El accidente
-¿De dónde viene tanta gente?
-Del accidente.
-¿Qué accidente?
-¿No se ha enterado?
-Pues no.
-Han atropellado a una muchacha, aquí en la curva del Pinarejo.
-¿Está grave?
-Parece ser que sí.
-¿Es del pueblo?
-Ella, no; quien le ha atropellado, sí: del barrio de abajo.
-¿Y cómo ha sido el accidente?
-Eso ya no le sé decir.
Tras las oportunas diligencias, efectuadas por el grupo de atestados, para comprobar todos esos datos de los que se obtienen conclusiones, comenzaron las interrogaciones a los vecinos por si alguien había visto algo. Todos los días pasaba por allí alguien. Ese día, nadie. El pueblo, aunque parece vacío, siempre hay unos ojos, que salen de donde uno no se pueda imaginar y se enteran si se ha cogido una teja, leña, una piedra, alpaca de paja; si se ha escapado una oveja, una vaca. Si ha llegado un camión, si se ha preguntado por tal o cual persona; si el cartero ha traído un telegrama. Sin embargo, el día del accidente, nadie. En el bar, a la hora de la partida, tampoco se comenta nada. Aunque cada cual conoce la vida y secretos del vecino. No tiene más que salir, entrar, cortar leña, ir al médico o por el pan, y saben dónde está. Otro asunto extrañaba a las guardias: ni un solo coche, y, en cada casa hay un mínimo de dos, bajó o subió a esa hora, siendo un día de semana, a la hora de ir trabajo. Durante las fiestas patronales, a la madrugada, un grupo de jóvenes destrozaron el tejado donde vivían unos marroquíes en la localidad. Pese a contemplar más de una persona el acto vandálico que estaban cometiendo, nadie levantó la voz contra ellos. A pesar de las oportunas denuncias de los dueños, no se puedo acusar a nadie por falta de testigos. Sin embargo, en las paredes contiguas a las viviendas de estos, hay unas pintadas xenófagas, en las que puede leerse: “Fuera moros”. Los representantes políticos del pueblo, porque no hay policía, lo toma como cosa de chicos. “Si es cosa de adolescentes y afecta a toda una población: bórrelo.” Nadie delata a nadie en su cara. Siempre tirando la piedra y escondiendo el brazo. Hubo una ayuda para cementar algunas calles. Se comenzó por la del concejal, el bar de su primo y hasta donde dio de sí. Nadie dijo nada. Se hace una obra, se trae leña y se bloquean dos calles, nadie pone el grito en cielo. Alguien se ha atrevido a decir que las cosas han cambiado en el pueblo, desde que entró la droga en él. Que antes se hacían barrabasadas, pero nunca haciendo daño. Pero nadie, sabiendo o no hasta que punto están enganchados su propios hijos, lo denuncia. “La droga los pone como locos”. Sucedió que una noche de las fiestas en una riña, casi de madrugada, cerca de una casucha que tienen preparada, a las afueras de la población, donde los jóvenes fuman, beben ,balian; dos muchachos de fuera, hirieron con navajas a dos del pueblo. Hubo testigos de personas que incluso no estaban en el pueblo. Lo dijo el propio agente, que también hubo de intervenir en las pesquisas del accidente, porque le correspondía jurídicamente esta zona: “ Ya es curioso, que a las seis de la mañana pasara todo el pueblo por los arrabales ,y, el día del accidente de tráfico, a las diez de la mañana no lo hiciera nadie por la carretera principal.”