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Talante, disciplina, ironía y exclusivas

Viernes, 19 de Febrero de 2010

José Ruiz Guirado

UNA de las preocupaciones de don Juan de Zúñiga, ayo del rey Felipe II fue enseñarle autodisciplina y autodominio. El rey aprendió a ocultar sus sentimientos y a contener sus emociones. Su propio padre, el emperador Carlos V, aleccionaba al príncipe con consejos de esta guisa: No demostrar nunca sus emociones, aparecer en público siempre a horas fijas, ser devoto y temeroso de Dios en todo momento y ser justo en todas la cosas. Uno cree que en los tiempos que corren, estas disciplinas han sufrido alguna que otra relajación. Claro que, tampoco se trata de volver a costumbres trasnochadas. Pero quienes son la imagen, la representación de muchos, deberían saber algo de estas disciplinas. Sería aceptado con más deportividad, como lo que le sucedió a aquel reo al tropezarse cuando subía al patíbulo: Casi me mato. Debería de haberle perdonado la vida su verdugo. Pero eso del saber estar, del humor inglés; incluso del humor negro, no está al alcance de todos. Conozco un dentista, que cuando entrabas a la consulta, lo primero que te preguntaba si habías hecho testamento. La peineta, es la que hizo un hincha del fútbol, después de orinar sobre los hinchas del otro equipo. Éste no deja de ser un mal educado y un guarro. Pero seguramente no asumirá responsabilidad alguna, a juzgar por sus maneras. Una revista parece que hizo una entrevista a los príncipes. En ella aparecen “exclusivas” tan trascendentes como la de llamar “mi chico” al príncipe. Tiene uno la impresión, que quien dirige la publicación es muy hábil. Pero de eso, a conocer los entresijos, la vida, las costumbres, las inquietudes, los pensamientos de los futuros regentes, a ofrecer a los lectores la exclusiva de llamarle como lo hacen todos los novios, va un abismo. Lo que sí cree un ciudadano de a pie, es que debiera de haber cuanta proximidad como fuera posible (recordando los consejos de Carlos V). En esto, el Rey, sí ha sabido, sin decir nada, llegar al ciudadano, ser una persona próxima. Nadie criticó al famoso “Por qué no te callas”, que le espetó a Chaves. Se debiera de dar un curso en las escuelas de saber estar y de modales. No tan rígido como lo de Zúñiga, lo básico, lo de andar por casa. Igual llegan a mayores y ocupan cargos de responsabilidad y, dentro de su casa se muestran naturales. Pero en público… Claro que, igual todos esos asesores que viven de que la sonrisa sea blanca, brillante, radiante han pensado que un punto agresivo, ordinario puede ser positivo. Si valió lo de “Por qué no te callas”; por qué no va a tener su punto una peineta con gracia. La otra tarde, lo confieso, marujee. Tenían puesto un programa y salió en directo una señora conocida de la prensa rosa. Y una de las participantes le dijo que tenía una hija muy maja y superpija. La señora no sabía si era ofensa o piropo. Pues de esto se trata: humor e ironía. De haber oído el piropo, igual hasta había sido oportuno, claro, con la variante que requería la situación. Verbigracia: leía el monarca –el nuestro- un discurso y fue interrumpido por el cántico de unos discrepantes. “Desentonan un poco”, creo que comentó. Pues eso.