Enfangarse
Sábado, 27 de Febrero de 2010José Ruiz Guirado
HAY que enfangarse. No sé a qué se refería. Aunque, ya no hubo duda, cuando acabó la frase. Cuantos más estén implicados, menos problemas. También podría tomarse como implicarse. En ese caso hubiera empleado otro término. Pero al poner bien a las claras que su intención o era otra que inducir a meterse en el barro. Lo menos complicado, quizá lo más inteligente, o mejor dicho, lo más seguro sería hacerlo. Es la única forma de mantenerse siempre a flote, pasar desapercibido, no tener contratiempos. Al fin y al cabo, se trata de supervivir. De qué sirve la ética, la dignidad, la moral: absolutamente de nada. Es más, si el grupo se compone de veinte, treinta personas, el que dos o tres se nieguen al juego, no deja de ser un inconveniente; especialmente para quien sabiendo que si todos están en él, evita comparaciones, justificaciones. La cosa puede llegar a complicarse cuando llegado a un punto no se pueda salir del barro. Y lo que llegaría a ser peor: creerse en la legalidad, mejor dicho, aceptar la situación como algo natural, normal. Qué sucede cuando se vive en este punto. Pues que todo cuanto se haga será visto como cualquier acto cotidiano, fisiológico, intrascendente, banal (aunque sea ultrajar, humillar, denigrar, perseguir, despedir, calumniar, incluso eliminar). La respuesta, si es que la hubiera, no dejaría de ser más que el normal acatamiento de un hecho cotidiano. La controversia surgiría cuando alguien no acepte la patología (por no llamarlo canallada). Y, aunque no pueda oponerse porque cuando se está en el fango no se oye; el simple hecho de cuestionarlo, se convierte en un obstáculo. Que suele pasar desapercibido, excepto para quien la normal convivencia, sin estridencias, es el lugar donde campar a sus anchas. Qué consecuencias conlleva el enfangarse. Qué se gana con ello. Qué se saca en limpio. Al llegar a este punto, había creído oportuno dejarlo aquí. Y que cada cual haga sus conjeturas. Pero puede que no se haya aclarado nada de cuanto se dice o se intente decir. No importa. Mejor dicho, importa demasiado. Por ello se ha traído a este lugar con este estilo, si se le puede llamar así, a la forma que tiene uno de explicar o contar lo que acaece. Esto es así. La situación se complica cuando en una quiebra del sistema, alguien, algo lo pone en entredicho, lo cuestiona, lo aclara y lo denuncia. Entonces surgen estos y aquellos casos que conmocionan, alarman, escandalizan. Y surge la pregunta absurda: ¿Cómo es posible? Es una pregunta que no tiene fácil, o ninguna respuesta. Quien esta noche está divagando en el enfangarse se pregunta: ¿Merece la pena? Quizá esta pregunta, como dice un buen amigo, soy muy joven; tendrá respuesta cuanto pasen los años suficientes para que la respuesta se dé por si sola.