación de abrirlo y comenzar a leer. En el primer capitulo me enganchó, pese a tratarse de un ensayo, un compendio exhaustivo: “El arco como excusa. Cosas y formas en la ingeniería del transporte “, Edt.INECO-TIFSA, M.2009. No era asunto digerible para un neófito en la materia (estructuras, equilibrios, cálculos, aceros, el límite elástico de los materiales resistentes, pandeo lateral de vigas y columnas …), aun así, una vez que las páginas pasaban, iban destilando historias, tradiciones, experiencias (como la de Vitrubio, que también supo de ellas Juan de Herrera); nos encontramos con biografías de ingenieros y arquitectos(Henri Navier, Thomas Young, Redtenbacher, Grashof,Peter Barlow, Thomas Theredgold , o el propio Alberto Castiglino) americanos, ingleses, alemanes, italianos. Con las primeras Escuelas docentes. Con las tradiciones puestas en claro para su aplicación y comprensión. Una lectura, que a priori parecía ininteligible, se convierte por obra y mejor verbo del autor, en un ensayo, que bien pudiera firmar Ortega –que también le cita-. Pero no cabe duda, estamos ante César Lanza, un ingeniero de Caminos, Canales y Puertos, que en cada página dicta una lección magistral, escrita y expuesta con rigor de cátedra y estilo de escritor consumado. Qué buen regalo. Siempre he dicho –lo confieso-, que mi vocación frustrada ha sido la cátedra. Avatares de la vida me han llevado por otros derroteros. La temprana muerte de mi padre, me obligó a tirar de una familia numerosa. Hube de compaginar estudios aleatorios. Y, aunque llegué a la Universidad, lo hice como el corredor que llega exhausto. Suplí esta carencia con farragosas y desordenadas lecturas. Hasta que se cruzó en mi camino un sabio que las ordenó, las dio criterio y las puso en claro. Me ahorró tiempo y lecturas inútiles. Cuando le he podido robar un rato al día o a la noche, me he entregado a la pasión de la lectura, con la avidez de quien se fuma un pitillo a escondidas. Algunos buenos amigos me han regalado algún libro que desconocía, o me han indicado tal o cual lectura. Para un servidor leer es una faceta que considera útil, y ya no necesaria; sino imprescindible para la buena salud. Siendo un muchacho tuve un problema en una rodilla que me mantuvo una larga temporada inmovilizado. Leí cuanto pude. De noche, de día. Viajé, sentado en el sillón, por la cultura griega, romana. Por el Siglo de Oro español. Por la Europa clásica (italianos, alemanes, rusos, ingleses). Por América. Por Asia. Por África. No me hubiera importado tardar una temporada más en recuperarme. Hubo una obra –“El rojo y el negro de Standhal, publicada en 1830,cuya trama transcurre en la Francia del siglo XIX-, que me impresionó especialmente. También hubiera sido ratón de biblioteca. Hubo una época, en la que incluso estuve tentado por la espiritualidad. Pero comprendí que no estaba llamado a la castidad. Y una vez allí, el Maligno me llevaría a la tentación. De la que se libera uno pecando. El amor de Nuestro Señor será excelso. Pero el de una señora, también lo es. Cada uno tiene su función, terrenal o divina. El libro me ha dado momentos irrepetibles e insustituibles. Además, algo ha aprendido uno. O se ha divertido. O se ha entretenido. Un buen amigo, que da más de lo que recibe.

Con los deberes hechos

Lunes, 18 de Enero de 2010

José Ruiz Guirado

ERRORES de identificación. Con estas cosas hay que tener cuidado. Aunque lo lamentable de Haití, es que no se puedan repartir las ayudas por la situación del país. Igual se ven los toros bien desde la barrera. Pero alguien debería tomar las responsabilidades. De lo contrario de nada va a servir que se quiera ayudar. Ayer, doña Esperanza Aguirre, dijo una cosa muy interesante. Es que a la política hay que llegar con los deberes hechos. Eso es importantísimo. Porque quien va a hacer el agosto, si tiene oportunidad lo hace. Y eso se debe, a que no han leído a los clásicos. Si lo hubiera hecho (como un amigo lo hace para desintoxicarse del trabajo) sabrían que el medro y la pitanza habrían de buscarlo en la Iglesia o en las Armas, como lo hiciera el insigne don Miguel de Cervantes. Así pasa: se lo llevan a espuertas o a bolsas. Lo malo de estos tiempos, es que después se dejan ver y les llevan a la teletonta. Que pasa lo mismo, al no llevar los deberes hechos. Otro que no se ha callado ha sido el señor Beiras. El ex líder y catedrático de Economía acusa al Bloque de ser “el tonto útil de PP”. Que cuando hay que repartir se da estopa por donde venga. Otro asunto que está en el candelero es lo de los controladores aéreos. Un servidor lo estaba maquinando, hasta que mi Informador, que como siempre está al cabo de la calle, se luce: “Tú crees que tendría sentido que una telefonista de las de antes, te cogiera el teléfono para ponerte con tal o cual. O que tuvieran que poner a los guardias municipales en cada cruce. Si es que ya hay ordenadores. Ya hay semáforos. Porque el problema de los aviones, es cuando aterrizan, aparcarlos. Que los pilotos se conocen, como en los conductores de los coches de línea. “Fulanito, que hay un accidente a la altura de Las Rozas”. “Que hay niebla”. “Que hay hielo, tener cuidado.” “Bueno pues pasa tú.” Aunque hayan hecho los deberes, deberían pensar en las telefonistas, con la diferencia en lo que se llevan a casa, como trabajadores cualificados, eso sí. Uno, que es un neófito, se acuerda de vez en cuando del refranero, que viene a ser poner en práctica la filosofía; o sea, la experiencia diaria: “Que tanto va el cántaro a la fuente…” Hay lunes, como éste que da de sí la cosa. Debe ser asunto de San Antón, que nos ha echado su bendición, porque también somos animales (más que las bestias), aunque vayamos erguidos. También tuvo Esperanza Aguirre buenas palabras para Pepiño –con todos mis respetos al señor ministro-. Oiga, que lo cortés no quita lo valiente. Esperemos que el paso del tiempo y el empuje de todos, dé solución a todas estas cuitas. Si la verdad, es que de aquí a cien años, todos calvos.

Mentir

Sábado, 16 de Enero de 2010

José Ruiz Guirado

“LO que me preocupa no es que me hayas mentido, sino que de ahora en adelante ya no podré creer en ti”. Con esta sentencia de Nietzsche, deja bien a las claras, las consecuencias de esta conducta. “Una mentira nunca vive hasta hacerse vieja”, sentenciaba Sófocles. Hay un principio de Derecho –“Mendaci Mendacium Non Prodest- ; “Al que miente no le aprovecha la mentira”. “Quien siempre me miente, nunca me engaña”, reza un refrán castellano. Antonio Machado, en “Proverbios y cantares”, lo explica de esta guisa:”/Se miente más de la cuenta/ por falta de fantasía:/ también la verdad se inventa./” “ Non Cadit In Virum Bonum Mentiri” . Que viene a decir, que no cabe la mentira en un hombre honrado”. Y para acabar con todas estas averiguaciones que hemos hecho a cerca de la mentira referimos un capítulo que nos cuenta Plutarco, en el que cierto personaje había invitado a comer a Mecenas, a quien sabía enamorado de su mujer, fingió dormirse para dar lugar a que Mecenas la acariciase. Pero, al entreabrir los ojos, vio que uno de sus criados le estaba robando en vino y le gritó: ¡Desgraciado, no sabes que estoy dormido sólo para Mecenas! :”Non Omnibus Dormio –No duermo para todos-. Uno se puede dejar mentir. Pero ello no quiere decir que seamos tontos. Porque –he dado algunos ejemplos que no son de antes de ayer, sino del inicio de la civilización-, la mentira habla por ella sola. Y deja a quien la utiliza para ocultar o falsear en su lugar, en cuanto el tiempo obligue a recordar lo que se ha dicho tiempo atrás. Yo tenía un amigo, a quien la amistad ha perdonado o no ha querido ver sus debilidades. Eso es precisamente la amistad o el amor. Hasta que tanto va el cántaro a la fuente. Y pasa lo que decía el filósofo alemán: se convierte en desconfianza. La mentira que viene de los enemigos, no deja de ser un esfuerzo por hacerle a uno la puñeta. Lo que sucede, es que se nota. No se sostiene por mucha veracidad que se ponga, o por toda la experiencia que se tenga en quien hace de ella su forma de vida. Pero cuando alguien antepone la mentira a la amistad, es un interesado. Mentir no deja de ser un artificio de memoria y de cinismo, que se sobrelleva a contracorriente. No se hace de manera espontánea, sino que conlleva toda una preparación. Hay que atar bien todos los cabos. Puede que el engañado pregunte algo que no estaba previsto en sus maquinaciones y se venga abajo todo su castillo de naipes. Puede que al mentiroso no le aproveche; pero de quien se miente sí le perjudica. Y si la sentencia que viene a otorgar al hombre honrado la credibilidad; por el otra parte pone el dedo en la huella de quien lo hace; lo que convierte en un canalla. En lo que a un servidor le compete como amanuense, cree que más vergonzoso que pensar una cosa y decir otra; lo sería escribir diferente a como piensa.