De vello, gaiteiro (de viejo, gaitero)
Miércoles, 10 de Marzo de 2010José Ruiz Guirado
QUE viene a ser algo así como: “A la vejez, viruelas”. Resulta que ahora se sorprenden de nuestra filosofía. Ya sabemos que a otras civilizaciones –griega, china, etc.,- les dio por sentarse a meditar –filosofar-, porque andaban ociosos. Pero, es que lo nuestro tiene más mérito. Porque mientras cuidaban de cabras, ovejas, ganados; pastores, cabreros y vaqueros (igual se hacían también una pajilla sentados en una tapia al socaire del cierzo, que una cosa no quita la otra), estaban rumiando –como los animales-, pero ellos con la sesera. Oiga, que el pastor de mi pueblo, que el hombre falleció un mal día de Reyes, se sabía todos los cantares de memoria que uno quiera imaginar. E igual que eso, pues, durante tantas horas a la intemperie; tanto de noche como día. Amaneciendo y anocheciendo. En primavera, verano, otoño e invierno; algo habrán aprendido del cielo, de las nubes, del sol, de la luna, del agua, de los campos, de las montañas, de las bestias y de las personas. Y de esa labor callada -callada no, porque si no, no se hubieran enterado los escribanos que lo recogieron-, calmada, de horas y horas de hacer lo mismo que los griegos y los chinos, pero en peores condiciones – más canalla la cosa-; han aprendido lo que nunca han de saber por mucho satélite que les informe. Y de ahí, ese refranero popular, que no sabe uno el porqué se le quiere colocar en una escala inferior a las grandes corrientes filosóficas. Sin en el fondo todo ha de dar en lo mismo: en el mar, que ya lo advertía Manrique. Al hilo de esto, nos enteramos de las perversiones de los españoles a los que le empiezan a brillas las canas. Y así, tras sesudos y concienzudos estudios nos vienen a decir que: “Contra más viejo, más pellejo.” O sea, que han descubierto la pólvora húmeda. Pero si para ese viaje no hacían falta alforjas. Nada más que se hubieran leído algún clásico. Si me apuran, con haberlo hecho –se me ocurre-, no ya ten lejos; al propio Delibes, “Cartas de amor de un sexagenario voluptuoso”, por poner un ejemplo a bote pronto. Que tampoco hacía falta ello. No se sabía el pastor al que me refería, cantares de estos picarescos, donde el viejo salía de caza sin escopeta alguna, pero con la bolsa repleta. Sin embargo, los del estudio científico se apañan con cincuenta euros. Qué miseria. Cómo puede un galán ganarse los favores de una señora con esa cantidad, que no da más que para dos menús en bar de obreros (los obreros han de hacerlo ahí, claro). Vaya romanticismo, vaya lugar más íntimo y recoleto. Y a más del menú, café y copa, que no da para más. Cuénteme usted cómo la requiebra, con qué la obsequia, si ya no queda ni para una mala película en hora de tarde con ese presupuesto. ¿O es que ahora las señoras, o menos señoras se conforman a los pocos? Al margen de la crisis, qué nos vienen a contar, oiga. Sabe lo que pasa. Sencillo. Se está adocenando al personal con cultura de quiosco y entretenimiento barato y rosa fusia, que ya no llega a papel couché. Así andan de corridos, porque saben, que en cuanto llegue alguien un poco menos hortera, toda esta impostura se va al garate. Mientras dure, todo quisque a sacar tajo, aunque sea firmar sartenes. Que había que llevar la filosofía del refranero nuestro a las escuelas. Le iban a sacar más provecho. Es lo de siempre tenemos en casa a la carta, y vamos fuera a buscar bocadillo. Aquí sí se ha tomado el ejemplo al pie de la letra. Por eso debe ser que con cincuenta euros se apañan para el requiebro.