Pág. 8

Los tíos nos estaban esperando.
-No dices nada, -preguntó mi tía-.
Contestó mi prima por mí:
-Está un poco cortado; pero esto le gusta.
- A ver si esta noche os echáis un baile.
Prepararon la cena. No tardó en llegar mi primo.
-Te hemos esperado toda la tarde. Ha venido tu primo a vernos y no le has hecho caso.
-No se preocupe ,tía, es normal. Tiene sus amigos y yo he aparecido hoy.
-Que se venga esta noche con nosotros –contestó él-.
Tardé en responder, porque no sabía si me apetecía estar con ellos o no, que sería lo normal. Resolvió mi prima la situación por mí.
-Sí, hombre, y me quedo yo sola con los padres. Veniros vosotros con nosotros.
-Bueno, ya veremos.
Cenamos la liebre de la mañana. Hablamos de todas esas cosas que se hablan cuando se ha estado sin verse durante años. Incluso me llegó a preguntar si tenía alguna novieta.
-Ahora se sale en pandilla –contestó mi tía-.
Parecía que de todos los apuros iba a salir con éxito sin pronunciar palabra. Cenamos muy bien. Mientras mi tía y prima se vestían y preparaban para el baile, mi tío yo salimos al fresco a fumarse él un puro. Paseábamos cerca de la casa hablando de asuntos más íntimos. Me hacía de esas preguntas que se contestan con risas. Por fin bajaron tía e hija. No se cuál de las dos estaba más radiante.
-¿No nos vais a decir nada? ¡Estos hombres! –apostilló mi tía-.
Mi prima se me agarró del brazo para subir la cuesta.
-¿No me pensabas llevar del brazo?
Parecía más alta. Estaba guapísima, olía como los ángeles. Mis tíos se adelantaron unos metros y ella aprovechó para decirme:
-¿Te gusto?
-¡Me encantas!
-Menos mal, hombre.

Desde que volví del pueblo ando como en una nube. No sé qué me sucede. Las imágenes se repiten una y otra vez. La noche del baile, juntos, agarrados; sintiendo muy cerca sus labios. Aquel paseo de nuevo hasta el castillo, donde me dio un beso. Oigo el arrullo de su voz, No me apetece comer, ni salir con los amigos. Hago lo que nunca he hecho: pasear solo hasta el pinar. Y mientras lo hago, ella parece que me acompaña, que habla mientras me coge del brazo. En el colegio ya me han llamado la atención varias veces. “Está en Babia, amigo Federico”, con la siguiente mofa de mis compañeros. No me atrevo o no me apetece contárselo a mi amigo Pepe, con quien no he tenido secreto alguno. A veces, con mi padre le he hablado de asuntos que se me escapaban. Pero qué le digo. Que quiero ir el fin de semana a ver a mi prima. Ya no son fiestas en el pueblo. Con qué pretexto me presento allí. Qué les digo a mis tíos. Y no pienso en otra cosa.