Cuentos para referir en voz alta
Alguna explicación a modo de introducción
HACE algún tiempo que tengo en el tintero –en el magín- algunas ideas, algunas invenciones, a las que quiero dar forma escrita, a modo de narración, de cuento. Que nada tienen que ver con esos artículos que escribo cuando puedo. Va a ir, por tanto, en otra parte, y se va a llamar “Cuentos para referir en voz alta”. Eso no quiere decir que no se pueden simplemente leer para uno. A veces los títulos le dan a lo escrito un aura de misterio, incluso de curiosidad. Después cuando uno los lee piensa que podían leerse, o no, en el lugar más insospechado. Una vez que ya se la ha dado título, el siguiente paso es comenzar. Porque las primeras líneas son fundamentales para que el lector quiera continuar leyendo o diga para sí: “ Mañana más.” Tampoco nos vamos a romper la cabeza por esto. Lo intentaremos. Que no lo conseguimos, nos agarraremos a los artículos. Habrá de escogerse un lugar y una hora para comenzar. Ahí tenemos a Cervantes que eligió La Mancha. Aquí habrá que hacerlo de algún pago conocido, que suene. Aunque tenemos la fortuna de contar –El Escorial- con uno de los más nombrados allende las fronteras y los mares. Para qué vamos a irnos a comer bocadillos si tenemos la carta en casa. Pues también es verdad. De los personajes, aquél eligió un hidalgo y luego fueron apareciendo los demás por las trochas, las posadas y los castillos. Otro tanto pasará aquí, piensa uno. (Antes de acabar se ha de explicar que nadie va a remedar una obra excelsa. Por algo muy simple, no se alcanzaría, no daría el talento). Nos hemos acordado de ello y ha sido un ocurrente asidero para justificar lo que todavía no es más que una quimera. El lugar ya lo sabemos. La fecha seguramente ha de ser nocturna. Y como se va a empezar casi llegado el invierno, habrá de estar uno cerca de la lumbre para soportar las gélidas temperaturas que se avecinarán en llegando San Andrés, si no antes. Eso sí, contaré con la impagable ayuda de mi gata. En el momento que se ponga a la pantalla y no la pique la curiosidad, habremos de irnos a otra cosa. Porque es una crítica insobornable. Como diga que nones, mal vamos. Y por último, la parte esencial y más importante: la benevolencia de quien nos regale su atención con sus lecturas. Sin esta parte, ni la gata, ni el lugar, ni la fecha sirve de nada.
José Ruiz Guirado
San Lorenzo de El Escorial
19 de octubre de 2009