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Llueve con saña

Jueves, 25 de Febrero de 2010

José Ruiz Guirado

ESTÁ lloviendo como lo hiciera siempre, pero más, mucho más. Creo uno que se está aprovechando cualquier lugar para construir viviendas. Incluso arroyos secos. Y eso, como se ve está trayendo consecuencias. Lo vemos como algo lejano. Pero Jaén, Granada, Cádiz están muy cerca y, aunque esté algo más distante, como Las Azores, las consecuencias han sido terribles. Han visto sus hogares arruinados. Y lo que es más terrible, se han perdido demasiadas vidas y, visto lo visto, podrían haber sido más. Ha sido impresionante, terrorífico el agua acumulada y la fuerza destructiva que llevaba a su paso. Uno se pone en la piel de quien la ha visto tan cerca y, resulta dramático. Un servidor, con apenas cuatro y cinco años vivió una noche en la que el agua de lluvia reventó la pared, tras de la cual dormíamos y, en pocos minutos todo flotaba en la habitación. No sé si lo recuerdo como una anécdota; pero hoy que contemplo la desolación de quien lo ha padecido, me produce escalofríos. Un par de años antes de la muerte de Felipe II, en el verano de 1596, estalló una de esas tormenta que de vez en cunado azota esta sierra. El rey se encontraba comiendo en una casa próxima al Escorial. El agua entró en la vivienda y le llegó hasta la cintura. No puedo ponerse a salvo, porque se estado de salud ya estaba ya tan deteriorado que le fue imposible moverse. Se imagina uno el apuro que tuvo soportar el monarca y el miedo, porque de haber subido más el nivel del agua; hubiera costado la vida. La que está cayendo en nuestra país no es chica. Esta agua cala traspasa. No se entiende. Por qué salen los sindicatos a la calle, verbigracia. Uno cree que están avisando a quienes quieren saltarse cualquier norma democrática, imponer o coaccionar. Que estamos aquí y nos echamos a la calle. Porque el tema de la jubilación es mucho más sencillo. Y quien debería de elegir es el propio trabajador si quiere, o puede seguir. Un servidor, que ha hecho incursión en el siglo XXI, desde el XVI se vuelve otra vez para decir que, a finales del siglo ya se produjo el cambio climático, como el nuestro. Y qué quiero decir con esto. Pues ya llovía antes. Esa ya lo sabíamos. Quien más lo sabía era Cela, que se estuvo en toda su “Mazurca para dos muertos dándole vueltas a la lluvia, que allí le llaman orvallo, porque es así como más dulce, más suave, más continua. La verdad, es que es una cabronada –con perdón- lo que está pasando con tantas familias. Y por encima, nos atrevemos aquí a la frivolidad. Lo siento. Esas cosas puede que le pasara al rey, pero ahora, que nos estamos pegando por llevar al agua aquí , allá acullá, no debería pasar. Me sigo poniendo en su pellejo. En Castilla se miraba al cielo, porque no caía una gota. Por eso decía Delibes que es tan alto el cielo castellano. Y en el sur se mira para él, para que no caiga más, porque ya no hay donde meterla. Es una putada.